Una nueva desamortización

El tsunami de la gran crisis financiera surgida a
finales de 2007 llevó a muchas cajas a estrellarse contra los
arrecifes. Con los restos del naufragio el Gobierno ordenó fusiones,
facultó SIPs, creó FROBs y todo parecía encaminado a una problemática,
por lenta, operación de sutura que, al menos sobre el papel, iba a
culminar el 31 de diciembre pasado.

Cuentan
los viejos del lugar que los pastores de La Vid, Burgos, rivera del
Duero camino Soria, solían encender en pleno invierno sus fogatas
sirviéndose de las hojas que arrancaban de bellísimos manuscritos
sustraídos de la biblioteca del monasterio de Santa María, donde los
frailes premostratenses habían guardado durante siglos algunas de los
mejores obras de copistas medievales existentes en el país. Del episodio
da cuenta Pío Baroja en alguno de sus libros, testigo
pasmado del espectáculo de aquellas hogueras cuyo humo enlutaba la
bóveda estrellada del claustro, mientras las ovejas se abarloaban en la
noche dentro del propio claustro y hasta en la misma Iglesia. Los restos
de aquella gran biblioteca esquilmada por la desamortización de Mendizábal en 1835 fueron rescatados por los padres Agustinos que a partir de 1926
recuperaron el monasterio del abandono, y aún hoy muestran con orgullo
al visitante algunos incunables de enorme valor –tal que un Corán
manuscrito sobre pergamino en el año 528 de la Hégira- salvados de una
tragedia, la de Mendizábal, primero, la de Madoz,
después, que si no lograron el objetivo propuesto de rescatar de la
miseria a la población campesina, sí consiguió en cambio hacer más ricos
a quienes ya lo eran, a la incipiente burguesía industrial de la época
aliada con la aristocracia terrateniente de siempre.

Ahora se prepara una nueva gran desamortización con cargo al sistema de Cajas de Ahorros que por bemoles se tienen que convertir en bancos,
operación que promete hacer realidad una nueva camada de millonarios
sobre la piel de toro, ricos a manos llenas en la España de los 5
millones de parados incapaz de pagar sus deudas. En esa España que
amenaza pobreza para varias generaciones y obliga a emigrar a sus
jóvenes mejor preparados, un ramillete de notables se dispone a
forrarse, literalmente, en un par de operaciones a las que habrá que
aludir en el futuro.

El tsunami de la gran crisis financiera surgida a finales de 2007 llevó a muchas
de ellas a estrellarse contra los arrecifes. Con los restos del
naufragio el Gobierno ordenó fusiones, facultó SIPs, creó FROBs y todo
parecía encaminado a una problemática, por lenta, operación de sutura
que, al menos sobre el papel, iba a culminar el 31 de diciembre pasado.
Pero, oh sorpresa, apenas 20 días después, en pleno enero, el mismo
Gobierno nos sorprende con un nuevo y revolucionario plan de choque
destinado a hacer desaparecer las Cajas tal como las hemos conocido
hasta ahora, para convertirlas en bancos. La labor de zapa de los
grandes banqueros, en particular de Emilio Botín, sobre Rodríguez Zapatero ha rendido sus frutos. Al presidente le cuentan que, aunque está
haciendo lo posible con reformas y reformitas para salvar a España de la
quiebra y la consiguiente intervención, la tensión en los mercados no
afloja por culpa de las Cajas y su negativa a asumir el deterioro de sus
balances. Ningún inversor confía en ellas porque, “para empezar, José
Luis, los mercados no entienden lo que son las Cajas”, de modo que no
van a poder renovar o devolver la financiación mayorista que tienen
contraída. 

Hay,
pues, que acabar con unas Cajas cuya naturaleza jurídica, por cierto,
sí parecía ser perfectamente entendida hace apenas un par de años,
cuando esos mismos mercados europeos de capital les permitieron
endeudarse hasta las cejas para financiar la expansión del crédito
hipotecario y las inversiones en suelo e inmuebles, loca estrategia a la
que se entregaron sus gestores, con el visto bueno del Banco de España y
el entusiasmo de unos  prebostes autonómicos –en la debacle de las
Cajas hay muchos culpables- ansiosos por convertir las entidades en
especie de bancos públicos de la Junta respectiva. Todo se agravó a
principios de enero, con motivo de las colocaciones de deuda efectuadas
por BBVA y Santander, que resultaron ser un fracaso tal que los bancos
colocadores se vieron forzados a quedarse con parte importante de las
mismas en las manos y si no perdieron la camisa fue gracias a las
suculentas comisiones de aseguramiento que cobraron. Y entonces tanto Francisco González (BBVA) como Botín tocan a rebato y materialmente se echan encima de
Zapatero para hacerle ver que los culpables de lo ocurrido son las
Cajas, cuya delicada situación está contaminando a los bancos hasta el
punto de hacerles muy difícil la salida a los mercados de deuda. “No
queremos el negocio de las Cajas, queremos que las Cajas dejen de dañar
la línea de flotación de nuestro negocio”.

Los grandes bancos presionan a Zapatero

Hay una reunión secreta entre los banqueros y el presidente que este diario documentó el pasado jueves. Y dicho y hecho: con
el flotador de la gran banca anudado al cuello, Zapatero se tira al río y
obliga a aparecer en escena a la frágil Elena Salgado y a su segundo, Campa,
para que juntos entonen la palinodia mal  ensayada que para ellos ha
compuesto el FROB y el Banco de España (BdE), dos personas distintas y
un solo responsable verdadero: el gobernador Miguel Angel Fernandez Ordóñez,
el gran culpable de la situación a que han llegado las Cajas y de su
desaparición como modelo, un hombre que no ha cumplido con su deber como
regulador y debería responder por ello ante los tribunales si este país
fuera algo más que el espejismo en que se ha convertido, y a quien de
repente le han entrado todas las prisas del mundo por acabar con las
Cajas. Las supuestas discrepancias al respecto entre Fernández Ordóñez y
Salgado no han existido nunca, entre otras cosas porque la señora
ministra ni está ni se la espera a la hora de discrepar.  

El genocidio de las Cajas se completará en Septiembre, momento en el cual todas las
entidades que necesiten ayuda del FROB tendrán que haberse convertido en
bancos. Y para convencer a los renuentes y animarles a caminar por el
“pasillo de la muerte”, el regulador ha dispuesto elevar el capital
básico (Core Capital) de las Cajas al 9,5% sobre activos
ponderados (“entre un 9% y un 10%” ha dicho la Salgado con la precisión
que le caracteriza), un guarismo que apenas un ramillete de entidades
podrá alcanzar sin ayudas exógenas. “No salgo de mi asombro; no lo
entiendo”, asegura el responsable de un SIP. “Estábamos haciendo el
trabajo de reestructuración y saneamiento al que nos habíamos
comprometido. El sector había quedado reducido de 45 a 15 entidades; han
llegado gestores nuevos, se han cerrado oficinas, estamos saneando los
Balances; le he enviado mi plan de negocio y Vd, Banco de España, me ha
dado su visto bueno y, de repente, este palo. ¿Adónde quieren ir a parar
con un core capital del 10%? ¿Cómo podremos competir así? ¿Es que no vale la eficiencia o la capacidad de generación de recursos? ¿Sólo el core capital? ¿Entonces, qué tendrán que hacer quienes tengan participaciones industriales…?

Lo
que ha hecho La Caixa. Que el regulador se ha puesto por fin serio, a
buenas horas mangas verdes, lo están experimentando los cajeros en carne
propia. “Los ajustes que está obligando a meter la Inspección al cierre
del ejercicio 2010 están siendo terroríficos. Toda la reestructuración
hipotecaria que el BdE se zampó estos años sin pestañear, ahora nos
obliga a levantarla y ponerla en mora. Un ajuste de caballo de la
cartera hipotecaria de esta magnitud se traducirá en que quien tenga un
8% de core capital se va a quedar en el 7%, porque esas
dotaciones hay que llevarlas contra capital. En fin, que no hay
escapatoria”, afirma el director general de una importante entidad.
¿Cómo conseguir capital? Buscando inversores privados, misión  
imposible (incluso tratándose de “fondos buitres”) en unas
circunstancias en que ni siquiera los bancos cotizados lo consiguen, o
haciendo plusvalías, mal momento también para vender, porque “de poco te
sirve hacer 50 millones de plusvalías cuando lo que necesitas son mil…”
   

La delicada situación de Caja Madrid-Bancaja    

Sin
inversión privada que ayude a alcanzar ese coeficiente del 9,5% y en la
obligación de salir a unos mercados mayoristas cerrados a cal y canto
para financiarse, la mayor parte de las entidades se verán forzadas de
aquí a septiembre a aceptar la  inyección de fondos del FROB. El sector
público entrará en el capital y con sus inspectores sentados en los
Consejos controlará la gestión. Al cabo de cinco años las sacará a
subasta. Será llegado el momento de los cazadores de gangas, los cuatro
millonarios de rigor dispuestos a pescar en río revuelto. La nueva
desamortización. Todo podía haberse abordado de manera más racional,
incluso más democrática, utilizando un FROB que, con su capacidad de
endeudamiento de hasta 90.000 millones, se creó para eso: para haber
acometido el salvamento de casos extremos como los de CajaMadrid –¡en la villa y corte se corta el silencio, expectación, en espera del genio de Don Rodrigo saliendo del socavón!-, CatalunyaCaixa, NovaCaicaGalicia y Unnim
(antiguas Terrassa, Sabadell y Manlleu), por este orden. Saneadas de
verdad las dos vascas (BBK y Kutxa), la andaluza Unicaja y la aragonesa
Ibercaja. ¿Cuál es el premio de haber gestionado bien y no haber hecho
locuras?, se pregunta el responsable de una de ellas. “Pues ser
arrastrado por la ola e ir a parar al sumidero colectivo al que nos
conduce este Gobierno”.

Para huir del dogal del 9,5% La Caixa, con su proverbial habilidad para la puesta en escena, ha lanzado esta semana su CaixaBank. Simplemente la entidad que preside Isidro Fainé no podía aspirar, ni con desinversiones, a llegar a ese guarismo. ¿Qué
hacer entonces? Traspasar el negocio financiero a Criteria, que ya está
en Bolsa y que no tiene necesidad de alcanzar ese core capital,
porque con el 8% que exigirá el Gobierno (que no Basilea III) a los
bancos cotizados ya le vale. Así de simple. De paso, me sacudo de forma
definitiva la sombra de la Generalitat. Perfecto Gatopardo.
Y por el camino verde que va a la ermita va a desfilar la mayor parte
del sector. Es el exterminio total del 51% del sector financiero
español, error descomunal que lamentarán futuras generaciones. “El mayor desmán financiero de nuestra historia”, en palabras del catedrático Antón Costas Comesaña en El País,
y ello con el beneplácito del 98% de los medios de comunicación, que
consideran la desaparición del modelo de Cajas algo muy “moderno”. Dice
la Historia que las desamortizaciones del XIX propiciaron un nuevo
impulso a la deforestación de grandes zonas de España. El español,
acérrimo enemigo del árbol, también lo es de la competencia y, en último
extremo, de la libertad. ¿Será cuestión de genes?

Con lupa , Jesus Cacho El Confidencial