He esperado el día de hoy con expectación, no porque sea el día
en que se celebra la Declaración de Independencia de EE UU, sino porque
es el día a partir del que supuestamente empezaremos a ver cómo las
entidades financieras cambian su política de retribución de los
depósitos a plazo. Hoy se cumple un mes desde que el Gobierno decidiera,
instado por el Banco de España, que había que introducir un nuevo
régimen de aportación adicional a los fondos de garantía de depósitos
(FGD) basado en el «riesgo» para poner fin a los efectos perjudiciales
ocasionados por la denominada guerra de depósitos. Habría mucho que
hablar de ese «riesgo». Pero no quiero distraerme del tema de la
política de precios.
04-07-2011 –
Mi hipótesis es que nada va a
cambiar, o dicho de otro modo, ¿realmente se puede considerar elevado
pagar por los depósitos a plazo (generalmente a un año) tipos de interés
nominal próximos al 4%? Creo que hay suficientes razones para
considerar que no vamos a asistir a cambios importantes en las políticas
comerciales a corto plazo, a pesar de que algunas entidades, que
establezcan precios que superen los límites fijados en el real decreto,
tengan que hacer aportaciones adicionales al FGD. Así, por ejemplo, las
entidades que retribuyan los depósitos año por encima del 3,15%
calcularán ponderando en un 500% los importes de los depósitos a efectos
de las aportaciones al FGD. En el caso de las cajas, que quizá son las
más activas, tendrán que elevar el coste de captar esos depósitos de
alta remuneración un 0,50% adicional.
Está claro que la economía española tiene un problema de déficit de
ahorro, o dicho de otro modo, un elevado endeudamiento que ha sido
necesario tomar para financiar el rápido crecimiento del crédito. Este
sobreendeudamiento, evidentemente genera una gran dependencia financiera
del exterior, de los mercados internacionales a los que no todas las
entidades financieras tienen iguales posibilidades de acceder. Estamos,
por tanto, hablando de un bien (el ahorro) que es un «recurso escaso», y
por cuya captación todas las entidades tienen que luchar, aun cuando
todas no disponen de las mismas herramientas. Pero es que además tienen
que luchar, no solo entre ellas, sino con los títulos que emite el
Tesoro de España y las emisiones de otros Estados soberanos. Y esto
seguirá siendo así mientras no se equilibren los volúmenes de depósitos y
préstamos a los que se destinan, o/y no se estabilicen los mercados
internacionales de forma que se puedan captar los fondos necesarios para
mantener el volumen de crédito y gestionar los vencimientos a futuro de
una forma más cómoda. Recordemos que el activo de las entidades
financieras constituido mayoritariamente por préstamos para vivienda
puede tener una vida media de 15-20 años mientras los depósitos que los
facilitan pueden tener una vida media de un año. Con una inflación del
3,8%, ¿de verdad se puede decir que el 4% de rentabilidad de un depósito
es elevado? Desde mi punto de vista, no. Otra cosa diferente es que no
sea rentable para la entidad financiera. Pero es que además, la deuda
pública a dos años arroja una rentabilidad del 3,63%, por encima del
umbral marcado por el Gobierno en los depósitos con plazo de vencimiento
superior al año (3,15%), y todo como consecuencia de que la prima de
riesgo de España siga empeñada en batir un récord tras otro (la semana
pasada 290 puntos básicos), en unos mercados financieros internacionales
cada vez con mayores estrecheces para poder absorber las emisiones de
las pocas entidades financieras españolas que todavía tienen acceso a
los mismos (Santander solo consiguió colocar la mitad de su última
emisión).
En definitiva, no parece que la guerra de depósitos vaya a cesar, más
bien al contrario, pues es posible que se incorporen nuevos bancos que
hasta la fecha podían conseguir los fondos de otra manera, sobre todo si
tenemos en cuenta que la nueva norma no penaliza a todos por igual. Eso
sí, vamos a ver cuán imaginativos son los departamentos de marketing de
las diferentes entidades para posicionar sus productos de forma
diferencial, sobre todo en un momento donde el principal atractivo con
el que han acostumbrado al ahorrador es el precio. Por el contrario, lo
que sí se va a conseguir es hacer crecer los FGD, que en los últimos dos
años han visto descender su patrimonio como consecuencia de los costes
de saneamiento de Caja Castilla La Mancha por casi 3.000 millones de
euros; y conseguir más fondos que potencialmente se colocarán en deuda
pública o del FROB como se ha hecho hasta la fecha.
Francisco J. SÁnchez Vellvé. Economista