Por tercera vez consecutiva en seis meses la Unión Europea inició ayer
una cumbre destinada, supuestamente, a salvar el euro y a enviar una
señal de tranquilidad a los mercados financieros de todo el mundo. Y por
tercera vez el conflicto que bloquea el acuerdo gira en torno a las
medidas de solidaridad y estímulo al crecimiento que deben adoptarse
como complemento al ejercicio de austeridad acometido en buena parte de
la zona euro, incluida España.
09-12-2011
Al cierre de esta edición, los 27 socios de
la UE discutían el fortalecimiento de los fondos de rescate (el actual y
el definitivo, que entrará en vigor a finales de 2012 o 2013) de
acuerdo a una propuesta del presidente del Consejo de la UE, Herman Van
Rompuy.
En la jornada de hoy, el debate continuará con las diferentes
opciones para imponer mayor disciplina fiscal a través de una reforma
del Tratado de la Unión Europea.
El orden del día elegido por Van Rompuy refleja que el principal
escollo para el acuerdo estriba en la aportación de nuevos recursos a
los mecanismos de rescate; en la participación del Fondo Monetario
Internacional en los programas de ayuda a los socios del euro; y en la
implicación del Banco Central Europeo en los mercados de deuda pública
para aliviar la presión en países como España o Italia. El borrador de
conclusiones, al que tuvo acceso CincoDias, plantea la conversión del
fondo de rescate en entidad financiera para acceder a la liquidez del
BCE.
La estrategia negociadora deja para hoy la previsible disputa con
David Cameron, primer ministro el Reino Unido, sobre la reforma del
Tratado. Cameron exige a cambio de su visto bueno garantías para blindar
la City londinense, el mayor centro financiero de Europa. «Si no
consigo lo que quiero, no dudaré en vetar», señaló Cameron antes de
llegar a Bruselas.
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas
Sarkozy, han advertido que sortearán cualquier tipo de veto planteando
un Tratado exclusivo para los 17 países de la zona euro. Pero ni
siquiera esa opción parece factible, mientras no se resuelva la disputa
sobre los mecanismos de defensa ante la crisis.
Francia abandera a los países partidarios de dotar a la zona euro de
un verdadero Fondo Monetario, Berlín rechaza esa propuesta, por temor a
que se relaje la disciplina fiscal.
El conflicto, según el presidente francés, Nicolas Sarkozy, coloca al
euro en «peligro de explosión». «Tenemos solo unas semanas para poder
decidir porque el tiempo trabaja contra nosotros», dramatizó Sarkozy en
Marsella, donde antes de la cumbre europea se reunieron los presidentes
de Gobierno miembros del Partido Popular Europeo.
La misma sensación de angustia se observó a nivel internacional, con
el secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, completando ayer
en Milán su larga gira por Europa para apremiar al Viejo Continente a
frenar el riesgo de colapso del sistema financiero mundial. Incluso el
Papa Benedicto XVI parecía ayer pendiente de la cumbre de Bruselas. «Que
la Virgen nos acompañe (…) Lo necesitamos, sobre todo en estos
momentos tan difíciles para Italia, Europa y otras partes del mundo»,
señaló el Pontífice en Roma con motivo del día de la Inmaculada. A falta
de esa inspiración divina, Sarkozy advirtió que «no habrá una segunda
oportunidad». Pero Merkel, algo más optimista, apuntó que «Europa no
puede pararse (…), encontraremos la salida de la crisis y una
solución, que no será un big bang sino años de duro trabajo».
La canciller considera que el euro ha perdido la credibilidad y solo
se podrá recuperar con un marco de disciplina mucho más férreo, basado
en sanciones casi automáticas contra los países que incumplan
deliberadamente los objetivos de déficit público o deuda.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, coincide
con ese diagnóstico, pero añadió que la confianza de los mercados debe
recuperarse «demostrando que el euro es irreversible», un objetivo que
quedó en entredicho cuando Berlín y París amenazaron en noviembre a
Grecia con la expulsión de la Unión Monetaria si el entonces primer
ministro, Yorgos Papandreu, sometía a referéndum el plan de ajuste
exigido por la UE. La amenaza abortó el plebiscito y acabó con el
Gobierno de Papandreu. Grecia estuvo ayer representada por un
tecnócrata, Lucas Papademos, que se estrenó en el Consejo. También fue
la primera cita al máximo nivel para Mario Monti, primer ministro
italiano tras la caída de Silvio Berlusconi, igualmente provocada por
los ajustes reclamados por la zona euro. Su compatriota Mario Draghi,
presidente del BCE desde el 1 de noviembre, también asistió ayer por
primera vez a una cumbre europea.
En el capítulo de despedidas destacaba la de José Luis Rodríguez
Zapatero, que asistió por última vez a la cita con sus homólogos
europeos. El presidente del Gobierno llegó con una posición consensuada
con su sucesor, Mariano Rajoy. El líder popular reclamó ayer medidas
para cortar «la hemorragia de la deuda» y pidió a Zapatero que
defendiese el derecho de España a poder vetar las decisiones del futuro
fondo de rescate.
Los países rebeldes
Cameron da prioridad a los intereses de la City
David
Cameron, primer ministro de Reino Unido, acude a la cumbre bajo la
advertencia de Merkel y Sarkozy de que si la reforma del Tratado no se
aplica a los 27 países de la UE, se aplicaría a los 17 de la zona euro.
Cameron recela de una zona euro más reforzada, pese a que la debilidad
del euro también afecta a la economía británica. Y sobre todo, defiende
los intereses de la City londinense. «No vacilaré en vetar un tratado a
27», advirtió ayer Cameron.
Irlanda teme la armonización fiscal
Del
otro lado del Canal de la Mancha también llegan las objeciones de
Irlanda. En este caso, Dublín teme que la refundación de la zona euro
aboque a una armonización fiscal que ponga en peligro su bajo impuesto
de sociedades, reclamo para unas inversiones que difícilmente llegarían
de otra manera hasta un país tan alejado del centro del mercado único.
El gobierno irlandés también teme la ratificación del nuevo Tratado,
tras los traumáticos referéndum sobre los tratado de Niza y Lisboa (que
hubo de repetir).
Finlandia defiende su poder de bloqueo
Finlandia
se niega a renunciar a su derecho de veto en las decisiones sobre el
fondo de rescate, tal y como proponen Berlín y París (que sí seguirían
disfrutando de ese privilegio). El Gobierno de Helsinki, una delicada
coalición, podría caer si acepta una decisión muy impopular en un país
orgulloso de haber sido el único de Europa que tras la Primera Guerra
Mundial devolvió todas sus deudas. Alemania y Francia lograron de sus
acreedores una condonación de hasta el 80%.
Los países del euro avanzarán por su cuenta y sin Reino
Unido
¿Por qué Alemanía se opone a la creación de los Eurobonos
o a que el BCE imprima
billetes?