La tarde anterior a que Mariano Rajoy le confirmara que iba a ocupar la cartera de Economía y Competitividad, Luis de Guindos ejercía con aparente calma sus compromisos habituales como directivo del Instituto de Empresa (IE) y consejero de varias entidades.
22-12-2011
Miguel Ángel NocedaEl País.-
Posiblemente la procesión iba por dentro y, por si acaso, no quitaba la
vista del móvil mientras cumplía con alguna cita previamente
concertada. No obstante, dejaba escapar un hilo de oculta relajación que
la debida discreción le impedía esclarecer. Quizá el hecho de que,
desde que el PP ganó las elecciones, haya hablado tres veces con el
nuevo presidente era la mejor señal para intuir que sería el hombre
encargado de llevar a cabo el ajuste anunciado por Rajoy.
De Guindos ha estado en todas las quinielas para ocupar el cargo desde bastante antes de que las encuestas vaticinaran la victoria del PP. Este hombre fue responsable del programa económico del PP en las
elecciones de 2004 y ya entonces estaba llamado a ocupar la cartera que
ahora le llega, aunque ocho años después quizá a él le hubiera gustado
más ser gobernador del Banco de España, cargo que queda vacante en
julio.
La vuelta al mundo privado tras la inesperada derrota de
2004, le llevó, pasado un prudencial tiempo, al comité ejecutivo mundial
y a la presidencia ejecutiva del banco de inversión norteamericano
Lehman Brothers para España y Portugal. Dejó el cargo poco después del
escándalo de las subprime que hizo saltar por los aires la entidad, una
de los cinco bancos de inversión más grandes del mundo, y originó un
terremoto en la economía mundial.
Ese paso fue traumático y supuso
un borrón negro en su carrera que posiblemente ahora le vaya a marcar.
Más tarde saltó a la división financiera de PwC, responsabilidad que
dejó pronto, y con la que, no obstante, mantiene una relación
contractual como director del Centro del Sector Financiero que patrocina
junto al IE. Además de eso es consejero de la eléctrica Endesa, Unedisa
(editora de El Mundo y Expansión, entre otros medios) y Banco Mare
Nostrum (BMN, encabezado por la antigua Caja Murcia), y Logista, lo que
seguramente le obligará a abstenerse, por conflicto de intereses, en
algunas decisiones sobre política energética, de comunicación o
financiera en la que se vea involucrado.
El nuevo responsable de los destinos económicos del país, que se ganó el prestigio en los ocho años de Gobierno de Aznar como escudero del vicepresidente Rodrigo Rato, ha sido una de las pocas
personas a las que ha recurrido Rajoy para aprender y entender de
economía durante estos últimos años de oposición. Sus reuniones eran
habituales y De Guindos, que goza de fama de paciente, nunca puso pegas a
hacer de maestro en la materia del futuro presidente. Todo eso, y que
además habla un buen inglés, habrá visto Rajoy en él para darle toda la
confianza en un momento tan crítico como el presente. Y hay quien
asegura que pensó en él para presidir Caja Madrid cuando las espadas
estaban en todo lo alto dentro del PP para sustituir a Miguel Blesa. La
responsabilidad finalmente recayó en Rato, en quien De Guindos deposita
total veneración. De Guindos recientemente coordinó un libro titulado España, claves de prosperidad editado por Faes y prólogo de José María Aznar en el que hace un repaso
de alabanza a los ocho años de Gobierno del PP, con especial incidencia
en la entrada en el euro y el saneamiento de las cuentas públicas.
Nacido
en Madrid, Luis de Guindos Jurado cumplirá 52 años el 16 de enero. Es
sufridor del Atlético de Madrid y muy buen jugador de tenis, deporte que
practica con asiduidad y en el que ha ganado algunas competiciones de
aficionados. Casado,con una hija y un hijo que han seguido sus pasos en
la carrera de Económicas, se licenció en el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), donde fue premio extraordinario fin de carrera y,
probablemente, con la colección más numerosa de matrículas de honor. Se
identifica con la escuela liberal, muy bebido en las teorías de Von
Hayek.
Ante todo, es un hombre abierto, dialogante, de mirada
franca, dispuesto a colaborar siempre que esté en su mano. Eso le ha
valido el aprecio de la prensa y, que, por ejemplo, recibiera el
reconocimiento de la Asociación de Periodistas de Información Económica
(APIE) como socio de honor tras dejar el Gobierno en 2004. También tiene
muy buen cartel entre sus colegas de profesión. Sabe que lo que se le
viene encima es de órdago a la grande, pero se vaciará en el empeño.
Nada es nuevo para él. Ha seguido muy de cerca la actualidad nacional e
internacional, es habitual en las conferencias como referencia de la
derecha civilizada y conoce perfectamente los entresijos del ministerio.
Por
si acaso, en declaraciones previas a la formación de Gobierno e incluso
alas elecciones, ya ha puesto vendas en algunas heridas advirtiendo,
además, que “esto no es 1996”, cuando la economía que heredaba el PP
estaba bastante bien encauzada por la política aplicada por Pedro
Solbes. Sabe que hay que acabar la reestructuración financiera -tendrá
que decidir si se constituye un banco malo, del que es
partidario- y que se avecina una nueva oleada de fusiones, se impone el
reto de reducir el déficit, mantener duras políticas de gasto y abordar
las reformas estructurales que faltan, como la laboral, que precisamente
quiso hacer en 2002 sin éxito.
Con 23 años era técnico comercial y
economista del Estado. Tras pasar cuatro años por el Ministerio de
Economía, se incorporó al equipo de la sociedad de valores y bolsa AB
Asesores donde dirigió el negocio de gestión de activos y de
asesoramiento patrimonial, además de comprar un paquete de acciones.
Pero las vendió para volver al Ministerio como director general de
Política Económica y Defensa de la Competencia en 1996 bajo el mando de
Rato justo antes de que los fundadores de la empresa dieran el pelotazo
con la venta multimillonaria a Morgan Stanley. Quizá la pasión por la
política, aunque no sea militante, le llevara entonces y le lleva ahora a
aceptar retos como este sin importarle demasiado los emolumentos y, aun
a costa de salir perdiendo con el cambio.
Metido en la harina
ministerial, participó en la preparación de España para la entrada en el
euro, donde trabajó mano a mano con Cristóbal Montoro, Jaime Caruana,
José Folgado y Elvira Rodríguez, entre otros. En la segunda legislatura
popular ocuparía la Secretaría de Estado de Economía, pero antes tuvo
una de las actuaciones que le dio fama de no casarse con nadie al
imponer unas condiciones leoninas a la fusión de Iberdrola y Endesa que
dieron al traste con ella.