Los grandes jugadores de la banca española se preparan para
mover ficha. El Gobierno ha dado el pistoletazo de salida a la última
fase de la reestructuración del sector. La fecha límite para que se
pongan en marcha nuevas fusiones es el 30 de junio y en los cuarteles
generales de Santander, BBVA, CaixaBank y Bankia ya diseñan la
estrategia para afrontar unos meses de infarto.
18-01-2012
El ministro de Economía, Luis de Guindos, insistía ayer en la
perentoriedad del calendario. En febrero estarán listas las nuevas
exigencias de provisiones para cubrir el agujero del ladrillo. A partir
de ese punto, «es muy importante una segunda ronda de consolidación en
el sistema financiero», apuntó. A la espera de que salte la liebre, las
operaciones que ya están en el disparadero son la subasta de Unnim (que
ha entrado en su fase final), a la que seguirán las de Banco de Valencia
y Catalunya Caixa. El mismo destino correrá Novagalicia Banco si no
logra inversores privados antes de septiembre.
BANKIA
El futuro de la alianza liderada por Caja Madrid es la gran incógnita
del sector. Un calendario de provisiones muy duro pondría a los pies de
los caballos a la entidad dirigida por Rodrigo Rato. Los primeros
cálculos apuntan que tendría que realizar dotaciones adicionales por un
importe que estará entre 4.000 y 6.000 millones de euros. Esto se suma a
las exigencias de capital impuestas por las autoridades europeas, que
le obligan a obtener 1.300 millones antes de julio.
Fuentes cercanas al grupo aseguran que cuenta con suficiente músculo
para aguantar, pero el mercado tiene serias dudas. «Hay suficiente
trabajo con la integración de siete cajas. Especialmente con Bancaja, de
la que están aflorando sorpresas desagradables», apuntan estas fuentes.
«La posibilidad de una fusión con La Caixa es una hipótesis recurrente,
pero no hay nada de nada». Los desafíos políticos y financieros de la
operación son evidentes. Bankia, la entidad financiera más vinculada al
Partido Popular, acabaría socorrida por la principal entidad de
Cataluña, ligada a la Generalitat, gobernada por CiU. No obstante, en el
sector se insiste en que todo es posible. En cualquier caso, «si
CaixaBank se hiciera con Bankia necesitaría ayudas públicas, porque a
pulmón no hay nadie que la digiera», apuntan en un banco de inversión.
CAIXABANK
Con una posición financiera mucho más holgada se presenta el banco
filial de La Caixa. No recibió fondos públicos, como en el caso de
Bankia, es el banco español que afronta menos necesidades de capital
ante Bruselas y no ha tenido que participar en ningún complejo proceso
de concentración. Desde la entidad se señala que la posibilidad de una
alianza con Bankia no pasa de la mera especulación. Fuentes del sector
destacan los solapamientos que se producirían entre las dos redes de
oficinas más amplias del país y apuntan que la entidad catalana
preferiría crecer con una compra más selectiva. «Le interesaría quedarse
con Novagalicia Banco para ganar presencia en una región española donde
está infrarrepresentada».
Ahora bien, desde varios foros se apunta que el presidente de
CaixaBank, Isidro Fainé, podría estar interesado en salir en rescate de
su gran competidor, al que le conecta su afinidad personal con Rato y la
idea de defender la naturaleza jurídica de las cajas. De esta forma,
duplicaría el tamaño de La Caixa, lo que le permitiría hablar de tú a tú
a los dos grandes: Santander y BBVA.
SANTANDER
La crisis financiera global disparó el apetito de Santander. Su
presidente, Emilio Botín, sacó la escopeta repetidora y comenzó a abatir
piezas para reforzar su perfil internacional: Sovereign, financieras en
EE UU, B&B, A&L, Zachodni, oficinas de RBS, la filial germana
de SEB… Por eso llama la atención que un banco tan proclive a salir de
caza se haya mantenido al margen del proceso de concentración en España.
Esta situación cambiará ahora porque, como explica una analista, «en
esta crisis todo el mundo tiene que pagar. Obligarán a comprar algo a
Santander, BBVA y CaixaBank». Bajo esta premisa, lo lógico es que las
grandes entidades se decanten por las opciones que les resulten más
complementarias. Fuentes de mercado apuntan que a Santander le interesa
ganar presencia en Cataluña y Galicia. El grupo se ha propuesto alcanzar
un core Tier 1 del 10%, un punto porcentual por encima de lo que exige
el supervisor europeo. Por eso, podría digerir a pulmón una entidad de
entre 60.000 y 70.000 millones y seguir cumpliendo con las exigencias
comunitarias de una solvencia del 9%. La incógnita que surge es qué
papel otorgará Botín a Banesto, su segunda franquicia doméstica.
BBVA
La situación de BBVA es pareja a la de Santander. Como su gran rival,
el grupo que encabeza Francisco González tiene un amplio historial de
compras e integraciones a sus espaldas. Los dos grandes bancos sacan
ventaja en este punto a CaixaBank -que solo se ha atrevido con los
minúsculos Bankpime y Caixa Girona- y a Bankia, inmersa en la vorágine
de una fusión a siete bandas. Pero BBVA y Santander juegan con un
hándicap: durante la crisis han enfatizado su carácter de grandes bancos
globales. Una gran compra en su mercado doméstico les «rehispanizaría» y
eso podría castigar su cotización. CaixaBank no tiene este problema
porque su free float es pequeño (19%) y se encuentra repartido entre
inversores particulares, poco proclives a vender. A la hora de sacar el
talonario, la alternativa más interesante es Catalunya Caixa. Le daría
masa crítica en una de las zonas más ricas de España. La otra caja
catalana en subasta, Unnim, no sería tan apetitosa por su menor tamaño.