El comisario de Mercado Interior de la Unión Europea, Michel Barnier, presentó el miércoles un proyecto para una regulación europea sobre rescate y mecanismos de resolución de bancos. Hace un mes aproximadamente, me
refería en estas mismas páginas a la necesidad imperiosa de crear una “Unión Bancaria Europea”,
idea escasamente comentada hasta entonces. De cómo se debía ir más allá
de homogeneizar reglas y de la posibilidad de que los bancos españoles y
los de cualquier país de la UE pudieran beneficiarse de la misma. Por
todo ello, creo que una propuesta para avanzar en mecanismos de
prevención y resolución de crisis bancarias debe acogerse como un paso
oportuno en la dirección correcta.
07-06-2012 –
La propuesta (que incluye un borrador de directiva de 171 páginas)
tiene elementos de diagnóstico y de resolución que darán lugar a un
debate intenso. En este sentido, hay cuestiones que son fundamentales
para que funcione una Unión Bancaria Europea que han sido identificados
en la propuesta, entre los que conviene señalar que se propugne un fondo
de garantía de depósitos común, un fondo de resolución —que aportarían
los propios bancos— y la necesidad de promover fusiones transfronterizas
para resolver problemas bancarios específicos de un país. La música
suena bien. Si todo eso ya existiera, el problema actual del sector
bancario español ya habría sido resuelto y, probablemente, ahora se
estaría resolviendo el de otros bancos europeos en Alemania o Francia,
por ejemplo.
Pero una cosa es el diagnóstico y otra es llevarlo a la práctica.
Hay, al menos, dos elementos cruciales para que llegue a buen puerto,
dos de los que ahora más se discuten. El primero es la existencia de un
fondo de resolución común para los problemas bancarios. Idealmente, este
fondo perseguiría que los episodios de insolvencia bancaria de una
entidad financiera europea fueran cubiertos por un fondo en el que
participan otros bancos de la UE,
de modo que sean ellos quienes paguen y no el contribuyente. Esto
requiere andar con cierto cuidado porque es un clásico de la regulación
bancaria que cualquier fondo de cobertura de riesgos es, en sí mismo, un
incentivo a adoptar más riesgo ya que, en caso de insolvencia, otras
entidades acudirían al rescate. En mi opinión, este fondo solo puede
tener éxito si se hace como complemento a un seguro de depósitos único,
si en el fondo participan todas las entidades financieras (y no solo las
grandes) y si el fondo va asociado a una autoridad bancaria europea que
pueda ejercer normas de disciplina adicionales, como adoptar propuestas
de cambio en la gestión de la entidad o de resolución privada (fusiones
o absorciones). El empeño clásico europeo ha sido homogeneizar
servicios y procedimientos, pero poco se ha logrado en materia de
competencia e integración transfronteriza (que un gran banco de un país
compre a un gran banco de otra nación, por ejemplo) y en la propuesta se
habla de un papel de la Autoridad Bancaria Europea (ABE) como
“mediador”. Insuficiente, porque si la ABE carece de algo, hasta ahora,
es de “autoridad”. Por tanto, hay que dársela.
Finalmente, uno de los elementos que más se discuten es que el coste
de los rescates bancarios lo sufran no ya solo los accionistas del banco
en cuestión, sino también los tenedores de bonos. A estos se les
presupone una cobertura pero esta tiene un límite, ya que no es
indefinida, y cuando las cosas se ponen feas parece natural que
participen de la resolución. Lo que ocurre es que estos inversores no
siempre conocen bien los riesgos en los que incurren, algo que con
frecuencia —en España lo sabemos— ha ocurrido. Por tanto, hay que contar
con los tenedores de bonos con buena información y con cultura
financiera para poder resolver las crisis bancarias.
Esta es una oportunidad histórica que no debería despreciarse. Cuanto antes se resuelva, más fuerte y cohesionada será Europa.
Santiago Carbó Valverde es catedrático de la Universidad de Granada y colaborador de Funcas y BMN.
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