Las cajas ponen en venta participadas por 20.000 millones

La extensa cartera industrial de las cajas de ahorros tiene los
días contados. Los últimos decretos para aumentar la solvencia del
sector (que obligan a las entidades a realizar fuertes provisiones en un
corto periodo de tiempo), la próxima inyección de dinero desde los
fondos de rescate europeos, y la nueva normativa internacional de
solvencia -conocida como Basilea III-, presionan con fuerza en la misma
dirección; vender.

Las inversiones de las cajas en empresas de todo signo eran una de
sus señas de identidad, así como una lucrativa fuente de ingresos, vía
dividendos, pero ahora los vientos soplan en contra del mantenimiento de
estas carteras.

Aunque en los últimos dos años las entidades ya han ido vendiendo
algunas participaciones, el sector todavía conserva importantes
participaciones en compañías como IAG (la antigua Iberia, participada
por Bankia), Deoleo (que cuenta con varias cajas en su accionariado),
Iberdrola o Gas Natural. En total, las cajas cuentan con inversiones con
un valor que supera los 20.000 millones de euros entre empresas
cotizadas y no cotizadas, a pesar del desplome de las valoraciones de la
mayor parte de compañías.

Bankia frente a CaixaBank

Las dos entidades que mayor cartera industrial han acumulado han sido
Bankia y CaixaBank, aunque su situación es diametralmente opuesta. En
el caso de la primera, su reciente nacionalización conllevará la
obligación de desprenderse cuanto antes de todas sus participadas. El
nuevo presidente, José Ignacio Goirigolzarri, ya ha puesto el cartel de
se vende en todas salvo en Mapfre, que se considera un socio
estratégico. Así, su participación del 20% en Indra o del 17% en NH
Hoteles, se venderán en los próximos meses.

En el extremo opuesto está el grupo La Caixa. Controla el 13% de
Repsol, el 5% de Telefónica, el 23,5% de Abertis, el 35% de Gas Natural.
Cuatro participaciones que, en conjunto, superan los 10.000 millones de
euros de valoración. La buena situación de la entidad en términos de
solvencia ha hecho que la caja catalana haya sido mencionada como una de
las tres entidades que no deberá buscar capital adicional.

En su caso, la única presión que recibirá es por Basilea III, aunque
su presidente, Isidro Fainé, está haciendo campaña para evitar que la
tenencia de cartera industrial suponga un excesivo sobrecoste en
términos de capital.

Otras dos cajas que deberán vender sus participadas en los próximos
meses son las nacionalizadas Catalunya Caixa y Novagalicia. El primer
grupo mantiene un 1,5% de Iberdrola, como una participación
significativa, mientras que las cajas gallegas tienen una cartera
industrial mucho más amplia. En ambos casos, tal y como ocurre con
Bankia, la futura inyección de fondos públicos para recapitalizar las
entidades les obligará a vender todos aquellos activos que no son
estratégicos.

«No tiene mucho sentido que entidades que van a recibir dinero de
Europa sean accionistas de referencia de muchas de las grandes empresas
españolas. Aunque vendan con minusvalías, al menos conseguirán generar
liquidez, reducir balance y lanzarán un mensaje positivo de gestión
activa del balance», explica José Enrique Concejo, responsable de
entidades financieras españolas Société Générale Corporate &
Investment Banking.

Las cajas medianas

Entre las medianas, la presión para vender no será tan fuerte como en
las nacionalizadas, pero en algunos casos sí que será inevitable que se
desprendan de algunas participadas. La situación más desahogada está en
Kutxabank, que tiene una amplia cartera industrial pero que cuenta con
capacidad para cumplir con los requerimientos de solvencia por sus
propios medios. En cambio, BMN, Liberbank y Caja España Duero (en
proceso de fusión con Unicaja, podrían verse obligados a vender.

El problema de desinvertir con minusvalías

Las cajas de ahorros se han mostrado hasta ahora muy reticentes a
desprenderse de su cartera industrial, en contraste con lo que hicieron
los bancos españoles. En los momentos buenos, argumentaban que esta
cartera era un buen colchón de plusvalías para poder afrontar
situaciones más complicadas pero, cuando los momentos malos han llegado,
el sector se ha resistido a vender por considerar que los precios que
se ofrecían por sus participadas eran demasiado bajos. Además, algunas
de las participadas ofrecían una atractiva política de dividendos, una
buena forma de mejorar la cuenta de resultados en un momento de caída de
los ingresos bancarios tradicionales.

La situación ha cambiado ahora. En los últimos meses, Bankia ha
vendido su participación en BME, Caja Mediterráneo el 5% que acumulaba
en TUI y Novagalicia el 11% que tenía en la conservera Calvo.

«Las entidades deben poner a valor de mercado tanto los préstamos
como su cartera de participadas. Cuando vendan, sufrirán un impacto en
la cuenta de resultados en forma de minusvalías pero, a cambio,
recibirán liquidez», explica Pablo Gómez de Pablos, socio director de
GBS Finanzas.

El camino lo está marcando Bankia, que ha revisado el valor de su
cartera de participadas, reconociendo un deterioro de su valor cercano a
4.000 millones de euros. A partir de ahora, toca vender, y si mejora la
valoración de alguna de las compañías podrían incluso obtener alguna
plusvalía.

«Tan solo con el reconocimiento de estos deterioros y con
desinversiones conseguirán ir desbloqueando el problema y volver a
dedicarse a dar créditos», apunta Gómez de Pablos.

cinco dias