FALTA (de) PERSONAL

El número de oficinas y el de trabajadores no tienen un aumento correlativo. Las vacaciones, bajas, cursillos, amortización de puestos… empeoran año tras año la situación de sobrecarga de trabajo. Es necesario invertir una parte de los buenos resultados en la plantilla.

“Si se pretende crecer y se trabaja e
incentiva para ello, fallar en lo básico es poco inteligente”

Es obvia la escasez
de plantilla en muchas oficinas a lo largo del año, pero este verano
hemos padecido como nunca la falta de personal. Cada vez hay más
oficinas, sin embargo el número de trabajadores no experimenta un
aumento correlativo; demasiadas sucursales se abren con tres personas,
otras cuentan con solo dos empleados o incluso con uno solo. Es fácil
imaginar qué sucede cuando llegan vacaciones, bajas, cursillos de
formación… Resultado: sobrecarga de trabajo, y no sólo en las
oficinas pequeñas.

Cuando la necesidad de personal es
perentoria, y no queda más remedio, empleados de oficinas más o menos
próximas deben desplazarse, a menudo bastantes kilómetros y durante
bastantes días, para cubrir la falta de plantilla. Resultado para la
oficina de origen y, por descontado, para la oficina de destino:
sobrecarga de trabajo
, sin olvidar los desplazamientos a que se ven
obligados los empleados afectados.

Muchos trabajadores ya formados se van a
la competencia, todos intuimos el porqué, y quienes llegan para ocupar
la plaza vacante a menudo carecen de experiencia. Resultado:
sobrecarga de trabajo
. Por otro lado, la amortización de puestos de
trabajo es un fenómeno bien conocido en las oficinas y, demasiadas
veces, el resultado también: sobrecarga de trabajo. El
crecimiento del negocio, afortunadamente, es muy satisfactorio, pero, en
las condiciones que estamos viendo, sabemos qué viene comportando:
sobrecarga de trabajo
. En resumen, la larga lista de problemas de
plantilla se agudiza en verano, como bien sabemos todos; seguro que
cualquiera podría citar casos deplorables que aportar a esa larga lista.

Estas circunstancias vienen repitiéndose
todos los años, y cada vez empeora más la situación. La consecuencia es
que el estrés cunde en unas plantillas que ven cómo la presión aumenta y
cómo se induce a un importante sobreesfuerzo; bien sabemos cómo es
preciso atender cada vez más asuntos y cómo demasiado a menudo eso
conlleva la realización de prolongadas jornadas laborales. Para acabar
de rematar la faena nos encontramos con que ya pocos confían en que, al
menos, la renovación de su “Pacto Individual” refleje el esfuerzo
realizado, o que en caso de alcanzar el “Bonus” –cuestión que está por
ver– su importe compense el empeño desarrollado.

No puede darse por seguro que a medio o
largo plazo esta falta de atención hacia la plantilla siga siendo
compensada por el voluntarismo y el sentido de la responsabilidad que
siempre han demostrado los trabajadores del Grupo. Desde CC.OO.
entendemos que es necesario invertir en los empleados y empleadas una
parte de los buenos resultados que viene obteniendo nuestra empresa
.
Hay que mejorar, en general, las condiciones de trabajo en el Grupo;
entre otras medidas es preciso incrementar las percepciones económicas
de los empleados y, sobre todo, aumentar la plantilla. De no
encarar esta realidad se perderá una gran oportunidad para dar un salto
cualitativo de verdad.

Cuidar el empleo, tanto en cantidad como
en calidad, es uno de los ejes fundamentales en la gestión de las
empresas. La Dirección del Grupo Banco Popular conoce perfectamente la
teoría, e incluso manifiestan que se invertirá lo necesario. Aunque las
palabras están muy bien, dan para lo que dan, y –desde luego– a los
trabajadores del Grupo no nos han servido de mucho este verano.

Septiembre de 2005

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