Trabajar hasta la muerte en Qatar

El
País. – «
Nunca se quejaba. A veces solo decía que el trabajo era muy duro».
Him Kumari Yongan, de 25 años, intenta sonreír con los ojos llenos de lágrimas
mientras acaricia con cariño a su hijo de tres años pensando que nunca más
volverá a ver a su padre. «Ahora no sé que voy a hacer. Estoy sola». Hace unas
semanas recibió una llamada telefónica de la empresa que empleaba a su marido en
Qatar anunciándole que Narabaj Tamang, de 25 años, había fallecido. Según sus
compañeros de trabajo, Tamang se fue a la cama después de cenar y a la mañana
siguiente lo encontraron muerto. Aunque el informe médico atribuía su muerte a
una parada cardiorrespiratoria, Yomang desconoce las causas reales del
fallecimiento. En Nepal, más de 600 familias han perdido a alguno de sus
miembros trabajando en las obras que se están realizando en Qatar con motivo del
Mundial de Fútbol de 2022.

23-07-2014 – Mientras el mundo está pendiente del campeonato de fútbol de este año en
Brasil, más
de 1,4 millones de trabajadores migrantes, 400.000 de ellos de Nepal, trabajan
en la construcción
 de hoteles, autopistas, aeropuertos y estadios que
albergarán el primer Mundial de Fútbol en Oriente Medio. De acuerdo con los
datos de Deloitte, Qatar
invertirá cerca de 200.000 millones de dólares
 (casi 150.000 millones de
euros) en proyectos de construcción distintos que los meramente deportivos, y
contratará 500.000 trabajadores adicionales para finalizarlos. Tras el
fallecimiento de nueve trabajadores durante los dos últimos mundiales de Brasil
y Sudáfrica, la Confederación Sindical Internacional (ITUC, por sus siglas en
inglés) ha advertido de que los constantes abusos que sufren los obreros en
Qatar podrían causar la muerte de 4.000 personas antes de
2022.

Sin estudios. Sin cualificación. La única opción que les queda es huir de su
país. De acuerdo con el Foreign Employment Promotion Board de Nepal, un
organismo encargado de indemnizar a los familiares de los trabajadores que han
fallecido o sufrido un accidente, en Qatar ya son al menos 672 los trabajadores
nepalíes que han muerto durante los últimos cinco años en un país donde los
sindicatos están prohibidos y no existe el salario mínimo. De hecho, muchos de
ellos se han convertido en esclavos en los lugares de las obras, trabajando bajo
el sol abrasador del desierto, sin ningún tipo de experiencia, con sus
pasaportes retenidos y unas condiciones de vida que no se corresponden con la
clase de trabajo ni con los salarios que al principio les habían prometido. A
pesar de que Qatar ha sido duramente criticado por maltratar a los trabajadores
extranjeros, los constantes abusos, los engaños y las deudas en que se ven
envueltos estos trabajadores a menudo empiezan en su propio país. La historia de
Tamang es solamente un ejemplo de este fenómeno.

Este joven, procedente de la zona rural de Tehrathum, intentó ganarse la vida
en Nepal dando clases de inglés en un internado, pero la ridícula cantidad de
30.000 rupias (30 dólares aproximadamente) que ganaba al mes no le permitía
mantener a su familia. Así que Tamang tomó la misma decisión que otros millones
de nepalíes: emigrar a los países del Golfo Pérsico y a Malasia en busca de un
futuro mejor. Sus sueños pronto se convirtieron en pesadilla porque, aunque le
garantizaron un empleo como guardia de seguridad, una vez en Doha descubrió que
le habían asignado un puesto como limpiador de cristales en un rascacielos. Si
bien la agencia de colocación de Nepal encargada de buscarle un trabajo en Qatar
le había prometido un sueldo de aproximadamente 330 dólares mensuales, su
salario real era una tercera parte más bajo.

Cada día llegan al Aeropuerto Internacional Tribhuvan de Katmandú un promedio
de dos trabajadores muertos

Al igual que muchos de sus compatriotas, Tamang había sido víctima de un
engaño. Pero no podía hacer nada. En Qatar está en vigor la kafala,una
ley de patrocinio que permite a los jefes disponer del visado de sus
trabajadores impidiéndoles además cambiar de empleo, salir del país sin el
permiso del patrón o demandar a las empresas en caso de desacuerdo o conflicto
laboral. Además, Tamang tenía que devolver un préstamo de 1.200 dólares que
había solicitado para pagar el billete de avión a Doha y a la agencia de
contratación en Katmandú. Una cantidad considerable si se tiene en cuenta que el
PIB de ese país es de 1.102 dólares per cápita, el vigésimo más bajo del mundo.
Por tanto, la única alternativa que le quedaba para enviar todo el dinero que
fuera posible a su familia era trabajar una media de doce horas diarias, seis
días a la semana. Hasta el día de su muerte.

Cada día llegan al Aeropuerto Internacional Tribhuvan de Katmandú un promedio
de dos trabajadores muertos en ataúdes fácilmente reconocibles.En la terminal de
llegadas, las familias aguardan pacientemente durante horas llorando en silencio
mientras rellenan el papeleo necesario para recuperar los cuerpos de sus seres
queridos y proceder a la incineración. A unos cientos de metros de allí, en la
minúscula terminal de salidas de ese aeropuerto atiborrado de personas, una
multitud de jóvenes hacen cola desde las siete de la mañana. Solo llevan consigo
un pequeño y sencillo bolso de viaje con cuatro o cinco piezas de ropa en su
interior y observan todo lo que les rodea con esperanza y temor. Aunque es una
elección dolorosa, están decididos, al igual que lo están los 1.700 trabajadores
que salen de Nepal cada día por estas puertas, a huir de un país donde hay un
46% de desempleo. A pesar de que son conscientes del escandaloso número de
trabajadores que mueren en los países de destino y de que sienten verdadera
preocupación porque les suceda lo mismo, su respuesta no puede ser más
elocuente: «no nos queda otro remedio».

Los futuros trabajadores migrantes contactan con intermediarios de las
agencias de empleo de Katmandú que seleccionan personal para trabajar fuera del
país. Como la mayoría vive en zonas alejadas de la capital, los mediadores
cobran unos honorarios de entre 750 y 2000 dólares para formalizar el contrato,
solicitar el pasaporte, hacer un informe médico, comprar el billete de avión,
etc. Suelen llegar a Katmandú solo dos o tres días antes de la salida
programada. En ese escaso periodo apenas tienen tiempo de examinar los
contratos, si se tiene en cuenta que una gran parte de estos jóvenes no sabe
leer puesto que la tasa de alfabetización de un adulto en ese país llega al
60.3%, por lo que dependen de la buena fe y las promesas de las agencias. «En
ese momento, los trabajadores no se pueden echar atrás porque ya disponen de un
crédito para pagar el viaje», explica Rameswhar Nepal, director de la delegación
de Amnistía Internacional.

Aun así, la urgencia por salir es evidente en todo el territorio nepalí. El
pasado año, las remesas que los inmigrantes enviaron a su país superaron los
cinco billones de dólares (cinco mil millones de euros), una cifra que
constituye casi el 25% del PIB, el tercer porcentaje más alto del mundo. En
teoría, Nepal posee una de las mejores leyes del mundo en materia de migración.
Los puestos de trabajo en el extranjero tienen que ser anunciados en los
periódicos locales, especificando la duración y el sueldo. Antes de viajar, el
departamento de empleo en el exterior deberá aprobar una serie de documentos,
entre ellos el contrato de trabajo, el perfil de la empresa contratante y un
informe médico. Los trabajadores tienen que contratar obligatoriamente un seguro
de vida que irá a parar a sus familiares en caso de accidente o muerte. Además,
Nepal ha establecido límites a las tarifas que establecen las agencias de empleo
y rigurosas sanciones a los que no las respetan.

Catar invertirá cerca de 200.000 millones de dólares en proyectos de
construcción distintos que los meramente deportivos

Sin embargo, todos los afectados coinciden en que en la práctica es
insuficiente. Se han conocido casos de funcionarios del departamento de empleo
que han sido detenidos en numerosas ocasiones por corrupción y connivencia con
las agencias de contratación. En el edificio en ruinas donde se encuentran las
oficinas, su director adjunto, Surya Koirala, intenta justificarse: «Sabemos que
existe un entramado de corrupción entre las agencias de empleo y las empresas en
Qatar, pero nosotros no podemos hacer nada», explica. «Somos un país pobre. No
podemos imponer nuestras normas a naciones tan poderosas».

De acuerdo con los relatos de algunos trabajadores que ya han regresado, una
vez en Qatar se alojan en campos de trabajo pequeños e insalubres donde cientos
de personas conviven hacinadas compartiendo una cocina y pocos cuartos de baño.
Una gran mayoría trabaja de 10 a 14 horas diarias, a menudo soportando
temperaturas que alcanzan los 55 grados. Como consecuencia del ritmo de trabajo
agotador e inhumano, muchos son incapaces de sobrellevar el cansancio y mueren a
causa de un fallo respiratorio o cardíaco. Aunque las organizaciones sindicales
y de Derechos Humanos vinculan estas muertes a las terribles condiciones
laborales, el Gobierno de Qatar las considera como meros infartos puesto que
«las empresas y los países no se hacen responsables si no se demuestra
claramente que existe una relación entre las muertes y el trabajo», explica
Sumitra Singh, funcionario del Foreign Employment Promotion Board.

Para conseguir un contrato con una compañía extranjera, los candidatos tienen
que superar al menos doce pruebas, lo que significa que en cualquier momento
pueden ser engañados, recibir peticiones de soborno y de comisiones sobre las
tarifas estipuladas e incluso se les niega el ejercicio de sus derechos básicos.
Aun así, y pese a las decepciones y contratiempos, las colas para dejar el país
son cada día más largas. Muchos trabajadores han convertido su trabajo en una
profesión a tiempo completo. Cuando se les termina el contrato regresan a Nepal
para permanecer solo unos meses, el tiempo suficiente para organizar una nueva
aventura en otro país.

Este masivo éxodo de personas está teniendo graves consecuencias. En Nepal se
ha abandonado la agricultura y el país es ahora un importador neto de productos
agrícolas y receptor de miles de temporeros indios que llegan cada año para
trabajar en los cultivos abandonados. Asimismo, la falta de convivencia entre
los trabajadores migrantes y sus esposas ha traído consigo un aumento de los
casos de VIH a causa de las relaciones extra maritales. Además, el descrédito de
la educación es cada vez mayor. ?Los niños ahora no se toman en serio los
estudios. Su único objetivo es salir al extranjero?, afirma Ganesh Gurung, un
experto en migración del Institute for Development Studies de Nepal. ?La
migración laboral es una bendición y una válvula de escape para nuestra
economía, pero a largo plazo no es una solución para el desarrollo del
país?.

Las autoridades cataríes han anunciado recientemente los esperados cambios de
su reforma laboral, en concreto la
eliminación de la leykafala
 y del visado de salida, una norma por
la que los trabajadores necesitan el permiso de sus jefes para salir del país.
Qatar también ha prometido mejores condiciones laborales para los obreros
contratados para construir estadios, pero no para los que trabajan en otro tipo
de infraestructuras. Hasta ahora, sin embargo, el nuevo sistema no se ha
implementado y según los testimonios de trabajadores y de organizaciones de
Derechos Humanos, la situación sobre el terreno no ha mejorado. La Confederación
Sindical Internacional ha dicho que la promesa de Qatar de cambiar la reforma
laborar es «puramente cosmética». Aunque el pasado noviembre el presidente de la
FIFA,Joseph
Blatter, calificó la situación de «inaceptable»
 y añadió que era preciso
«introducir lo antes posible y de forma continuada condiciones de trabajo más
justas en Qatar», la FIFA no ha planteado de momento revocar el derecho del
Emirato a celebrar la Copa del Mundo. A pesar de las numerosas peticiones de
entrevista que este periodista ha enviado a la embajada de Qatar en Katmandú,
aún no ha recibido ninguna respuesta.