
El ya conocido discurso de la Alta Dirección sobre la importancia de convertir el Banco en una empresa de personas y para las personas, el despliegue realizado para diseñar un Plan de Transformación basado en el proyecto «Sencillo, Personal y Justo», comienza a convertirse en una quimera.
La desorientación entre la plantilla es máxima, la desconfianza con la Empresa superlativa, y la sensación de que todo parece una campaña publicitaria, más de cara a la galería que con intención de modificar la realidad, está extendiéndose nuevamente entre los y las profesionales del Banco.
Hemera
Technologies/AbleStock.com/Getty Images
El ya conocido discurso de la Alta Dirección sobre la
importancia de convertir el Banco en una
empresa de personas y para las personas, el despliegue realizado para
diseñar un Plan de Transformación basado en el proyecto «Sencillo, Personal y Justo», comienza a convertirse en una quimera.
Ya nos advirtió la propia Empresa de la dificultad para
realizar un cambio cultural profundo en una organización tan grande, llegando
incluso a admitir que eran conscientes de la aparición de «resistencias
internas» que iba a ser necesario reconducir. En este sentido llegaron a pedir la colaboración de la
representación legal de los trabajadores y trabajadoras en la denuncia de las
situaciones que se desviaran del plan diseñado.
Durante un tiempo pareció que era posible, que se empezaba
a tener en cuenta que una Empresa moderna, con compromiso social y con su
clientela, debía poner el foco en la satisfacción de sus profesionales y la
racionalización de los procedimientos de trabajo.
En esta línea pensamos que los cambios realizados en las
estructuras territoriales de la Red Comercial podrían servir para profundizar
en la nueva cultura corporativa. Pero desgraciadamente nada más lejos de la
realidad.
Nos aseguraron que iría cobrando mayor importancia el «cómo se hace» sobre el «qué se hace». Nos hablaron de la
necesidad de una plantilla satisfecha para conseguir una clientela igualmente satisfecha y fiel. Nos hablaron de innovación tecnológica. Erradicaron burocracia e iniciaron la renovación de
procedimientos operativos buscando la eficiencia en el trabajo. Y transmitieron su compromiso decidido en continuar
avanzando en una línea que, en general, consideramos positiva.
Pero pasado este periodo esperanzador, desde el verano
aquí, y especialmente en las últimas semanas, nos encontramos con la vuelta a las prácticas directivas más tóxicas, con la generalización de partes,
reportes, despachos sobre producción, reuniones extemporáneas, exigencias de
prolongación de jornada, mandos intermedios nada dialogantes, amenazantes y en
ocasiones coactivos.
Las Direcciones Territoriales, Comerciales y de Zona, ya
sean nuevas o con experiencia en sus cargos, parecen haberse decidido a
recuperar un modelo de dirección de equipos sobre el que el propio Banco
Santander ha admitido el fracaso.
La desorientación entre la plantilla es máxima, la
desconfianza con la Empresa superlativa, y la sensación de que todo parece una campaña publicitaria,
más de cara a la galería que con intención de modificar la realidad, está
extendiéndose nuevamente entre los y las profesionales del Banco.
Pensamos que el Plan de Transformación puede llevarse a
cabo. Pero para ello es necesario mostrar más decisión, ser más contundentes en
su aplicación. Y es fundamental que cuando la plantilla denuncie que
sistemáticamente se están contraviniendo las órdenes de la Alta Dirección, cosa
que hacen a través de los delegados y delegadas de CCOO,
los responsables del Banco se pongan manos a la obra y reconduzcan las
situaciones planteadas.
CCOO hemos iniciado una serie de contactos con los staff’s territoriales y hemos solicitado
reunirnos con las personas responsables de las diferentes Áreas para transmitir
esta realidad y para exigir el cumplimiento de unas medidas anunciadas desde
hace ya largo tiempo y que no pueden dilatarse más.
Mientras tanto, sigue siendo fundamental que la plantilla
informe a los delegados y delegadas de cada ámbito sobre quiénes están
retomando métodos de mando inadecuados para, de una vez por todas, conseguir un
buen clima laboral.