Adiós a las cajas

Por si alguien todavía no se había dado cuenta el consejero de
Economía de la Junta, Tomás Villanueva, lo ha dejado muy claro. «Las
cajas de ahorro dejarán de ser lo que han sido hasta ahora», ha
declarado en una reciente entrevista. Y no se refiere a la mera cuestión
de tamaño derivada de los distintos procesos de fusión a los que hemos
asistido en los últimos tiempos, sino al nuevo marco jurídico-financiero
aprobado paralelamente, que abre la puerta a su privatización parcial
y, por ende, a su «bancarización».

Por si alguien todavía no se había dado cuenta el consejero de
Economía de la Junta, Tomás Villanueva, lo ha dejado muy claro. «Las
cajas de ahorro dejarán de ser lo que han sido hasta ahora», ha
declarado en una reciente entrevista. Y no se refiere a la mera cuestión
de tamaño derivada de los distintos procesos de fusión a los que hemos
asistido en los últimos tiempos, sino al nuevo marco jurídico-financiero
aprobado paralelamente, que abre la puerta a su privatización parcial
y, por ende, a su «bancarización».

Va siendo evidente que los
árboles de las fusiones no nos han dejado ver el bosque que se situaba
detrás de ellas. Nos hemos pasados dos años entretenidos con las
polémicas de ámbito territorial suscitadas por las fusiones cuando a la
postre lo realmente sustancial no va a ser tanto la concentración de las
cajas como su próxima reconversión en un híbrido muy parecido a la
banca privada.

Desatada la crisis financiera se nos dijo que, en
aras de su solvencia y competitividad, las cajas sólo podrían
sobrevivir a partir de un tamaño determinado. Pero nadie nos había
advertido de ese nuevo status jurídico que va a desnaturalizar y reducir
al mínimo su importante función social redistributiva. Ese exponente de
economía social -«único en Europa-» que han representado las cajas
españolas tiene los meses contados. La entrada de capital privado
resulta inminente y a partir de ella, aunque sigan llamándose cajas, van
a operar como bancos. Y esto sin contar que su proceso de concentración
no ha concluido y que en el 2011 proseguirá con nuevas operaciones en
alguna de las cuales previsiblemente participará la caja resultante de
la fusión España-Duero, que, al margen de otros parámetros, a estas
alturas tampoco da el tamaño mínimo requerido.

La profundidad de
la crisis ha precipitado los acontecimientos, haciendo añicos todas las
previsiones y cálculos realizados acerca del futuro de las entidades de
ahorro. Vista la perspectiva, incluso el revés sufrido por la Junta en
su inicial empeño de integrar las seis cajas de Castilla y León en un
mismo proyecto ha quedado muy relativizado. Entre otras cosas porque el
modelo de «banco regional» que subyacía bajo esa pretensión tampoco
hubiera tenido futuro.

Si todo sigue por los mismos derroteros,
no tardando mucho el medio centenar de cajas existentes hace un año
acabarán concentradas en cuatro o cinco «macrocajas» sobre las cuales
ningún gobierno autonómico tendrá plena capacidad de control. Más que
nada porque antes o después la mitad de su capital estará en manos de
accionistas privados que las sanearán, controlarán y se repartirán la
correspondiente parte alícuota de sus beneficios. Sobre las cajas
podemos ir diciendo aquello de que fue bonito mientras duró.

PEDRO VICENTE

Diario de León