Autor: Seccion Sindical CASER

  • 28 ABRIL, DIA INTERNACIONAL DE LA SALUD Y SEGURIDAD EN EL TRABAJO

    En 2016 celebramos el
    vigésimo aniversario de la entrada en vigor de la Ley de
    Prevención de Riesgos Laborales. En este periodo hemos asistido al
    tránsito desde la seguridad e higiene franquista a la prevención de
    riesgos emanada de la Directiva Marco europea

    La generalización de la
    actividad preventiva en las empresas, las políticas públicas activas
    y la labor de los recién elegidos delegados de prevención lograron, no
    sin pocos esfuerzos, una mejora de las condiciones de trabajo que se
    tradujo en un periodo de acusado descenso de la siniestralidad que se
    prolongó desde 2000 hasta 2012. La Ley 31/1995 ha posibilitado pasar
    de un enfoque reactivo, de reparación del daño una vez que se produce,
    a un enfoque preventivo, con el objetivo fundamental de conseguir
    un estado de bienestar integral del trabajador.

    Sin embargo, la apuesta por políticas de ajuste de marcado acento
    neoliberal como alternativa de salida a la crisis, especialmente
    representadas por las reformas laborales, deterioraron de forma grave
    la negociación colectiva y el ejercicio efectivo de derechos,
    elementos imprescindibles para la salud y la seguridad en el trabajo.
    Estas dinámicas han determinado una regresión de la prevención en las
    empresas durante esta última legislatura y, no por casualidad,
    la aprobación de la Reforma Laboral del Partido Popular en 2012
    coincidió con el cambio de tendencia de la siniestralidad. 

    En estos cuatro años de legislatura han fallecido 2.310 trabajadoras y
    trabajadores y desde 2012 hasta 2015 se han acumulado incrementos del
    8% en el índice de incidencia para el conjunto de sectores y del 9%
    para la siniestralidad mortal. Es inadmisible que en pleno Siglo XXI,
    fallezcan más de 600 personas en un año por el hecho de ejercer su
    labor profesional.

     

    El debilitamiento de la negociación colectiva conlleva
    pérdida de derechos y la generalización de unas relaciones laborales
    marcadas por la precariedad.

    Esta última característica se encuentra, sin ningún lugar a dudas, detrás del incremento de los accidentes de
    trabajo. 

    El mejor ejemplo de ello es lo que ha sucedido en los últimos años en
    el sector industrial, hasta hace poco paradigma de la estabilidad en
    el empleo. En los dos últimos años, los nuevos contratos de duración
    inferior a una semana han pasado del 10% al 28% y la
    siniestralidad mortal en 2015 en ese mismo sector ha crecido en un
    45%. Una alta rotación de contratos de tan corta duración
    impide garantizar los derechos de información y formación en los
    riesgos y medidas preventivas existentes en la empresa. 

    Por otra parte, cada vez es más frecuente y está más extendida
    la descentralización productiva entre las empresas españolas, lo que
    provoca una externalización de los riesgos laborales hacia los
    autónomos y trabajadores de PYMES y subcontratas.

    Pero existen más factores que influyen en el repunte de los accidentes
    y unos de ellos es la desigualdad. Entre 2012 y 2014, último año de
    que disponemos de índices de incidencia desagregados por sexo, la
    siniestralidad en los hombres ha aumentado un 2,8% mientras que en
    las mujeres el incremento ha alcanzado un 12,3%, casi 10 puntos de
    diferencia. Las condiciones de trabajo en los sectores y actividades
    más feminizados han sufrido con más rigor los efectos de la crisis y
    de las políticas de ajuste, lo que unido a la falta de políticas
    eficaces de igualdad de

    género contribuye al deterioro de la salud de las trabajadoras. Un
    dato para reforzar esta idea: desde 2013 el número de partes
    comunicados de enfermedad profesional con baja en mujeres es superior
    en términos absolutos al de los hombres a pesar de ocupar un
    volumen menor de población.

    Esta legislatura tampoco ha servido para solucionar el grave problema
    de ocultación de Enfermedades 

    Profesionales, sobre todo de aquellas más graves y que comportan
    mayor sufrimiento a las personas afectadas y sus familias. El caso
    del cáncer laboral es especialmente sangrante: mientras que las
    estimaciones más conservadoras sitúan en 9.000 casos el número
    de nuevos diagnósticos anuales de cáncer en España atribuibles a
    exposiciones laborales, las Mutuas sólo han comunicado 23 en 2015, 19
    de ellos por exposición al amianto. De forma similar, los trastornos
    producidos por los riesgos psicosociales siguen sin ser
    registrados, a pesar de su incremento debido al deterioro de las
    relaciones laborales producto de la crisis. En definitiva,
    las enfermedades ocasionadas por el trabajo terminan derivándose a
    los Servicios Públicos de Salud en lugar de a las Mutuas,
    infradeclarando su número, aumentando el gasto público y erosionando
    la prevención porque lo que no existe no se previene.

    Ante este panorama, en
    el marco del 28 de Abril, Día Internacional de la Salud y la Seguridad en el Trabajo y
    ante el inicio de una nueva legislatura, CCOO y UGT queremos
    trasladar a la sociedad española y en especial a los
    partidos políticos la necesidad de poner en marcha las
    transformaciones necesarias para forzar un cambio de rumbo en
    la prevención de riesgos laborales adecuándola a realidad laboral
    actual.

    La LPRL sigue siendo un instrumento útil para la salud laboral, pero
    es necesario derogar todas las normas que han impedido que todos los
    colectivos tengan el mismo grado de protección de su salud. Las
    reformas laborales han extendido la precariedad, han instalado
    el miedo a perder el empleo, han individualizado las relaciones
    laborales, dificultado el ejercicio efectivo de derechos y
    profundizado en la desigualdad.

    Se debe revertir la reforma del marco jurídico de las Mutuas, ya que
    supone un nuevo recorte en los derechos de los trabajadores y que
    sólo ha servido para que éstas invadieran competencias de los
    servicios públicos, privatizando la gestión de actividades que deberían
    ser exclusivas de la Seguridad Social. Hay que frenar la creciente
    dualización del sistema público de salud, una sanidad para población
    activa a través de las Mutuas y otra para la inactiva cada vez más
    deteriorada, que supone de facto uno de los procesos de privatización
    de la Sanidad más intensos y desconocidos. 

    Este proceso se ha agravado con la venta de las Sociedades de
    Prevención de las Mutuas a grandes grupos privados, monetizando la
    salud laboral y desnaturalizando la vigilancia de la salud en el
    trabajo, que de ser un derecho de los trabajadores está pasando
    a convertirse en un mecanismo de control empresarial y de ajuste de
    plantillas.

    Desde la publicación de la LPRL hemos aprendido que la mera aprobación
    de una legislación adecuada no garantiza la protección sin la
    existencia de controles estrictos.

    Para ello exigimos a las
    administraciones que intensifiquen las políticas activas en materia de prevención
    dotando con los suficientes medios económicos y humanos a los
    organismos técnicos como el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene
    en Trabajo o los institutos autonómicos.

    La Inspección de Trabajo debe incrementar sus plantillas de
    inspectores y subinspectores, reforzar y actualizar su formación y
    dotar de personal al recientemente creado cuerpo de subinspectores
    especializados en salud y seguridad en el trabajo. Y se hace
    más necesario que nunca el pleno desarrollo de la Estrategia Española
    de Seguridad y Salud en el Trabajo 2015-2020, haciendo especial
    hincapié en todas las cuestiones relacionadas con enfermedades
    de origen laboral. 

    Y en el marco de la empresa, es preciso que se recuperen las
    inversiones en prevención y, sobre todo, la centralidad de la
    negociación colectiva en las relaciones laborales. La
    negociación colectiva está estrechamente ligada a la presencia de
    sindicatos en los centros de trabajo, lo que constituye la
    mejor garantía para el ejercicio de derechos y para la protección de
    la salud. Es un hecho que en los centros de trabajo en los que hay
    presencia sindical hay menor siniestralidad laboral y
    mejores condiciones de seguridad y salud. Sin embargo, en nuestro
    país hay un millón de empresas con menos de 6 trabajadores, en las
    que trabajan dos millones de personas que no tienen derecho a elegir
    un delegado de personal, y una estructura productiva basada en la
    pequeña y muy pequeña empresa que dificulta la implantación de los
    sindicatos en una gran parte del tejido productivo. Por ello, de nuevo
    volvemos a reclamar el establecimiento de la figura del delegado de
    prevención territorial o sectorial que pueda acceder al control de las
    condiciones de trabajo en estas empresas, con las mismas
    competencias y garantías que determina la LPRL para los delegados de
    prevención y con el objetivo de asegurar el ejercicio al derecho a la
    salud y a la seguridad y los niveles de protección a
    estos trabajadores en los mismos términos que en el resto de las
    empresas.

    Como cada 28 de Abril, Día
    Internacional de la Salud y la Seguridad en el Trabajo, desde CCOO  vamos a recordar a las trabajadoras y los
    trabajadores que fallecieron o perdieron la salud mientras se ganaban
    la vida y nos comprometemos a luchar durante el resto del año para
    acabar con la precariedad, la desigualdad y las injustas
    condiciones de trabajo que se encuentran tras los accidentes y las
    enfermedades de origen laboral



    GACETA SINDICAL

  • Comunicado 4: Negociación del Convenio de E. Aseguradoras, Reaseguros y Mutuas

    Los días 8, 14 y 21 de abril se han celebrado reuniones de Grupos de Trabajo del convenio de Seguros y Mutuas, donde las partes hemos ido concretando y debatiendo sobre los distintos bloques de materias planteadas en las plataformas.

                                       COMUNICADO 4: GRUPOS DE TRABAJO

  • VACACIONES

    Os queremos informar sobre cosas a tener en cuenta a la hora
    de solicitar las vacaciones para el año 2016.

    Como regla
    general se considerará que no pueden disfrutar simultáneamente más del 50% de
    la plantilla, salvo en el mes de agosto, en que puede llegarse al 60% o 70%
    según los Departamentos.

    Aquellos
    empleados/as que a lo largo del año cumplan 60, 61 y 62 años disfrutarán de dos
    días laborales más y aquellos o aquellas que a lo largo del año cumplan 63, 64
    y 65 disfrutarán de 4 días laborales más. Estos días, serán tratados como
    cualquier otro día de vacaciones y estarán incluidos dentro de los periodos que
    corresponden.

    Los días de
    excesos de jornada, no son días de vacaciones con lo que no serán tratados como
    tales.

    Por ello, queremos
    recordaos que los 24 días de vacaciones que nos pertenecen por convenio, deben
    ser consensuados entre los trabajadores y trabajadoras,
    y la empresa. En ningún caso, se puede obligar a ninguna persona a disfrutar de
    los días de vacaciones que no desee, ni siquiera la mitad de ellas, como podrás
    haber oído en alguna ocasión.

    Os
    animamos a que a través del menú de salud laboral de la página web, consultéis
    que ocurre en el caso de estar de baja en el periodo de vacaciones.

    Cualquier consulta que te pueda surgir, no
    dudes en contactan con nosotros.