Autor: Comfia BBK

  • ¿Por qué no librar las tardes de fin de año?

    Estamos en la recta final de la negociación del convenio colectivo. Alcanzado el preacuerdo, la fase de depuración del texto definitivo avanza a buen ritmo y todos deseamos que pueda estar finalizada antes de terminar el año. Precisamente las fechas en las que nos encontramos harán que, aun siendo su vigencia de cuatro años, su aplicación plena se llevará a cabo durante el periodo 2014-2016.

    Pero consideramos que hay un punto que está en manos de la empresa el aplicarlo ya este año. Hablamos de las tardes de las dos últimas semanas del año y de la posibilidad de declararlas no laborables en 2013. ¿Y por qué no? Podrían decirnos que porque la jornada de este año está casi agotada, que su cálculo se realizó en base a que esas tardes son hábiles, que no se podrían recuperar esas horas, que…

    Pero insistimos, ¿y por qué no? No hablamos de pedir esta medida como aguinaldo navideño; lo que planteamos es que la empresa haga el “esfuerzo” de compensar a la plantilla por su dedicación en un año especialmente intenso. Un año en el que la integración informática y sus problemas, los movimientos de plantillas, la integración de oficinas, el propio negocio, han sido temas destacados y destacables.

    7 “horas de gracia” que estarían sobradamente recuperadas en 2013, con los numerosos cursos que bajo el falso “paraguas” de la voluntariedad nos han privado de numerosas horas de ocio personal y dedicación familiar a lo largo del año. Una oportunidad, que no debería desaprovechar, para que la empresa exprese su reconocimiento a la plantilla por su respuesta a las exigencias por ella planteadas.

    Así pues, ¿por qué no?

    11 de diciembre de 2013

  • Evaluaciones: ¿un nuevo riesgo laboral?

    Andamos
    de evaluaciones. El universo Kutxabank está un tanto revuelto y, como cada año,
    surgen las sempiternas quejas sobre la objetividad, justicia y criterios sobre
    los que han de versar la realización de las mismas. Descontento alimentado por
    el grado de subjetividad que, en más de una ocasión, aplica quien tiene la
    misión de realizarlas. ¿Habremos de considerarlas, pues, un riesgo profesional?

    Nos
    llega descontento porque hay responsables decididos a sembrar la angustia entre
    el personal a su cargo, permitiéndose evaluar negativamente sin tener en cuenta
    las circunstancias concurrentes, por muy especiales que las mismas hayan podido
    ser. Y los hay de todo: quienes no tienen en cuenta el tiempo que el empleado o
    empleada no ha podido estar en la oficina, sea por baja prolongada, excedencia,
    permiso…; otros que consideran que el gran esfuerzo realizado en 2013 (recordemos
    la integración informática) ha afectado a todo el personal, por lo que no ha de
    tenerse en cuenta… A estos se les suman los casos de caprichosas bajadas de
    calificación, por indicación de no se sabe quién, de las evaluaciones
    inicialmente adjudicadas por jefes de oficina e, incluso, jefes de zona. O de
    la imposibilidad de hacer alegaciones por escrito dentro del propio informe,
    contraviniendo la propia explicación del proceso de evaluación publicado en la
    intranet, que establece la importancia de dilucidar áreas de mejora. ¿Acaso RR.HH.
    no valora lo que “la tropa” pueda aportar?

    Al
    parecer, por muy bien que vaya una oficina o departamento, el sistema aplicado
    establece que un equipo no puede ser perfecto; necesariamente ha de haber algún
    “garbanzo negro” y siempre habrá alguien que lo señale, aunque quien lo haga no
    conozca absolutamente nada de la persona a quien señala.

    Y
    claro, el miedo se instala en nuestros cuerpos. Miedo a que un responsable te
    tenga ojeriza, o a que se inmiscuya en tu vida personal. O que el ejercicio de
    tus derechos derive en una evaluación injusta que influya negativamente en tu
    carrera. O a que esta sea utilizada como argumento en caso de traslado… Miedo, humano
    al fin y al cabo, en sus múltiples facetas.

    Quienes
    tienen la potestad de cortar estas formas de proceder tienen que hacerlo de
    raíz. Es necesario revisar un sistema de evaluaciones en entredicho, que cada
    ejercicio genera nuevas y mayores suspicacias. Deben establecerse criterios
    objetivos, no solo de objetivos, primar la transparencia, tener en cuenta las
    circunstancias que influyeron, olvidarse de la subjetividad, al menos de la
    insana…. Resumiendo, un método que inspire la debida confianza.

    Mientras
    no se haga se seguirá alimentando el temor entre la plantilla. Y el temor es un
    factor que entra dentro de los riesgos psicosociales que la empresa tiene la obligación
    de evaluar y corregir. Y esto, en definitiva, es responsabilidad del
    departamento de Recursos Humanos. Es su tarea recordar a los y las responsables
    que deben evaluar el desempeño realizado en función del tiempo de trabajo
    disponible para ello. No deben permitir que se evalúe a quien no haya podido
    estar en su puesto por motivos justificados: ya sean de salud, de
    representación, maternidad, paternidad, lactancia u otros. De no hacerlo así,
    la evaluación siempre será subjetiva.

    Así
    pues, ¿habremos de considerar las evaluaciones de desempeño como riesgo
    laboral?

    21 de enero de 2014