Autor: seccion sindical fraternidad

  • En un pleito por despido se puede reclamar daño moral

    En esta sentencia se estudia el caso de un trabajador que fue despedido, siendo miembro del comité de empresa. En su demanda solicita y consigue la nulidad del despido. Pero, además, solicita una indemnización adicional por los daños morales sufridos. El Supremo debate si se puede hacer esta doble reclamación y le da la razón.

    El trabajador era miembro del comité de empresa y mantenía una actitud beligerante hacia la empresa. Un periódico de la provincia se hizo eco de un artículo perjudicial para la compañía y ésta achacaba su publicación a este profesional. Tras una reunión con la dirección, el empleado denunció al director general por un supuesto ataque físico, así como por haberle insultado gravemente. En el juicio penal el director general fue exonerado, por lo que la empresa decidió despedir al trabajador por una conducta desleal.

    Éste consiguió desde un primer momento la declaración de nulidad de esta medida y su reincorporación en el mismo puesto y con las mismas condiciones que tenía antes de que se produjeran los incidentes. También consiguió que se condenase a la compañía a abonarle una indemnización por daños morales. No obstante, ésta recurrió y el Tribunal Superior de Justicia revocó la indemnización por considerar que en un juicio por despido no puede solicitarse tal indemnización, sino que requiere otro juicio.

    La cuestión llega al Tribunal Supremo, que indica que la Constitución permite recabar la tutela de las libertades y derechos fundamentales ante los tribunales ordinarios mediante un procedimiento basado en los principios de preferencia y sumariedad y, en su caso, a través del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Para cumplir esto, en el ámbito laboral existe el proceso de tutela de los derechos de libertad sindical. Este proceso satisface las exigencias constitucionales de preferencia y sumariedad, entendido como proceso sustancialmente rápido y abreviado.

    Pero en los supuestos de despido, la ley remite, «inexcusablemente, a la modalidad procesal correspondiente», por lo que no cabe recurrir al proceso especial mencionado. Siendo así, concluye el Tribunal Supremo que el proceso por despido es el idóneo para decidir sobre estos extremos.

    Entenderlo de otro modo, señala, obligaría al trabajador afectado a emprender un proceso distinto, que –no siendo el de despido– habría de ser el ordinario, que no reúne los requisitos constitucionalmente exigidos. Esa interpretación, por otra parte, violentaría el mandato legal que remite, en estos casos, al proceso de despido. Tampoco es admisible afirmar que la única consecuencia legal del despido discriminatorio haya de ser la readmisión del empleado y el abono de los salarios de tramitación, pues pueden existir daños morales o incluso materiales, cuya reparación ha de ser compatible con la obligación legal de readmisión y abono de salarios de tramitación. Por esta razón, acaba dando la razón al trabajador y concediendo la indemnización solicitada por daños morales.

    Enlace a la sentencia completa

    Expansion

  • Tres millones de drogadictos van a la oficina

    Cuanto más estrés y ansiedad se experimenta en el trabajo, más se recurre al consumo de droga, que con el tiempo agrava el malestar. El 53% de adictos al alcohol y otras drogas que asistieron a programas de prevención entre 2005 y 2006 ya están rehabilitados, dice CC OO

    Escapar de la realidad es el problema no la solución. Por muy estresante que sea la vida laboral, los psicólogos advierten de que «el consumo de drogas y de alcohol no contribuye a resolver el malestar, más bien lo agrava». Sin embargo, el 15% de los trabajadores (unos tres millones) son adictos, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los planes de prevención están entrando en las empresas, que pierden unos 4.000 millones de euros al año como consecuencia de accidentes y bajas derivados de este consumo.

    «La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio». Esta afirmación del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito (Alianza), sintetiza el problema de fondo relacionado con el consumo de alcohol y de drogas en la empresa: «El malestar del ser humano contemporáneo, que le lleva a tratar de escapar constantemente de sí mismo», según detallan los expertos en psicología laboral, que están entrando en el ámbito empresarial a través de la figura del coach.

    No en vano, estos especialistas apuntan que «los adictos intentan llenar su vacío existencial, percibido en el estómago en épocas de mucha tensión y estrés, con alcohol, hachís y/o cocaína, pero la verdad es que no se llena con nada. Es algo más profundo y hay que aprender a aceptarlo». Y concluyen: «A través del trabajo con la mente y el pensamiento este vacío deja de ser percibido como una molestia, dando paso al equilibrio y bienestar interiores».

    En opinión de Empar Pérez, psicóloga clínica del centro médico Teknon, en Barcelona, «la falta de inteligencia emocional, es decir, de recursos interiores para afrontar las adversidades personales y profesionales del día a día, suele llevar a los trabajadores a caer en la drogadicción». Y esta caída les introduce en un «peligroso círculo vicioso», que encuentra cada vez más facilidades para manifestarse debido, sobre todo, a que «el consumo de alcohol está bien visto socialmente y a la disminución del precio de la cocaína, que está fomentando su democratización», comenta Pérez.

    Así, «cuanto más estrés, ansiedad y angustia se experimenta en el trabajo, más elevadas son las probabilidades de recurrir a diferentes tipos de ansiolíticos y narcóticos, y cuanto mayor sea este consumo, mayor será el estrés, la ansiedad y la angustia experimentadas por el adicto», sostiene. La paradoja radica en que «la evasión del problema tan sólo sirve para alejarse de la solución», lamenta Pérez, que trata a profesionales con problemas de adicción.
    Insatisfacción personal

    Aunque es cierto que la precariedad laboral y el liderazgo nocivo ejercido por muchos jefes puede generar entre los trabajadores frustración, rabia, tristeza y demás emociones negativas asociadas a la insatisfacción, «la responsabilidad última de este malestar recae en la actitud interna que toma la persona frente a sus circunstancias externas», afirma Pérez. En su opinión, «la drogadicción suele compensar ciertas carencias internas, muchas de las cuales también proceden de la insatisfacción cosechada en la vida personal».

    A pesar de ser un enemigo poco visible, la drogadicción merma lenta pero paulatinamente la competitividad de las empresas. Se estima que los trabajadores que beben alcohol, fuman hachís o esnifan cocaína habitualmente son hasta un 70% menos productivos, sobre todo, «por el desgaste y el daño físico y emocional que supone alterar la mente continuamente», según se desprende de un informe de la OIT. Paralelamente, «este tipo de adicciones contribuye a incrementar los accidentes laborales y, por ende, el absentismo, que a su vez generan importantes pérdidas económicas entre las empresas», señala el informe de la OIT.

    Lo cierto es que, con el tiempo, «la droga deja de ser el remedio temporal que alivia los nervios y la desazón interior para convertirse en una necesidad psicológica y química, que crea una dependencia que esclaviza a los trabajadores», afirma Pérez. Y no sólo eso: cada vez es más frecuente el policonsumo. «Mientras el alcohol les ayuda a calmar la ansiedad y dormir mejor, la cocaína les activa, de manera que puedan sobrellevar su frenética actividad laboral, magnificando la imagen que tienen de sí mismos», explica.

    «Una de las señales inequívocas del adicto es su necesidad de incrementar la dosis para conseguir el mismo efecto sobre su organismo», advierte Pérez. Así, «muchos profesionales creen que su consumo de alcohol es normal». Sin embargo, Pérez asegura que se trata de un eufemismo que pretende enmascarar la adicción: «El adicto al alcohol medio suele tomarse una cervecita por la mañana, media botella de vino en la comida más un chupito de postre, así como una copa al salir de la oficina, sin contar el vino y las copas que se toma entre la cena y el momento antes de dormir».

    Frente a este «conflicto silencioso», lo mejor que pueden hacer las empresas es «instaurar programas de prevención, vinculados a servicios externos especializados», apunta Pere Plana, presidente de la Sociedad Catalana de Seguridad y Medicina en el Trabajo. Estos programas suelen contemplar información detallada acerca de la enfermedad, espacios para la comunicación, asistencia psicológica y médica para ayudar a quienes lo necesiten, análisis de riesgo de consumo dentro de la empresa y, por consiguiente, la redacción de políticas y estrategias que posibiliten su prevención, explica Plana.

    Y parece que funcionan: el 53% de los trabajadores adictos al alcohol y otras drogas que asistieron a algún programa de prevención entre 2005 y 2006 ya están rehabilitados, según un estudio elaborado por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) de CC OO.

    BORJA VILASECA
    El Pais

  • CCOO denuncia el mantenimiento de los accidentes laborales mortales en la Comunidad de Madrid

    El sindicato exige al Gobierno regional que controle con rigor la actividad en las empresas

    CCOO quiere denunciar que durante el mes de agosto murieron 12 trabajadores en la Comunidad de Madrid, elevando a 112 los fallecidos en lo que va de año, es decir uno más que en el mismo periodo del año anterior. 42 se produjeron en el sector servicios; 20 en la construcción; 12 en la industria; y 38 fueron «in itinere». Además, se contabilizaron 650 siniestros graves y 100.035 leves.

    El sindicato considera que estos datos obligan a tomar medidas a largo plazo que modifiquen la tendencia actual de mantenimiento para forzar el necesario descenso de la siniestralidad.

    Para CCOO, las causas que motivan los accidentes de trabajo están en primer lugar en el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales por parte de los empresarios, en la falta de formación, en la precariedad laboral y en el abuso de la subcontratación, por lo que las medidas deben ir encaminadas a hacer que los empresarios cumplan la ley, se forme a los trabajadores, y se luche de manera efectiva contra la precariedad laboral y la subcontratación.

    El sindicato exige al Gobierno regional que asuma con rigor la necesidad de controlar la actividad en las empresas, en los centros de trabajo y en las obras de construcción, sancionando y paralizando las actividades que ponen en riesgo a los trabajadores.

    Para el secretario de Salud Laboral de CCOO de Madrid, Madrid Carmelo Plaza, es necesario que se desarrolle y negocie el Plan Director en Prevención de Riesgos Laborales, como mínimo has el año 2012, en línea a los contenidos de la Estrategia Española en Materia de Seguridad y Salud. “La ley se debe aplicar y sancionarse a quien no la cumpla, por lo cual fiscales y jueces deben juzgar todas las conductas que ponen en riesgo la vida y la salud de los trabajadores y los daños que las mismas causan. Detrás de cada accidente hay riesgos que se pueden evitar mediante la adopción de las obligadas medidas preventivas y la necesaria formación; aplicarlas es responsabilidad empresarial y que se cumplan, del Gobierno regional”, concluye Plaza.

    CCOO de Madrid

  • Profesionales Sanidad Pública piden recuperar la gestión de bajas laborales

    La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) reclamó hoy que los médicos de familia y los inspectores de los servicios de salud recuperen la gestión y el control de las bajas laborales.

    Según denunció hoy la plataforma en un comunicado, la cesión a las mutuas de accidentes laborales de la gestión de las bajas por enfermedad no ha contribuido a reducir su número, su duración o el nivel de gasto asociado a las prestaciones, sino que, al contrario, ha incrementado los costes burocráticos.

    Para FADSP, la cesión de competencias a las mutuas en materia de incapacidad temporal, de acuerdo con la reforma del sistema iniciada en 1994, ha generado una red de asistencia paralela que viene a ‘deteriorar aún más’ los servicios de atención primaria de la sanidad pública, al vaciarlos de parte de sus contenidos.

    La federación cita el caso de Mutua Universal, contra la que la Fiscalía Anticorrupción se ha querellado por presunta malversación de fondos, como ejemplo de los problemas asociados a ‘la privatización de la atención sanitaria’ que viene denunciando desde hace años.

    Para FADSP, el actual sistema convierte a las mutuas de accidentes de trabajo en ‘auténticas entidades gestoras de la Seguridad Social, pero sin la responsabilidad y el control del sistema público’.

    Como solución a esta situación, la federación reclama que los médicos de cabecera mantengan la gestión de las bajas laborales y que los inspectores de sanidad pública recuperen la supervisión de estas prestaciones.

    Otras medidas propuestas son simplificar los procedimientos administrativos, reducir los tiempos de espera que prolongan las bajas más de lo necesario y potenciar la atención primaria para aumentar su capacidad de gestionar y controlar a los enfermos con incapacidad temporal.







    Terra Actualidad – EFE

  • Se estima que más de 7,6 millones de españoles sufre algún trastorno psíquico como consecuencia de su trabajo

    La economía española va bien. Entre enero y septiembre del año pasado se crearon 115.000 empresas, casi un 8% más que en todo el año anterior. Los índices de paro caen por debajo del 8% de la población activa. Pero este crecimiento estadístico no retrata fielmente el mundo empresarial y laboral.

    Por mucho que se les trate como máquinas, los trabajadores son ante todo seres humanos. Los expertos en management insisten en que la «cultura obsoleta» que impera en el 80% de las empresas españolas, así como el «liderazgo tóxico» que ejerce la mayoría de sus jefes, está causando un creciente malestar entre la población activa. Se estima que el 38% de los asalariados (más de 7,6 millones de personas) sufre algún trastorno psíquico derivado del trabajo, como el estrés, el burnout, el mobbing y la depresión.

    Nadie pone en duda que el sistema capitalista es muy eficiente a la hora de generar crecimiento económico: a lo largo de la última década, España ha crecido un 2,6% anual de media, según un informe de Caixa Catalunya. Entre otras causas que justifican este desarrollo se encuentra la aportación de la inmigración al producto interior bruto (PIB), y, entre otras consecuencias, la disminución del paro, que en el segundo trimestre de este año afectaba al 7,95% de la población activa, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

    Además, desde enero a septiembre del año pasado el número total de empresas constituidas ascendió a 115.753, un 8,49% más que durante el mismo periodo de 2005, según un estudio realizado por Informa D&B. Y el porcentaje de compañías de hasta 42 meses de vida aumentó durante ese mismo plazo un 35,2%, según un informe del Instituto de Empresa.

    Estos datos ponen de manifiesto la bonanza económica en la que se encuentra este país, ahora mismo, la octava economía más importante del mundo. Aunque la mayoría de actores socioeconómicos relacionan este auge económico con el incremento del bienestar de la sociedad, empiezan a alzarse otras voces que no sólo cuestionan dicha correlación, sino que se atreven a decir lo que nadie quiere escuchar: «Cada vez estamos más agotados y somos menos felices».

    Lo cierto es que «la vorágine que marca la pauta del sistema de mercado actual parece generar la creencia de que el afán de lucro es la única manera de garantizar la supervivencia de las empresas», señala Juan Carlos Cubeiro, director de la consultora Eurotalent, especializada en desarrollo estratégico y directivo para la mejora cualitativa de las organizaciones. Este experto lamenta que «muchos empresarios persigan este fin sin preocuparse por los medios para conseguirlo, desbaratando a los profesionales la posibilidad de encontrar el equilibrio con su vida personal y familiar».

    No en vano, «España todavía vive apegada a la cultura de la presencia -caracterizada por el autoritarismo, el control y la desconfianza-, postergando su necesaria evolución hacia la de la eficiencia, basada en la dirección por objetivos, la flexibilidad y la autonomía», apunta Cubeiro. Así, los españoles son de los que más curran: 1.780 horas de media durante 2006, según The Economist, esto es, 219 horas al año más que la media de la Unión Europea (UE) de los 15.

    Ese mismo año, el 15% de la población activa española dedicó más de 50 horas semanales a su función profesional, sin contar las horas extras, el tiempo destinado a comer o los desplazamientos in itínere, según una encuesta del portal de internet Monster, especializado en ofertas de empleo. La mitad de los profesionales, por otra parte, trabajó más de 40 horas; el 25%, entre 25 y 40 horas, y el 10% restante, menos de 25 horas.

    Pero estar en el trabajo no es lo mismo que estar trabajando. Prueba de ello es que la productividad española sólo ha crecido un 0,9% en la última década, y ya se encuentra 16 puntos por debajo de la media de la UE de los 15, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Y ya es un 25% más baja que Francia, Italia y Alemania, ocupando la 29ª posición mundial desde el punto de vista de la competitividad, según el ranking elaborado en 2006 por el Foro Económico de Davos.

    Así, orientar la estrategia empresarial exclusivamente al crecimiento económico no suele traer consigo el resultado esperado, sino más bien todo lo contrario. «El modelo de negocio que sólo tiene en cuenta los números es obsoleto e inadecuado porque solamente invierte en aspectos tangibles, los cuales, al estar al alcance de cualquier compañía, no generan ningún valor añadido», afirma el profesor de Harvard Robert S. Kaplan, considerado por The Financial Times como uno de los 25 mejores «pensadores económicos» del momento.

    Paradójicamente, la pérdida de competitividad y la escasez de valor añadido producido por las empresas están afectando al salario de sus plantillas. A finales del año pasado, los españoles cobraron una media de 1.553 euros brutos al mes, una cantidad similar a la registrada en 1997, según las conclusiones de un estudio de Adecco y el IESE. Mientras, el sueldo de los directivos se ha ido multiplicando, hasta situarse entre 40 y 100 veces por encima del resto de trabajadores, según un informe de la consultora de recursos humanos ICSA.

    Pero el afán de lucro no sólo afecta a los salarios de la gran mayoría: «Como consecuencia de la falta de racionalización de la organización del trabajo y del liderazgo ambicioso, tóxico y autoritario ejercido por la mayoría de directivos y jefes, cada vez más asalariados son víctimas de diversos trastornos psíquicos», afirma el psicólogo laboral Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. Esta afirmación es corroborada por Valentí Valls, médico adjunto y cardiólogo del hospital Clínico de Barcelona, para quien «las personas que trabajan más de 10 horas al día pueden estar poniendo en riesgo su salud, aunque no perciban conscientemente el estrés en su organismo».

    Ahora mismo el estrés afecta al 32% de la población activa, según datos del informe Cisneros VI, y «afecta tanto física como mentalmente, hasta desencadenar crisis de ansiedad, anginas de pecho e infartos», añade Valls. Además, «el estrés suele ser la antesala del síndrome del trabajador quemado, más conocido como burnout, caracterizado por el agotamiento emocional, el aislamiento laboral y el vacío existencial derivado, sobre todo, de la creencia de que el trabajo que uno hace carece por completo de sentido», describe Piñuel.

    Otro malestar en alza es el acoso laboral (mobbing), que ya afecta al 9% de los trabajadores. «Las víctimas de esta violencia psicológica se caracterizan por ser personas que destacan en un ambiente laboral mediocre, marcado por la envidia y la rivalidad entre compañeros, que luchan por escalar en la jerarquía», sostiene Piñuel.

    Este experto también señala la adicción al trabajo (workaholics) como un fenómeno que tiene más presencia en las llamadas «empresas tóxicas», que suelen premiar los excesos de sus profesionales, «despreocupándose de si dicho sobreesfuerzo agrava su deterioro físico y psíquico». Se estima que el 8% de la población activa dedica más de 12 horas al día a su profesión para huir de sus problemas personales.

    Todos estos trastornos psíquicos suelen tener un final común: la depresión, descrita como «un profundo sentimiento de tristeza y de apatía» que ya afecta a entre el 15% y el 30% de los trabajadores, y que supone para las empresas españolas un desembolso anual de 750 millones de euros en bajas laborales, sin contar el impacto brutal que tiene sobre su productividad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tanto Cubeiro como Piñuel, opinan que «dado que todos los actores implicados están perdiendo, la transformación empresarial española ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad vital». Y concluyen: «Lamentablemente, la mayoría de empresas parecen dormidas, esperando inconscientemente a que este malestar sea masivo e inaguantable». Todo apunta a la tesis formulada por el filósofo español José Antonio Marina, para quien «la realidad demuestra que ninguna situación cambia hasta que deviene insoportable».
    Vuelta a la ‘normalidad’

    Como cada año, el llamado síndrome posvacacional vuelve a ser protagonista durante las primeras semanas de septiembre, cuando la mayoría de los trabajadores retoma su actividad laboral después de las vacaciones de verano. Se estima que el 35% de los 20,3 millones de asalariados españoles suele padecer «insomnio, pérdida de apetito, agotamiento emocional, falta de concentración, así como algunos momentos de ansiedad y vacío interior», según la Asociación Nacional de Entidades Preventivas Acreditadas (ANEPA).

    Todos estos síntomas, provocados por un desajuste temporal de los hábitos, desaparecen a los pocos días. Sin embargo, «para cada vez más españoles esta vuelta a la normalidad supone la aparición de una angustia existencial, que en ocasiones se convierte en la antesala de una profunda depresión», sostiene el psicólogo laboral Iñaki Piñuel, que acaba de publicar La dimisión interior. Del síndrome posvacacional a los riesgos psicosociales en el trabajo (Pirámide).

    En su opinión, «la aparición de este síndrome pone de manifiesto las condiciones tóxicas a las que están abocados millones de trabajadores, que padecen daños psíquicos a lo largo de todo el año, pero que sólo toman plena consciencia de su malestar después de un breve periodo de descanso y desconexión con la empresa».

    BORJA VILASECA
    El Pais