Autor: seccion sindical fraternidad

  • CCOO señala que España tiene una de las tasas de empleo femenino más bajas de Europa, el 54%

    Aunque del 2000 al 2006 se han creado dos millones de empleos femeninos
    hasta alcanzar los 8 millones de mujeres empleadas

    La Secretaría de Comunicación de CCOO ha hecho público un comunicado en el
    que destaca que, a pesar de la intensa creación de empleo de los últimos
    años, la tasa de empleo femenino (54%) sigue siendo una de las más bajas de
    Europa, y muestra la mayor distancia con los varones en el conjunto de
    países de la Unión Europea. «Desde el año 2000 se han creado más de dos
    millones de empleos femeninos hasta alcanzar los 8 millones de mujeres
    empleadas, es decir 11,4 puntos porcentuales en la tasa de empleo femenino,
    frente a un aumento de 4,3 puntos correspondientes a los hombres».

    No obstante, CCOO señala que el factor positivo es que, de seguir la
    tendencia (dos puntos por año), permitirá alcanzar en España el objetivo
    establecido en Lisboa para el año 2010 del 60% de empleo femenino. «Son las
    mujeres inmigrantes las que están contribuyendo de manera decisiva a
    consolidar esta tendencia en nuestro país», apunta CCOO.

    El aspecto negativo del mercado laboral es el problema del paro femenino.
    Las mujeres de 35 a 54 años que buscan empleo tienen tasas de paro que
    doblan a las de los hombres, con lo que representa de incidencia negativa en
    la sostenibilidad de nuestro sistema de pensiones y para sus propias
    jubilaciones, marcadas por la incertidumbre. El año 2006 se cerró con la
    siguiente evolución: el empleo aumentó en 687.600 personas, a un ritmo de
    crecimiento del 3,56%, inferior al del año anterior, que se situó en el
    4,8%. Este incremento es más positivo entre las mujeres, con 405.800 nuevas
    ocupadas (5,23%), que entre los hombres, con 281.700 nuevos ocupados
    (2,44%).

    Toda la reducción del paro se concentra entre los hombres, con 57.400
    parados menos (-6,99%), mientras que entre las mujeres aumenta en 26.800
    (2,63%). La tasa general de paro en 2006 fue del 8,3%, cuatro décimas
    inferior a la de 2005. Los hombres rozan el pleno empleo, con una tasa de
    paro del 6,06%, mientras que las mujeres se sitúan en el 11,36%.

    Revista Trabajadora
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  • FIBROMIALGIA

    CARTA DE UNA ENFERMA DE FIBROMIALGIA


    Como empezar un relato de una persona afectada de una enfermedad «invisible», pero que día a día la padece y encima tiene que estar casi pidiendo perdón por estar enferma y que los demás la vean en apariencia perfecta, casi guapa y con una cara que irradia felicidad…Qué triste es esta vida en la que solo cuenta el como te ven las personas por fuera y por mas que tu digas que no estás bien, que te duele todo y cuando dices TODO..es todo tu cuerpo, que esta agotada sin apenas haber hecho nada, cuando hace poco te comias el Mundo, hacias tu casa, trabajabas…salias con amigas…y tu cuerpo te respetaba, sin embargo ahora con poco que hagas es como un Mundo, como escalar una montaña..y encima tienes que escuchar de algunos médicos especialistas de la S.S y de Mutuas que en teoria tendrian que ser lo que mas te comprendieran que lo unico que tienes que hacer es no darle a la cabeza, no estar deprimida, ¿como estarian ellos si todos los dias fueran iguales?, si todos los dias te doliera una parte o todo tu cuerpo y encima tuvieras que poner buena cara para que los demas no piensen que lo unico que quieres es llamar la atención y que todo lo que necesitas es hacer mas cosas…¡Qué ironía!, que más quisiera yo que volver a ser la que era!…


    En fin esta carta sobre todo es un llamamiento no solo a la sociedad sino y ante todo al colectivo MEDICO, para que de una vez por todas nos dejen de tomar por , hipocondriacas, vagas...y nos traten como a personas que tienen que soportar el convivir con una enfermedad crónica, invalidante (segun la O.M.S), aunque aqui (España) de invalidante nada y menos por la burocracia de la S.S.


    Solo me gustaría añadir que estaría bien que de una vez por todas empiecen a darse cuenta que somos seres humanos y que hoy me ha tocado a mi, pero mañana te puede tocar a ti y entonces ¿cual será tu pensamiento?…


    Aida Sebastian (Zaragoza, España)

  • España ‘suspende’ en conciliación de vida laboral y familiar, según un estudio

    Las empresas y el Gobierno español ‘suspenden’ en materia de conciliación de vida laboral y familiar, según un estudio realizado por Cátenon Worldwide Executive Search, firma dedicada a la búsqueda global de profesionales.

    Así, las empresas españolas que prestan algún servicio de guardería para los hijos de sus empleados no llegan al 5% y sólo una de cada diez ofrece horarios flexibles, medida que demandan tres de cada cuatro trabajadores.

    El Ejecutivo español tampoco saca buena nota en esta materia pues, con una inversión del 0,8% del PIB, se encuentra entre los gobiernos europeos que menos invierte en ayudas a la familia. En general, los gobiernos y las empresas europeas ‘no aprueban la asignatura’ de la conciliación, según Cátenon.

    Los países nórdicos se sitúan a la cabeza en cuanto a horarios flexibles, frente a los del sur, que se hallan a la cola. De esta forma, las empresas de Finlandia, Suecia y Dinamarca posibilitan a sus trabajadores flexibilidad de horarios, ya sea al entrar o salir del trabajo o en la distribución ‘libre’ de sus horas de trabajo a lo largo del año.

    En el lado opuesto figuran Grecia, Portugal y España, países «menos receptivos» a las demandas de los trabajadores sobre la implantación de horarios flexibles. De hecho, únicamente entre el 10% y el 15% de las empresas de estos países han establecido alguna medida de esta naturaleza.

    El informe señala además que, salvo algunos casos, los gobiernos europeos aún tienen mucho camino por recorrer en cuanto a las ayudas destinadas a las familias. De nuevo, los nórdicos son los que mayor esfuerzo realizan, con Dinamarca y Luxemburgo a la cabeza, países que invierten el 3,9% y el 3,8% del PIB, respectivamente, en ayudas familiares.

    En la banda media, con un 3% del PIB, figuran Suecia, Alemania, Finlandia y Austria, mientras que Francia, Hungría e Orlandan destinan un 2,5% de su PIB a ayudas familiares.

    Entre los países que menos invierten en esta materia, por debajo de la media europea del 2,2% del PIB, se encuentran Grecia y Reino Unido (1,7% del PIB), Países Bajos (1,3%), Portugal (1,2%), Italia (1,1%), Polonia (0,9%) y, por ultimo, España, con una inversión del 0,8% del PIB.

    Europa Press

  • La ley de igualdad: carga social o estrategia de negocio

    La LOI contiene un buen número de medidas que afectan a los agentes sociales, entre las que cabe destacar el deber de las empresas de respetar la igualdad de trato y de oportunidades en el seno de la organización productiva.

    Con esta finalidad, se impone la obligación de adoptar medidas dirigidas a evitar cualquier tipo de discriminación laboral entre las personas trabajadoras de uno y otro sexo. Tal obligación se intensifica en el caso de las empresas que cuenten con más de 250 trabajadores, en las que las medidas de igualdad deben plasmarse en la elaboración y aplicación de un plan de igualdad, concebido éste como un conjunto de medidas –adoptadas después de realizado el oportuno diagnóstico de situación– tendentes a garantizar en la empresa la igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres.

    Partiendo de la LOI y de la obligatoriedad de su cumplimiento, se hace necesario gestionar la igualdad de oportunidades desde una estrategia dirigida a mejorar la calidad de la prestación laboral, mediante la conexión entre los objetivos personales con los profesionales. Por ello, las empresas deben utilizar el marco de la LOI para rentabilizar su capital humano y, a la vez, hacer uso de los recursos y beneficios que la norma concede como estímulo para su cumplimiento.

    En este sentido, las medidas de igualdad deben concebirse desde una idea de eficacia en sentido amplio, tanto para lograr la igualdad efectiva como para aprovechar al máximo los incentivos legales, como son el contrato de interinidad bonificado, las bonificaciones en la cuota empresarial de seguridad social o el reconocimiento de la excelencia empresarial mediante el distintivo en materia de igualdad.

    Este último tiene gran valor, no sólo de cara a realzar la imagen corporativa de la empresa –tanto interna como externa– sino, también, por sus repercusiones en el tráfico comercial, en beneficio de la competitividad de la empresa así destacada, a la que se reconocen determinadas facultades, como es la de disfrutar de determinadas subvenciones públicas o gozar de prioridad para contratar con la Administración Pública. El desarrollo reglamentario previsto para el procedimiento de obtención del distintivo determinará los criterios para su concesión y, es posible que también, nuevas ventajas añadidas para las empresas distinguidas.

    Efectos rentables
    Tampoco deben desdeñarse los rentables efectos –económicamente hablando– que una estrategia empresarial apoyada en la igualdad de oportunidades genera: el “valor añadido” derivado de la mejora del clima laboral y, como consecuencia de ello, la prevención y, en su caso, disminución– de la conflictividad y el aumento de la satisfacción de empleados y empleadas redunda, y así se ha comprobado empíricamente, en una gestión más flexible de los recursos humanos, en un mayor rendimiento, en una mayor calidad del producto o del servicio, en una mejor respuesta empresarial a las exigencias del mercado y, en definitiva, en un aumento del beneficio empresarial.

    En este sentido, resulta conveniente traer a colación aquí la experiencia y el ejemplo de algunas de las empresas más rentables en los diferentes sectores (La Caixa, Deloitte, entre otras) que, ya con anterioridad a la aprobación de la LOI, venían apostando por la igualdad (con especial hincapié en lo relativo a la conciliación de la vida personal, familiar y laboral).

    La LOI es, todavía, una norma muy desconocida –aunque algunos digan ahora que, previa su aprobación, no sólo asumían sus contenidos sino que, también, aplicaban sus principios–. Los hechos revelan una realidad bien distinta: basta señalar el escaso número de empresas –aunque señeras– (Caja Madrid, La Caixa, Sanitas, etcétera) que habían participado en el Programa Óptima, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, que podría considerarse como precedente –relativo– de los nuevos planes de igualdad. Quizá al desconocimiento de las posibilidades que la LOI ofrece a las empresas ha contribuido el excesivo énfasis que, desde la opinión pública, se ha hecho en torno a los aspectos cuantitativos de la LOI (prueba de ello, la tan traída y llevada –y mal entendida– paridad en los consejos de administración de las empresas).

    En cambio, se ha dado muy poca importancia a los aspectos cualitativos del tratamiento de las desigualdades en la LOI. Desigualdades que, a menudo, son ajenas a la voluntad e incluso al conocimiento de la empresa, derivadas de la persistencia y resistencia de los estereotipos sociales sobre el reparto de las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres. Para la corrección de todo esto han de concebirse, fundamentalmente, los planes de igualdad.

    En este orden de cosas, la conocida feminización del sector sanitario crea a priori una apariencia (sólo cuantitativa) de cumplimiento de la ley que precisa ser contrastada empíricamente en relación a las condiciones de trabajo del colectivo femenino que asume mayoritariamente las responsabilidades familiares.

    Traje a la medida
    La naturaleza y características del Plan de Igualdad, así como la especificidad de la metodología a emplear en su concepción e implementación, hacen preceptiva la intervención de técnicos especializados en el análisis diagnóstico, diseño, seguimiento y evaluación del mismo.

    El Plan de Igualdad es un traje a medida de cada empresa, en el que, a la vez que se cumplan las obligaciones impuestas por la ley, se maximice el aprovechamiento de las oportunidades que también la norma brinda. Para ello se requiere el desarrollo de una metodología específica en la materia, que garantice la fiabilidad de los resultados en un escenario legislativo afortunadamente bastante inconcreto (apenas tres preceptos de la LOI) que, según se nos anticipa, no van a ser objeto de desarrollo reglamentario. Esto propicia, sin duda, un clima favorable al cumplimiento de la ley: las exigencias, en principio, no son altas.

    Hay que adoptar medidas pero, en principio, cada empresa puede determinar cuáles, sin que exista ningún catálogo exhaustivo de requerimientos al respecto.

    La tarea de concepción, diseño, seguimiento y evaluación de un Plan de Igualdad exige una cualificación técnica y un bagaje profesional especializado en estudios de género, ambos de largo recorrido. Solamente profesionales de las diversas disciplinas implicadas (Derecho del Trabajo, Dirección de Recursos Humanos, Sociología y Comunicación, básicamente), con una experiencia acreditada en esta materia pueden estar en disposición de ofrecer el apoyo necesario para satisfacer a la vez todos los objetivos enunciados.

    Para cumplir con esta finalidad, expertos en materia de igualdad de diversa procedencia, incluso geográfica, confluyen en el Colegio de Médicos de Madrid (Facultad de Ciencias Empresariales de Córdoba –con sede en Sevilla, también–), de la Fundación Isonomía de la Universidad Jaime I de Castellón; cuya competencia al respecto ha sido reconocida por numerosas instituciones públicas y privadas, de ámbito nacional y autonómico y del Despacho Pradas y Cebrián, Abogados, de Madrid), se encuentran en disposición de ofrecer un apoyo integral a las empresas en el cumplimiento de las obligaciones derivadas de la LOI. Su estratégica distribución por todo el territorio nacional racionaliza, además, las tareas de análisis, seguimiento y asistencia técnica.

    No debe ignorarse, para concluir, que las comunidades autónomas están poniendo en marcha ayudas para el asesoramiento técnico a las empresas para implantar medidas en materia de igualdad, principalmente destinadas a las empresas de menos de 250 trabajadores.

    Dra. Pilar Núñez-Cortés Contreras/ Dras. M.ª José Mateu Carruana y Amparo Garrigues Giménez /Antonio Cebrián Carrillo
    Expansion

  • Semiesclavitud en el tajo

    Un accidente mortal destapa las condiciones infrahumanas en las que vivía un grupo de obreros

    Marian Laurentiu y Calin se aferran a lo poco que tienen. Una maleta y una bolsa de plástico donde guardan su ropa y sus cintas de casete. Junto a otro ciudadano rumano, Ciprian y uno polaco, Adan, vivían en los sótanos del edificio que estaban restaurando. Unos 30 días durmiendo sobre unos colchones tirados en el suelo. Ayer a su jefe, el rumano Marian Cojocea, de 49 años, se le cayó encima el ascensor que reparaba. Murió en el acto. Su muerte permitió destapar las condiciones infrahumanas en las que vivían sus trabajadores.

    Los hombres carecían de contrato laboral, no habían cobrado ninguna cantidad, trabajaban unas 12 horas al día y sólo descansaban el domingo, pero estaban tan agotados que tampoco salían del edificio. «Hemos trabajado un mes para nada. Ahora, ¿qué vamos a hacer? ¿a dónde vamos a ir?», se preguntaban con voz lacónica Marian Laurentiu, de 20 años.

    La muerte de Cojocea se produjo pasadas las cinco de la tarde, cuando intentaba arreglar el ascensor del edificio que estaba reformando junto a otra decena de operarios en el número 3 de la calle de Ramonet (Ciudad Lineal). El trabajador debió de quitar los contrapesos del elevador y la caja de éste le aplastó parte del cuerpo y la cabeza. Murió en el acto. Al lugar acudieron facultativos del Samur, que sólo pudieron certificar la muerte, y bomberos del Ayuntamiento de Madrid, que levantaron el ascensor y le pusieron varios soportes para asegurar la zona, según un portavoz de Emergencias Madrid.

    Cuando llegó la Unidad de Policía Judicial de la Policía Municipal y los inspectores de Trabajo, interrogaron a los obreros. Se descubrió entonces la precaria situación en la que se encontraban, casi en la esclavitud. «Antes vivía en un piso compartido con otros rumanos en Villalba, hasta que me salió este trabajo. Pensé que estaba bien y no me exigían tener los papeles», explica el rumano Marian Laurentiu, desesperado y lágrimas en los ojos. Hace tres meses que llegó a España.

    Trabajaban desde hacía un mes para reformar el edificio, que perteneció a una orden religiosa. De la decena de trabajadores, seis eran polacos y cuatro, rumanos. Los primeros fueron contratados por un tal Alexander, que reside en Collado-Villalba. Los segundos fueron captados por Cojocea, según los afectados.

    «Sólo nos daban 20 euros al día, con los que comíamos en un bar cercano y comprábamos tabaco», asegura Ciprian, de 23 años. Desayunaban y cenaban en el propio sótano con lo que compraban en un supermercado cercano o en una tienda de 24 horas. La única distracción que tenían los domingos era oír música en la obra en un pequeño radiocasete.

    Desde que empezaron en Ciudad Lineal, las condiciones eran paupérrimas. Los tres rumanos y el polaco sólo tenían unas colchonetas tiradas en el sótano del edificio, donde pernoctaban. En un principio, comenzaron a trabajar a las ocho de la mañana, pero como molestaban a los vecinos de la zona por el ruido, lo retrasaron hasta las nueve o las diez. Su jornada duraba hasta que no había luz. Casi 12 horas al día.

    Las medidas de seguridad no existían. No tenían ni cascos ni arnés ni nada que se le pareciera. Además, las obras carecían de licencia municipal y de un proyecto aprobado por el Colegio de Arquitectos, según fuentes policiales. De hecho, Ciprian nunca antes había visto un accidente similar y ayer por la noche estaba aterrado. Llamó a su hermano que vive en Villalba para que fuera a recogerle. En su Tulnici natal (al este de Rumania) trabajaba de peón de obra.

    Pese que llevaban un mes trabajando, no habían visto ni euro de su sueldo. Les habían prometido 1.800 al mes, pero con la muerte de Marian ayer todo eran incógnitas. «No sabemos cuando nos van a pagar. El jefe [Alexander] ha desaparecido», protestaba Ciprian. Apenas habla español y no consigue entender lo que la policía intenta explicarle. Los agentes precintaron a las once de la noche el edificio. Él trabajo iba a acabar a finales de semana, porque ya habían completado las cuatro plantas del edificio y sólo les quedaba el sótano. Donde murió Marian Cojocea.

    El problema del precinto del edificio se convirtió a partir de ese momento en una pesadilla para los inmigrantes. Anoche no tenían sitio para ir, salvo Ciprian. «¿Y ahora qué vamos a hacer? No sé adónde ir. No tengo dinero porque siempre nos daban los 20 euros al final de la jornada… Como ha muerto Marian, hoy [por ayer] no hemos cobrado», se quejaba Marian Laurentiu. No tenían ni dinero ni para coger el metro.

    El Samur Social les ofreció como solución temporal alojarse en su sede del distrito de Centro. Ayer, con gesto cansado y sin ganas de hablar mucho, se subieron a las furgonetas azules.

    La responsable de Salud Laboral de UGT-Madrid, Marisa Rufino, puso ayer a disposición de los afectados a la asesoría jurídica del sindicato para denunciar a todos los implicados. «Es una vergüenza que en Madrid, en pleno siglo XXI, se den estos casos de semiesclavitud», concluyó Rufino.

    La Policía Municipal buscaba ayer a Alexander como supuesto autor de un delito contra los derechos de los trabajadores.

    F. JAVIER BARROSO / MARÍA R. SAHUQUILLO
    El Pais