Autor: Comfia Asepeyo

  • COMFIA-CCOO Asepeyo gana las elecciones en número votos en la Agrupación de Centros de Barcelona obteniendo 7 delegados.

    Hoy 25 de Noviembre se han celebrado las elecciones sindicales de  la Mutua Asepeyo en la agrupación de centros de  Barcelona y Provincia, con una participación del 65,5 %  y obteniendo la candidatura de  COMFIA-CCOO un 42% de los votos, siendo la candidatura más votada.

    Los resultados son 7 delegados para CCOO, 7 delegados SPS-FASGA, y 3 delegados UGT. Hemos superado al SPS-Fasga al arrebatarles un delegado, respecto a las anteriores elecciones.

    Nos hemos de felicitar puesto que con estos resultados pasamos a consolidarnos como el sindicato mayoritario en la empresa.

    Agradecemos a todos los compañeros el esfuerzo realizado. Y a quienes han confiado en nosotros, gracias. 

  • ¿Cuánto valen las comisiones de los consejos?

    A la retribución anual, los consejeros suman una cantidad correspondiente a su asistencia a las distintas comisiones. Este plus puede llegar a duplicar dicha remuneración total. La asistencia de los consejeros externos a las distintas comisiones supone un plus a su retribución anual. Por ejemplo en Telefónica, las dietas por reunión para los que asisten a la comisión ejecutiva son de 100.000 euros anuales, y las dietas por reunión en otras comisiones son 1.250 euros (las comisiones se reúnen 16 veces).

    14-11-2011 – En este último caso, los presidentes perciben adicionalmente una asignación fija de 28.000 euros al año, y los vocales 14.000 euros anuales. En el caso de Repsol YPF, las dietas por reunión para consejeros externos de la comisión ejecutiva es de 172.287 euros anual; en otras comisiones es de 86.144 euros al año (en la de estrategia e inversiones perciben una retribución anual de 43.072 euros).

    Las comisiones del consejo más frecuentes son la ejecutiva, auditoría y nombramientos y retribuciones. Algunas compañías cuentan con otras como la delegada de riesgos, estrategia e inversiones, etcétera. Este número varía entre uno y nueve. La participación de los consejeros está retribuida. Así, 76 empresas de la 96 analizadas en el ‘Índice SpencerStuart de Consejos de Administración’ remuneran a sus miembros en forma de dietas o como compensación anual fija; 20 no retribuyen por pertenecer a alguna comisión.

    Veintiséis compañías del Ibex 35 tienen comisión ejecutiva, 11 de ellas retribuyen a sus miembros en forma de dietas de asistencia, 13 como compensación fija y dos no pagan por pertenecer a esta comisión. La retribución media de los presidentes de la comisión ejecutiva es de 69.723 euros anuales (siendo el máximo de 213.246 euros anuales). Las dietas por reunión son 3.223 euros (con un máximo de 6.000).

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  • La rebaja salarial no va con los consejeros

    Los consejos adolecen de independencia y dedican poco tiempo al debate de temas estratégicos. Sin embargo, parecen inmunes a la austeridad salarial: con un incremento del 5%, duplican la subida media retributiva. Ser consejero en una gran empresa es mucho más que un título. Implica esfuerzo, dedicación y, sobre todo, un amplio conocimiento del negocio. Las organizaciones recurren a cazatalentos o al prestigio del candidato para incorporar a uno de estos profesionales en su consejo de administración, el órgano administrativo de las sociedades mercantiles

    14-11-2011 – Y está claro que las empresas valoran sus recomendaciones. Si este año la subida salarial se ha situado en un 2%, este incremento ha sido superado por los consejeros.

    Según el Índice SpencerStuart sobre consejos de administración, que adelanta en exclusiva Expansión&Empleo, los consejeros han visto cómo su retribución media anual se ha incrementado en 2010 un 5,4%, respecto al año anterior: de 70.876 a los 74.668 euros actuales. En las empresas del Ibex 35 el aumento ha sido del 5%: desde los 98.624 a los 103.584 euros. A esta cantidad algunas empresas suman otra por pertenecer a las distintas comisiones: en el 41% de ellas, el presidente de estos órganos tiene una retribución diferente de la del resto de los miembros de esa comisión, un porcentaje que va creciendo cada año.

    Los consejeros externos representan el 84% del total. Se estructuran en dominicales –son accionistas– e independientes –no tienen vinculación con la empresa–. En el caso de estos últimos la retribución es superior. El informe analiza individualmente la remuneración de 399 según su pertenencia a las distintas comisiones: la retribución media es de 124.101 euros anuales; 175.720 euros en las empresas del Ibex 35. En 2009 el sueldo de los consejeros independientes en las grandes empresas cotizadas fue de 115.978 euros anuales. Ignacio Maza, socio de SpencerStuart, señala que «en sólo seis compañías una parte de la retribución a los consejeros se realiza en forma de acciones u opciones, una vinculación que puede ser muy positiva».

    Los independientes
    Según el Código Unificado de Buen Gobierno, el porcentaje mínimo de estos consejeros tiene que ser del 33%. Sin embargo, en el 42% de las compañías (26% en el Ibex 35), no se cumple esta recomendación. Aumentar la independencia de estos consejeros y su presencia en los consejos continúa siendo el talón de Aquiles de los consejos. Maza apunta que, en el 30% de las 96 compañías analizadas en este informe, el número de independientes no llega a un tercio del consejo.

    Pero el problema no radica sólo ahí. Ignacio Gil Casares, también socio de dicha firma, apunta que «algunos de estos ejecutivos llevan más de quince años ocupando un lugar en el consejo, mientras que en países como Reino Unido no excede los tres, que es lo recomendable. Una permanencia tan prolongada en una compañía pone en peligro la independencia del ejecutivo».

    El informe confirma que más del 15% de los consejeros independientes llevan más de 12 años en la misma organización. Los socios de Spencer coinciden en que las compañías necesitan en sus consejos profesionales realmente independientes y con valentía para decir que no al presidente sobre la mejor decisión. Maza apunta que «se exige más independencia y experiencia empresarial».

    Estos ejecutivos rondan los 60 años de edad y, en el caso de los independientes, suelen ser exejecutivos (17%) y profesionales independientes (16%) que optan por esta salida para aprovechar su background empresarial. Un 5% son expolíticos, diplomáticos o funcionarios.

    La involucración y la dedicación de estos ejecutivos está en tela de juicio. En opinión de los consejeros consultados en este informe, el 22% de los independientes (28% en el Ibex 35) tiene una actitud pasiva; el 36% (32% en el Ibex 35) activa; y sólo el 40% demuestra ser muy activo en sus competencias.

    Cara y cruz
    La dedicación total media de los consejeros (sumando la de los consejos y la de las comisiones) es de 87 horas al año. En el caso del Ibex 35, la media de los independientes es de 103 horas anuales. La máxima de los analizados es de 458 horas (sólo en una de las compañías estudiadas) y la mínima de 16 horas al año. Según este informe, el tiempo que permanecen los independientes con respecto a los últimos años, «está en línea con las recomendaciones de los nuevos códigos de buen gobierno que se están publicando y estamos seguros de que será una tendencia irreversible para el futuro».

    Pablo Bernad, socio de Spencer Stuart, coincide con sus colegas en que los entrevistados cada vez se toman más en serio la evaluación del consejo, son más críticos y exigentes en su funcionamiento. «La evaluación es más rigurosa, se suele realizar cada dos años y con mayor frecuencia se recurre a ayuda externa. El grado de confidencialidad es mayor si se deja esta tarea en manos de profesionales ajenos a la compañía que, además, suelen ser más rigurosos en la evaluación». El 60% de las compañías (81% del Ibex 35) realiza una evaluación anual; el 17% de éstas con ayuda externa.

    Gil Casares destaca otros aspectos positivos en los consejos: el incremento de la presencia femenina –el 10% en 2010 frente al 4% que se manejaba en 2005– y la mejora de los planes de sucesión para el máximo ejecutivo. El 26% de las empresas cuenta con estos programas, el 35% en el Ibex 35. Este aspecto ha mejorado pues hace seis años sólo lo contemplaba el 18% de las organizaciones; sin embargo sigue habiendo una gran diferencia con otros países como Reino Unido y Estados Unidos, que tienen porcentajes superiores al 90%. Gil Casares aclara que si bien en España existen estos protocolos, a diferencia de otros países, las personas que van a tomar el relevo no están identificadas.

    Por otra parte, aunque este año se aprecia un incremento en las empresas que envían información anticipada a las reuniones del consejo –alrededor del 80% lo hacen con cierta antelación–, este órgano de gobierno se queja de que no está suficientemente informado sobre los temas tratados en la comisión delegada o ejecutiva. Muchos consejeros perciben que «les hurtan el debate de los temas cruciales, aunque posteriormente se informe al consejo de los temas tratados».

    De esta falta de información se deriva una de las principales áreas de mejora: si bien el 95% de las compañías declara tocar los temas de estrategia en el consejo, el 55% de las consultadas (58% del Ibex 35) asegura dedicar poco tiempo y menos del necesario al debate estratégico.

    De hecho, buena parte de los consejeros afirma que el mapa de riesgos se ha delegado a la comisión de auditoría y que el consejo no está suficientemente involucrado en el seguimiento global de riesgos. Para Gil Casares, «aunque el alcance del riesgo y las previsiones puede ser algo prioritario, este detalle sólo se reclama en ocasiones excepcionales, como la refinanciación. El nivel de exigencia ha aumentado, pero la situación actual demanda otras prioridades».

    Ignacio Maza reconoce que «en cuestiones de estrategia prima el corto plazo, porque el largo se ha reducido a tres meses. En algunos casos, las empresas quieren saber si van a poder pagar la nómina. En términos generales, estar tan pegado al corto plazo no lo recomendable, pero en la coyuntura actual no queda más remedio».

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  • CCOO GANA LAS ELECCIONES EN LA SEDE CENTRAL DE LA MUTUA ASEPEYO Y SE CONSOLIDA COMO EL SINDICATO MAYORITARIO EN LA EMPRESA

    El jueves, 10 de noviembre, se han celebrado elecciones sindicales en la sede central de Mutua Asepeyo en Barcelona. Con una participación del 53,22% de un censo de 124, CCOO ha conseguido 7 delegados / as, por 2 de UGT.

    Se trata de un resultado histórico por el sindicato, ya que CCOO no había tenido representación en la sede central de la Mutua, y ha tenido que luchar mucho para poder presentar esta candidatura.

    Con estos resultados CCOO se consolida como el sindicato mayoritario en la empresa. En Cataluña, donde el censo de la plantilla representa más de 33% del total de trabajadores (3.400), el sindicato consolida la mayoría en un 52,72% (del total de delegados posibles, 55, CCOO tiene 29) en el espera de las próximas elecciones de la agrupación de centros de la provincia de Barcelona, que tendrán lugar el 25 de noviembre, donde CCOO espera aumentar el número de delegados.

     
    Sección Sindical CCOO Asepeyo
    www.comfia.net/asepeyo
  • Programas electorales y negociación colectiva. No son las normas, es el fondo

    En estos días de presentación de Programas Electorales y de propuestas para enderezar la grave situación de paro y destrucción de empleo que padecemos volvemos, una vez más, a oír propuestas de “reforma de la estructura y contenidos de la negociación”, dando a entender que nuestro problema, hoy, de las relaciones laborales es de normas y no de fondo; que el supuesto problema de las dificultades de relacionar los costes salariales con la marcha de la empresa y la abusiva flexibilidad externa, (eventualidad y despidos) frente a la interna ( jornada irregular, polivalencias…) es un problema de normas.

    08-11-2011 – Sin embargo, recordemos que se han hecho 4 reformas en tres años y podríamos hacer 101 y seguir con una negociación colectiva pobre, incapaz de ser un instrumento útil y eficiente. Y así, año tras año, actuamos como ese mal entrenador del fútbol, cuyo equipo no gana un solo partido y explica su fracaso por la existencia de la norma del fuera de juego, sin atender a que su problema real es de fondo y que no lo resolvería ni cambiando el reglamento entero.

    Antes de encontrar soluciones fáciles, como el cambio cada seis meses de las normas, sería mejor que analizáramos con rigor aquello que debemos mejorar. Para ello sólo debemos mirar, sin sectarismo, en el interior de muchas empresas y ahí podremos ver muchas de nuestras debilidades, que unidas a nuestro agotado y débil modelo productivo (lo que producimos, cómo lo producimos y a qué precio lo producimos), explican unas relaciones laborales llenas de desconfianza o de confrontación entre empresario y trabajador que necesitamos superar si el objetivo es construir un nuevo modelo que represente una fortaleza para la permanente mejora de la competitividad de nuestras empresas. Y no hay otro eje que la implicación y la participación de los trabajadores y trabajadoras y de sus sindicatos.

    Las soluciones a nuestros graves problemas las tendremos que buscar en analizar cómo avanzamos en la permanente interlocución entre empresa y trabajadores; en cómo avanzamos en ese modelo al que tantos apelan y envidian: el alemán, el danés o el holandés, los cuales, por cierto, son los más regulados y participativos de Europa. Las soluciones deberemos buscarlas justo en sentido contrario al que parecen pretender tantos predicadores cuyas recetas, para todos nuestros males, suponen seguir ahondando en el desequilibrio entre empresario y trabajador, en el autoritarismo empresarial, pues éste es el objetivo real de muchas de las propuestas que se presentan como novedosas, a pesar de ser más antiguas que el hilo negro. Esas propuestas se sostienen en el axioma de que las normas democráticas, legislativas y sindicales dirigidas a la tutela del empleo son nuestro principal obstáculo para generar empleo, y por ello se consideran, un vez más, las normas como la causa principal de nuestros graves males económicos. Una fácil y falsa explicación de nuestros males.

    Detectado el principal escollo, el de la desconfianza mutua, es hora de preguntarnos cómo se articula un modelo que permita en la empresa establecer la adecuada relación entre los costes laborales y la situación de la misma, y que al mismo tiempo genere confianza en el trabajador y eleve su nivel de compromiso con la mejora de la productividad. Pero eso sí, conscientes de que la productividad es un mix de esfuerzo del trabajador, mejora formativa, aplicación de tecnología, reinversión de excedentes y eficaz gestión, lo que exige compromiso por ambas partes. Y cuando las cosas vayan bien, los beneficios deben ser para todos.

    Necesitamos nuevos convenios colectivos que incorporen, en justa correspondencia, a sus instrumentos de flexibilidad, los necesarios derechos de participación e información de los trabajadores y sus representantes sobre los resultados, los proyectos y la marcha de la empresa. Sólo estos convenios pueden ser la base del cambio de modelo de relaciones laborales, basado en la cooperación y el esfuerzo común. El ejemplo lo tenemos en esos países a los que envidiamos su capacidad de adaptación y su positiva combinación de flexibilidad y seguridad. Pero demasiadas veces se mira solamente una cara de la moneda y se oculta que éstos son también los países con mayor equilibrio, protección social, empleo estable, sindicalización y derechos de formación, de información y participación.

    Dos caras de la misma moneda de las relaciones laborales cooperativas. En una cara, la necesaria flexibilidad, adaptación permanente e implicación, y en la otra seguridad, transparencia, información y participación.

    Un modelo de cooperación que no se impondrá por ley y menos aún, profundizando el desequilibrio entre derechos y obligaciones, ni desde un mercado de trabajo desregulado, ni con empleo precario. Recordemos ese viejo refrán sueco “quién le paga a sus trabajadores con cacahuetes solo tendrá monos”.

    El tránsito a ese modelo cooperativo no será fácil, y a veces incluso podría parecer imposible, si no cambia el talante de amplios sectores empresariales. Es significativa, negativamente significativa, la airada reacción de amplios sectores empresariales ante la reflexión de Joan Rosell, en el Comité Ejecutivo de CEOE del pasado mes de Octubre, cuando relacionó las demandas empresariales de cambios con la posible presencia de representantes sindicales en los Consejos de Administración de las Empresas, que por cierto, no es ni la reivindicación más extendida, ni es hoy la más urgente para el movimiento sindical español, pero nos sirve de ejemplo y reflejo de las fuertes resistencias que todavía hoy existen a modernizar nuestras las relaciones laborales ganando el compromiso e implicación de los trabajadores con el proyecto de empresa desde la transparencia, la información e implicación.

    El cambio hacia un modelo de relaciones laborales de cooperación y de flexibilidad interna precisa de más diálogo y de soluciones negociadas desde el necesario equilibrio entre los interlocutores. De lo contrario, la búsqueda de la flexibilidad se convierte en el arma de los fuertes contra los débiles y provoca el debilitamiento de la solidaridad social y graves riesgos para los trabajadores más vulnerables, y es precisamente por ello que precisamos que los convenios colectivos actualicen su contenido y adapten sus ámbitos a las necesidades de los sectores si quieren pervivir como pieza importante de las relaciones laborales.

    En esta dirección camina y orienta el Preacord del “Acord Interprofessional de Catalunya 2011-2014” firmado el día 3 de noviembre por los Agente Sociales, que representa una apuesta firme y decidida para poner al día nuestras relaciones laborales desde las reglas colectivas que son los convenios colectivos cuando sitúa con claridad y valentía la necesidad de abordar a través de la negociación colectiva los problemas clave de la flexibilidad, tanto en relación con la ordenación del tiempo de trabajo, como de los sistemas de contratación y retribución, afirmando en relación con éstos la necesidad de tener en cuenta la evolución económica de las empresas y de los sectores, la situación de los mercados, la inflación, la productividad, la variación de costes, las inversiones y la modernización tecnológica, Ahora falta traducir estas directrices en letra de convenio colectivo, adaptado a cada realidad sectorial y de empresa.

    En esta dirección también ha caminado el XVI Convenio General de la Industria Química firmado el pasado día 19 de octubre. Primero reforzando su estructura y sus cimientos para subrayar de forma expresa su voluntad de seguir siendo un referente claro para el conjuntos de las más de 3.300 empresas y los cerca de 200.000 trabajadores de todo el Sector Químico del estado español, un referente tanto para los que trabajan en los grandes grupos industriales, como en las medianas y pequeñas empresas.

    El Convenio Químico ha querido profundizar en los derechos de información y participación y, en esta lógica, incorporar una novedosa apuesta por la formación continua en la empresa como parte vital del interés e implicación de los representantes de los trabajadores. Con incrementos moderados que mantienen el poder adquisitivo de los salarios, pero con reglas claras que permiten la adaptación del coste salarial a la realidad particular de aquella empresa en situación excepcional de crisis o de beneficios.

    A estos dos referentes podríamos añadir decenas de Convenios Sectoriales y de Empresa que el Movimiento Sindical deberíamos popularizar, estudiar, y entre ellos el Acuerdo Marco del Grupo Repsol firmado el 4 de noviembre en el que se ha pactado una garantía de estabilidad en el empleo a la vez que se ha establecido una nueva lógica en la política salarial, relacionando una parte del incremento salarial con el IPC, con los resultados del Grupo en su conjunto (que se aplica tanto a las estaciones de servicio, como a los centros de investigación o a las refinerías) y con la mejora de productividad desde objetivos compartidos y que lleva incorporado nuevos instrumentos de información, interlocución y transparencia.

    Avanzar en esta línea exige a los empresarios confiar en ellos mismos, en su capacidad de negociación y acuerdo, no esperando todo de las reformas legislativas por muy bien que les suene la música que se acerca, porque la letra para que sea eficaz ha de estar escrita conjuntamente por los que luego tendrán que llevarla a la práctica.

    Y a nosotros, los sindicatos, también nos exige tomar clara conciencia de que no estamos jugando en campo contrario cuando hablamos de mejorar la eficiencia del trabajo, ni cuando hablamos de mejorar la productividad y la competitividad de la empresa.

    Es imprescindible superar la vagancia negociadora de aquellos que siempre esperan que las leyes les resuelvan el complejo mundo del trabajo y que éstas les eviten la necesaria negociación y les resuelva su déficit de cultura de negociación, pero sabemos que esperan en vano, porque la experiencia, la propia y ajena, nos explica que sólo sobre la base de instrumentos sólidos de dialogo y negociación podemos resolver los problemas de fondo de nuestras relaciones laborales, y con ello, la mejora de la competividad de nuestra economía.

    Joaquim González Muntadas
    Secretario General de FITEQA CCOO