Autor: Comfia Asepeyo

  • La reforma de las pensiones amenaza con dejar en el aire unas 600.000 jubilaciones

    El anuncio para reformar las pensiones se ha desinflando como un globo. El Gobierno se ha afanado en los últimos días en rebajar el contenido de su propuesta, si bien el texto de buenas intenciones que ha llegado a ojos de Bruselas recoge tres ideas clave: alargar hasta los 67 años la edad de jubilación, aumentar el periodo de referencia para calcular la pensión y, lo más revolucionario, endurecer el número de años para obtener la ansiada paga de retiro.

    22-03-2010 Y a partir de ahí, comienza el juego. Aunque lo cierto es que al Ejecutivo se le acaban las opciones para modificar el marco del sistema público de pensiones y agradar, a partes iguales, a la Comisión Europea y los agentes sociales. Y es que las tres vías que está dispuesto a explorar ponen en jaque a los parados de entre 51 y 64 años. Cualquier cambio que les suponga alargar o perfeccionar sus carreras de cotización abre la puerta a una crisis de mayor calado: la de truncar la jubilación de 607.608 de ellos.

    Para este grupo ha comenzado la cuenta atrás. Recibir o no la pensión que tenían en mente dependerá de si encuentran en los próximos meses un empleo, que, de entrada, les permita completar los 15 años de cotización mínimos que en la actualidad se requieren para poder cobrar una pensión. Sobra decir que este objetivo será más difícil, en tanto que este umbral se eleve.

    Más coercitivo es aún este otro aspecto:según los datos que revela la Muestra Continua de Vidas Laborales, que elabora el Departamento que dirige el ministro Celestino Corbacho, tan sólo el 3% de las personas de entre 50 y más años ha cotizado ya el tiempo suficiente para acceder a su jubilación. Dicho de otro modo: a día de hoy quedarse sin trabajo no supone un problema mayúsculo para los 134.000 trabajadores de esa franja de edad que tienen la doble suerte de haber cumplimentado ya el expediente que les tiende el puente hacia el retiro.
    El balance es bien diferente para los 600.000 parados que aquí se mencionan: si la coyuntura no remonta corren el riego de quedarse apartados legalmente del sistema. Los datos del Inem apuntan en esta dirección: de los parados de mayor edad registrados hasta febrero, el 57% tiene “muy baja” o “baja” probabilidad de dar el salto al mundo laboral.

    El Ejecutivo está al corriente de esta situación. Ni los populares ni los socialistas habían ahondado en este detalle, hasta que el portavoz del PNV en la Comisión del Pacto de Toledo –el grupo en el Congreso que tiene la tarea de acordar las reformas vinculadas a la Seguridad Social– Emilio Olabarría, advirtió a la Comisión de este efecto pernicioso.

    Para el grupo vasco está claro que se deben exigir carreras de cotización más largas, pero en la actual coyuntura esto “dejará a miles de trabajadores y parados nacidos entre 1948 y 1959 sin derecho a una pensión”, en tanto que si se prospera una jubilación a los 67, se retrasará la entrada de los jóvenes al empleo.

    La odisea para modificar los usos y costumbres de la Seguridad Social
    El pasado febrero, el Ejecutivo abrió la caja de truenos. Y, como era de esperar, salieron relámpagos de todos los frentes. Moncloa está sola en la tarea de cerrar una reforma de pensiones creíble, que consiga arrancar el aplauso de Bruselas. Éstas son las claves para entender la odisea en que se ha convertido este cometido.

    •¿Cómo quiere reformar el sistema el Gobierno?
    Es una incógnita. En un primer momento, envió a la Comisión un ambicioso programa para reformar el sistema a la europea. Es decir, convertir los 67 años en la edad de jubilación legal, como hacen Alemania y Finlandia, a la vez que flirteó con la opción de ampliar gradualmente los años cotizados para cobrar la pensión y su cálculo. Con estas dos medidas, el gasto en pensiones se recortaría cuatro puntos del PIB, a partir de 2030. El Ejecutivo renegó de su propia propuesta un par de horas después de anunciarla, dada la ira que despertó entre la sociedad.

    •¿Qué está dispuesta a negociar la Comisión del Pacto de Toledo?
    Los grupos siguen resentidos por el desplante que les hizo el Ejecutivo al presentar sin aviso previo a esta Comisión del Congreso su propuesta de reforma, un guión que, según los propios diputados del PSOE, nunca se había dado. Todos coinciden en que jubilarse a los 67 no es la panacea que resolverá los aprietos financieros de la Seguridad Social.

    •¿Qué plazo hay para cambiar los cimientos?
    Ninguno. Ni legal ni oficial. Recientemente Trabajo ha sugerido que no hay que apresurarse por reformar el actual modelo de pensiones, ya que queda toda la legislatura por delante. El Gobierno quiere evitar el desgaste político en solitario, así que se amoldará a los plazos que vayan surgiendo en el seno del Pacto de Toledo. Su lema es consenso, consenso, y más consenso. El Ejecutivo no quiere volver a alzar su voz por encima del resto de grupos.

    •¿Qué opinan los sindicatos?
    Están satisfechos porque el Gobierno ha reculado. Esta misma semana Cándido Méndez afirmaba que “la metamorfosis [respecto al primer texto] puede ser de tal magnitud que no la reconozca ni el padre que la engendró”.

    •¿Qué espera Bruselas?
    Que España arriesgue y dé un paso al frente. De hecho, tanto la Comisión como la OCDE recibieron con vítores la ambición primigenia del Ejecutivo. Si el ansiado cambio no llega, Zapatero deberá suplir esta carencia con medidas valientes en el terreno laboral.

    El cambio
    El pasado febrero los sindicatos salieron a la calle para frenar las pretensiones del Ejecutivo. Parece que lo han logrado:se da por hecho que la gran reforma de las pensiones se reducirá a una jubilación voluntaria a los 67. ¿Qué dirá Bruselas?

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  • Recorte de pensiones por la puerta falsa

    Antes de desencadenar, a finales de enero, la encendida polémica sobre el retraso de la edad de jubilación a los 67 años en su propuesta sobre la reforma de las pensiones, el Gobierno ya había puesto en marcha un recorte de las prestaciones que, debido a su baja cuantía, ha pasado casi desapercibido

    09-03-2010 – El equipo de Rodríguez Zapatero, con el respaldo del Parlamento, ha utilizado una vieja fórmula para «colar» iniciativas polémicas, el «cajón de sastre» que es la ley de Acompañamiento a los Presupuestos.

    Por esa vía se ha cambiado un párrafo de la ley general de la Seguridad Social, que supone un recorte de entre 3 y 22 euros mensuales en la nómina de la mayoría de los nuevos pensionistas, con un ahorro superior a 100 millones de euros para la Seguridad Social.

    Una pirueta

    ¿Qué fórmula ha utilizado el Ejecutivo? A grandes rasgos, la cuantía de una pensión está en función de lo cotizado. El primer paso es fijar la base reguladora de esa prestación, que no es otra cosa que la «pensión completa», es decir, sin penalizaciones. Para ello, se toman las cantidades por las que se ha cotizado los últimos 180 meses (15 años). Las de los 24 meses previos al retiro se quedan como están y las de los otros 156 se actualizan con la inflación.

    El resultado se divide entre 210 (para incorporar el efecto de 14 pagas anuales y no de 12). Lo obtenido es la base reguladora, a la que se aplican descuentos por jubilarse antes de los 65 años o por haber cotizado menos de 35 años. Ahora bien, a veces esa cifra es mayor que la pensión máxima fijada por ley –cuando se cotiza por bases máximas o elevadas–, por lo que hay un colectivo de personas a las que no afecta, salvo excepciones, la reforma ahora desvelada.

    Pues bien, lo que ha hecho el Gobierno en la disposición final 9 de la ley de Acompañamiento a los Presupuestos de 2010 es cambiar ligeramente el contenido del primer párrafo del apartado 1 y la totalidad del apartado 1.1 del artículo 162 de la ley de la Seguridad Social. En síntesis, viene a decir que en vez de computarse los 180 últimos meses para calcular la base reguladora se tomarán los 180 meses anteriores «al mes previo» del último cotizado.

    Se trata de una pirueta con consecuencias apreciables, ya que se está cambiando el mes último de afiliación, que en general tiene la cotización más elevada, por uno de quince años atrás, mucho más baja. Un ejemplo realizado por expertos con el programa informático que la Seguridad Social tiene en su web para calcular pensiones indica que si un trabajador ha cotizado siempre por la base mínima, la nueva regulación le supone una pérdida de 2,96 euros por paga, lo que equivale a 41,44 euros al año. El ejemplo extremo es el de un trabajador que ha comenzado a cotizar hace quince años por el máximo y que hasta entonces lo había hecho por el mínimo. Y no es algo rebuscado, porque hay autónomos que lo hacen. El retroceso de un mes en el cálculo le supondría 21,79 euros al mes o 305,60 euros al año en su base reguladora, que sería de 2.652,82 euros. Sin embargo, como la pensión máxima (2.466,20 euros este año por ley) es inferior a esa base reguladora –en unos 190 euros al mes–, la reforma no tendría consecuencias. Eso sí, siempre que se jubilara a los 65 años con 35 o más cotizados.

    Favorece a unos pocos

    La nueva fórmula no perjudica a todos los nuevos jubilados. Incluso, puede favorecer a algunos, a aquellos que tengan una base de cotización en los últimos meses de actividad inferior a la del mes incorporado de quince años atrás, una vez actualizada con la inflación. Esta situación podría darse en una persona que se jubila tras cobrar los últimos meses de su vida laboral el subsidio de desempleo, lo que implica cotizar por la base mínima.

    No es la primera vez que el Gobierno utiliza esta «puerta de atrás» para realizar pequeños cambios en la normativa de las pensiones. Además de un ahorro, en otros casos –posiblemente también en éste– ha buscado penalizar los cálculos de los trabajadores más avispados, casi siempre autónomos, que utilizando a su favor la legislación vigente intentan conseguir la máxima pensión posible con la menor cotización.

    ABC

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  • ‘Pensionazo’ en la calle… y pensiones de lujo para sus señorías

    En medio del enconado debate sobre la propuesta del Gobierno para reformar las pensiones que ha hecho salir a la calle a los sindicatos y ha encrespado el clima político, muchas voces se están alzando contra el exclusivo sistema de prestaciones en materia de jubilación de los diputados y senadores, que les asegura un retiro al que ningún otro ciudadano puede aspirar.

    25-02-2010 – El régimen especial de los diputados y senadores les garantiza unos complementos al sistema de pensiones común para garantizarles una pensión más alta o un derecho a prejubilarse más beneficioso y un plan de pensiones privado muy generoso.

     

    El anuncio del Gobierno de comenzar a negociar un plan para reformar las pensiones ha motivado una intensa polémica y un intenso debate público sobre su conveniencia. Dicho plan está estudiando calcular la pensión sobre más años de salario o un periodo más largo de cotización, retrasar la edad efectiva de retiro laboral mediante la reducción de las jubilaciones anticipadas e incentivando el retraso voluntario de la jubilación o añadir dos años más a la edad legal de jubilación, desde los 65 años actuales a los 67, esta última, sin duda, la medida estrella de la propuesta.

    El objetivo final de la eventual reforma es sostener a medio plazo el actual sistema del sistema de la Seguridad Social dada la presión demográfica, que está haciendo aumentar la esperanza de vida y reduciendo la natalidad, lo que descompensará la proporción entre cotizantes y trabajadores, y la merma de afiliados, agudizada por la crisis económica. Pero, aunque muchos expertos dudan de la reforma sea en sí misma sea suficiente para mantener el equilibrio presupuestario y encarar la crisis, el Gobierno se mantiene firme en su propuesta y de momento ignoran las protestas de los sindicatos, que creen que retrasar la edad de jubilación actual es sinónimo de renunciar a una conquista social de los trabajadores y reprochan al Gobierno que intente solventar el problema con un recorte del gasto público. El Gobierno también ha recibido críticas de casi todos los partidos políticos, tanto por el momento en que se ha hecho público el anuncio como en su forma, sin haber contado sus intenciones al Pacto de Toledo, que se encarga de establecer las líneas de actuación y recomendaciones de reforma en el sistema de pensiones contributivo.

    En medio de este debate, ha salido tímidamente a la palestra el sistema de pensiones de los diputados y senadores, un régimen especial para estos miembros de las cámaras que les garantiza unas prebendas en materia de jubilación pública a las que no puede aspirar ningún otro profesional, como, por ejemplo, cobrar la pensión máxima con tan sólo 12 años de mandato y, en algunos casos, sólo con siete. El régimen choca frontalmente con las llamadas a la contención del Gobierno y aunque todavía no se ha contemplado su modificación, muchas voces ya lo están pidiendo.

    3.000 euros de salario base… y un jugoso paquete de complementos
    La asignación constitucional para 2010 de un diputado es de 3.125,52 euros mensuales, salario base al que se añaden complementos en función del cargo -desde los 3.605 del presidente además de los gastos de representación hasta los a los 775,17 de los portavoces adjuntos de comisiones, y complementos de destino -1.823 euros mensuales más para los diputados y senadores de fuera de Madrid y 870 para los que viven en la capital (ver información adjunta).

    Además de estos emolumentos, el reglamento de prestaciones económicas para los ex parlamentarios, vigente desde hace casi cuatro años, articula un mecanismo que permite que, en los supuestos en los que los parlamentarios no alcancen el límite máximo de percepción de pensiones públicas, las Cámaras abonarán la diferencia, es decir, una «pensión parlamentaria» para diputados y senadores que hayan formado parte de las Cortes durante un mínimo de siete años y siempre que hayan cumplido 65 y hayan obtenido la jubilación, o bien se hayan jubilado anticipadamente con al menos 60 años y 40 años de cotización.

    La cuantía de ese complemento será la diferencia entre la cuantía de la pensión que corresponde al parlamentario por su actividad profesional y la cifra anualmente establecida como límite máximo de percepción de pensiones públicas. Eso sí, en el caso de parlamentarios con un mandato de siete a nueve años se les aplica el 80% de ese límite, a los de nueve a once años se les calcula el 90% y a los de más de once años se les cubre hasta el máximo.

    «Los diputados y senadores no tienen unas pensiones específicas, sino unos complementos y prestaciones añadidas a las pensiones ordinarias», explica a Expansión.com Ramón Marcos Allo, letrado de la Administración de la Seguridad Social y miembro del Consejo de Dirección de Unión Progreso y Democracia (UPyD), reguladas en el reglamento aprobado el 11 de julio de 2006 «cuando el PSOE estaba en mayoría», apostilla.

    Esta regulación se refiere, esencialmente, a cuatro materias: la asignación de un complemento de las pensiones públicas, de una ayuda mensual equivalente a lo que coloquialmente se conoce como prejubilación, unas indemnizaciones por cese en su condición de parlamentarios y unas aportaciones con cargo a los presupuestos de las Cortes Generales para unos planes privados de previsión social. El motivo para publicar dicho reglamento fue «cubrir una laguna normativa que existe desde la aprobación de los Reglamentos del Congreso de los Diputados y del Senado en 1982 y a dar una cobertura jurídica sistemática a distintas situaciones que la dedicación a la actividad parlamentaria produce», pero el fin último fue equiparar estas retribuciones a las de los parlamentarios de otros países de la Unión Europea.

    Un reglamento para asegurar las prestaciones
    Para ello, se articuló un mecanismo que permite que, en los supuestos en los que los parlamentarios no alcancen el límite máximo de percepción de pensiones públicas, las Cámaras abonan la diferencia entre este límite y la pensión percibida por el solicitante. Además, para los supuestos en que se den situaciones de precariedad, se establecen fórmulas como la del sistema de complementación de ingresos, en vigor desde el 7 de julio de 1987; la indemnización por cese, que compensa la carencia de cobertura por desempleo que un diputado puede tener, por ejemplo, al intentar volver a su ocupación habitual cuando deja las cámaras, y que se gradúa en función de los años de dedicación a las Cámaras.

    A estas prestaciones se une complemento que permite hacer frente al período de transición que se da entre la disolución de las Cámaras y su constitución tras las elecciones, además del apoyo al sistema público de pensiones con las aportaciones a planes privados de carácter complementario. «Este tipo de indemnizaciones se dan en la mayoría de los parlamentos de los Estados de nuestro entorno», reitera el reglamento.

    Parlamentarios españoles con prestaciones «europeas»
    En definitiva, la aplicación del reglamente se traduce en que diputados y senadores que «gozan de unos beneficios que no tenemos el resto», ya que «que les otorgan más derechos que a los demás ciudadanos», sentencia Marcos, que tilda estas prevendas en materia de pensiones de los diputados y senadores de «privilegios». Ello ha motivado en numerosas ocasiones protestas de este partido y tienen previsto presentar una reforma para que se equiparen a las que perciben los ciudadanos.

    De hecho, su partido va a presentar en breve una iniciativa que se encuentra en fase de revisión técnica para eliminar los privilegios de la actual regulación, ya que, según UPyD, los parlamentarios gozan de un régimen exclusivo, y «nosotros estamos en contra de cualquier privilegio», recalca.

    «Hablo de privilegios porque tienen reconocidos unos derechos en materia de complementos de pensiones, prejubilaciones, planes de pensiones e indemnizaciones que no tienen reconocidos los ciudadanos normales y que no se corresponden con la función constitucional que tienen asignada», argumenta Marcos. «Viajar con cargo al Congreso para conocer un problema social que vaya a debatirse en el Congreso es un derecho y no un privilegio. Pero poder prejubilarse a los 55 años con un 60% de la asignación constitucional de 3.125 euros mensuales con cargo igualmente al Presupuesto del Congreso es un privilegio. No se justifica por la función que hace el diputado o senador. De hecho, en la norma que lo regula, se dice que es para parecerse a los parlamentarios de otros países, olvidando que a lo que deben asimilarse es a los ciudadanos españoles».

    Pero Marcos cree que deberían compararse «no con los salarios alemanes, sino con los sueldos y prestaciones y salarios reales que hay en España. «Si ellos son representantes de los españoles, tienen que dar ejemplo y adoptar su situación a la de la economía del país.

    Funcionarios y empleados públicos, también a la zaga
    Según explica este letrado, las pensiones de estos cargos son inalcanzables para cualquier ciudadano, independientemente del régimen laboral en el que se encuentre, pero también para los funcionarios y los empleados públicos.

    Las pensiones públicas se rigen por la Ley General de Seguridad Social y los funcionarios tienen dos posibilidades: Los funcionarios de carrera de la Administración Civil y Militar del Estado, los de la Administración de Justicia y los de las Cortes Generales están encuadrados en el Régimen de Clases Pasivas, mientras que los de la Administración local, Organismos Autónomos y los de Comunidades Autónomas, además de los empleados públicos, acceden a su jubilación mediante el Régimen general de la Seguridad Social, de la misma forma que los asalariados o los autónomos, y por tanto, con los mismos derechos que el resto de los trabajadores incluidos en ese régimen.

    «Si están en clases pasivas, los derechos de los funcionarios, son también muy similares, aunque con alguna excepción respecto de la jubilación anticipada y otras cosillas menores. Pero en ambos casos, la pensión máxima es igual y no hay complementos para llegar a ella por ejercer una determinada actividad», señala Marcos. «Los funcionarios no tienen el sistema de complementos de pensión ni prejubilaciones que tienen los parlamentarios», concluye.

    Bono alude a Ronaldo para justificarlo
    El presidente del Congreso, José Bono, remitió el pasado 6 de febrero una carta a todos los diputados en defensa de su sistema de pensiones en la que explica que quien haya ocupado un escaño durante siete años no recibe una «pensión» cuando se jubile, sino «un complemento de pensión» de una cuantía media de 1.066 euros mensuales.

    La misiva subrayaba que, hasta ahora, han percibido el «complemento de pensión» sólo 70 de los 3.609 diputados y senadores que ha habido en total durante las nueve legislaturas. De ellos, una considerable mayoría fueron parlamentarios en las primeras legislaturas tras el franquismo. No obstante, el reglamento de pensiones parlamentarias y otras prestaciones económicas a favor de los ex parlamentarios, aprobado en 2006, precisa que «las Cortes Generales abonarán con cargo a su Presupuesto una pensión a quienes hayan sido miembros del Congreso o del Senado».

    Para cobrarla, los ex parlamentarios tienen que haber ocupado el escaño durante al menos siete años y haber cumplido 65 en el instante de la recepción de la susodicha «pensión», señala Bono remitiéndose a la legislación vigente. También habrá de estar jubilado o jubilado anticipadamente, en cuyo caso ha de tener 60 años y haber cotizado durante 40. La carta del presidente de la Cámara alude también al presupuesto de la Cámara, que se ha reducido en dos años unos 200.000 euros y los sueldos de los diputados llevan dos años congelados. La cuantía que el Estado dedica a las Cortes Generales -Congreso y Senado-, al Defensor del Pueblo y a la Junta Electoral Central representa un 0,09% del Presupuesto total del Estado. Con todo ello, Bono recalca: «El vigente Presupuesto (…) es exactamente cuatro millones más de lo que supuso el último fichaje estrella de la Liga de Fútbol Española», el de Cristiano Ronaldo.

    Excepciones: Si se revisan, junto a las demás pensiones
    Por su parte, el presidente del Senado, Javier Rojo, añade en línea con Bono que las pensiones de los políticos se deben ver como «excepcionalidades» y no como privilegios. Eso sí, no cierra la puesta a modificar su regulación, aunque «cualquier modificación de las mismas debe estudiarse en el marco del actual debate sobre el sistema de pensiones», señaló el pasado 3 de febrero durante la inauguración de las jornadas sobre La ley e Internet en el Colegio de Abogados de Madrid.

    En cualquier caso, Rojo apuesta por abordar este debate con «el sosiego, la serenidad y la tranquilidad» que requiere la propia cuestión, y puso como ejemplo su caso, el de un presidente del Senado que, sin embargo, ha cotizado a la Seguridad Social durante 43 años. «Como mi caso hay muchos», señaló, tras insistir una vez más en que en estos casos es necesario hablar de excepcionalidad.

    La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, también está dispuesta a revisar el sistema de pensiones de los parlamentarios, pues considera que su formación tiene claro que se debe «predicar con el ejemplo», al igual que su partido ha propuesto ya congelar los sueldos de estos profesionales. La dirigente del PP contestó que ha algunas medidas llamativas pero de «aplicación muy limitada» pues la mayoría de los parlamentarios trabaja y cotiza antes y después de llegar a las Cortes Generales. «No tengo inconveniente de abordar éste y otros temas de funcionamiento de régimen interno», señaló.

    Incluso el ministro de Fomento y vicesecretario del PSOE, José Blanco, se ha mostrado dispuesto a corregir el régimen de pensiones del que disfrutan estos cargos públicos, funcionarios con cargos públicos y otras situaciones donde falte «equidad». «Estoy dispuesto a corregir esta situación y a que el sistema introduzca más equidad. No sólo en eso [diputados y senadores]. Hay muchos casos en distintos ámbitos y estoy dispuesto a hablar de todo, asumiendo errores. No debe haber excepciones dentro de los parámetros de sostenibilidad, futuro y equidad de las pensiones», aseguró el martes 2 de febrero en una entrevista con TVE. UpyD lo tiene claro: «Lo que hay que hacer es limitar estos privilegios y que los miembros de las cámaras tengan las pensiones que les correspondan de acuerdo con las Leyes de Seguridad Social y Clases Pasivas, igual que el resto de ciudadanos».

    Marga Castillo – Expansión

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  • ¿Por qué no se aplica el FMI sus propias recomendaciones?

    Una vez más, el FMI ha reclamado reformar y liberalizar el mercado laboral español. A la habitual petición de agilizar el despido, se suma la de bajar los salarios. Personalmente, ambas ideas me parecen bastante razonables (puede poner sus insultos más abajo) dada la situación económica de España.

    28-01-2010El problema no es qué se dice, sino quién lo dice. Que el FMI proclame la liberalización de cualquier mercado de trabajo, o la ampliación de la edad de jubilación es como que Hugh Heffner defienda la castidad.

    Porque el FMI hace exactamente lo contrario de lo que predica. Es burocrático, está politizado y no es transparente. Hasta 1999 el salario de su director gerente era secreto, como si se tratara de los planos de la bomba atómica o de la fórmula de la Coca-Cola. Aún hoy, en función de un acuerdo ‘de caballeros’ (ya se sabe que los pactos en la Mafia también son entre caballeros) la institución sólo puede ser presididar por un europeo.

    Y éstos son los que hablan de modernizar.

    Veamos, ahora, la flexibilidad del Fondo.

    Hace apenas un año y medio, con la institución jugando el papel de florero en la economía mundial,  y con un déficit del 40% (¿cómo se puede gestionar algo tan mal que los gastos superen a los ingresos un 40%? Muy fácil: abriendo un nuevo edificio justo cuando la demanda de los servicios de la institución se estaban desplomando), el FMI no tuvo más alternativa que llevar a cabo un miniajuste de plantilla.

    No es fácil ajustar la plantilla en un sitio en que el becario medio cobra 300 dólares (210 euros) diarios libres de impuestos. Así que el ERE del Fondo fue, más o menos, como sigue.

    Las compensaciones eran de entre 6 y 22 meses de salario (curioso concepto del despido libre). También se organizó un plan dejubilaciones anticipadas que mandaba al retiro a todos los empleados de 62 años, tres menos de la edad de jubilación habitual.

    Claro que, añadiendo insulto a la herida, como dicen los anglosajones (“adding insult to injury”), los que se fueran del Fondo podían mantener sus planes de pensiones y ejecutarlos a los 65, si así lo deseaban, en una espectacular plasmación práctica de cómo hay que combatir la siempre acechante y nunca realizada crisis de las pensiones y de beneficiarnos del aumento de la esperanza de vida media.

    Otras durísimas medidas fueron incluir, en determinados casos, el copago en los planes de salud, algo que el FMI lleva décadas pidiendo que se aplique… a los demás. Y algunas medidas de crueldad incalculable. Un ejemplo era lo relativo a los viajes. Hasta entonces cuando un funcionario del FMI viajaba a otro continente, tenía derecho quedarse, literalmente descansando, dos días en un punto intermedio, con unas dietas que rondaban los 600 dólares (420 euros) diarios. Era el llamado ‘stopover’. En dos días de stopover, un funcionario gastaba 820 euros como mínimo. Casi el sueldo de un mileurista que ahora acaso el Fondo considere exorbitantemente alto.

    Pero el funcionario podía elegir dónde se quedaba, Si iba de misión a África, por ejemplo, podía quedarse a recuperarse del jetlag en Zanzíbar. Si iba a Oriente medio, en el Mar Egeo. Si iba a Perú, podía hacer un cómodo stopover en las Galápagos. Eso, si le gustaban las vacaciones naturales. Si no, los stopovers eran en ParísLondres o Miami.

    Ésa es la institución que quiere liberalizarnos.

    Blog «No doy crédito» El Mundo

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