Autor: Comfia Asepeyo

  • Zapatero avanza subidas impositivas en rentas de capital y plusvalías, además de cambios en los 400 euros.

    No tocará el IRPF ni Sociedades, excepto la bajada ya anunciada para las pymes que mantengan o creen empleo.

    01-09-2009 – El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció hoy que el Gobierno considerará cambios impositivos en las rentas de capital y las plusvalías, y que «tocará y modificará» la deducción de 400 euros en el IRPF para hacer frente a la recesión económica y a la caída de la recaudación.

    En una rueda de prensa con el primer ministro sueco y presidente de turno de la UE, Fredrik Reinfeldt, Zapatero aseguró que el Ejecutivo, en cambio, «no tocará» los tipos del IRPF ni el Impuesto de Sociedades, exceptuando la bajada ya anunciada para pymes que mantengan y creen empleo. «Hemos apuntado por dónde van las premisas», indicó.

    Las rentas del capital son las que proceden de productos financieros, como depósitos bancarios, beneficios de fondos de inversión, seguros de vida o plusvalías obtenidas por la venta de acciones o viviendas.

    «Esto es en lo que estamos trabajando, tengamos prudencia y esperemos a la Ley de Presupuestos», señaló Zapatero, que reiteró que los cambios impositivos serán «prudentes, moderados y limitados», lo que permitirá que la presión fiscal siga en niveles «parecidos e incluso menores» a los que registró antes de que llegara al poder.

    Así, el presidente confirmó que los cambios impositivos en los que trabaja el Gobierno no afectarán finalmente a las rentas del trabajo ni a las empresas, al asegurar que sólo hay cierto espacio en el entorno a los 400 euros y en «algún otro espacio fiscal», que finalmente identificó como las rentas de capital y las plusvalías.

    «No contemplamos tocar los tipos de IRPF», garantizó, tras explicar que, en un momento como el actual en el que se necesita tanto empleo, es necesario preservar las rentas del trabajo para no encarecer los puestos de trabajo.

    Zapatero reiteró una vez más que la política fiscal es un instrumento que el Gobierno debe utilizar para responder a la situación económica, sobre todo, cuando hay cambios tan bruscos como el que ha habido en los últimos tiempos.

    En este sentido, recordó que cuando los tipos de interés llegaron al 5% el Gobierno reaccionó con una respuesta fiscal «razonable» en beneficio de todos los ciudadanos, que consistió en crear una deducción extra de 400 euros en el IRPF para transferir 6.000 millones a la sociedad española.

    «ES RAZONABLE».

    Asimismo, consideró que, en una grave crisis que obliga a incrementar el gasto para garantizar la cohesión social, el Gobierno «está obligado» a pedir a una parte importante de la sociedad que haga un «pequeño esfuerzo» para ayudar a la gente que tiene más dificultades.

    «¿Por qué se lo pediremos? Porque es razonable», subrayó Zapatero, quien aseguró que, una vez que la economía lo permita, el Gobierno socialista volverá a bajar los impuestos. «No lo hacemos por subir impuestos, la tendencia de este Gobierno es bajarlos», destacó.

    En este sentido, recordó que el Ejecutivo socialista ha realizado una reducción impositiva de unos dos puntos del PIB desde que está en el poder (20.000 millones de euros), centrada en una rebaja de cinco puntos en el Impuesto de Sociedades, en cambios en los tipos del IRPF (subida del mínimo exento y deducción de 400 euros) y la supresión del Impuesto del Patrimonio.

    Finalmente, Zapatero subrayó que todas las reformas que se vayan a acometerse se aprobarán por Ley, por lo que el Parlamento jugará un papel «esencial» en este asunto. «El Gobierno debe dialogar con los grupos políticos para lograr un consenso lo más amplio posible», añadió

    «ESO NO ES IMPROVISAR, ESO ES GOBERNAR».

    Asimismo, defendió la labor del Gobierno en esta materia y aseguró que lo único que ha hecho el Ejecutivo ha sido responder a la situación económica. «Eso no es improvisar, sino ser consciente de la coyuntura que se vive», señaló el presidente, quien se mostró convencido de que muchos ciudadanos entenderán las subidas impositivas.

    «Con una pequeña aportación, cada español va a favorecer que una persona que ya no tiene prestación asistencial pueda tenerla durante seis meses y pueda hacer un curso de formación. Eso es lo que vamos a pedir y estoy convencido de que es razonable. No es improvisar, sino responder a la situación, eso es gobernar», subrayó.

    Europa Press

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  • El 75% de los empresarios españoles pagan a Hacienda como mileuristas

    Los emprendedores declaran ante el erario público que ganan de media menos que los asalariados, y esa brecha retributiva, que encubre un fraude, ha crecido desde 1993.

    31-08-2009

    La carga fiscal de los españoles está siete puntos por debajo de la media de la UE. Así lo dijo el presidente Zapatero, tras lo cual confirmó una inminente subida de impuestos con la que quitar las telarañas de las arcas públicas. Pero por más que el Gobierno lance mensajes pretendidamente tranquilizadores, que el esfuerzo tributario del ciudadano medio amenace con hacerse más intenso preocupa. Especialmente porque, pese al conocido eslogan de que «Hacienda somos todos», la realidad muestra que unos más que otros, y que el fraude fiscal en España goza de buena salud.

    Dos datos llamativos y que invitan a la reflexión son que solo un 3% de contribuyentes declaran ganar más de 60.000 euros, así como que tres de cada cuatro empresarios y profesionales se declaren mileuristas, según informes del colectivo de Técnicos de Hacienda (Gestha).

    Un mileurista -retribución del 62 % de los asalariados españoles y de siete de cada diez gallegos- tributa a Hacienda un 24% (el tipo mínimo), mientras que alguien que especule con el ladrillo (lo que se conoce como pase inmobiliario, es decir, dar una señal por un piso y revenderlo antes de escriturar) pagará por esos beneficios un 18%.

    Asimismo, un autónomo tiene más opciones de ocultar sus beneficios y tributar menos que un trabajador y, como guinda, cualquier millonario puede constituir una sociedad de inversión de capital variable (sicav) y abonar al fisco un exiguo 1%. ¿Quién, cómo y cuánto pagamos en impuestos? ¿Es posible que el Gobierno aumente la recaudación sin estrangular a quienes menos recursos tienen? Y, sobre todo, ¿hay vías alternativas a la anunciada subida impositiva?

    Solo el 3% de los contribuyentes declaran en el IRPF ganar más de 60.000 euros.

    El IRPF es el tributo estrella del sistema fiscal español, pues aporta la mayor inyección de liquidez a las arcas públicas. Su última reforma normativa, que entró en vigor en el año 2007, redujo a cuatro los tramos de la tarifa. De este modo, la menor fiscalidad (24%) se aplica hasta los 17.360 euros, aunque quienes tengan solo rentas del trabajo de hasta 22.000 euros están exentos de declarar. Entre los 17.360 y los 32.360 euros de retribuciones pagarán el 28%. La siguiente horquilla (37%) se aplica hasta los 52.360 euros de sueldo y quienes ganen por encima de esa cuantía tributarán al tipo máximo: el 43%, que era dos puntos superior hasta el 2006.

    El inconveniente de gravar más a las rentas más altas, como planteó el ministro de Fomento, José Blanco, es que su impacto recaudatorio sería «mínimo», como la ministra Salgado corrigió en el Congreso, porque solo el 3% de los 18 millones de declaraciones superan los 60.000 euros de renta.

     Cristiano Ronaldo y Kaká pagan a Hacienda como mileuristas.

    Los fichajes multimillonarios de figuras del fútbol como Kaká o Cristiano Ronaldo volvieron a poner de actualidad la fiscalidad que se les aplica a los extranjeros no residentes. Y es que, con el objetivo de atraer inversión extranjera, empresas y talentos foráneos, el Gobierno aprobó una tributación reducida para los extranjeros no residentes quienes, por espacio de seis años, cotizarán al tipo mínimo. Es decir, que los astros del balón, entre otros profesionales de altos salarios, pagan a Hacienda como si fueran mileuristas, mientras que sus compañeros españoles están sujetos al 43%. Pese a las críticas recibidas desde la izquierda del arco parlamentario, el PSOE se negó en junio a modificar la ley, presionado por los catalanes de CiU.

    Los empresarios declaran ganar menos que los asalariados y la brecha crece.

    Según los colectivos de Inspectores de Hacienda y de Técnicos del Ministerio, atacar con eficacia el fraude sería la mejor receta para sanear las cuentas públicas. Un ejemplo lo constituye lo que declaran ganar los empresarios, que sitúa a 1,6 millones de ellos, es decir, las tres cuartas partes del total, como mileuristas.

    Según datos de Gestha, en 1993, en la primera estadística de la renta, los empresarios declaraban de media 10.260 euros (entonces en pesetas) y por el sistema de módulos aún menos (9.201 euros), mientras que los trabajadores declaraban un promedio de 11.774 euros. Eso significa que los emprendedores en tributación directa declaraban 1.414 euros menos que los trabajadores, y los de módulos 2.472 menos.

    Lejos de corregirse, la brecha de 1993 se ha acrecentado en catorce años. Con los datos del 2007, los empresarios declaran ganar de media 13.525 euros, frente a los 18.400 que recogen la declaración de la renta de los asalariados. Es decir, una diferencia de casi 5.000 euros.

    Las grandes fortunas ganaron la batalla y tributan al 1%.

    A través de las sociedades de inversión de capital variable (sicav) en las que las grandes fortunas colocan sus activos, los mayores patrimonios del país reducen al 1% su tributación. Y es que una resolución del Tribunal Económico Administrativo Central (TEAC) les dio la razón frente a los inspectores de Hacienda, que entendían que no cumplían los requisitos de las sociedades de inversión colectiva (mínimo de 100 accionistas, cuando solían ser sociedades patrimoniales y estar en manos de las grandes familias) y que deberían tributar al 30%, como el resto de sociedades. Las fortunas vencieron al fisco.

    Natalia Bore

    La Voz de Galicia

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  • Los impuestos que vienen

    Las arcas del Estado viven este año un deterioro sin precedentes. Subir el IRPF a las rentas altas es la medida que menos gusta en Hacienda. La deducción de 400 euros cuesta 4.000 millones anuales al Estado. La gran baza por explotar es la llamada fiscalidad ‘verde’.

    31-08-2009 – La imaginación se impone a la calculadora en el diseño de las cuentas del Estado para el año próximo. Más que sumar y restar, Hacienda deberá recurrir a la creatividad para cuadrar los Presupuesto de 2010, los más complejos de la historia económica reciente. Cerrar el ejercicio con unas arcas menos maltrechas que las de este año, como pretende el Ejecutivo, obliga a algo más que contener el gasto. Las subidas de impuestos emergen como la única alternativa creíble -también la más impopular- para que los números aguanten sobre el papel.

    Las arcas del Estado viven este año un deterioro insólito, que dejará como herencia el volumen de déficit más abultado de la serie, que arranca en los años ochenta. Hacienda admite un 9,5% del producto interior bruto (PIB) a final de 2009, una cifra fácilmente superable por la realidad. Y a pesar de que pocos analistas creen que la recuperación se vislumbre claramente el año próximo, el Gobierno cuenta con mejorar el nivel de déficit hasta el 7,9% en 2010. Más allá de la fe confesa en las posibilidades de la economía española, la cifra encierra alguna subida fiscal ya confirmada por el presidente del Gobierno, aunque sin concretar.

    «Todas las figuras tributarias están en revisión», repiten incansablemente en el Ministerio de Economía para evitar dar pistas sobre sus intenciones. Con la idea, expresada por muchos economistas, de que anticipar las subidas fiscales entorpece la recuperación, el departamento que dirige Elena Salgado se guarda el as en la manga hasta el momento de presentar los Presupuestos de 2010, dentro de un mes escaso. José Luis Rodríguez Zapatero ofreció el pasado viernes alguna pista sobre los cambios fiscales que se avecinan e intentó tranquilizar a la ciudadanía con la idea de que el mayor esfuerzo tributario que se les va a pedir será «temporal». Un concepto un tanto heterodoxo cuando se habla del marco fiscal, al que se le suele exigir previsibilidad.

    La maniobra más aireada hasta ahora -subir el IRPF a las rentas altas- es la que menos gusta en Hacienda. Y las palabras del presidente -«la actividad de las empresas y los ingresos por trabajo deben ser respetados y preservados»- sugieren que no se ejecutará. Sólo dos años después de aplicar una reforma fiscal que recortó dos puntos (hasta el 43%) el tipo que grava a los más acaudalados, dar marcha atrás se avecina complejo. Salgado esgrime el «mínimo impacto recaudatorio» de una medida de ese tipo, pues los contribuyentes con ingresos anuales superiores a 60.000 euros representan un exiguo 3% del total. Pero lo cierto es que ese colectivo tan reducido aporta el 38% de los recursos por IRPF, según datos de la Agencia Tributaria. Así, elevar la tributación en ese segmento permitiría arañar una buena parte del dinero que Hacienda busca desesperadamente.

    El principal riesgo de esta medida consiste en deprimir el ritmo de consumo e inversión de las rentas más altas en un momento en que la economía necesita dinamismo. «No es una buena idea. Las rentas altas son las que más invierten y más empleo crean, así que es un arma de doble filo», argumenta Juan Carlos Conesa, del departamento de economía e historia económica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

    La mayoría de los expertos son reacios a plantear subidas aisladas del IRPF, algo bastante impopular que supone desandar el camino transitado por todos los Gobiernos -tanto del PP como del PSOE- en los 10 últimos años. Algunos sí contemplan ese giro, pero dentro de un paquete más amplio. «Aceptaría incrementos selectivos de la presión fiscal para que quede claro que pagamos todos», explica Guillem López Casasnovas, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra y consejero del Banco de España. Este experto critica la «dualidad fiscal» que evidencian unos tipos máximos del 43% para las rentas del trabajo y del 18% para las del capital.

    Aunque no sea la opción preferida por la vicepresidenta Salgado, la necesidad de granjearse las simpatías de los grupos de izquierda en el Congreso puede alterar sus intenciones. Subir los impuestos a las rentas altas trasladaría un marcado mensaje político que Esquerra Republicana, Iniciativa per Catalunya-Izquierda Unida y el Bloque Nacionalista Galego pueden exigir para prestar su apoyo a los Presupuestos. Y el fin último del Gobierno es que sus cuentas salgan adelante.

    En comparación con los socios europeos, la economía española aún tiene margen para aumentar la presión fiscal, es decir, el peso de los ingresos impositivos sobre el total de la economía. España alcanzaba el 37% sobre el PIB en 2007, según datos de Eurostat, la oficina estadística comunitaria, frente al 40% de media de la eurozona. Y el año pasado, la crisis relajó la presión fiscal española casi cinco puntos, hasta el 32,8%.

    En ese contexto, Hacienda está dispuesta a explorar esa vía sin remordimientos. Uno de los retoques fiscales que considera más plausibles para 2010 es la supresión de prebendas otorgadas improvisadamente en los años de bonanza y que ahora lastran las cuentas públicas. La primera es la deducción indiscriminada de 400 euros en el IRPF. Esa medida detrae cada año 4.000 millones de las arcas del Estado, casi la mitad de lo que el Ejecutivo pretende ahorrar para 2010. Quitarle el carácter universal permitiría un buen ahorro. Algo similar se planteó el ministerio con los 2.500 euros por nacimiento de hijo, aunque esa hipótesis quedó desactivada por Zapatero tras el Consejo de Ministros del viernes.

    «Reemplazar subsidios generalizados como el cheque bebé, la deducción por compra de vivienda y los 400 euros por medidas con un efecto más directo sobre gasto y empleo sería acertado, además de poder dirigirse más fácilmente a los sectores desfavorecidos», razona Tomás Baliño, ex subdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    Los sindicatos se han mostrado beligerantes contra estas dos medidas, pero van más allá. «Se trata de crear una política fiscal equitativa, cosa que no se ha producido con determinadas rebajas fiscales de los últimos años», critica Toni Ferrer, de UGT. El responsable de acción sindical de esta organización pide recuperar el impuesto del patrimonio, eliminado el año pasado, una idea con la que coincide Paloma López, de Comisiones Obreras. «Recuperar patrimonio y sucesiones [un impuesto muy rebajado por las comunidades autónomas] sería lo más inmediato. Y luego habría que revisar todas las demás figuras», añade.

    Parece poco probable que el Gobierno se decida a rescatar un impuesto eliminado hace sólo un año. Pero caben otras opciones. «Dar marcha atrás es muy difícil. Tendrían que inventarse algún impuesto ingenioso», apunta Laura de Pablos, del departamento de hacienda pública y política fiscal de la Universidad Complutense de Madrid. Esta experta pone un ejemplo: Holanda eliminó el tributo del patrimonio como tal, pero impuso una especie de cálculo objetivo, similar al sistema español de módulos, para gravar el patrimonio de los ciudadanos en una cantidad equivalente al 1%.

    De Pablos aboga por recuperar este tributo, aumentar los impuestos especiales (tabaco, alcohol y gasolinas) y, ligada a esta última idea, explorar la fiscalidad medioambiental. Para el resto de opciones -tocar renta y sociedades- no cree que sea el momento, pues supondría una reforma improvisada, como las que se han hecho hasta ahora. «No se pueden tener impuestos bajos para todos y servicios casi gratuitos también para todos», argumenta esta experta, que sugiere repensarlo todo con tranquilidad.

    Esa petición, respaldada por varios analistas, es demasiado ambiciosa como para caber en los Presupuestos de 2010. El Ejecutivo no ha planteado -al menos de momento- una reforma radical del gasto. La única medida que se vislumbra es una cuasicongelación en el salario de los funcionarios. Con ella, el Gobierno logrará arañar recursos, pero nada que modifique sustancialmente la composición del gasto. Porque la mayor parte de los Presupuestos está comprometida de un año para otro. Un tercio del dinero se destina a las pensiones; otra buena parte -cada vez mayor-, a las prestaciones por desempleo, y el 17%, a los empleados públicos. Así que el margen de maniobra es escaso.

    «El debate está mal planteado. No se trata de ver si se suben impuestos, sino de mirar los gastos. En los últimos 10 años de expansión económica, los gastos no tenían por qué haber crecido tanto. Y lo han hecho como si fueran tiempos de dificultades», sostiene Hugo Rodríguez, investigador del Instituto de Análisis Económico del CSIC.

    De tocar algún tributo, Rodríguez recomienda elevar el IVA, que «tiene menos efectos secundarios: distorsiona menos el consumo y no afecta a la competitividad de las exportaciones [las ventas al exterior no pagan IVA]». En principio, el Ejecutivo se ha mostrado contrario a aplicar esa medida, reclamada por la CEOE, con la idea de que puede penalizar el consumo y, además, es regresiva, pues todos los contribuyentes pagan IVA por igual, independientemente de sus ingresos.

    El impuesto que parece más inmune a los cambios es el de sociedades, especialmente tras las pinceladas esbozadas el viernes por Zapatero. El Gobierno ya redujo entre 2007 y 2008, del 35% al 30% (25% para las pymes), lo que pagan las empresas por sus beneficios. En un momento en que las ganancias empresariales adelgazan, el impacto recaudatorio sería más tímido.

    La gran baza por explorar es la llamada fiscalidad verde. El Ejecutivo ha iniciado esa senda al elevar este año los impuestos sobre el tabaco y los carburantes. Pero existe una infinidad de actividades contaminantes y explotación de recursos por gravar. Y no sólo en España. Un estudio de Eurostat sobre tendencias fiscales en la Unión Europea asegura que apenas uno de cada 15 euros de los ingresos de los países comunitarios proviene de los impuestos medioambientales. La situación ha cambiado desde 2006, año de publicación de ese documento, pero la tributación medioambiental sigue siendo incipiente en la mayor parte de los países, especialmente los mediterráneos.

    Más allá de las tasas verdes, el estudio señala la tendencia observada en todos los países comunitarios de reducir impuestos en épocas de bonanza, aunque algunos países están dando marcha atrás acuciados por la falta de recursos. Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos han elevado el tipo máximo del IRPF, pero otros como Francia han decidido no subir impuestos y Alemania se ha atrevido con la idea contraria: ha prometido una rebaja fiscal de 15.000 millones -en la antesala de las elecciones del 27 de septiembre- para reactivar el consumo en la próxima legislatura.

    Una fórmula aparentemente indolora de cuadrar las cuentas sin adoptar reformas drásticas ni en los ingresos ni en los gastos consiste en endeudarse más. España aún puede ahondar en esa vertiente, pues su nivel de deuda es reducido. En los Presupuestos de 2009 rozaba el 40%, pero la magnitud de la crisis ha debido de disparar este indicador, aunque por debajo del 60% que permite la Europa comunitaria.

    Pese a que endeudarse supone trasladar los costes de esa carga al futuro, es previsible que el Ejecutivo opte por engrosar la deuda y mantenga las políticas que considera señas de identidad, como la subida de las pensiones mínimas o la inversión en I+D. Una estrategia, necesaria en tiempos de crisis, que representa otra forma de subir impuestos, pero a las generaciones futuras.

    El riesgo de tolerar el fraude

    Algunos contribuyentes atenazados por la crisis económica pueden considerar poco arriesgado defraudar al fisco en comparación con las ganancias que les puede reportar (evitar la quiebra). Con esa tesis, el Fondo Monetario Internacional (FIM) recomienda a las autoridades tributarias que estrechen el cerco sobre los potenciales defraudadores en un momento en que los recursos públicos escasean. «Tolerar el incumplimiento fiscal no constituye una respuesta apropiada a la crisis», asegura el organismo en un informe del pasado julio. El autor, John Brondolo, admite la tentación que pueden tener los Gobiernos de mirar hacia otro lado con la idea de que la actividad sumergida, al menos, dinamiza la economía, pero anima a las agencias tributarias a evitar esa postura. En su lugar propone aplicar estímulos fiscales y facilidades al contribuyente para aliviar su situación.

    El documento señala el sector financiero como uno de los que más fácilmente pueden escapar al fisco por la complejidad de sus productos. «Esos riesgos de incumplimiento de las obligaciones fiscales tienen que tenerse en cuenta», advierte.

    La Agencia Tributaria asegura haber puesto un mayor empeño estos dos últimos años en controlar la economía sumergida, aunque su principal objetivo sigue siendo «el gran fraude». Este organismo prevé terminar el año con una mejora en los ingresos derivados de la lucha contra el fraude superior a la del año pasado. En 2008 recaudó 6.518 millones de euros por ese concepto. La cantidad representa un 9,5% más que el año anterior. –

    LUCÍA ABELLÁN
    El Pais

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  • Corbacho culpa a la banca de provocar la crisis del ladrillo en España y le pide que entone el ‘mea culpa’.

    El ministro de Trabajo sostiene que «la avaricia» financiera es «el origen indiscutible» de la crisis.

    25-08-2009 – El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Celestino Corbacho, acusó hoy a bancos y cajas de ahorros de provocar la crisis del sector inmobiliario y de la construcción a través de la desmesurada concesión tanto de créditos a los promotores como de hipotecas.

    «Ya que desde el sector financiero se dan tantos consejos al sector laboral, voy a recordarle una cosa: que es el culpable de la situación del ladrillo. La inflación del sector inmobiliario, quien la amparó, quien la promovió fue el sector financiero», dijo Corbacho en declaraciones a Europa Press.

    El ministro de Trabajo argumentó que no se hubiese construido tanto en España si las hipotecas no se hubiesen dado «al 120% del valor» de tasación del inmueble y si no se hubiesen dado créditos para la adquisición de solares «con tanta facilidad».

    La situación económica ahora sería diferente si no se hubiese facilitando tanto la financiación en sectores «de corto plazo y altos beneficios, en lugar de en sectores estratégicos de más largo recorrido», estimó Corbacho.

    «Y a mí me gustaría que algún responsable del sector financiero saliera algún día y dijera: ganamos mucho dinero en aquella época, pero probablemente nos equivocamos», dijo el ministro, para quien es necesario pensar que en el futuro la economía disponible del sector financiero «no debe volver al ladrillo, más allá del espacio que el ladrillo tiene que ocupar, que no es poco».

    Según los cálculos del responsable de Trabajo, España tiene un mercado potencial de demanda de unas 400.000 viviendas. «Me parece razonable que se habiliten facilidades para dar créditos y sobre todo hipotecas, aunque sea al 80% (del valor de tasación) para que la gente compre un piso de VPO, que actualmente tienen dificultades», indicó.

    A su parecer, falta llevar a cabo un análisis en la situación actual. «Todo el mundo me da consejos de lo que tengo que hacer como ministro, pero nunca escucho a los del sector financiero decir: ‘nos hemos equivocado nosotros también, y en alguna parte de esta crisis hemos sido responsables’», lamentó Corbacho.

    «AVARICIA FINANCIERA».

    Para el ministro de Trabajo, la crisis actual «tiene un primer origen indiscutible, que es la avaricia financiera», que ha impactado en la economía real provocando un enfriamiento y un ajuste que afecta directamente a los ciudadanos.

    «No estaríamos aquí si no hubiera habido un modelo de avaricia financiera como el que hemos tenido», insistió el ministro, y advirtió de que la incertidumbre y la inseguridad que este escenario provoca en los ciudadanos tiene otro efecto, retraer el consumo y provocar pérdidas de empleo.

    «Se apodera de los ciudadanos la incertidumbre e inseguridad, y eso hace que se retraiga el consumo de manera potente, se ajuste la producción y se pierda mucho empleo, y en ese contexto cobra una especial importancia trasladar mensajes de confianza a los ciudadanos», recalcó.

    CRITICA EL ALARMISMO DE LA CEOE.

    En este escenario, Corbacho arremetió de nuevo contra la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) por no ser capaz de ver que es necesario trasladar un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía para reactivar el consumo. «Eso es lo que la CEOE no ha sabido ver», lamentó Corbacho.

    Preguntado por qué opinión le merecen los salarios y altos ‘bonus’ que cobran algunos directivos de la banca, Corbacho dijo que le gustaría saber a cuánto asciende su indemnización por despido, aunque consideró que, probablemente, dispongan de contratos blindados. La Asociación Española de Banca (AEB) forma parte de la patronal que preside Gerardo Díaz Ferrán.

    Europa Press

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  • El Gobierno planea subir impuestos a las rentas altas para capear la crisis.

    Se trata de garantizar las prestaciones sociales y la inversión pública, según Blanco – El PP advierte que se volverán a penalizar las rentas medias. Tanto CCOO como UGT aplauden un aumento de la progresividad fiscal.

     

    21-08-2009 – Terminó la era de proclamar que bajar los impuestos es de izquierdas. El cambio en la política fiscal del Gobierno socialista está en marcha: José Blanco, número dos del PSOE y ministro de Fomento, anunció ayer que el Ejecutivo planea una subida de impuestos para las rentas altas. «Si es necesario elevar determinados tipos impositivos para garantizar políticas sociales o inversiones públicas habrá que hacerlo», declaró a la cadena SER. Traducción libre: hay que subir impuestos -a los ricos y muy probablemente a las rentas medias- para pagar medidas como la ampliación de las ayudas a los parados y hacer frente a los enormes costes de la recesión, con el déficit público galopando hacia niveles nunca vistos, en torno al 10% del PIB.

    Blanco se une así a la marea de declaraciones que vienen anunciando desde el Gobierno el cambio de rumbo fiscal. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero y la vicepresidenta Elena Salgado han advertido recientemente de que no hay más remedio que pasar revista a todos los impuestos para embridar el déficit. Y no son sólo palabras: el Ejecutivo subió en junio la tributación sobre el tabaco y las gasolinas, y ha anunciado la eliminación parcial de la deducción por vivienda en 2011. En las negociaciones -ya rotas- con los agentes sociales se habló de reducir las cotizaciones sociales y subir el IVA, y sobre la mesa está también la posibilidad de eliminar total o parcialmente medidas discutidas, como la deducción de los 400 euros o el cheque-bebé. Cualquiera de esos cambios que el Gobierno tiene en mente se incluirá en los Presupuestos del Estado de 2010.

    Se cierra así una larga etapa en la que Gobiernos del PP y del PSOE pudieron bajar impuestos y al mismo tiempo mantener (con matices) la calidad de los servicios públicos ante el imponente crecimiento de los últimos años. Con la llegada de la crisis y los cuatro millones de parados se desploman los ingresos del Estado y se disparan los gastos. Lo mismo sucede en todo el mundo, lo que ha llevado a organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) a defender la necesidad de impulsar subidas tributarias.

    Las respuestas a esa tendencia son dispares: Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, países con déficit públicos disparados, han aprobado ya subidas fiscales para los ricos. Pero Alemania ha anunciado una rebaja de 13.000 millones de euros -en pleno año electoral- y Francia se niega a subirlos. «No aumentaré los impuestos porque eso retrasaría la salida de la crisis», aseguró en julio el presidente Nicolas Sarkozy.

    Ése es el dilema. El Gobierno ha diseñado un ambicioso plan anticrisis, pero ahora se enfrenta a las consecuencias en forma de un abultado déficit público y de la necesidad de dar un giro fiscal para reducirlo ante la presión que impone el Pacto de Estabilidad de la UE. El Banco de España ya ha avisado de que futuras subidas de impuestos «pueden acabar esterilizando los efectos expansivos» de las medidas de estímulo.

    Pero el titular de Fomento no titubeó ayer a la hora de reabrir un debate espinoso. «Soy partidario de ayudar a los que más lo necesitan y si para ello los que tienen más recursos tienen que apretarse el cinturón, habrá que decirlo con claridad a la sociedad», destacó Blanco, que más tarde recalcó que ese planteamiento es «una reflexión personal».

    El problema es que no es fácil delimitar ese colectivo que el número dos del PSOE define como «las personas que tienen más renta». El Ejecutivo acaba de eliminar el impuesto sobre el patrimonio. Si el Gobierno se decide por subir el IRPF, lo más probable es que el grueso de las subidas recaiga sobre las rentas medias: sólo el 3% de los contribuyentes declara más de 60.000 euros anuales. Y sólo el 20% declara más de 30.000. Los más ricos, además, tributan a través de sociedades de capital variable (sicav), que pagan sólo el 1% de impuestos.

    Una vez abierto el melón fiscal, las reacciones no tardaron en producirse. El portavoz del PP, Cristóbal Montoro, aseguró que los planes del Gobierno perjudicarán principalmente a las clases medias, «las auténticas pagadoras». «Detrás del titular simpático de subir los impuestos a los ricos están en realidad las rentas medias, a quienes ya afectó la subida de carburantes y del tabaco», criticó. Blanco contraatacó y acusó al PP de hacer demagogia: «Es imposible hacerlo todo bajando impuestos y recortando gasto público. Si pensamos ampliar la cobertura a los parados hay que tener claro que ese dinero sale de las arcas del Estado, y los recursos son limitados». Tampoco la izquierda lo ve claro. El coordinador de IU, Gaspar Llamazares, dijo que el Gobierno «lleva toda la legislatura hablando de recuperar una política fiscal más progresiva, pero su política tributaria de los últimos años es la contraria».

    Tanto Comisiones Obreras como UGT aplaudieron la propuesta. Paloma López, de CC OO, propuso que el aumento se aplique a aquellos que ganen más de 60.000 euros brutos anuales y sostuvo que en todo caso las modificaciones fiscales tienen que perseguir una mayor progresividad. UGT apoyó la medida, al considerarla necesaria para financiar las políticas de gasto en un contexto de crisis económica. Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical, pidió que se revisen los tipos impositivos de patrimonio, el de sociedades y el IRPF de las rentas altas, en busca de que proporcionalmente paguen más quienes tengan más recursos. La CEOE rechazó evaluar una posible subida hasta que la medida sea oficial.

    Tras la ampliación del subsidio a los parados con menos rentas anunciada por Zapatero, la cicatriz del déficit sigue ampliándose: el propio Blanco anunció que licitará obra pública entre agosto y diciembre por valor de 6.086 millones, un 22% más que en los siete meses anteriores, con el objetivo de contribuir a la recuperación económica. A renglón seguido, anunció la posible subida de impuestos. Como dicen los economistas, no hay comidas gratis.

    EL GIRO FISCAL

    José Luis Rodríguez Zapatero

    – «Bajar los impuestos es de izquierdas» (2003).

    – «Los jóvenes de hoy pagarán menos impuestos mañana gracias al superávit» (enero de 2007).

    – «Si hay que tomar alguna medida será coyuntural y muy moderada» (julio de 2009).

    Elena Salgado

    – «Subir los impuestos a las rentas altas tendría un impacto mínimo» (mayo).

    – «Lo que es de izquierdas es tener recursos para mantener la protección social» (junio).

    – Pasaremos revista a todos los tributos» (junio).

    CLAUDI PÉREZ / DENISSE CEPEDA
    El Pais

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