Autor: Comfia Asepeyo

  • Salir del euro

    Durante diez años se ha vivido en una orgía económica en la que algunos se han enriquecido. Ha llegado la hora de pagar la factura.

    04-02-2009 – Frente a una visión ingenua de la crisis, la expuesta por Zapatero en el programa televisivo Tengo una pregunta para usted, según la cual todo se achaca a las hipotecas subprime y al mal funcionamiento del sistema financiero de EEUU, se alzan otras voces con un análisis más serio que consideran los anteriores acontecimientos tan sólo como el detonante, y que sitúan la causa de la crisis en las enormes contradicciones acumuladas por un sistema económico, el neoliberal, que hace agua por todas partes y que en España ha creado unos desequilibrios devastadores.

    Entre estas últimas voces se encuentra la del premio Nobel Paul Krugman, que sugiere que el euro no es una buena idea para España. Compara a nuestro país con Florida, pero, a diferencia del Estado americano, España no posee una unión política que le respalde, puesto que ni Europa ni la Unión Monetaria lo son. En Europa no existe tampoco un mercado integrado como el de EEUU.

    Para algunos, lo dicho por el premio Nobel no constituye ninguna novedad. Hemos criticado reiteradamente Maastricht y el proyecto de Unión Monetaria tal como se concibió. La pretensión de mantener una moneda única entre países muy heterogéneos, sin otros lazos de unión más que los de la libre circulación de mercancías y de capitales y de un remedo de presupuesto, no podía funcionar. La falta de integración en el mercado laboral, en la protección social y en el propio sistema tributario y presupuestario hacen casi imposible el mantenimiento a largo plazo de un tipo de cambio fijo y sin posibilidad alguna de ajuste, tal como se configura en la Unión Monetaria.

    Con anterioridad a la creación del euro, el Sistema Monetario Europeo había lanzado ya un mensaje de advertencia en 1993. Las monedas fueron incapaces de mantenerse en el margen al que se habían comprometido. Concretamente en España, el déficit por cuenta corriente alcanzó el 3% del PIB, lo que nos parecía en ese momento un nivel insostenible. La peseta no aguantó la presión y el entonces ministro de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga, muy a su pesar, se vio en la obligación de aceptar cuatro devaluaciones casi seguidas. Fue esta modificación del tipo de cambio la que permitió reconstruir la competitividad que se había perdido al mantener durante bastantes años una tasa de inflación superior a la de nuestros vecinos.

    Los defensores a ultranza de la Unión Monetaria contraatacan afirmando que nuestra permanencia en el euro ha permitido financiar hasta ahora, aunque con dificultades, nuestro déficit exterior, lo que hubiera sido imposible de continuar con la peseta. Pero es que de no haber estado en el euro nunca hubiéramos llegado a este nivel de endeudamiento porque la devaluación y, por tanto, la corrección de nuestro déficit exterior se hubiesen producido mucho antes.

    Pretenden convencernos de que las devaluaciones son nocivas porque representan un empobrecimiento frente al exterior. Pero tras ese argumento se esconde una falacia. Las devaluaciones no causan el empobrecimiento (al igual que la medicina no genera la enfermedad), únicamente reconocen en el orden monetario lo que ya ha ocurrido en la economía real y ayudan así a corregir el desequilibrio. La mentira radica en afirmar que la renta per cápita española había superado a la italiana cuando sólo se trataba de un espejismo contable al realizar las cuentas con una moneda sobrevalorada. Hemos vivido cerca de doce años en un mundo ilusorio y la realidad nos vuelve a colocar en nuestro sitio. El déficit exterior por cuenta corriente no alcanza como en el año 1993 el 3% del PIB, sino el 10%.

    Pero nos equivocaríamos si concluyésemos de todo lo anterior que la solución es sencilla, y que basta salirse de la Unión Monetaria. Es cierto que nuestra clase dirigente podría y debería haberse puesto en contra del Tratado de Maastricht en lugar de situarse al frente de la manifestación. Es verdad que en 1998 el Gobierno habría podido y debido no entrar en el euro; es muy posible que entonces ni siquiera se hubiera constituido la Unión Monetaria porque Italia hubiese adoptado la misma postura y Francia se hubiese negado a ir en solitario con Alemania. Todo eso se podría haber hecho, lo que ya no resulta tan fácil es dar marcha atrás una vez llegados a la situación actual y con el nivel de endeudamiento exterior que tenemos.

    Nos han conducido a una encrucijada de difícil salida. Antes o después, los desequilibrios tienen que corregirse, pero las alternativas son a cual peor. O salirse del euro y devaluar, con un impredecible coste a corto plazo, o recesión, paro, reducciones salariales y riesgo de establecerse permanentemente en la depresión.

    Todo ello era perfectamente previsible. Los que criticamos fuertemente el Tratado de Maastricht y la Unión Monetaria lo hicimos desde el convencimiento de que si permanecía el diferencial de la inflación con los países de la zona euro y si no se podía realizar el ajuste de la competitividad en el campo monetario devaluando la moneda, se efectuaría en el ámbito de la economía real, cuyo coste mediante paro y reducciones salariales caería sobre los trabajadores. Eso es lo que está ocurriendo. Durante diez años se ha vivido en una orgía económica en la que algunos se han enriquecido. Ha llegado la hora de pagar la factura. Sólo que ahora el coste va a recaer principalmente sobre los trabajadores.

    Juan Francisco Martín Seco
    Estrella Digital

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • Plan de Igualdad de Asepeyo

    YA ESTÁ FIRMADO EL PLAN DE IGUALDAD DE ASPEYO, el cual consideramos que será un referente en el sector. Nuestra implicación como sección sindical ha sido total y se han recogido todas nuestras reivindicaciones fruto del esfuerzo en la negociación.

     


    Plan de Igualdad Asepeyo

     

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • La batalla del empleo.

    La flexibilidad en el despido lo único que provoca es un agravamiento de la crisis al deprimir aún más la demanda.

     

    28-01-2009 – Los intereses económicos aprovecharon la crisis de los años 70, llamada del petróleo, para modificar el sistema económico de acuerdo con sus conveniencias. A partir de los gobiernos de Reagan y Thatcher, el sistema de economía mixta ha ido involucionando hacia un sistema neoliberal. Parece que en esta crisis, a juzgar por determinadas manifestaciones, pretenden de nuevo aplicar la misma estrategia con una gran irresponsabilidad (esta crisis nada tiene que ver con las de los años 73 y 79). El PP y los medios afines proponen rebajas fiscales y la CEOE pide al PSOE abaratar el despido, reformas laborales y, cómo no, reducir las cotizaciones sociales.

    El pasado día 24, Juan Antonio Sagardoy publicaba en el diario El País un artículo con el mismo título que he escogido para encabezar estas líneas. En él recoge todos los tópicos que los intereses empresariales aplican al mercado de trabajo. Todo el artículo va destinado a mostrar la ineficacia de las políticas pasivas (prestaciones del seguro de desempleo) y a cantar las excelencias de las políticas activas (incentivos empresariales), según la nomenclatura al uso, nomenclatura que, dicho sea de paso, nunca he entendido. Las llamadas políticas activas no son tales, como no sea para los empresarios, porque en realidad para lo único que sirven es para incrementar el excedente empresarial.

    El señor Sagardoy afirma que nadie contrata a quien no necesita ni despide a quien necesita. Estoy de acuerdo, pero lo que no comparto son las conclusiones que pretende extraer. Precisamente porque nadie contrata a quien no necesita, de poco servirán los incentivos fiscales y demás beneficios a los empresarios. Éstos no invertirán ni generarán empleo si no están seguros de vender sus productos y sus servicios. Lo que realmente se precisa, por tanto, es mantener e incentivar la demanda.

    El señor Sagardoy minusvalora los efectos de las obras públicas y de las prestaciones del seguro de desempleo, pero son precisamente estas medidas las más apropiadas para incentivar la demanda. Si de cebar la bomba se trata, hay que procurar que la pérdida de los efectos del multiplicador sea mínima y, por tanto, que las actuaciones públicas estén lo más cercanas posible a la demanda (inversión pública, ya que no hay ninguna seguridad de que la inversión privada reaccione) o se dirijan a colectivos con alta propensión a consumir, es decir, con escasa capacidad de ahorro. En este ranking, los parados ocupan un puesto de honor, e incrementar la cobertura y la prestación por desempleo no sólo es una medida óptima desde la perspectiva de la justicia social, sino también de las más eficientes a la hora de realizar una política expansiva.

    Fundamentar el crecimiento económico y la creación de empleo en los bajos costes laborales es un camino que no conduce a ninguna parte. Siempre habrá países con salarios más bajos y más reducidas cargas sociales. Entrar en esa batalla competitiva es una carrera sin fin. Los bajos salarios de nuestra economía no han impedido que nuestro país se haya situado a la cabeza de Europa en la velocidad con que se destruye el empleo. No conviene olvidar, además, la otra cara de la moneda. Las remuneraciones de los trabajadores, incluyendo las prestaciones sociales, son el reverso del consumo y éste constituye la parte más importante de la demanda y, por tanto, del PIB.

    Sagardoy tiene razón al afirmar que nadie despide a quien necesita. Pero sí se despide a quien se ha necesitado ayer y a quien se va a necesitar mañana. La cuestión se plantea en saber quién va a soportar el coste de la crisis, y por qué los empresarios que han obtenido cuantiosos beneficios en el pasado y van a volver a obtenerlos en el futuro no pueden asumir el coste actual. ¿Cuántas empresas podrían mantener a sus trabajadores aunque fuese con la contrapartida de ganar un poco menos? Existirán sin duda aquellas que están obligadas a despedir a sus empleados porque de ello depende su viabilidad, pero autorizar el despido cuando no es imprescindible por el simple hecho de que se pueda ajustar la plantilla provisionalmente, haciendo así ganar más dinero a las empresas, aparte de injusto, produce efectos muy negativos sobre la actividad económica.

    La flexibilidad en el despido lo único que provoca es un agravamiento de la crisis al deprimir aún más la demanda. Algo que los empresarios deberían tener muy en cuenta es que lo que en un primer momento de forma individual aparece beneficioso para ellos se puede convertir en contraproducente si se generaliza. Una generalización del despido más allá de lo necesario termina volviéndose contra las empresas al deprimir la demanda y la actividad.

    Juan Francisco Martín Seco
    Estrella Digital

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • El ‘tsunami’ de los despidos, una pesadilla lejos de acabar.

    Una oleada de despidos masivos recorre el mundo. Sólo en dos días, empresas financieras y no financieras han anunciado la supresión de al menos 77.000 puestos de trabajo en un intento de reducir costes y hacer frente a la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

    28-01-2009 – Las cifras son especialmente preocupantes en la industria bancaria, donde ya se han perdido más de 250.000 empleos. Pero tampoco escapan el sector del motor, el tecnológico, el farmacéutico o el industrial. Y las previsiones no son halagüeñas. La destrucción de empleo se prolongará durante 2009.

    Sólo en los dos últimos días empresas y entidades financieras de todo el mundo han anunciado al menos 77.000 despidos, cifra equivalente a los habitantes de Toledo capital o a los empleados que empresas como Inditex tienen en todo el mundo.
       
    Los recortes de empleo son la consecuencia de la entrada en recesión de las principales economías, después de que el estrangulamiento del mercado de crédito y el desplome de sectores como el constructor hayan paralizado la demanda por parte de los consumidores provocando una fuerte reducción de las ventas y obligando a las compañías a acometer severos recortes de costes.
       
    La peor parte se la lleva el sector financiero, donde más de 250.000 personas han perdido su empleo desde que estalló la crisis en 2007. El último banco en sumarse a la lista ha sido ING, que el lunes anunció que eliminará unos 7.000 puestos de trabajo con el objetivo de reducir los costes en 1.000 millones de euros. El grupo también ha decidido volver a solicitar ayuda del Estado para evitar nuevas pérdidas vinculadas a activos tóxicos. El Gobierno holandés ya le había inyectado en octubre 10.000 millones de euros.

    Más decepciones
    Lejos de cesar, todo apunta a que las entidades seguirán recortando plantilla en los próximos meses. UBS, por ejemplo, ha anunciado una segunda ronda de despidos dos meses después de la primera, lo que ha llevado a los expertos a advertir que otros miles de puestos de trabajo peligran en el sector financiero. Deutsche Bank y Credit Suisse podrían seguir los pasos del mayor banco suizo en la medida en que persiste el deterioro de los mercados y los Gobiernos preparan el desarrollo de los planes de rescate iniciales, adoptados el pasado otoño.
       
    «La banca de inversión seguirá redimensionándose e intentando volver a la rentabilidad en un futuro próximo», explican los analistas de Keefe, Bruyette & Woods. «Reducirán agresivamente su base de costes», añaden.

    Gigantes, pero menos
    En la última semana, entidades del tamaño de JP Morgan Chase, Citigroup y Bank of America han anunciado unas pérdidas mayores de lo previsto por las provisiones necesarias para cubrir los activos tóxicos. En Europa, los inversores tampoco se han librado de las decepciones financieras, entre ellas, Royal Bank of Scotland y Deutsche Bank.
       
    Muchos de los despidos se están produciendo en las divisiones de banca de inversión, una de las más castigadas por el derrumbe de los mercados el año pasado. No obstante, hay entidades que también están optando por cerrar o deshacerse de determinadas líneas de negocio, como las de commodities.
      
    Los analistas de JP Morgan estiman que UBS podría reducir la plantilla del área de inversión en otros 1.100 empleos a finales de 2010 —el 4 de octubre dio la carta de despido a 4.000—.
       
    «No tiene otra elección. El mercado seguirá difícil durante 12 meses», aseguran en Kepler Equities. «En 2004, el banco suizo contaba con 17.000 empleados y generaba unos ingresos de 16.000 millones de francos suizos, mientras que para este año estimamos que los ingresos rondarán los 13.000», explican responsables de Credit Agricole Cheuvreux. Mientras, Deutsche Bank podría eliminar a unos 4.000 banqueros de inversión y Credit Suisse, que ya recortó 5.300 empleos en diciembre, unos 200. «Esperamos que en 2009 las plantillas vuelvan a niveles de 2005, mientras que en 2010 los ingresos serán como en 2002-2003», señalan.

    Empresas en la picota
    Pero el parón económico no sólo está haciendo mella dentro del sector financiero. También en cientos de multinacionales que durante años han tirado de la economía mundial. Ningún sector logra salir airoso de la recesión reinante. Los recortes se cuentan por miles y afectan a todo tipo de empresas. Los recortes de empleo más sonados de los últimos días han sido los protagonizados por Philips, Pfizer, Caterpillar o Sprint Nextel, compañías estadounidenses que buscan medidas de choque para hacer frente a la crisis.

    Frenazos sectoriales
    El frenazo del consumo, el crack inmobiliario y la crisis crediticia provocan cada día nuevas bajas en la industria del motor, la construcción o la distribución, aunque durante las primeras semanas del año la crisis ha golpeado con fuerza a la industria de las telecomunicaciones.
       
    Los malos resultados y la caída de la demanda han provocado serios ajustes de plantilla en pesos pesados del sector tecnológico, que suma cerca de 40.000 despidos en menos de un mes. ¿Los protagonistas? Gigantes de la talla de Microsoft (con 5.000 despidos, lo que representa el 7% de su fuerza laboral), Motorola (con 4.000 despidos que se suman a los efectuados ya en 2008) o Ericsson (con 5.000 empleados, equivalente al 6,5% de la plantilla mundial), entre otros muchos.

    Aceleración
    Si hay una industria que personifique los efectos de la crisis, esa es la del motor. Los despidos crecen día a día y son tantos que ni siquiera hay datos oficiales sobre el total de empleados despedidos en este sector desde que empezó la recesión. Eso sí, todos los grandes grupos de automoción han puesto en marcha programas de reestructuración para adecuar sus plantillas a las nuevas condiciones del mercado.
       
    PSA Peugeot, Renault, BMW, Volvo, General Motors y Chrysler figuran entre las firmas de automoción que se han empleado más a fondo a la hora de recortar personal. Por ejemplo, hace tan sólo dos días General Motors anunciaba 2.000 despidos adicionales que se suman a los efectuados en 2008.
       
    En el caso del sector industrial, algunos de los ajustes de plantilla más sonados de los últimos meses han estado protagonizados por las empresas Siemens, Alcoa y Río Tinto, que suman en total más de 30.000 despidos.
       
    La recesión también se cobra sus víctimas en el sector de la distribución y la alimentación, que sufren los efectos de la crisis de las economías domésticas. Las consecuencias ya se han dejado sentir en compañías como Marks & Spencer (con más de 1.200 despidos), Pepsi (3.000 empleados menos en Estados Unidos) o Home Depot (que eliminará 7.000 empleos), entre otras.

    Malas perspectivas
    Lo peor, sin embargo, vendrá en 2009. La sangría de despidos se acentuará durante este año, según pronostican los analistas económicos. Las previsiones apuntan a que más del 35% de las multinacionales reducirán plantilla durante 2009, siendo especialmente significativos los recortes en empresas del sector industrial y tecnológico.
       
    España no escapará, ni mucho menos, de los despidos. Durante 2008, los recortes de empleos se han cebado en nuestro país en la industria de la automoción, la construcción, el consumo y el turismo. Las medidas de regulación de empleo puestas en marcha por empresas del sector del motor (como Seat, Santana, General Motors o Ford, entre otras) afectan a más de 60.000 personas en España, según datos manejados por Comisiones Obreras.
       
    El desplome en la demanda de coches ha estado acompañado por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que ha provocado ERE (expedientes de regulación de empleo) en decenas de inmobiliarias. Además de los recortes en el mercado automovilístico e inmobiliario, destacan los ERE protagonizados en Spanair y Telefónica.

    Las cifras    ===========================================

    Son los puestos de trabajo que ha suprimido el sector bancario desde que comenzó la crisis en el año 2007. Las entidades estadounidenses, sobre todo la gran banca de inversión, han comunicado un total de 166.475 recortes de empleo, el 66% del total, mientras que los bancos europeos han prescindido de 82.719 asalariados (33%). Los despidos asiáticos apenas suponen el 1,7%, reduciéndose a 4.420.
    Es el número aproximado de entidades financieras de todo el mundo que en el último par de años han optado por eliminar empleos como medidas de choque para afrontar la crisis. Bancos de inversión, bancos comerciales, hipotecarias y otras empresas de servicios financieros se han visto abocadas a recortar costes para paliar las pérdidas millonarias derivadas de los activos tóxicos y la desaceleración económica.

    Bank of America es la entidad financiera que mayor número de puestos de trabajo ha eliminado, 46.150, el grueso de los cuales se produjo en el último trimestre de 2008. Esta destrucción de empleo no responde sólo a la debilidad económica y las dificultades del sector, sino al proceso de absorción de entidades en problemas como Countrywide Financial y más recientemente de Merrill Lynch.

    En Europa, las peores cifras son las que registra Royal Bank of Scotland. La entidad británica, que está «al límite», en palabras de su consejero delegado, Stephen Hester, no sólo ha acabado con 11.020 asalariados, sino que su capitalización bursátil se ha reducido de 120.000 millones de dólares a apenas 4.600 millones como consecuencia del deterioro de los activos tóxicos y de la compra del holandés ABN Amro.

    Patricia Carmona / Esther Gala
    La Gaceta

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • ‘La crisis es una crisis de conciencia’.

    ‘Los Gobiernos atacan los efectos de la inconsciencia, no sus causas. En el medio y largo plazo las cosas seguramente empeorarán’.

    19-01-2009 – Hace décadas que se sabe que el crecimiento económico impulsado por los denominados países desarrollados se sustenta gracias a «la insatisfacción de la sociedad» y a «la destrucción del medio ambiente». También se tiene la certeza de que dicho crecimiento se está promoviendo de forma «inconsciente, irresponsable y totalmente insostenible». De ahí que «si no se produce algún cambio revolucionario en la manera de gestionar el mundo, se prevé que tarde o temprano el sistema de mercado termine estallando».

    Al menos así lo piensan visionarios como Fredy Kofman (Buenos Aires, 1960), cofundador y presidente de la consultora internacional Axialent, especializada en liderazgo, aprendizaje y cambio organizacional. Autor de los best sellers Metamanagement (Granica) y La empresa consciente (Aguilar), lleva más de 20 años trabajando en propuestas alternativas que permitan incorporar la conciencia, la responsabilidad y la sostenibilidad en la estrategia de las grandes corporaciones.

    Axialent, formada por 150 personas y presente en 13 países, lleva cinco años caminando a contracorriente del paradigma predominante en nuestra sociedad, tratando de asesorar y formar a reconocidos gestores para que evolucionen y se transformen en líderes más humanos, conscientes e inspiradores. En 2008 facturó más de 22 millones de euros. En España desembarcó hace un año y ya trabaja para Abertis, Grupo Mondragón, BBVA y Telefónica.

    Pregunta. ¿Cuáles son las causas de la crisis financiera?

    Respuesta. La crisis financiera es, ante todo, una crisis de conciencia de la humanidad en general y de los gobernantes públicos, financieros y empresariales de los países desarrollados en particular.

    P. ¿Inconsciencia?

    R. Llamamos inconsciencia a una conciencia parcial, orientada al corto plazo, que ciega a las personas, a las organizaciones y a los Estados, impidiéndoles ver las consecuencias que tiene su forma de pensar, de hacer y de vivir en el medio y largo plazo. Es como cuando comemos demasiado para saciar nuestra infinita necesidad de placer del momento; al día siguiente padecemos una indigestión. Económicamente, nos hemos indigestado de créditos, de gastos y de ilusiones de consumo que parecían no tener límite.

    P. Y eso que el planeta va enviando sus propias señales…

    R. Sí, pero esta conducta inconsciente ha estado siempre refrendada por la promesa implícita de los Gobiernos y las autoridades financieras de que si algo salía mal lo resolverían. Eso es lo que están haciendo: inyectando miles de millones para tapar el enorme agujero creado por los bancos. Con esta medida se atacan los efectos de nuestra inconsciencia, pero no sus causas, con lo que en el medio y largo plazo las cosas seguramente empeorarán. Al evitarnos sufrir las consecuencias de nuestra inconsciencia como sociedad, no tenemos la necesidad de aprender a cambiar nuestro comportamiento.

    P. Es decir, el remedio agrava más la enfermedad.

    R. Exacto. Y no es que esté en contra de las medidas impulsadas, pues dada la gravedad de la situación, son necesarias. Pero van a provocar una mayor domesticación de la inconsciencia de los diferentes agentes económicos. Y tarde o temprano llegará una crisis peor en el futuro, que no podremos tapar como ahora y que nos obligará irremediablemente a cambiar como sociedad.

    P. ¿Y qué hay de la inconsciencia organizacional?

    R. El modelo de las empresas de hoy es mecanicista. Se cree que la deshumanización del individuo le hace ser más productivo y la del consumidor, más manipulable. Así, cuanto más mecánico sea el sistema, más predecible y controlado. El paradigma actual es que la economía está orientada a la maximización del consumo, pero no de la felicidad.

    P. Dentro de las empresas, ¿cómo opera la inconsciencia?

    R. Crea división entre los diferentes departamentos, que sostienen monólogos en vez de un verdadero diálogo. Es el «etnocentrismo departamental». Nadie escucha a nadie, pues lo importante es demostrar que se tiene razón, imponiendo una perspectiva sobre los demás. Este tipo de relación es una farsa. No hay contacto, ni conexión y se generan problemas brutales. De ahí que se deban integrar las diferentes perspectivas.

    P. ¿Y qué hay del grueso de las plantillas profesionales?

    R. La característica más evidente de la inconsciencia individual es el victimismo, que permite que la persona no se enfrente al miedo existencial de ser libre y responsable. En vez de asumir el liderazgo de su vida, la víctima prefiere culpar a sus circunstancias y a los demás de todo.

    P. ¿Y cómo se pasa de la inconsciencia a la consciencia?

    R. Con el autoconocimiento y el desarrollo personal de los directivos, de manera que poco a poco revisen sus creencias sobre cómo gestionar a las personas. A medio plazo es posible transformar la cultura de la empresa, redirigiendo su estrategia para dejar de formar parte de los problemas del mundo y comenzar a asumir la responsabilidad incondicional de solucionarlos. El fin es construir valor a través de valores, convirtiendo el conocimiento en actitudes y conductas conscientes. –

    El País

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]