Autor: Comfia Asepeyo

  • Regreso a la austeridad

    La economía se ha apoyado durante décadas en un consumo siempre al alza – Algunos abogan por un modelo más responsable aunque frene el crecimiento.

    03-09-2008 – A pesar del miedo cerval que pueda provocar, la etimología de crisis remite, simple y llanamente, a un proceso de cambio. Y eso, poco más o menos, es lo que va a suceder también esta vez. Las turbulencias financieras internacionales han contaminado ya a las grandes economías occidentales, y es cuestión de tiempo que acaben afectando también a los países emergentes. Eso vale también para todo tipo de economías familiares, para todo tipo de bolsillos. Tras una década de fenomenal crecimiento, llegan las vacas flacas. Hay que apretarse el cinturón. La cuesta de septiembre exige siempre ahorrar más, consumir menos. Esta vez la coyuntura obliga. Pero los excesos suelen provocar reacciones fuertes. Precisamente ahora, algunos expertos se preguntan si podemos crecer hasta el infinito sin hipotecar las posibilidades de las generaciones futuras. Si no estamos consumiendo demasiado. Si la voracidad del crecimiento no debería dejar paso a un modelo económico menos perverso, más humilde, con menores desequilibrios.

    Atendiendo a las grandes cifras de la economía española, parece evidente que el cambio está ahí, obligado por las circunstancias. La crisis ha sido un latigazo tremendo para las ventas del comercio (caen más del 5%), para las ventas de coches (caen más del 40%) y para las de pisos (las preventas se han desplomado a un ritmo casi del 80% tras años de empacho inmobiliario). La amenaza del paro vuelve a planear sobre la economía española, tras unos años en los que parecía que el pleno empleo dejaba de ser una utopía. Las consecuencias las notan las arcas del Estado (que ha vuelto al temido déficit público tras años de superávit) y los resultados de las empresas (con retrocesos en los beneficios por primera vez en cuatro años). Y lógicamente, la cuenta corriente del consumidor de a pie. En España, en Estados Unidos y en China.

    De los grandes datos a los más pequeños: según un estudio de la Unión de Consumidores (UCE), las familias españolas gastarán de media entre 223 y 1.640 euros por hijo en la vuelta al colegio. Una diferencia considerable que depende básicamente de la elección entre un centro público, concertado o privado y de la comunidad autónoma en que se reside. Sin embargo, también hay otros factores. La UCE incluye en su cálculo los libros de texto, los cuadernos, el comedor, el uniforme, el transporte escolar y la matrícula y advierte de que a esos gastos se suelen sumar mochilas, bolígrafos, actividades extraescolares y material de apoyo. ¿Qué hay que hacer, entonces, para no tirar la casa por la ventana? Los expertos aconsejan por ejemplo aprovechar las becas y ayudas para comprar libros, emplear los manuales utilizados por hermanos mayores, no dejar la compra de todo el material para los últimos días, huir de las marcas anunciadas en televisión (las llamadas marcas blancas reducen hasta un 30% el gasto), evitar los créditos rápidos que, a medio plazo, pueden poner en jaque la economía familiar. ¿Recomendaciones de perogrullo? No tanto, cuando los hábitos de consumo adquiridos en los últimos años en miles de hogares han hecho de las compras una actividad irreflexiva.

    «Los consumidores estadounidenses no están acostumbrados a las crisis; en especial a las que suponen consumir menos», decía hace un par de meses The Economist ante las más que previsibles consecuencias de las turbulencias financieras. Tras una década y media de sensacional bonanza, tampoco los españoles tienen la costumbre de levantar el pie del acelerador, en este caso de la tarjeta de crédito. Pero la coyuntura obliga. Y ése justamente es ahora parte del debate económico. Del cambio que se avecina.

    La cuestión gira en torno a si todavía es posible educar para conseguir un consumo distinto, más reducido y responsable. En ese caso, ¿estaríamos asistiendo a una vuelta hacia los hábitos más sobrios de antaño? En opinión del economista y antropólogo francés Serge Latouche, defensor de la llamada teoría del decrecimiento, ése sería incluso el escenario más deseable. «El decrecimiento representa una tercera vía, el camino de la sobriedad libremente elegida. Por esa razón necesitamos inventarnos otra manera de relacionarnos con el mundo, con la naturaleza, los objetos y los seres humanos. Las sociedades que consiguen limitar su capacidad de producción de forma voluntaria son también las sociedades más felices», sostiene.

    No es tan sencillo, claro. La gran mayoría de los economistas no comparte esa postura, que muchos consideran casi panfletaria. La reflexión teórica tiene sentido, sin duda, pero en el mundo hay 1.400 millones de pobres que viven con menos de un euro al día. «¿Cómo les decimos a toda esa gente que el mundo debe dejar de crecer, aunque eso suponga eliminar de un plumazo la única posibilidad que tienen de salir de la miseria?», se pregunta el economista José Carlos Díez. «Es evidente que el modelo tiene agujeros enormes donde cabe el exceso, la desigualdad, el enorme riesgo para el medio ambiente… Pero el capitalismo no ha dejado de ser, a pesar de muchos intentos, el menos malo de los modelos económicos conocidos», afirma. Y pone un ejemplo de los peligros del decrecimiento. «Millones de chinos están pasando de las áreas rurales a la ciudad, y eso no va a cambiar. Pero si China deja de crecer al ritmo que mantiene -en torno al 8%-, Shanghai se convertirá en el próximo México DF».

    El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Josep Oliver abunda en ese argumento. «La reflexión académica tiene sentido, ante el uso abusivo de los recursos naturales, en especial de los energéticos. ¿Pero cómo les dices a los chinos y a los indios que dejen de crecer cuando Europa y EE UU llevan 200 años de crecimiento sin control y sin plantearse hasta prácticamente ayer mismo las gravísimas consecuencias para el medio ambiente? Esa teoría la puede entender la clase acomodada de un país rico, pero no la gente que vive rozando la línea de la pobreza y que tiene legítimas aspiraciones de salir del fango», dice.

    El debate sólo tiene sentido asociado a una reflexión sobre la distribución de la riqueza y de la renta. «No se pueden plantear el crecimiento cero o el decrecimiento con los niveles actuales de pobreza. Pero sí se puede discutir la posibilidad de mantener este ritmo de crecimiento sin tanta agresividad», apunta Oliver, que cita varios ejemplos sobre lo que se puede hacer. Un botón: Francia y Alemania han prohibido las bolsas de plástico en los supermercados. «Tal vez no sea mucho, pero ése es el camino», apostilla.

    Las leyes del mercado no suelen atender a esa dimensión moral de la economía. Pero los economistas sí han incorporado estos elementos a su analisis. En su último libro -La ciencia humilde. Economía para ciudadanos-, el profesor Alfredo Pastor asegura que no es un drama tener una economía estacionaria. Muchos otros autores han reflexionado en los últimos años sobre la fascinación por el cuento del crecimiento económico, que no es, ni mucho menos, un debate nuevo: el Club de Roma conmocionó a la opinión pública allá por 1972 con Los límites del crecimiento, una obra que venía a decir que una economía que quiere crecer exponencialmente, nutriéndose de unos recursos finitos, está abocada al colapso, con soluciones como frenar el desarrollismo o el derroche consumista. Casi cuarenta años más tarde, la vida sigue igual.

    Pero esta vez la situación económica obliga a modificar algunas cosas. Se trata de un cambio forzado, pero de un cambio al fin y al cabo. Ante la desaceleración de la economía española -y de todas las de su entorno-, es inevitable limitar el consumo personal y familiar. Algunas de las pruebas más recientes: los españoles han invertido alrededor del 8% menos que el año anterior en sus vacaciones y reducido el gasto en las rebajas en un 15%, según cálculos de la compañía aseguradora Europe Assistance y de la Federación de Usuarios Consumidores Independientes (FUCI). Por dos razones: bien porque no se dispone de suficiente dinero y resulta más complicado pedir créditos, o bien porque las expectativas son peores. Los índices de confianza del consumidor están bajo mínimos.

    También el último informe sobre los nuevos modelos de consumo en España del Consejo Económico y Social -órgano consultivo del Gobierno- reconoce que el escenario puede cambiar. «Los acontecimientos de mediados de 2007 en los mercados financieros, como consecuencia de la crisis subprime en EE UU, han determinado un cambio en el sesgo de la política crediticia de las entidades españolas», sostiene el informe. En otras palabras: los bancos conceden menos créditos, y eso restringe el consumo de forma automática, en un final abrupto de lo que durante mucho tiempo se conoció como tirar de la visa.

    Las razones son conocidas: tras años con los tipos de interés en mínimos, la escalada del Euribor ahoga financieramente a muchas familias, con las hipotecas por las nubes. La subida de los alimentos, la energía y la gasolina, lo mismo. La solución no es otra que gastar menos. Sobre todo si las perspectivas laborales apuntan a un incremento del paro hasta niveles del 13% en España el próximo año. El problema, otra vez, son los excesos: los políticos piden a los ciudadanos que consuman para evitar una recesión como la que durante años ha vivido Japón, donde tras la explosión de la burbuja inmobiliaria la gente dejó de comprar y empezó a ahorrar en exceso ante el empeoramiento de las expectativas. Los problemas de no consumir (o ahorrar demasiado) pueden ser aún más graves que los de consumir en exceso: despidos masivos, cierres de empresas y enormes pérdidas para el sector privado. Aunque tampoco hay que caer en excesos apocalípticos: Japón está en vías de salir de esos problemas y sigue siendo la segunda economía mundial. Los expertos relativizan esas posibles consecuencias. La realidad, también. Los más agoreros conceden que la economía española se recuperará a mediados de 2009.

    Pero el cambio de ciclo exige respuestas inmediatas. ¿Existen soluciones a corto plazo para limitar los gastos? Lo más práctico es seguir los consejos de asesores y expertos. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) difundió este verano una herramienta tan sencilla como efectiva para calcular qué tarifa eléctrica puede interesar a cada hogar como medida frente al incremento de la factura. «La subida del precio de la luz, junto con otros muchos aumentos de precios de servicios básicos, va a producir una merma importante en la renta disponible de las familias», señala la OCU. En realidad, para ahorrar bastaría con trasladar una parte del consumo doméstico de energía a la noche. Además, la OCU recomienda adaptar los hábitos a la crisis, por ejemplo, regulando el termostato del aire acondicionado para que la temperatura no baje de 22 grados, instalar doble acristalamiento y aislar los techos, utilizar bombillas de bajo consumo y apagar los aparatos eléctricos que no se estén utilizando, ya que el stand by consume.

    Quizás a estas tendencias de menor consumo cada vez más asentadas se deba el éxito, en los últimos años, de iniciativas que intentan sortear con ingenio los gastos cotidianos con trucos y consejos desde un blog o una página web. Es el caso de Juan Manuel Sánchez, quien, a finales de 2006, lanzó el sitio Sindinero.org. Sánchez empezó invirtiendo algunos meses en «rastrear el ciberespacio en busca de ofertas y recomendaciones prácticas que pudieran ser útiles a todo el mundo». No se trata de encontrar el clásico chollo. Porque uno de los objetivos de este madrileño, que en el pasado trabajó en el sector inmobiliario, consiste en fomentar el mínimo consumo. Desde una consulta financiera o sanitaria hasta algunas pistas para reparar una cisterna, fabricar una cocina solar o arreglar el cable de una plancha, pasando por ofertas de ocio gratuitas, viajes o trueques, todo, o casi todo, se puede conseguir. En particular, si cada usuario aporta su granito de arena con un consejo o un truco. Decenas de portales de ayuntamientos, comunidades autónomas y ONG ofrecen también recomendaciones sobre consumo responsable.

    No hay fórmulas mágicas. Pero es evidente que los consumidores empiezan a pensar en esas cosas. Tal vez así se consigan responder cabalmente algunas preguntas básicas, en opinión de Latouche, quien a su vez suele citar a Woody Allen: «¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Pero, sobre todo: ¿Qué hay para cenar hoy?»
    Pistas para subir la cuesta

    LA COMPRA

    – Intente optar por los productos de temporada. Aunque es fácil encontrar en el mercado todo tipo de productos en cualquier mes, los precios son mucho más bajos en el género de temporada.

    – Las ofertas suponen un beneficio real para el consumidor sólo si saben aprovecharse. En el caso de los productos no perecederos se debe optar por adquirir más de una unidad.

    – En la medida de lo posible, es recomendable comprar en más de un establecimiento: es la forma más práctica de comparar precios y aprovechar ofertas.

    EN CASA

    – Entre los fogones, la olla exprés es la mejor opción para ahorrar energía.

    – Use los termostatos para que los radiadores se apaguen cuando se alcanza la temperatura deseada. Aíslen bien la casa, porque así se puede ahorrar hasta un 30% de energía.

    – Es recomendable no poner la lavadora hasta que esté llena. Opten por lavar en frío si es posible y prescindan habitualmente del prelavado.

    DURANTE EL OCIO

    – A la hora de organizar sus ratos libres, piensen en las numerosas actividades que son gratuitas o muy baratas: paseos, excursiones, museos…

    – Utilicen preferentemente el transporte público. Cuando se usa un vehículo propio, se consume más combustible si se conduce por encima de los 100 kilómetros por hora, si se dan frecuentes acelerones y si se carga el coche excesivamente o con pesos innecesarios.

    – Intenten evitar en lo posible las compras a plazos. Son una de las mayores trampas para el endeudamiento de las familias, ya que generan expectativas que después cuesta mucho satisfacer. Sin contar el sobreprecio de los intereses.

    – No olviden sus impuestos: es recomendable y relativamente sencillo informarse de todas las deducciones fiscales y beneficiarse de ellas.

    F. MANETTO / C. PÉREZ
    El Pais


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  • La banca tiembla tras el dato del paro: el peligro ya no son los ladrilleros, sino los hipotecados

    El impacto de la morosidad de los particulares puede ser infinitamente superior al de las empresas inmobiliarias que copan los titulares estos días. “Hasta ahora, hemos visto morosidad en los inmigrantes y en los promotores inmobiliarios, pero ahora empieza la de los españoles y las pymes, que puede ser una avalancha”.

    03-09-2008 – El horrible dato de paro de agosto conocido ayer no sólo provocó sudores fríos a nuestros gobernantes, sino también a las entidades financieras. La razón es que todos esos parados van a tener serias dificultades para devolver sus créditos ahora que no tienen trabajo -nitampoco muchas perspectivas de encontrar otroa corto plazo-. Situación especialmente grave en las hipotecas, muchas de ellas por valores muy superiores al valor actual de las viviendas y cuya letra mensual supone un porcentaje excesivo de los ingresos que percibían estos trabajadores… cuando trabajaban.

    Todo eso se traducirá inevitablemente en un fuerte aumento de la morosidad. Y el impacto de la morosidad de los particulares puede ser infinitamente superior al de las empresas inmobiliarias que copan los titulares estos días: Reyal Urbis, Colonial, Aisa, etc. “Hasta ahora, hemos visto morosidad en los inmigrantes y en los promotores inmobiliarios, pero ahora empieza la de los españoles y las pymes, que puede ser una avalancha”, explica otra fuente del sector.

    «La morosidad o el concurso de acreedores de las inmobiliarias es muy llamativa porque son miles de millones de euros de golpe, pero está muy repartida entre los sindicatos bancarios y muchas entidades ya han provisionado el grueso de esas deudas», explican en una tercera entidad. «El peligro de verdad es el aumento del paro, que puede provocar una escabechina en las cuentas de los bancos», añade esta fuente. De hecho, el discurso de la banca antes del verano era que todo iría bien mientras no se disparase el paro.

    La morosidad puede alcanzar el 3%

    Esa espiral de la morosidad ya se está produciendo – «están entrando en mora créditos a espuertas», afirma gráficamente una fuente del sector-, como ya adelantó El Confidencial en julio, aunque no empezará a reflejarse hasta las cuentas del tercer trimestre de las entidades. Pero que está ahí: por ejemplo, ayer Standard & Poor’s puso en vigilancia negativa el rating de la CAM por el deterioro de sus activos (es decir, de sus créditos).

    Igualmente, Caja Castilla La Mancha presentó ayer una tasa de morosidad del 2,99% en sus resultados semestrales. El 2% era el nivel maldito que ninguna entidad quería superar. A partir de ahí vienen los verdaderos problemas, ya que las entidades tienen que cargar el 25% del crédito impagado a pérdidas (provisiones específicas) cuando lleva tres meses, según las nuevas normas contables de Basilea II (antes eran12 meses).

    Las previsiones de distintas instituciones -CECA, La Caixa- antes del verano apuntaban a una tasa de mora del 2% para este año en el conjunto del sistema, pero informalmente circulaban previsiones del 2% para los bancos y del 3% para las cajas. Ahora, después de las vacaciones, las fuentes consultadas reconocen que «seguramente será más».

    Las provisiones pueden no ser suficientes

    Con una morosidad del 3% en 2008, cobrarían fuerza los temores del sector de que la crisis se puede comer las provisiones genéricas, el famoso colchón que les obligó a dotar el Banco de España durante los años de vacas gordas. Aunque el discurso oficial es que el colchón es más que suficiente para aguantar la crisis, hay entidades que reconocen fuera de micrófono que las cosas pueden empeorar mucho: «Dependerá de lo que dure la crisis y del caso concreto de cada entidad,pero, tal como se están poniendo las cosas, es probable que lasprovisiones se acaben antes que la crisis»

    “Lo importante no es la morosidad en sí, sino la pérdida esperada. La morosidad va a subir por fuerza con el estancamiento del crédito (no sube el denominador, que es el crédito, y suben los impagos, el numerador), así que lo que importa es el coste del recobro”, explica otro experto en banca. Y para rebajarlo, las entidades han empezado a tomar medidas como la venta de su cartera de créditos morosos con fuertes descuentos (hasta el 60%) y la preparación de fuerzas especiales de recobro, que antes se dedicaban a la concesión de créditos.

    Eduardo Segovia

    Cotizalia


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  • Trabajo quiere que los desempleados trabajen en actividades de interés colectivo mientras estén en paro

    Dice que los datos de agosto reflejan la «gravedad» de la situación y admite que el ascenso del desempleo aún no ha tocado techo.

    03-09-2008 – El Ministerio de Trabajo e Inmigración quiere que los desempleados trabajen en actividades de interés colectivo, como la prevención de incendios, la rehabilitación de viviendas sociales, la conservación de espacios naturales o determinados servicios a la comunidad y a colectivos con dificultades, durante el tiempo que permanezcan en paro.

    La idea forma parte del plan de empleo para 2009 que recientemente anunció, en una entrevista con Europa Press, el ministro del ramo, Celestino Corbacho, y que su Departamento piensa proponer a sindicatos y empresarios con el objetivo de dar una ocupación a un mínimo de 100.000 desempleados, procedentes fundamentalmente de la construcción y las industrias y servicios ligados al mismo, pues es este sector el que está disparando las cifras de desempleo.

    En la rueda de prensa de presentación de los datos de paro y afiliación a la Seguridad Social del mes de agosto, la secretaria general de Empleo, Maravillas Rojo, explicó que este plan consistiría en reorganizar los programas que prestan actualmente los servicios públicos de empleo (el antiguo Inem) para facilitar que los parados trabajen en alguna actividad de interés colectivo durante su estancia en el desempleo, combinando así formación con una ocupación.

    Corbacho ya avanzó que este plan iba a suponer una «revisión y puesta a cero» de todos los programas de empleo vigentes, creados en un momento en el que la situación económica era «totalmente diferente» a la actual.

    El secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, también presente en esta rueda de prensa, precisó que este plan no es una decisión en firme, sino una propuesta que se va a discutir en el marco del diálogo social con sindicatos y empresarios y en la que están trabajando otros Ministerios.

    Durante su valoración de los datos de desempleo de agosto, Rojo admitió que el ascenso del paro aún no ha tocado techo y que la situación es «preocupante, grave, compleja y difícil». Aunque de momento se mantienen las previsiones realizadas por el Ministerio de Economía (tasa de paro del 10,4% este año y del 12,5%), Rojo no descartó que éstas se modifiquen con el paso del tiempo.

    «Vamos a seguir en un periodo duro, de dificultades, en el que es imprescindible dar cobertura a los parados y ayudarles a transitar desde el desempleo al empleo», manifestó la responsable de Empleo.

    SENTIRSE DE UTILIDAD.

    Para conseguir este objetivo, Rojo cree que la permanencia en el desempleo debe ser útil, de forma que sea aprovechado por los parados para mejorar sus competencias profesionales, su formación, el uso de nuevas tecnologías. «Las personas activas son más empleables que las que están a la espera», enfatizó la secretaria general de Empleo, afirmación que se vio respaldada por Granado, que destacó que los nuevos parados, la mayoría varones procedentes de empleos de baja cualificación, van a tener que buscar trabajos diferentes a los que han perdido.

    Rojo señaló que el origen del repunte del desempleo se halla en el ‘parón’ de la construcción y de los servicios vinculados al mismo, ya que se sigue creando empleo en otras actividades, como los servicios sociales o las telecomunicaciones. «Lo preocupante es que la caída de la construcción todavía no ha tocado fondo», reconoció.

    La intención del Ministerio, compartida por los agentes sociales, es adecuar y modernizar los servicios públicos de empleo para facilitar ese tránsito desde el paro a una ocupación y ayudar a mejorar profesionalmente a los que ya tienen un puesto de trabajo. Ello, apuntó Rojo, requerirá cambios legales, tecnológicos y culturales, así como una mayor coordinación entre el Estado y las comunidades autónomas, pues los servicios de empleo están descentralizados.

    Al mismo tiempo, insistió la responsable de Empleo, el acceso a la formación tendrá que flexibilizarse y se deberá permitir que determinados conocimientos y experiencias sean convalidados por el sistema educativo, aspecto en el que ya está trabajando el Ministerio de Educación junto con el de Trabajo.

    LA AFILIACIÓN ACABARÁ 2008 EN POSITIVO.

    En cuanto al descenso en más de 244.000 personas de la afiliación media en agosto, el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, reconoció que se trata de una caída «algo superior» a la de igual mes del año pasado (-206.000 ocupados), aunque la atribuyó en su mayor parte al fin de aquellas actividades ligadas a la temporada estival.

    De hecho, explicó, los meses de agosto suelen producir unas 200.000 bajas al sistema por la estacionalidad del periodo, situación que se ha repetido este año y a la que se han sumado más de 30.000 bajas fruto de las actuales circunstancias económicas. En cualquier caso, Granado subrayó que el descenso de ocupados de agosto ha sido algo mejor de lo que esperaba el Ministerio e insistió en que la afiliación media cerrará el año en positivo, «un poquito por encima» de los registros de 2007.

    Europa Press


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  • La crisis se ha comido ya el 60% del presupuesto para pagar a los parados

    Hasta junio, se habían consumido 9.186 millones de euros de los 15.777 destinados para el conjunto del año 2008.

    02-09-2008 – El aumento continuado del paro —que en el segundo trimestre ya alcanzaba una tasa del 10,44% según la Encuesta de Población Activa (EPA)— ha disparado el pago por prestaciones de desempleo un 24,4% respecto al cierre de junio del año pasado.

    El volumen de subsidios sufragados por el INEM ha crecido especialmente en las contributivas, es decir, las que se perciben una vez acumulados doce meses de cotización en el sistema de la Seguridad Social.

    Teniendo en cuenta que el pago medio por día que desembolsa el INEM es de 26,49 euros y que, según el último dato de este organismo a fecha de 30 de junio había 1.687.561 beneficiarios inscritos, diariamente se hace frente a pagos por valor de 44,7 millones de euros y, mensualmente, más de 1.341 millones.

     

    Hasta el segundo trimestre, el INEM ya había vaciado alrededor del 60% del presupuesto inicial de gastos en concepto de estas transferencias que partía de 15.777 millones de euros, esto es, 9.186 millones y un 25,7% más respecto al primer semestre de 2007.

    Asimismo, hay que considerar que se esperan más inscripciones, especialmente una vez que concluya el verano, y es más que previsible un incremento en el número de beneficiarios por este concepto. Así las cosas, la cobertura social de los desempleados tendrá que sufragarse con el 40% que queda en la caja, pero las previsiones indican que las cifras pueden andar escasas con un otoño negro en ciernes. Octavio Granado, secretario de Estado de la Seguridad Social, ya estimó graves dificultades en la gestión económica de las cuentas dependientes del Ministerio de Trabajo. No así juzga la situación el titular de esta cartera, Celestino Corbacho, quien ha negado rotundamente la posibilidad del impago y reitera que los subsidios serán prioridad en los Presupuestos Generales del año que viene.

    María L. Nalda

    La Gaceta

  • El agua se convierte en el «oro azul» del siglo XXI

    La sequía y el aumento de la demanda mundial dibujan un futuro inquietante para el preciado líquido.

    02-09-2008 – La mayoría de los analistas coincide: el agua es el petróleo del siglo XXI. El denominado oro azul sigue los pasos de un oro negro que convulsiona los mercados debido a sus limitaciones ante el imparable aumento de la demanda mundial.

    La sequía, la sobreexplotación económica y la mala gestión de recursos han convertido la escasez de agua potable en un grave problema planetario, con un futuro preocupante, debido al constante incremento de la población.

    Como ocurre con el petróleo, el surgimiento de una clase media en Asia seducida por el estilo de vida occidental, caracterizado por el derroche de agua y energía, añade presión sobre el líquido elemento.

     

    El agua cubre el 70% de la superficie de nuestro planeta, pero la utilización práctica es complicada. La purificación del agua de mar es costosa y difícil. El uso industrial es alto, y la agricultura se lleva la mayor parte del consumo de este oro líquido. A medida que crece la población, sube también el volumen de agua utilizado para la irrigación y la producción de alimentos, mientras que el afán de muchos gobiernos por impulsar los biocombustibles como sustitutos del petróleo ha disparado su uso.

    En la actualidad, 1.100 millones de personas carecen de acceso asequible a este recurso, según la ONU, que advierte que si se mantiene el actual ritmo de consumo, el 60% de la población vivirá en regiones con escasez en 2025.

    El cambio climático agrava el panorama, ya que provocará variaciones de hasta el 40% en las precipitaciones, haciendo más duras las sequías e inundaciones, según indicó Kerstin Stahl, investigadora de la Universidad de Freiburg, en la Expo de Zaragoza, dedicada al agua. Mientras, la industrialización, particularmente en países pobres, está contribuyendo a incrementar la contaminación de ríos y acuíferos.

    Pérdidas económicas
    La industria tiembla ante un futuro sin agua. Gigantes como Nestlé, Unilever, Coca-Cola o Danone se están moviendo para recortar la cantidad utilizada en sus plantas y para asegurar un uso futuro del preciado elemento.

    La mala calidad de las aguas también preocupa. La contaminación de los ríos en áreas urbanas costó a China 12.000 millones de dólares sólo en pérdidas de producción industrial.

    La crisis, sin embargo, también abre un buen número de oportunidades. El oro azul es ya un activo de inversión para el futuro. El pasado año, gestoras como Pictet Funds valoraban el sector en 260.000 millones de dólares, con una importante tasa de crecimiento del 6% anual.

    El banco de inversión Goldman Sachs destacaba recientemente las grandes posibilidades en la industria del agua, poniendo como ejemplo el crecimiento experimentado por empresas como la brasileña Sabesp, la inglesa Severn Trent, la estadounidense Pentair, la francesa Veolia o la española Ferrovial.

    El sector cotiza al alza, aunque Golmand Sach aconseja una aproximación ecológica al mercado, ante la impopularidad creciente contra las embotelladoras de agua o las empresas que utilizan el líquido en zonas de escasez. El Banco Mundial cifra entre 60.000 y 80.000 millones de dólares anuales la necesidad de inversión en todo el mundo para cubrir los servicios básicos, aunque la inversión real no llega al 40% de esa cantidad, lo que ofrece una idea de las posibilidades futuras del sector.

    Isabel Rodríguez

    La Gaceta


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