Autor: Comfia Asepeyo

  • El alcance geopolítico de la crisis

    Hay que reorganizar de forma progresiva la relación de fuerzas a escala planetaria. Lo peor sería una reacción ideológica para proteger una religión económica

    22-08-2008 – La mayor parte de los observadores coinciden en pronosticar una crisis de la economía mundial de una amplitud excepcional. Esta crisis no es un accidente: era previsible, dados la ausencia de control de los flujos de capitales, la especulación salvaje y el sistema de bombeo, desde hace años, del ahorro mundial por parte de Estados Unidos.

    La globalización feliz, que favorecía a las élites financieras y a las capas más afortunadas en los países ricos, se está acabando. Ahora no es posible seguir viviendo como si el sistema pudiera autocorregirse. En varios países desarrollados, inclusive en Estados Unidos, se habla de la necesidad de regulación de la economía, y el mismo presidente de Estados Unidos tuvo que inyectar dinero, en contradicción flagrante con todas las sacrosantas leyes del liberalismo, para atajar los efectos de la crisis financiera de su país. Ha sido en balde.

    Antes que nada, hay que reconocer la existencia de la crisis, no sólo a nivel nacional, sino a escala planetaria. El economista Jacques Attali -ex asesor de François Mitterrand y ahora autor de un informe liberal para Nicolas Sarkozy sobre la economía francesa-, que subestimaba con grandilocuencia la crisis hace unos meses, habla ahora del tsunami que se acerca.

    En segundo lugar, reconocer que no se trata sólo de una crisis de financiación, sino que ya toca al corazón mismo de la economía: empresas de construcciones, cadenas de comercialización (último ejemplo en España, Habitat).

    Tercero, entender que se trata de una crisis duradera, tal y como el mismo FMI afirma -prevé dos años como mínimo- y que no va a poder solucionarse con las recetas tradicionales del laissez faire liberal, sino que necesita nuevos mecanismos, postiberales, que podrán incluir tanto acciones reguladoras de los tipos de interés, la aceptación por parte de los gobiernos de la necesidad de déficit presupuestarios e incluso en algunos sectores, nacionalizaciones imprescindibles, como ha pasado en Gran Bretaña.

    Cuarto, tener claro que esta crisis económica, financiera y de largo alcance, también es una crisis geopolítica que implica la reorganización progresiva de la relación de fuerzas a escala planetaria.

    Frente a esta situación, nada sería peor que reaccionar ideológicamente, para proteger una religión económica dada.

    Reaccionar a la crisis supone definir de dónde vienen los problemas, y preguntarse a qué escala -nacional, regional, mun-dial- deben darse las respuestas.

    Los parámetros fundamentales de la crisis tienen que ver con la manera con la que se ha desarrollado la globalizaciónestas últimas dos décadas: fundamentalmente, es la estrategia financiera adoptada por Estados Unidos, con efectos muy duros sobre todo el mundo, la que ha provocado la crisis, y no, como se suele decir muy superficialmente, la subida de los precios de petróleo o de los productos alimenticios. Estas subidas, reales, son de hecho las consecuencias del encarecimiento de los precios de todos los bienes a nivel mundial, lo que resulta directamente de la exportación de la inflación de Estados Unidos al resto del mundo por no tener una política drástica, como los europeos han impuesto desde mediados de los años noventa, de gestión de los déficit públicos y privados.

    El déficit presupuestario estadounidense es abismal: no hay ejemplo comparable en el mundo. Así, en 2009, está previsto que alcance los 482.000 millones de dólares (en torno a los 306.000 millones de euros), más 141.800 millones de dólares para financiar las guerras de Irak y Afganistán. Recordemos que el presupuesto militar de Estados Unidos ha sido, para 2008, de 645.600 millones de dólares, con 503.800 millones de dólares para la financiación de la actividad del Pentágono y de los programas de armas nucleares. Ahora bien, la casi totalidad de estos gastos son financiados por el ahorro mundial, sobre todo por las compras de bonos de Tesoro americano por parte de China, los países del Golfo Pérsico, Japón, los fondos europeos y otros.

    La crisis de las subprime de agosto de 2007 desveló de manera particularmente cruel esta política generalizada de endeudamiento de Estados Unidos en detrimento del resto del mundo. Dicho de otra manera, la crisis actual de la economía mundial es, primero, la crisis de la economía estadounidense, a la que daña gravemente, poniendo probablemente fin a la hegemonía económica mundial de Estados Unidos. Este país está ya en recesión, y dados los vínculos de su economía con el resto del mundo, la metástasis es inevitable.

    Pero lo radicalmente nuevo es el espacio geopolítico en el que ocurre esta crisis de la economía estadounidense: se desarrolla en el contexto del auge de nuevos polos económicos que Estados Unidos no puede controlar: China, India, Brasil, México y países emergentes de la ASEAN, que están de hecho reorganizando el sistema comercial y productivo planetario. Ahora bien, contrariamente a los japoneses, europeos o países del Golfo -cuyos intereses y posicionamiento en el dispositivo económico internacional son cómplices de los de Estados Unidos-, los países emergentes quieren tener peso en el juego mundial, porque, en la globalización actual, sus ventajas comparativas (sobre todo, la mano de obra barata y la ausencia de políticas sociales) les favorecen. Es el precio del liberalismo mundial cuya característica es la competición a la baja de todo: calidad, sueldos, etcétera.

    Todo ello plantea varias preguntas. Primero, es obvio que el sistema económico no puede seguir funcionando con pautas meramente monetarias y especulativas. El debilitamiento duradero del dólar pone en peligro la economía mundial. No es por casualidad que algunos países del Golfo, así como los chinos e inclusive los japoneses, están diversificando sus reservas de divisas, aceptando cada vez más el euro u otras monedas más fiables para sus exportaciones. No quieren ser pagados en moneda falsa. Llegado a este punto, ¿qué sistema monetario necesitaremos en el futuro de un mundo globalizado?

    En segundo término, debemos plantearnos nuevos interrogantes, impensables hace sólo dos décadas: ¿cómo se van a insertar estas economías emergentes en el capitalismo del siglo XXI? ¿Qué modelo de hegemonía va a prevalecer con la decadencia progresiva de la dominación occidental sobre la economía mundial? Actualmente, el eje dominante es una alianza conflictiva pero necesaria entre Estados Unidos, Europa, Japón y los países del Golfo. ¿Se va a abrir a China, India, Brasil, México, esta alianza? ¿Cuál va a ser el precio social de la apertura? Y, en caso contrario, ¿cómo van a reaccionar estos nuevos polos de poder?

    Más exactamente: Estados Unidos, que necesita más que nunca el apoyo de China y de India para su comercio y sus inversiones internas, ¿mantendrá el eje americano-europeo o va a desplazar su línea de intereses estratégicos hacia los países de Asia?

    Son las cuestiones que se plantean en la actualidad en los centros de poder de Estados Unidos, un debate que se analiza también en las páginas de opinión de la prensa especializada de muchos otros países. Lo que parece bastante probable es que Europa va a tomar tarde sus decisiones, pues no tiene todavía claro el modelo institucional que la deba regir. Finalmente, esta reorganización inevitable de las relaciones económicas afectará también al papel de Rusia, potencia insoslayable, y del mundo árabe, que tiene muchos recursos para hacerse oír, siendo los más evidentes los energéticos.

    En resumidas cuentas, estamos ante una crisis económica mundial que es sólo la punta del iceberg, y que esconde una importante reorganización geopolítica en la que van a vencer los que mejor sepan utilizar sus fuerzas y gestionar sus debilidades.

    Sami Naïr es catedrático de Ciencias Políticas.
    El Pais

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • Más del 40 por ciento de las personas sufren síndrome postvacacional al reincorporarse al trabajo

    Tras unos días o semanas de descanso, un «porcentaje elevado» de la población puede sufrir distintos síntomas de tristeza, pérdida de ilusión, nostalgia, e incluso depresión.

    19-08-2008 – Más del 40 por ciento de las personas que vuelven al trabajo tras las vacaciones pueden sufrir lo que se conoce como síndrome postvacacional, caracterizado por episodios de tristeza y ansiedad, según destaca la psicóloga del Centro de Tratamiento de la Ansiedad y el Estrés (CETAES), Vanessa Fernández.

    Tras unos días o semanas de descanso, un «porcentaje elevado» de la población puede sufrir distintos síntomas de tristeza, pérdida de ilusión, nostalgia, e incluso depresión. No obstante, esta experta matizó, en declaraciones a Europa Press, que «depresión entre comillas, porque no es normal que las vacaciones provoquen una depresión».

    Lo que sí es frecuente es que se detecten episodios de ansiedad e incertidumbre por lo que viene. En estos casos, la ansiedad procede de una falta de planificación «que debería haberse quedado hecha antes de marcharse», mientras que la incertidumbre es propia de aquellas personas que no tienen «muy clara» su situación laboral.

    La irritabilidad también puede surgir, lo que hace que la persona esté más susceptible a las críticas, así como problemas de sueño o insomnio y, aunque menos frecuente, episodios de fatiga. Esto se debe a que «las emociones tienen correlatos fisiológicos y cuando una persona está muy irritada o ansiosa está presentando una tensión muscular por encima de lo normal».

    Por lo general no existe un perfil específico de personas que padecen estos trastornos según la edad, y generalmente son personas a quienes no les satisface su trabajo o su ambiente laboral, bien por sus compañeros o por sus jefes; su situación en su trabajo no es estables, y que, además, tienen muchas cargas extras fuera del mismo.

    En cuanto al género, Vanessa Fernández no advierte diferencias entre hombres y mujeres, si bien destacó diversas teorías evolucionistas que aseguran que «las mujeres tienen más inestabilidad emocional, son más sensibles a cualquier cambio que se produzca y expresan más».

    SÍNDROME ¿VACACIONAL?

    Sin embargo, la vuelta al trabajo no resulta desagradable para todo el mundo, y esta experta destacó que hay quienes se encuentran «a gusto en su entorno laboral» o a aquellos para los que «el trabajo es una forma de camuflar su realidad».

    En estos casos se puede hablar de un «síndrome vacacional», ya que, en vacaciones, a veces que afloran síntomas que están soterrados durante el año debido al propio ritmo laboral, que incluso «te sirve de distracción».

    «Hay gente que se construye un submundo y que piensa que todo va bien, pero cuando llegan las vacaciones, te pones a darle vueltas a la cabeza, reflexionas sobre ti, ves las cosas con perspectiva y te das cuenta de que hay un déficit en tu vida», aseguró Vanessa Rodríguez.

    Por ello, si a estos casos en los que existen problemas personales también se unen los síntomas propios del síndrome postvacacional se puede provocar un efecto sumatorio entre síntomas y presentar «un trastorno más serio».

    RECOMENDACIONES.

    Para todos estos casos, y a pesar de que no hay una «receta mágica» para evitar estos casos, esta psicóloga recomienda volver de las vacaciones al menos un día o dos antes de la vuelta al trabajo, ya que «así te acostumbras de nuevo a los hábitos rutinarios, te dedicas a ordenar la casa».

    Otro método que puede ayudar es una planificación de las cosas que te quedan pendientes o que hay que empezar a retomar y, del mismo modo, aconseja dedicar tiempo para uno mismo e intentar que no todo sea trabajo, pensar en las próximas vacaciones o en el próximo puente y planificar algo para crear una «perspectiva de ilusión».

    Todo ello acompañado de una buena alimentación y la práctica de ejercicio físico, dos factores que «suelen descuidarse en vacaciones» pero que son aspectos en los que hay que incidir al volver al trabajo para que la salud física no influya en la mental.

    Europa press

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • La supresión del Impuesto sobre el Patrimonio es una pésima decisión para el sistema tributario español

    El anuncio de supresión del Impuesto sobre el Patrimonio suena más renuncia en la lucha contra el fraude que a mejora de los intereses de la sociedad española.

    18-08-2008 – El anuncio de supresión del Impuesto sobre el Patrimonio es una buena noticia para una minoría y una pésima decisión para la mayoría de la sociedad, además de un varapalo para quienes apuestan por un sistema tributario suficiente con un grado adecuado de equidad en la distribución de los esfuerzos. En este sentido, CCOO recuerda la necesidad de disponer de un sistema tributario suficiente y justo, necesidad se hace más evidente en un momento como el actual, donde el ciclo económico está mostrando serios síntomas de desaceleración y los ingresos públicos están comenzando a disminuir su favorable evolución de los últimos años, mientras se precisa reforzar las política públicas para proteger a las personas en peor situación.

    El Impuesto sobre el Patrimonio tiene una función de control de los activos de los contribuyentes que mejora la gestión del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el principal impuesto directo del sistema tributario español. Su principal objetivo, por tanto, no es recaudar sino obtener una información muy valiosa para la Administración Tributaria.

    La estructura actual del Impuesto sobre el Patrimonio es bastante progresiva tal y como demuestra el hecho que el 73,1% de la recaudación tenga como origen el 20,6% de los declarantes, con un patrimonio individual superior a 650.000 euros. El Impuesto sobre el Patrimonio centra su recaudación en rentas elevadas y exonera de tributación a las personas con rentas bajas y medias. Para realizar la valoración adecuada, conviene recordar que la renta salarial media apenas supera los 18.000 euros anuales y el patrimonio medio difícilmente alcanza los 150.000 euros con las valoraciones utilizadas por el impuesto.

     El argumento de considerar que las personas con más rentas evitan su pago al disponer de sociedades patrimoniales es una verdad a medias que, en todo caso, no es motivo suficiente para la desaparición de este tributo ya que el mismo argumento puede ser utilizado para el IRPF. El anuncio de supresión del Impuesto sobre el Patrimonio suena más renuncia en la lucha contra el fraude que a mejora de los intereses de la sociedad española.

    Las estadísticas conocidas (ejercicio 2004) muestran que la supresión del impuesto es una buena noticia para una minoría y una pésima decisión para la mayoría de la sociedad, además de un varapalo para quienes apuestan por un sistema tributario suficiente con un grado adecuado de equidad en la distribución de los esfuerzos.

    La recaudación del Impuesto sobre el Patrimonio –1.800,00 millones de euros según el Gobierno- no es la principal fuente de recursos públicos pero, por ejemplo, es bastante más que la dotación aprobada en 2008 para la puesta en práctica de La Ley de servicios dirigidos a personas en situación de dependencia (1.200,00 millones de euros) o que el gasto de la política de vivienda (poco más de 1.369,00 millones de euros)..

    Por otra parte, la descentralización en políticas de gasto asociada al Estado de las Autonomías y la cesión de tributos que le acompaña, implica un ejercicio de responsabilidad por parte de las Administraciones Territoriales en la toma de decisiones de las materias bajo su competencia; también de sus impuestos. De manera que los Gobiernos Autonómicos, al igual que el Gobierno Central debe explicar a los ciudadanos como las modificaciones en los tributos tienen repercusiones en los bienes y servicios facilitados.

    La labor del Gobierno de España es desarrollar un modelo de estado donde se combine la suficiencia de las administraciones con la garantía de los ciudadanos de acceso a los bienes y servicios públicos en igualdad de condiciones, es decir, al mismo nivel cuando se realiza un esfuerzo similar. Este modelo permite la diversidad en los territorios por el ejercicio de sus competencias normativas en los tributos de su competencia sin poner en peligro la equidad y se sustenta en la autonomía fiscal de los gobiernos autonómicos y la exigencia de responsabilidad en sus actos.

    Una decisión como la adoptada de suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio compensando a las CC.AA., al igual que sucedió con la ampliación de créditos para el pago de las políticas de competencia autonómica sin justificación o sin soporte en factores objetivos –tal y como sucedió en la primera conferencia de presidentes-, son el ejercicio de una mala pedagogía en la construcción del Estado de las Autonomías.

    Conocida la línea argumental que sustenta la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio genera bastante preocupación conocer qué sucederá con el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones donde también se produce competencia entre territorios, o con el IRPF donde también algunas rentas muy elevadas utilizan sociedades instrumentales para eludir la progresividad del impuesto.

    CCOO recuerda la necesidad de disponer de un sistema tributario suficiente y justo, pero esta necesidad se hace más evidente en un momento como el actual, donde el ciclo económico está mostrando serios síntomas de desaceleración y los ingresos públicos están comenzando a disminuir su favorable evolución de los últimos años, mientras se precisa reforzar las política públicas para proteger a las personas en peor situación.

    Algunas cifras del IMPUESTO sobre el PATRIMONIO (liquidación ejercicio 2004)

    Número de declarantes: 904.836

    Recaudación 1.205.707 millones de euros

    Impuesto cedido íntegramente a las Comunidades Autónomas con capacidad normativa. La supresión del impuesto desde el Gobierno Central con compensación a las Comunidades Autónomas (1.500,00 millones de euros) avala la política de los gobiernos autonómicos del Partido Popular de rebajar impuestos sin que tengan que incurrir en la pérdida de ingresos para realizar las políticas de su competencia.

    Los ingresos salariales medios en 2004 fueron 18.250,00 euros anuales que difícilmente permiten acumular un patrimonio superior a 150.000 euros medido en valor catastral de la vivienda (el método de medición en el IP).

    El patrimonio se calcula individualmente, es decir, una pareja no acumula el patrimonio a la hora de realizar la declaración.

    El Impuesto tiene una exención por vivienda habitual de 150.253 euros, que en la práctica se corresponde con un valor de alrededor del doble (300.000 euros) al considerar el impuesto el valor catastral y no el valor real. El primer euro se paga a partir de un patrimonio real de 300.000 euros (al 0,3%), que en caso de una pareja se multiplica por dos (600.000 euros).

     

    Impuesto sobre el Patrimonio

     

    Base Imponible

    Patrimonio real mínimo con la base imponible declarada

    declarantes

    aportación cuota íntegra

    contribuyentes

    % sobre total

    miles de euros

    % sobre total

    media en euros

    de 100.000 a 300.000

    de 250.000 a 450,000

    532.316

    58,8%

    85.725,77

    7,11%

    161,04

    de 300.000 a 500.000

    de 450.000 a 650.000

    186.349

    20,6%

    120.932,41

    10,03%

    648,96

    de 500.000 a 1,000,000

    de 650.000 a 1,150,000

    126.334

    14,0%

    142.020,23

    11,8%

    1.124,16

    + de 1.000.000

    más de 1.150.000

    59.837

    6,6%

    738.857,25

    61,3%

    12.347,83

    Total

    Total

    904.836

    100,0%

    1.205.707,00

     

    1.332,51

     

    La distribución de la cuota muestra una intensa progresividad del mpuesto sobre el Patrimonio,

    • el 73,1% de la recaudación la paga el 20,6% de los declarantes que declaran un patrimonio individual superior a 650.000 euros.

    • El 61,3% de la recaudación la pagan el 6,6% de los declarantes (59.837 personas), que con la desaparición se ahorran 12.347 euros cada uno.

    • Los contribuyentes con patrimonio inferior aportan de media 161,04 euros, menos que la realizada al IBI por un patrimonio similar.

    CCOO

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • Hacia la semana de cuatro días

    Si en muchas empresas el viernes por la tarde ya no se trabaja, ¿por qué no dejar de ir a la oficina también por la mañana?. En EEUU empresas y administraciones públicas empiezan a concentrar la jornada para afrontar la subida de la gasolina. En España las firmas pioneras ofrecen la opción de trabajar desde casa.

    18-08-2008 – Trabajar sólo de lunes a jueves y disfrutar durante todo el año, y no sólo en los puentes, de un fin de semana de tres días es un sueño compartido por muchos trabajadores. En Estados Unidos cada vez más empleados están consiguiendo convertir este sueño en realidad, y es que la subida de los precios del petróleo está llevando a muchas compañías a replantearse la estructura de la jornada laboral. En un país donde algunos empleados recorren cientos de kilómetros al día en coche para llegar al trabajo, la idea es concentrar la jornada en cuatro días a la semana para recortar el gasto en desplazamientos. Según una encuesta de Robert Half International, un 44% de los estadounidenses han modificado sus hábitos de transporte y trabajo ante el aumento de los precios de los combustibles, y de ellos un 26% ha reducido la duración de su semana laboral por ese motivo.

    La medida se ha extendido especialmente entre las administraciones públicas. Una de las primeras fue la ciudad de Birmingham, que el pasado 1 de julio propuso a sus 2.400 empleados municipales trabajar sólo cuatro días a la semana, durante diez horas al día, lo que según los cálculos del propio ayuntamiento permitiría a los asalariados ahorrarse hasta un millón de dólares anuales (unos 640.000 euros) sólo en gastos de combustible. Desde este mes de agosto unos 17.000 funcionarios del estado de Utah también trabajan sólo de lunes a jueves, aunque como compensación se ha ampliado el horario de las oficinas públicas, que ahora abren desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde.

    En EE. UU. las empresas privadas también han comenzado a promover propuestas como trabajar desde casa al menos un día a la semana. Esta medida también empieza a popularizarse entre algunas empresas españolas con el objetivo de conciliar la vida profesional y personal y ahorrar desplazamientos, no tanto por el coste del combustible como por el tiempo que supone para muchos empleados el trayecto de su casa a su puesto de trabajo y viceversa, lo que alarga considerablemente la jornada laboral. La Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo elaborada por el Ministerio de Trabajo demuestra que uno de cada cinco trabajadores tarda más de media hora en llegar a su empleo y un 4% tarda más de una hora.

    Según un estudio de IBM y The Economist,un 24% de los empleados ya hace parte de su trabajo desde casa al menos un día a la semana. Obviamente la aplicación de este sistema tiene limitaciones, ya que el sector industrial o los puestos de atención al público, por ejemplo, no son compatibles con el teletrabajo, pero algunas grandes compañías de servicios ya empiezan a aplicar esta fórmula.

    Es el caso de la Universitat Oberta Catalunya (UOC), cuyos trabajadores están ya muy acostumbrados a trabajar en un entorno digital. En sus tres sedes de Barcelona y Castelldefels trabajan un total de unas 700 personas y de ellos un 70% se acoge desde hace cinco años a un sistema que les permite trabajar desde casa una tarde a la semana o bien un día completo cada 15 días, previamente pactado con sus superiores. La empresa les subvenciona la conexión ADSL y les da una ayuda de 300 euros para comprarse un ordenador.

    Según Josep Ginesta, director de recursos humanos de la UOC, hasta ahora la experiencia ha sido un éxito: «La gente se organiza el trabajo de forma que el día que se quede en casa pueda dedicarse a hacer números o a aquellas tareas que requieran más concentración y que, por tanto, les resultan más difíciles de realizar en la oficina», explica. La empresa no controla el tiempo que el empleado está conectado desde casa porque «tener a las personas en un sitio no te garantiza que estén haciendo el trabajo y lo que se valora no es la presencia, sino los resultados finales», destaca Ginesta.

    El 35% de los empleados de la UOC acude cada día a su trabajo desde fuera del área metropolitana de Barcelona, lo que puede conllevar más de dos horas diarias de trayecto entre ida, vuelta y los inevitables atascos a la entrada y salida de la ciudad. Estos empleados son quienes con mayor interés se han acogido a la posibilidad de trabajar en casa un día entero cada dos semanas. «Estamos estudiando la posibilidad de que algunos de ellos puedan trabajar todo el día desde casa – comenta Ginesta- y también estamos buscando fórmulas para que, en vez de venir a las sedes de Barcelona, trabajen desde alguno de los centros de apoyo que tenemos por Catalunya, ya no sólo por el coste del combustible sino por el tiempo que pierden».

    Desde hace unos meses Ernst & Young Abogados también ofrece a algunos de sus empleados la posibilidad de trabajar desde casa hasta el 50% de su jornada laboral semanal. De momento esta opción está reservada para los empleados con más de seis años de experiencia en la empresa, unas 180 personas en total, aunque por ahora sólo participan 11 empleados, en su mayoría mujeres con hijos.

    «La idea surgió porque teníamos un colectivo de profesionales muy crítico, con una gran experiencia pero con una tasa de rotación superior al 20%, y lo teníamos que cuidar», reconoce José Luis Riscos, responsable de recursos humanos de la firma. La empresa les asigna un ordenador portátil, la conexión a internet y una Blackberry, y ellos mismos se organizan su horario: «No se les pide que estén conectados desde casa en el mismo horario de oficina, de forma que si una persona tiene que recoger a los niños del colegio puede preferir conectarse de siete de la tarde a diez de la noche, por ejemplo».

    Y es que los profesionales liberales son quienes pueden adaptar con mayor facilidad su horario a este tipo de sistemas. En PricewaterhouseCoopers (PwC), por ejemplo, más de un centenar de empleados cubren desde su casa hasta un 30% de su jornada semanal, entre ellos muchos consultores y auditores, pero también incluso secretarias que desvían a su teléfono móvil las llamadas que reciben en la oficina.

    «En un principio hicimos una prueba piloto ofreciendo esta posibilidad a una treintena de personas a las que pensamos que podía interesar por su problemática personal y familiar – explica Mario Lara, socio director de capital humano de PwC-. Varias personas, sobre todo mujeres, lo rechazaron porque temían que trabajar desde casa pudiera ser mal visto por su jefe, pero ahora ya se ha superado ese miedo y la aceptación del programa es total».

    Además de los profesionales con hijos, la propuesta de PwC ha interesado especialmente a los trabajadores que viven lejos de la oficina. «En las oficinas de Madrid, por ejemplo, tenemos gente que viene cada día desde Ciudad Real y con este sistema van sólo de lunes a jueves, y el viernes pueden trabajar desde casa», destaca Lara.

    Aparte del teletrabajo, otra posibilidad que ofrecen en España algunas empresas para reducir el número de días que se va a la oficina es crear una nueva fórmula de jornada reducida que consiste en compactar todas las horas de trabajo semanal en sólo tres o cuatro días.

    Algunas empresas en EE. UU. también ofrecen esta posibilidad a los empleados que hacen jornada completa, lo que en la práctica supone trabajar diez horas diarias de lunes a jueves. Según un estudio de Randstad, el 42% de los trabajadores menores de 28 años vería con buenos ojos este horario de trabajo, porcentaje que llega al 52% entre los empleados de entre 29 y 43 años y hasta el 58% entre los de mayor edad.

    Camil Ros, secretario de coordinación sectorial de UGT de Catalunya, duda de la viabilidad de este sistema en España. «Aunque sólo se trabajase cuatro días a la semana, hacer una jornada de diez horas diarias es muy cuestionable desde el punto de vista de la productividad – advierte-. Además, a no ser que se compactase la jornada, por ejemplo acortando la pausa de comer y trabajando de siete de la mañana a cinco de la tarde, nos pasaríamos el día en el trabajo, lo que dificultaría aún más la conciliación con la vida familiar. Las jornadas maratonianas no benefician ni a la empresa ni al trabajador».

    Nuria Peláez
    La Vanguardia

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]

  • CCOO muestra su profunda preocupación ante un cuadro de estancamiento económico, inflación y destrucción de empleo

    El Gobierno no debe conceder financiación privilegiada a aquellas empresas que durante la etapa de bonanza económica consiguieron pingues beneficios y no se preocuparon de fortalecer su posición con aportaciones a reservas, y ahora pretenden afrontar la nueva situación con el acceso a créditos más baratos pagados por todos los españoles o mediante la destrucción de empleo.

    18-08-2008 – El estancamiento económico y la elevada inflación dibujan un panorama muy complicado que desgraciadamente tiene muchas posibilidades de estar acompañado de una fuerte destrucción de empleo en los próximos trimestres. En esta delicada situación, CCOO valora la preocupación del Gobierno, incluida la convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario en el mes de agosto para analizar la situación, si bien, es bastante difícil encontrar soluciones mágicas a graves problemas generados durante la última década, que para su solución necesitan de voluntad política, recursos financieros, mucho trabajo y tiempo para que den resultado.

    CCOO viene advirtiendo desde varios años de la fragilidad de los cimientos de la economía española y de los efectos secundarios de un modelo de crecimiento concentrado en la construcción y en la elevación artificial del precio de la vivienda, al abrigo de dos factores extraordinarios: la bajada de tipos de interés hasta niveles no habituales y excesivo alargamiento temporal de los préstamos hipotecarios. Por este motivo, la limitación del endeudamiento de las familias y del incremento en el precio de la vivienda eran objetivos clave en el pasado reciente que habrían restado virulencia a la actual crisis.

    Como resultado de un tiempo de desmesura donde la riqueza creada no se ha repartido de forma equilibrada, la economía española se encuentra muy endeudada tanto interna como externamente, y la falta de inversiones dirigidas a sectores de actividad diferentes a la construcción explica su saldo negativo en prácticamente todos los epígrafes de la balanza de pagos. El precio del petróleo y la crisis financiera internacional no colaboran a mejorar las deficiencias internas. Los problemas, por tanto, son graves y necesitan de voluntad política, recursos financieros, mucho trabajo y tiempo para que den resultado.

    En opinión de CCOO, las medidas adoptadas hasta la fecha podrían haber estado orientadas en otra dirección con más posibilidades de ayudar a mejorar la actual situación. Algunas actuaciones adoptadas en la anterior legislatura (bajada de impuestos directos e incentivos a la construcción residencial para vivienda en propiedad) han agotado buena parte de los márgenes para afrontar la actual situación y decisiones de esta legislatura profundizan en la misma dirección. CCOO no comparte la rebaja del IRPF mediante la deducción en cuota de 400 euros (pérdida de recaudación de 5.500 millones de euros) y tampoco considera adecuada la desaparición del Impuesto sobre el Patrimonio (pérdida de ingresos por valor de 1.440 millones de euros), un tributo muy lejos de estar soportado por la clase media como demuestra que los contribuyentes con un patrimonio superior a 1,2 millones de euros aportan el 61,3% de la cuota líquida (detalle en nota adjunta).

    Conocido el fuerte descenso en los ingresos públicos que afecta a todos los niveles de gobierno es necesario elegir cuidadosamente el volumen y el destino del gasto, a la vez que contar con la máxima coordinación entre administraciones, de manera que CCOO considera que los recursos públicos se deberían concentrar en las siguientes políticas de gasto:

    Actuaciones ambiciosas en materia de vivienda, concentradas en el alquiler para romper las actuales barreras de acceso a la vivienda y reducir significativamente el excesivo esfuerzo exigido a los ciudadanos en este bien básico, para además, no continuar el proceso de aumento del endeudamiento de las familias españolas.

    Generalización de la educación de cero a tres años, de manera que se cubra la actual demanda y se genere empleo en el sector.

    Acelerar la puesta en marcha de los servicios dirigidos a las personas dependientes con la consecuente mejora de unos servicios sociales insuficientes y un impulso en la creación de empleo en ese sector de actividad.

    Asegurar la cobertura de las prestaciones económicas por desempleo e impulsar medidas más estratégicas que las anunciadas para mejorar el funcionamiento de los Servicios Públicos de Empleo y que sean capaces de acompañar en su reinserción laboral a todas las personas desempleadas inscritas, ya que el paro está afectando a más trabajadores que a los del sector de la construcción

    La puesta en marcha de estas políticas combina la satisfacción de demandas muy sentidas por la población con un revulsivo a la actividad económica y, por tanto, implica un uso más eficiente y equitativo de los recursos públicos.

    Por último, sería conveniente que el Gobierno evitara conceder financiación privilegiada a aquellas empresas que durante la etapa de bonanza económica consiguieron pingues beneficios y no se preocuparon de fortalecer su posición con aportaciones a reservas, y ahora pretenden afrontar la nueva situación con el acceso a créditos más baratos pagados por todos los españoles o mediante la destrucción de empleo.

    CCOO

     Opina en nuestro blog

     [VISITA NUESTRA PÁGINA]