“Las cajas no han quebrado por ser cajas, sino
por actuar mal como bancos”. Con esta rotunda frase se expresa lo que ha
ocurrido en el sector un alto directivo de un banco que antes fue caja
de ahorros. “Estos terremotos ocurren siempre después de los grandes
agujeros”, explica.
16-07-2012 –
El reciente memorando de Bruselas con el que se articula el rescate
bancario ha llegado plagado de exigencias para el sector financiero,
pero sobre todo dirige dos dardos a las cajas: deberán vender la mayoría
del capital de sus bancos filiales y los directivos de las cajas no
podrán estar en las entidades financieras. La Unión Europea no ha puesto
una fecha para que se lleven a cabo estas medidas.
El documento firmado por los ministros de Economía de la UE también
advierte de que los bancos viables con ayudas deberán vender
participaciones y activos no estratégicos, abandonar actividades que no
pertenezcan a su núcleo de negocio, y tendrán prohibido el pago de
dividendos, así como la remuneración de instrumentos de capital.
Además, deberán demostrar que son capaces de sobrevivir a largo plazo
por sí solas. De lo contrario, se venderán a sus competidores. Por
último, se indica que todas las entidades deberán cotizar en Bolsa para
someterse a la disciplina de mercado.
En el sector se considera que las nuevas exigencias son un paso más
para recluir a las cajas en fundaciones de carácter especial —el mismo
modelo que se hizo en Italia entre 1990 y 1994— para que el negocio
financiero quede lo más alejado posible de sus manos. En Italia supuso
una caída de la competencia en el sector y un encarecimiento de los
servicios, consecuencias que algunos analistas auguran para España. “A
Bruselas no le gustan las cajas. Eso está claro. Tras barrer las
españolas, solo quedarán las alemanas que, por cierto, se agrupan en
grandes bancos mayoristas, donde hay miles de millones en activos
tóxicos que todavía no se han saneado”, comenta el ejecutivo de una
entidad.
En definitiva, Bruselas dibuja un sistema que es la puntilla para lo
que quedaba de las cajas, tal y como se han entendido hasta ahora. Es
decir, aquellas entidades que destinaban el beneficio a nutrir la obra
social y las reservas.
Algunos creen que las reformas eran necesarias “porque buena parte de
las cajas han cometido errores terribles, como su apetito voraz en el
ladrillo y casi haberse convertido en bancos públicos de las Comunidades
Autónomas”, según Juan Carlos Martínez, profesor de Economía del IE
Business School.
“Las medidas europeas sobre el gobierno corporativo de las cajas,
como la prohibición de duplicidades en los consejos de administración de
las cajas y de sus bancos filiales, son un paso positivo para mejorar
su profesionalidad y reducir aun más la politización que todavía
existía”, apunta Joaquín Maudos, catedrático de Economía de la
Universidad de Valencia. Martínez concluye que el esquema tradicional de
las cajas “ha llegado a su fin. Están en un proceso de extinción
controlada. Ahora hace falta ver cómo queda la obra social”.
Fuentes de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA)
admiten que Bruselas ha dado un paso más en el ocaso del modelo clásico
de cajas. “No se ha hecho una imposición directa de los poderes
políticos, al estilo de lo que ocurrió en Italia con la Ley Amato. Sin
embargo, con los decretos que exigen más capital y provisiones, así como
con el memorando de Bruselas, las cajas cambian radicalmente”, añaden
desde la CECA. No obstante, aclaran que la obra social no tiene por qué
desaparecer “en las entidades que se mantienen sin ser nacionalizadas
aunque tendrán que destinar una parte de sus resultados a los dividendos
de los accionistas de los bancos, algo no que antes no ocurría”.
Puede que mantengan su carácter social, pero desde luego con mucho
menos presupuesto. En el sector se apunta a La Caixa y a Kutxabank como
las de mayor vocación y capacidad de actuación social por su solvencia.
El resto (salvo las pequeñas Caixa Ontinyent y Pollença, que son las
únicas cajas que han sobrevivido sin mutación gracias a su prudente
gestión), dependerá de cómo termine tras las pruebas de estrés que
Oliver Wyman realizará en septiembre y que exigirán más capital.
Llegarán fusiones, ventas y todo tipo de operaciones. A partir de
octubre aparecerá un nuevo escenario financiero que condicionará la obra
social de las fundaciones de las cajas. Los bancos esperan beneficiarse
de esta circunstancia (así como de los escándalos de las preferentes y
de las indemnizaciones de exejecutivos) ya que no han conseguido tener
el tirón comercial y de proximidad logrado por las cajas por su vocación
social.
El presidente de un banco procedente de una caja, que pide el
anonimato, dice que la sociedad española “ha empezado a darse cuenta de
lo que supone la pérdida de la obra social, pero lo que viene en el
futuro es mucho peor. Se acabará gran cantidad de ayudas sociales justo
ahora, que es cuando hacen más falta. Las Comunidades Autónomas y los
Ayuntamientos tampoco tienen dinero, por lo que vienen tiempos duros
para muchos colectivos que dependían de nosotros”. José María Martínez,
secretario general de Comfia-CC OO, considera que las nuevas medidas de
conversión en bancos “provocarán más exclusión social”. En 2011 se
destinaron 489 millones a temas asistenciales y sanitarios. En total,
1.125 millones para la obra social, que es una cifra similar a la de
2003. Quedan lejos los 2.058 millones que se gastaron en 2008, en plena
orgía de la burbuja inmobiliaria.
Para empezar, este año hay 12 cajas nacionalizadas, a través de
Bankia, Novagalicia y CatalunyaCaixa, cuyo dividendo social se reducirá
drásticamente. Y para 2013 todavía será peor porque dejarán de recibir
dinero de sus bancos filiales y empezarán a comerse las reservas.
En Caja Madrid, a punto de transformarse en fundación y perder su
condición de entidad financiera, creen que tienen liquidez para un par
de años sin empezar a vender activos. No obstante, admiten “que debemos
cambiar y reducir radicalmente la estructura de gastos. Los actos
culturales serán los que más sufran para volcarnos en los temas
asistenciales. De todas formas, los cierres de algunos centros sociales
son inevitables”, apunta un ejecutivo.
Otro punto relevante del memorando es la obligación de que todas las
cajas bajen del 50% su participación en los bancos filiales. Aunque el
Gobierno ha dicho que es un requerimiento “a largo plazo”, las entidades
están preocupadas. “Es el punto más novedoso del documento de Bruselas.
Creo que no es positivo porque las cajas que ahora poseen más del 50%
de bancos son las que han tenido una gestión eficiente”, comenta Maudos.
José María Martínez, de CC OO, cree que esta medida puede llevar a las
cajas a “una venta precipitada, minusvalorada e ineficiente como lo que
sucedió con Bankia y Banca Cívica”. La CECA incluso cree que va contra
la Ley de Propiedad y que a nadie se le puede obligar a vender un bien
que le pertenece de acuerdo con la normativa.
El tercer aspecto de mayor trascendencia del documento europeo ha
sido la obligatoriedad de crear un banco malo. Europa solo ha dibujado
por encima sus características, pero se ha reservado sus detalles. Los
activos problemáticos de las entidades que reciban ayuda tienen que ser
sacados de los balances. Se supone que en estas Sociedades Gestoras de
Activos, eufemismo del banco malo, además del ladrillo estarán los
créditos fallidos incobrables “y otros activos no inmobiliarios”, dice
el documento de Bruselas que no detalla nada más.
Todos estos activos se transferirán a un banco malo a su valor
razonable a largo plazo, es decir, el que puedan tener en el mercado en
dos o tres años, según el Gobierno. La medida ha supuesto un alivio para
el sector, que temía que se les obligara a vender a precio de mercado.
Para hallar este valor se usarán las pruebas de resistencia realizadas a
la banca.
El Pais