Categoría: Divulgacion

  • Declaración del Segundo encuentro de la Cumbre Social

    El pasado 25 de julio más de 150 organizaciones de la sociedad civil, que agrupan a más de 900 asociaciones y entidades, nos reunimos en lo que denominamos Cumbre Social para reflexionar sobre la situación por la que está atravesando nuestro país, la naturaleza y las consecuencias económicas y sociales de las políticas que se están llevando a cabo por el Gobierno de la nación en connivencia con la Unión Europea, y para mancomunar la respuesta social con el objetivo de promover un cambio sustancial de las mismas.

    Vimos entonces cómo las políticas que se están implementando desde mayo de 2010 y que se han intensificado desde la llegada del PP al Gobierno están suponiendo una fractura social sin precedentes: Se sigue destruyendo empleo; se siguen deteriorando los derechos laborales y sociales; se intensifica la devaluación de nuestro Estado de Bienestar; se promueve una involución ideológica de carácter neoconservador y confesional negando a las mujeres el derecho a decidir sobre su salud sexual y reproductiva, profundizando la división sexual del trabajo, reduciendo los recursos contra la violencia sexual, criminalizando a la población inmigrante,… y aparecen síntomas preocupantes de autoritarismo político que amenazan la calidad de nuestro sistema democrático. No existe ningún colectivo, ni ámbito de la actividad social y cultural, que se libre de las consecuencias de estas políticas salvo los poderes económicos y las élites que los representan. Todo ello, sin que en estos dos años largos de políticas neoliberales a ultranza aparezca el más mínimo indicio de superación de la crisis, antes al contrario, se profundiza la recesión económica.

    El mundo del trabajo, los empleados y empleadas públicos, los desempleados y los pensionistas, los autónomos, el pequeño comercio; el mundo de la cultura y la ciencia; la justicia; el medio rural; los medios de comunicación y los periodistas, los inmigrantes, los jóvenes; la sanidad, la educación, la dependencia y los servicios sociales; el medio ambiente y las posibilidades de un modelo económico sostenible, los derechos de los consumidores, la actividad de las organizaciones que trabajan con los más empobrecidos y que practican la cooperación al desarrollo, …TODO y TODOS y TODAS estamos sufriendo las consecuencias de unas políticas que nos llevan a un cambio de modelo social y nos arrastran hacia una sociedad más injusta, menos igualitaria y más autoritaria, rompiendo los consensos básicos establecidos en la transición democrática.

    Desde la pasada reunión de la Cumbre Social hemos seguido sufriendo centenares de incendios repartidos por toda nuestra geografía que podrían haberse evitado o, al menos, haber sido menos devastadores si no se hubiesen recortado los recursos dedicados a ello ni destruido la ganadería extensiva como elemento de limpieza de los montes; se ha prolongado la ayuda a los parados que no perciben ninguna prestación pero reduciendo muy significativamente el número de beneficiarios de la misma, cebándose muy especialmente en los jóvenes; se ha intensificado la persecución de aquellas organizaciones no sumisas a las directrices del poder como ha sucedido con las amenazas contra FACUA, ha continuado el cerco del Gobierno central hacia las corporaciones locales, particularmente las menores, y hacia las CCAA y ha aumentado exponencialmente el riesgo de rescate de la economía española.

    Las organizaciones reunidas en esta segunda Cumbre Social ratificamos el compromiso adquirido en la anterior de conseguir el próximo 15 de septiembre una gran concentración en Madrid, que exprese el profundo rechazo que nos merecen estas políticas; que plantee con nitidez que existen alternativas a las políticas europeas y nacionales, empezando por una política fiscal más justa y progresiva y una decidida lucha contra el fraude fiscal sin amnistía para los defraudadores. El 15 de septiembre, también, debe cuestionar la legitimidad del Gobierno para llevar a cabo unas medidas que no formaron parte de su programa electoral.

    Ninguna de las medidas que, desde enero, se vienen aplicando se sometió a la consideración de la ciudadanía en las pasadas elecciones del 20 de noviembre. Cada una de ellas de manera aislada ya supone un ejercicio de ocultación suficientemente grave, pero todas juntas, como programa de acción gubernamental, supone un auténtico fraude democrático y una violación de los derechos humanos y de la ética de la política.

    El mal llamado rescate (ni blando ni suave) que negocia el Gobierno ni es inevitable ni deseable con los antecedentes conocidos (Grecia, Irlanda, Portugal) y, de llevarse a cabo, supondrá nuevas condiciones y por tanto nuevos recortes, que amenazan con desbaratar lo poco que se mantiene en pie, prestaciones por desempleo, pensiones,...Ésa es una decisión de tal trascendencia que no puede tomarla el Gobierno por sí sólo. Si antes teníamos suficientes motivos para exigir un Referéndum, ahora más.

    La Constitución Española contempla en su artículo 92.1 la posibilidad de que ante decisiones de especial relevancia se recurra a la consulta popular, eso es lo que da sentido y fortalece nuestra democracia, lo que en momentos tan críticos es justo que demandemos. En todo caso la ciudadanía debe tener la posibilidad de expresarse. Ése también es nuestro compromiso. 


  • Rescates y ajustes.

    El reformismo del rescate asimétrico.

    I

    El alud de medidas de ajuste y de anuncios de rescate es tan apabullante que cuando escribo este comentario, a finales de agosto, ya casi hemos olvidado la brutalidad de las medidas adoptadas por el gobierno hace mes y medio. Y nos estamos preparando para la nueva avalancha que llegará a finales de año, calculando que la próxima bomba de destrucción masiva caerá tras la convocatoria electoral de octubre. Si alguna imagen me viene a la mente en esta situación es la veraz descripción que hace Ramiro Pinilla de la defensa republicana de Vizcaya, donde un ejército de esforzados militantes trataba de resistir la brutal combinación de bombardeos aéreos y ataques masivos de los fascistas. Todos sabemos cómo acabó aquello y casi todos pensamos que nos vamos a tragar los próximos ajustes que dicten Bruselas, la Merkel, el FMI, el Banco de España o el papa de Roma. Lo que no quiere decir que la resistencia sea inútil o innecesaria. Simplemente constatar que hoy por hoy las fuerzas son desiguales.

    Creo que hay poco que comentar sobre los efectos sociales de estos ajustes, los intereses que las imponen, el modelo social al que nos conducen. Hemos hablado reiteradamente de esta cuestión, mucha gente lo ha hecho con acierto. Y lo vamos a continuar haciendo, sin duda, en los próximos meses. Lo que me parece que vale la pena destacar en el momento actual tiene que ver con los tiempos de la intervención, con las formas y las orientaciones.

    II

    El aspecto más relevante al respecto es el de los plazos en los que se están realizando los rescates. Un seguimiento detallado de la coyuntura muestra una enorme lentitud en la toma de decisiones y en su aplicación práctica. La sucesión de cumbres, minicumbres, reuniones de trabajo, etc. es interminable. Las medidas se anuncian en los titulares, pero después pasa largo tiempo hasta que se encarnan en acciones concretas, y en muchos casos quedan en el aire. Podemos pensar que ello tiene sobre todo que ver con la complejidad institucional de la Unión Europea. A estas alturas resulta evidente el fracaso estructural de un modelo que trata de unificar los mercados sin construir una estructura política adecuada. En un mundo donde las decisiones financieras se toman a velocidad supersónica un sistema de intervención pública que actúa a ritmo de tortuga o es simplemente inútil o se convierte en cómplice de los especuladores.

    Pero reducir la cuestión a un problema de mero diseño institucional resulta a estas alturas ingenuo. Si bien la Unión Europea ha batido todos los récords de parsimonia en la adopción de decisiones básicas, no ha sido la única en retardar las reformas, ni en aplicar prácticas de doble velocidad. En cuanto se ha tratado de sostener al sistema financiero todo el mundo ha tomado decisiones drásticas, empezando por las nacionalizaciones masivas de bancos en 2008 y continuando por el apoyo sostenido a dicho sistema en forma de inyecciones masivas de crédito a las entidades financieras llevado a cabo por el Banco Central Europeo. En cambio, la lentitud ha sido máxima a la hora de regular las instituciones financieras, aun en los casos en que es evidente su comportamiento criminal. Como se ha desvelado recientemente en el caso de manipulación de los referentes crediticios Libor y Euribor por parte de un “pool” de los más selectos bancos del mundo. Los rescates a la banca han sido rápidos y con exigencias menores; los rescates al sector público, lentos y con grandes exigencias.

    En esto consiste la práctica del rescate asimétrico. Una práctica que muestra el equilibrio de poder y la ideología de los que realmente mandan. El ejemplo más reciente lo hemos tenido en España: mientras el Gobierno inyecta 5.000 millones de euros a Bankia, su banco amigo, racanea las ayudas a las autonomías y pone con ello en peligro mucho bienestar y muchos puestos de trabajo.

    III

    Pero hay más que sesgos e inercias en este desigual tratamiento de los problemas. En la lentitud al aplicar ayudas a los países o comunidades en dificultades hay también un elemento de cálculo estratégico en la tardanza en aplicar ayudas. Se trata, más que de una terapia de shock, de una política de luz de gas, de ir acogotando al necesitado, de negarle medidas de emergencia para que al final acabe aceptando todo el lote de exigencias que se le quieren imponer. Es una política maquiavélica que cuenta, además, con una buena colectividad de corifeos que la avalan. Una política en la que el dogmatismo y la ceguera ideológica se combinan con la defensa de intereses inconfesables.

    En el campo de los dogmáticos están una buena parte de los propagandistas teóricos pro-capitalismo. Cualquier lector atento de El País ha tenido la oportunidad de leer, en las últimas semanas, infinidad de artículos de economistas supuestamente respetuosos (varios de ellos catedráticos en universidades extranjeras, lo que supone un plus de pedigrí) abogando por la necesidad de mantener alta la exigencia como única forma para que se realicen las “necesarias reformas liberalizadoras” que nos llevarán a adoptar el supuesto modelo económico ortodoxo (inexistente en ningún país real) que nos permitirá salir prontamente de la crisis y retomar una incomparable senda de bienestar y crecimiento… Ninguna visión reflexiva sobre el pasado y el presente. Ninguna revisión del impacto que han tenido estas mismas políticas en los países donde ya se aplicaron. Ninguna reflexión sobre el crecimiento de las desigualdades y la pobreza que treinta años de políticas neoliberales han generado en los países desarrollados. Ninguna reflexión crítica sobre la evolución de la globalización, el papel de las grandes corporaciones, la financiarización y la existencia de un sistema económico mundial donde imperan importantes estructuras de poder asimétrico. Por supuesto, ninguna reflexión profunda sobre los efectos perversos del capitalismo de mercado en la gestión ecológica ni sobre los peligros de seguir replicando el mismo modelo productivo. Practicantes de una pseudociencia sin visión crítica no dudan en defender que la mejor autopista al paraíso pasa por aceptar el malestar, la desigualdad, el empobrecimiento.

    Junto a ellos los beneficiarios de los ajustes. Los beneficiarios económicos, los que ven incrementadas sus rentas, sus posibilidades de negocio, su poder social, con el desguace de las políticas de bienestar y de derechos laborales. Y los beneficiarios políticos. Aquellos que practican la luz de gas como forma de mantener su propio proyecto político. Como una Merkel que necesita mantener la firmeza frente al Sur de Europa como parte de su política propagandística xenófoba en su propio feudo alemán. Como Rajoy, que trata de mantener la asfixia financiera de las comunidades autónomas (a las que previamente se las hizo responsables del grueso del gasto público) como medio para reforzar su visión centralista y españolista de la política.

    Estamos en manos de individuos que por dogmatismo, interés, y/o miopía, están practicando una política de cerco generadora de un elevadísimo coste social. Que puede generar efectos insospechables, como la generalización de una nueva recesión planetaria (a algo de ello apuntan los últimos datos macroeconómicos de medio mundo) o la incapacidad de hacer frente a nuevos desafíos globales como los del cambio climático o el pico del petróleo.

    Para resistir a esta política de estrangulamiento no basta con la movilización y la denuncia. Es también necesario reforzar tanto un conocimiento económico alternativo, teórico y aplicado, como, especialmente reconstruir planes y formas de intervención que hagan frente a este desastre. Es tiempo de lucha, de pensamiento y de política. De otro pensamiento y de una acción colectiva que vaya más allá del necesario, pero a veces narcisista, ejercicio de la protesta.

    Recortar derechos, dividir a las víctimas

    No hace falta ser un especialista muy sofisticado en políticas sociales para percibir que los planes de ajuste representan recortes brutales a los derechos sociales y generan más pobreza y desigualdades. Dada la profundidad de los ajustes en marcha, los afectados son millones de personas. Y por ello podría esperarse una amplia respuesta social de las víctimas. El que ésta no se produzca, el que los ajustes tengan poco coste político para quien los decide, es una de las grandes preguntas que deberíamos saber contestar.

    Sin entrar en un análisis más global, vale la pena subrayar que una parte de esta respuesta limitada tiene que ver con el propio diseño de muchas de las políticas de ajuste. Éstas se presentan siempre como medidas de racionalización orientadas no tanto a eliminar derechos básicos como a actuar contra despilfarros innecesarios y abusos insoportables. Una forma de presentar los ajustes que hemos podido ver en las diversas medidas que se han ido tomando. Así, las reformas de derechos laborales se intentan justificar con el excesivo poder que tienen los trabajadores fijos frente a los temporales (lo que se supone que se traduce en aumentos salariales insensatos, reticencias a la adaptación laboral…). Los recortes a las prestaciones de desempleo se plantean como una respuesta a la actitud laxa en materia de búsqueda de empleo por parte de un sector de parados rentistas. Los recortes en la sanidad se plantean como respuesta al excesivo consumo farmacéutico o a la presencia de un insoportable turismo sanitario… Los recortes llevan siempre asociadas medidas de discriminación de beneficiarios (atendiendo pretendidamente a “circunstancias objetivas”) cuyo control aumenta a menudo la complejidad administrativa de la gestión.

    Y es que estas políticas están diseñadas con un doble objetivo: el de recortar derechos y gastos y el de dividir a la población en cuanto a la aceptabilidad de las mismas. Ninguna política social universal es ajena a la posibilidad de que haya personas que abusen o se aprovechen. Y siempre es posible detectar fallos en su aplicación. Pero el coste social de eliminar estos abusos puede ser a menudo mayor que el de permitirlos. En muchos casos, la denuncia de estos abusos sólo forma parte de la estrategia de distracción empleada para camuflar el verdadero carácter antisocial de estas medidas.

    Las medidas de racionalización tratan de convertir los conflictos sociales generales, de clase, en conflictos interpersonales o intergrupales: entre trabajadores fijos y temporales, personas mayores y jóvenes, nativos e inmigrantes, usuarios responsables y despilfarradores, etc. Puede pensarse que se trata de una estrategia grosera (del estilo de la empleada por la ministra de Empleo al relacionar a los jóvenes perceptores del subsidio de 400 euros con familias de altos ingresos), pero en muchos casos resulta mucho más sofisticada y alcanza gran parte de sus objetivos de trasladar el conflicto, empantanarlo y obtener la aceptación de suficiente base social.

    De hecho se trata de la aplicación de algo que en la fase de capitalismo neoliberal ha sido fundamental para erosionar tanto los servicios públicos como la solidaridad de clase. Las políticas de recortes selectivos forman parte de una estrategia más amplia de fragmentación social que se ha jugado tanto en el terreno de las políticas públicas como en el de la gestión laboral de las empresas. En ambos espacios se han ido generando múltiples mecanismos de evaluación, selección, diferenciación, que tienen el efecto de individualizar, fragmentar, promover la rivalidad entre personas. No se trata sólo de la existencia de filtros y mecanismos de diferenciación, sino de todo un aparato “cultural” puesto al servicio de esta diferenciación. Gran parte de la ideología que subyace en conceptos como “capital humano”, “carrera profesional”, o “mérito individual” tienen que ver con esta política de la diferenciación, sobre todo en el plano laboral. Quizás hasta ahora ha sido menos sofisticada su versión en las políticas públicas, aunque en todas ellas está presente la construcción cultural de los buenos y malos merecedores de servicios, de los nacionales y los extranjeros, de los contribuyentes y los parásitos. Ahora estamos asistiendo a un reforzamiento de estos discursos prácticas como un componente esencial de las políticas de recortes.

    Invertir estas prácticas exige no sólo denunciar sus efectos perversos, su peligrosidad social. Exige también construir otro marco de referencia cultural capaz de combatir las estrategias de la división y la fragmentación que son consustanciales a la hegemonía social de las políticas neoliberales.

    Albert Recio Andreu

    Artículo publicado en Mientras Tanto Electrónico.

    COMFIA-CCOO Caja3 no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

  • Peligro: un político en el Consejo.

    La salida de Iñaki Urdangarín del Consejo de Administración de Telefónica Internacional por su imputación en el caso Nóos ha vuelto a poner sobre la mesa esta semana la peligrosa relación que existe entre la política y la empresa.

    Una relación que iba en aumento en las compañías que cotizan en el Ibex 35 hasta este año, cuando la dimisión de Rodrigo Rato y el órgano rector en pleno de la intervenida Bankia (y sus participadas), ha dejado por el camino a muchos expolíticos convertidos en administradores.

     El expresidente del Gobierno Felipe González es el político de mayor rango presente en los consejos de administración de las 35 mayores empresas españolas. Lo fichó Gas Natural a finales de 2010, pocos meses antes de que José María Aznar fuese contratado por Endesa (en su caso en calidad de asesor externo). Más de una decena de exministros ocupan los sillones de mando de otras tantas compañías del selectivo: Abengoa (José Borrell), FCC (Marcelino Oreja), IAG (José Pedro Pérez Llorca), Iberdrola (Ángel Acebes), OHL (Juan Miguel Villar Mir), Repsol (Luis Carlos Croissier), Técnicas Reunidas (Javier Gómez Navarro)… y, en dos de ellas, es por partida doble o triple, como en Banco Santander (Isabel Tocino, Abel Matutes y Matías Rodríguez Inciarte) y en Red Eléctrica (Miguel Boyer y Ángeles Amador).

    Algunas optan por dirigentes de otros países, como Telefónica con el exministro brasileño Luis Fernando Furlán o Repsol con el exviceministro Henri Philippe Reichstul, también brasileño. En Gamesa, una comisaria europea (Benita Ferrero-Waldner) da lustre al consejo. En IAG se trata de un exsecretario del Tesoro de Estados Unidos (John Snow).

    Pero hay mayor profusión de ex altos cargos públicos de menor responsabilidad sentados en los órganos de decisión de las empresas del Ibex. Abengoa, Abertis, Acerinox, ACS, Amadeus, Banco Santander, BBVA, Enagás, Ferrovial, IAG, Indra y Red Eléctrica han contratado a exsecretarios de Estado, antiguos subsecretarios, directores generales y subdirectores. En Enagás hay tres administradores de este tipo.

    La lista de ex políticos consejeros es mucho más larga. Otra treintena de nombres que ocupan hoy los sillones de mando de las compañías líderes españolas pasaron por la Administración Pública estatal y autonómica, o fueron designados por ella para presidir empresas e instituciones participadas, o ejercieron como dirigentes de partidos políticos, como diputados o simplemente son familiares directos o amigos de políticos. Y podían haber sido más si no se hubiese parado el nombramiento del marido de María Dolores de Cospedal o del hermano de Álvaro Nadal como consejeros de Red Eléctrica en marzo de este año. O si CaixaBank no hubiese prescindido del alcalde de Banyoles como administrador.

    La pregunta que subyace en torno a la entrada de políticos en los órganos de decisión de las empresas es si estas les contratan por su red de influencias o por su cualificación. Y es aquí donde los especialistas distinguen entre unos consejeros y otros. “Si se trata de políticos que antes trabajaron en el mundo privado, luego pasaron a la función pública y después vuelven al sector privado, la evolución de su carrera es buena y pueden aportar tanto en el ámbito público como en el privado. En cambio, si su trayectoria profesional es solo política y ahora usan esa plataforma para colocarse en el mundo de las finanzas, la fórmula puede ser perversa, porque lo que se deduce es que lo que aporta a la empresa son relaciones y eso puede derivar en conflicto de interés”, opina José Ramón Pin, profesor de IESE. En los consejos del Ibex, “de la primera tipología hay pocos. Son muchos más de la segunda”, matiza.

    Francisco Longo, secretario general de Esade, establece otro tipo de distinción. Habla de políticos en activo y expolíticos. En su opinión, tiene poco sentido que políticos en activo entren en los consejos de administración, como ha sucedido en las cajas de ahorros, incluso cuando la participación pública en el capital de las empresas es alta. En el caso de los altos cargos que han dejado de serlo, “hay que conseguir un equilibrio aceptable. Cuando son buenos, tienen experiencia de Gobierno, pueden aportar a las compañías privadas y beneficiarlas. Pero tiene contraindicaciones. Puede ocurrir, y de hecho ocurre, que se les designe por sus contactos en lugar de por sus cualidades”.

    Para Juan Iranzo, presidente del Club de Consejeros de España, los políticos aportan a los consejos de administración “conocimiento, experiencia y capacidad de decisión. Lo mismo que el resto de administradores”. Iranzo, miembro del politizado consejo de Red Eléctrica, del que descarta opinar, defiende una interrelación entre la vida política y empresarial, el trasvase de profesionales de un área a la otra.

    Algo que el exministro Manuel Pimentel comparte, pero con matices, pues en su opinión los políticos no solo deben esperar los dos años que fija la ley de incompatibilidades para saltar a la esfera privada, sino “lo que aconseja la prudencia, que es dejar pasar al menos tres o cuatro años”. Pimentel recomienda tener cuidado con las compañías que solo buscan a ex altos cargos por sus contactos o como conseguidores. Lo que, según el cazatalentos Carlos Alemany, es lo más frecuente, ya que “existen políticos capaces, pero hasta ahora no han demostrado gran capacidad en el ámbito público, y muchos de ellos no han tenido nada que ver con la gestión”.

    Si hay un expolítico que acapare sillones en consejos de administración ese es Josep Piqué i Camps. Sin embargo, ejerce su poder fuera de las empresas del Ibex 35. Solo en lo que va de año, el actual presidente no ejecutivo de Vueling ha sumado tres nuevos asientos en los órganos de decisión de compañías cotizadas integrantes del mercado continuo. Ha entrado en calidad de independiente en EADS (como representante de la SEPI), también en Ezentis y en la constructora Grupo San José. Y el pasado julio abandonó la presidencia de Bodaclik, que ha reducido los miembros de su consejo de administración a cinco como consecuencia del plan de austeridad que ha acometido una vez superada su salida al Mercado Alternativo Bursátil (MAB).

    El que fuera ministro de Industria y Energía, de Asuntos Exteriores, de Ciencia y Tecnología y Portavoz del Gobierno del PP entre 1996 y 2003, es consejero también de Applus Technologies, de GVC Gaesco, de Tradisa; preside la consultora Pangea XXI y figura en los consejos asesores de Seat, Reparalia, AT Kearney, Specer Stuart, UPS, ING España y Abertis, entre otras sociedades.

    Aún hay más. Piqué preside el Círculo de Economía y la Fundación Consejo España-Japón; asesora a los Gobiernos de Bulgaria e Indonesia y también es consejero de la Cámara de Comercio de Uzbekistán y presidente de honor de la Cámara de Comercio Corea-España, constituida el pasado mes de junio. ¿Alguien da más?                                             El País

  • La receta de Rajoy no funciona.

    Rajoy ha tratado de hacer frente a la crisis mediante una receta que contiene tres ingredientes principales.

    El primero es una gran dosis de disimulo para tratar de ocultar las mentiras, los incumplimientos programáticos y los juegos de manos que está habituado a hacer. Todo el mundo sabe que el presidente es un consumado especialista en mirar a otro lado cuando se presenta un problema para tratar de solucionarlo por el simple expediente de dejar que se pudra o que desparezca solo. Un procedimiento, sin embargo, que ya no le funciona por la sencilla razón de que no es lo mismo ser ministro o incluso principal líder de la oposición que presidente del gobierno, una posición desde la que, como siempre se ha dicho, no se puede engañar a todos y al mismo tiempo. Y, sobre todo, porque ha cometido el mismo error garrafal que hundió a José Luis Rodríguez Zapatero y a su partido: creer que la crisis era domesticable, no solo con dejar pasar el tiempo sino, en el caso de Rajoy, pensando que la llegada al gobierno del PP sería suficiente para modificar el signo de los acontecimientos (“Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”, decía Montoro, no en vano, uno de sus hombres de confianza).

    El segundo ingrediente de la receta Rajoy es un prontuario ideológico muy elemental y en su caso desarrollado con una retórica bastante pobre pero que contiene todos los principios ideológicos del neoliberalismo. Sea por convicción, por conveniencia o por necesidad, Rajoy forma parte de esa cohorte de políticos y economistas que se ha creído que los primitivos dogmas neoliberales que recitan de memoria, y cuya eficacia nadie ha conseguido demostrar, son realmente capaces de resolver los problemas que tienen por delante. Se creen que liberalizando el mercado de trabajo, reduciendo salarios y haciendo reformas orientadas a dar más poder a los empresarios se creará más empleo y aumentará la competitividad de la economía; que las políticas de austeridad, la disminución del gasto y los impuestos reducen el déficit y la deuda en etapas de recesión; que eliminando sector público se estimula la actividad privada; o que se logra más equilibrio y estabilidad dando plena libertad a las fuerzas del mercado y a los grandes grupos financieros y empresariales.

    Tampoco le funciona ya este ingrediente porque la realidad es terca, incluso más terca que el propio Rajoy, y demuestra que esos prejuicios ideológicos no funcionan cuando se llevan a la práctica: ni se crea empleo con reformas liberales cuando lo que le falta a las empresas es demanda y financiación, ni se reduce la deuda cuando la austeridad reduce aún más la actividad económica, ni se estabiliza la economía con un mercado dominado por fuerzas oligopolistas que solo responden a lógicas muy improductivas y puramente especulativas.

    La terca realidad indica que en ningún país ni en circunstancias parecidas a las nuestras han funcionado esas recetas que la Unión Europea, Rajoy y sus equipos defienden como la adecuadas para poder salir de la crisis.

    El tercer ingrediente es una estrecha alianza con las clases dirigentes, con las élites profesionales, económicas, mediáticas y financieras que vienen dominando a la sociedad española desde hace decenios y, principalmente, gracias a la libertad de acción que le concedió la dictadura fascista durante cuarenta años y que la democracia no ha sabido o querido eliminar.

    Esa alianza se traduce (como hemos analizado Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo en nuestro libro Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a los recortes del PP) en la adopción de medidas que solo conllevan mucho más poder y riqueza para esos grupos privilegiados pero que son incapaces de sacarnos del estancamiento económico.

    Todos esos grupos clamaron en su día por la llegada al poder de Rajoy y lo jalearon durante un buen tiempo, pero no han tardado mucho en darle la espalda casi por completo.

    Conceder más privilegios a los privilegiados es un remedio, pero muy efímero cuando la situación económica es tan agobiante. Los empresarios se alegran cuando una reforma laboral les da más poder pero pronto comprueban que eso no les sirve de mucho cuando lo que les falta son clientes en la puerta y créditos que los bancos no les conceden. Los banqueros agradecen los apoyos de las sucesivas reformas financieras diseñadas a su favor, pero comienzan a dudar cuando comprueban que el apoyo gubernamental se hace a costa de trapichear con sus socios europeos, que ya comienzan a estar hartos de ese juego y de tantas trampas. Incluso los grandes medios de comunicación comienzan a darle la espalda a un gobierno que ha batido todos los record de desafección política y que, por tanto, puede tener los días contados.

    La conclusión es evidente: solo con mentiras, con un prontuario ideológico de Todo a cien que está bien para espantar a ingenuos pero que es completamente inútil para solucionar problemas económicos reales, e incluso con cada vez menor apoyo de los grupos oligárquicos no se va a ningún sitio, dada la situación a la que ha llegado nuestra economía y nuestra sociedad, harta ya de incompetencias, de improvisaciones y de excusas.

    España (de la mano del PP y del PSOE) cayó hace tiempo en la trampa que supuso la política monetaria expansiva que el Banco Central Europeo adoptó (sin tener en cuenta su efecto sobre los demás países) para facilitar la recuperación de Alemania cuando su economía corría peligro de estancamiento. El exceso de ahorro y capital que gracias a ello obtuvo Alemania se tradujo en un flujo ilimitado de capital que nos inundó provocando un déficit exterior casi simétrico al superávit alemán, una burbuja inmobiliaria y un endeudamiento fatal de nuestro sector bancario del que se derivó el de las empresas y familias. Mientras que nos llegaba financiación barata casi nadie puso objeciones (ganando tanto dinero como estaban ganando los grupos que influían en las decisiones de los sucesivos gobiernos) y todos se jactaban de dirigir la mejor de las situaciones posibles. Pero cuando España dejaba de tener financiación externa y tuvo que dedicarse a hacer frente a la deuda exterior, las empresas y los consumidores dejaron de tener acceso al crédito, la demanda agregada (sobre todo el gasto dedicado a bienes y servicios nacionales y no tanto a los de fuera) se vino abajo, el negocio de la construcción saltó por los aires, se desbocó el paro… y empezó el llanto y crujir de dientes.

    Casi inmediatamente aumentaron los gastos fiscales (desempleo y ayudas de todo tipo) y los públicos extraordinarios dedicados a evitar el colapso, cayeron los ingresos y el déficit se disparó, aumentando una deuda pública que se añadía a una privada mucho mayor aún.

    Como no se podía acudir a la financiación fácil y barata de un banco central y como los financiadores privados no son tontos y sabían que, en esas condiciones, la situación necesariamente iba a ir a peor, comenzaron a apretar las tuercas y así hemos llegado al abismo en el que estamos.

    A mí me parece que a estas alturas es una completa estupidez que los españoles y los europeos nos sigamos engañando. La realidad indiscutible es que la deuda (no solo española sino la que se ha acumulado en el conjunto europeo) es materialmente impagable. No hay posibilidad alguna de que España o Italia, por no hablar de Grecia, Irlanda o Portugal, puedan pagar todo lo que deben, y mucho menos en las condiciones impuestas y en las que van a ir imponiendo los financiadores privados.

    Solo hay dos soluciones posibles (aparte, claro está, de dejar que los deudores se declaren en bancarrota, de desencadenar una inflación galopante o de provocar una guerra dramática y se empantane toda Europa y la economía mundial) para absorber la deuda que se ha acumulado.

    La primera, que se la cobren los acreedores a base de adquirir a bajo coste el patrimonio que queda de los deudores. Es posiblemente lo que se busca con el diseño que los alemanes han hecho del banco malo (para poder quedarse con la mayor parte posible de la riqueza inmobiliaria que pueda salvarse), lo que seguramente trata de sondear Merkel en la visita que estos días nos hace, y lo que organizarán los hombres de negro (con privatizaciones de todo tipo) cuando seamos intervenidos tras un rescate que en cualquier caso no servirá para arreglar la situación.

    La segunda alternativa es llegar a un acuerdo general de reestructuración y quita de la deuda (algo que Alemania trató de evitar obligando a la reforma constitucional de hace un año) para abordar un plan de regeneración económica bien organizado y consensuado desde principios de justicia social, solidaridad y compromiso con los intereses generales.

    Los españoles deberíamos decidir pronto si queremos entregarnos o salvar y rescatar de verdad a España.

    Juan Torres López | Economista

  • ¿Qué les pasa a quienes ayudan a luchar contra el fraude fiscal?

    Hoy nos hacemos eco de la campaña que está impulsando ATTAC para llamar la atención del injusto tratamiento que España está dispensando a Hervé Falciani, la persona que desveló miles de cuentas secretas en un banco suizo, cuentas que escapan al control de la Agencia Tributaria, y que por lo tanto, socavan los ingresos públicos y el Estado del Bienestar. Sigue leyendo…no tiene desperdicio. 

    HERVÉ FALCIANI DEBE SER LIBERADO

    Desde el 1 de julio se encuentra preso en España a la espera de que se resuelva la solicitud de extradición pedida por Suiza.

    Suiza le acusa de un delito de revelación de secreto bancario, que no existe en España.

    Su descubrimiento de cuentas opacas en el banco HSBC permitió desenmascarar a más de 18.000 evasores de España, Francia e Italia.

    Hervé Falciani es un ingeniero informático que, siendo empleado de la central suiza del banco HSBC, descubre 130.000 cuentas que ocultan un gigantesco fraude fiscal a multitud de Haciendas nacionales. 18.000 de estas cuentas son de clientes franceses, italianos y españoles. Particulares y empresas. La Agencia Tributaria española identifica en 2010, a través de las 3.000 cuentas comunicadas por Francia, 659 evasores de mayor cuantía, y otros muchos de pequeñas cantidades. Entre los más importantes, Emilio Botín y su hija, Ana Patricia. Entre principal y multa solventan el problema abonando 200 millones de euros.

    Entre 2006 y 2008, Falciani hace una copia de los movimientos de estas cuentas. El 20 de diciembre de 2008, atendiendo una denuncia de la Asociación Suiza de Banqueros, Swissbank, es detenido e interrogado por la Fiscalía suiza. Puesto en libertad, Falciani abandona Suiza, y se instala en el sur de Francia.

    En enero de 2009, en respuesta a una petición de la Fiscalía suiza, las autoridades fiscales de Niza realizan una inspección en el domicilio de Falciani, acusado de robo de datos personales, vulneración de secreto comercial y violación del sacrosanto secreto bancario suizo.

    Estudiado el contenido del ordenador del ingeniero informático, la fiscalía francesa no solo no detiene a Falciani (Francia no extradita a sus ciudadanos), sino que pasa los datos a Hacienda, que abre una rigurosa investigación de los evasores fiscales franceses, y comunica a las autoridades italianas y españolas los datos que les competen.

    El 1 de julio de 2012. Falciani llega al puerto de Barcelona, procedente de Setén, Francia. Ese día hay un control de pasaportes rutinario, y la petición de busca y captura del tribunal central suizo aparece en el ordenador de la policía. Falciani es detenido. La Audiencia Nacional le abre un procedimiento de extradición. Desde entonces Falciani se encuentra preso en el centro penitenciario de Valdemoro (Madrid).

    La vulneración del secreto bancario, del que le acusa la justicia suiza, no es delito en España. Sin embargo, las revelaciones de Falciani han permitido descubrir más de 6.000 millones de euros evadidos a la Hacienda Pública. Y la evasión fiscal sí es delito en España.

    Conviene recordar que el HSBC fue investigado como consecuencia del caso GESCARTERA por comercializar cuentas secretas en España y sancionado con una multa de 2.1 millones de euros por la CNMV con ese motivo.

    Suiza, a pesar del Convenio suscrito con España para intercambiar información fiscal, ha anunciado que no facilitará a nuestro país datos de estas cuentas alegando que la información que motivó el inicio de las investigaciones había sido robada por un empleado del banco. En la actualidad, no existe un marco legal para que España, y el resto de los estados afectados, conozcan las cuentas secretas abiertas en el banco HSBC y utilizadas para ocultar riqueza no declarada fiscalmente. Suiza ha incorporado a su sistema jurídico, como valor constitucionalmente protegido, el secreto bancario.

    Suiza ha construido una industria financiera offshore potentísima fundamentada en el constitucionalmente configurado secreto bancario. Se cifra en 2 billones de dólares los capitales gestionados por tal industria.

    La fiscalía recomienda la puesta en libertad de Falciani, no entregarlo a ese gigantesco paraíso de defraudadores que es Suiza. Uno de los varios que existen en la Unión Europea.

    El drama es que la deuda pública se sostiene sobre los hombros de los trabajadores. Aquellos que, precisamente, no pueden disfrutar de las ventajas de los sofisticados paraísos fiscales. El Gobierno de España está realizando profundos recortes, entre otros sobre el hasta ahora intocable sistema de la Seguridad Social. Y paralelamente, elevando todos aquellos impuestos que más penalizan a las clases populares, ya que, afirma, no se recauda lo suficiente. Mientras, miles y miles de millones se sustraen a nuestra Hacienda para terminar evadidos en paraísos fiscales.

    ATTAC exige la inmediata puesta en libertad de Hervé Falciani, junto al reconocimiento de los servicios prestados a la Hacienda Española.

    ATTAC también exige que se investiguen a fondo la evasión fiscal y las cuestas de españoles, particulares y empresas, en paraísos fiscales.

    ATTAC exige que los organismos internacionales emprendan acciones decididas para la definitiva eliminación de los paraísos fiscales. Auténticos sumideros donde terminan todos aquellos capitales sustraídos a la sociedad. Si Suiza hubiera aceptado el estándar requerido de transparencia y hubiera facilitado periódicamente la identidad de los titulares o beneficiarios efectivos de las cuentas abiertas en Suiza, es evidente que el dinero procedente de la evasión fiscal y el crimen no se habría refugiado, en la proporción que parece que lo ha hecho, en esas cuentas.

    ATTAC exige que se implante de una vez por todas el Impuesto a las Transacciones Financieras. Una herramienta muy útil, por lo que supone de control de los flujos financieros, contra la especulación y la lucha contra la evasión y los paraísos fiscales .

    Para exigir la liberación de Hervë Falciani, ATTAC ha emprendido una campaña de apoyo público. Para suscribir el comunicado entra en esta página de la Plataforma de Movilización Ciudadana OIGA.ME

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