Categoría: Divulgacion

  • DECLARADA CESION ILEGAL EN OFICINAS TRAGSATEC

    El Juzgado de lo Social nº 1 de Santiago de Compostela ha dictado Sentencia el 12 de
    agosto de 2011 por la que se declara la existencia de cesión ilegal de trabajadores y despido improcedente de una compañera que prestaba servicios en la oficina que Tragsatec tiene alquilada en San Lázaro, Santiago de Compostela.

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    El Juzgado de lo Social nº 1 de Santiago de Compostela ha dictado Sentencia el 12 de
    agosto de 2011 por la que se declara la existencia de cesión ilegal de trabajadores y
    despido improcedente de una compañera que prestaba servicios en la oficina que
    Tragsatec tiene alquilada en San Lázaro, Santiago de Compostela.

    Aunque en la sentencia se reconoce que la demandante prestaba servicios en un centro
    laboral de la empresa que comparte con otros contratados de Tragsatec, en el que no
    presta servicios nadie de la administración pública y que los medios materiales y de
    producción son facilitados por Tragsatec; también se evidencia que la empresa sólo
    realiza, a través de un contratado, labores necesarias acerca de contratación, cotización y
    todos los efectos de índole administrativa necesarios, sin realizar ninguna labor de
    supervisión acerca del desarrollo de la encomienda, tal y como manifiesta el propio
    contratado en el juicio, que acude al centro de trabajo de forma solo ocasional.

    Resalta que quien ejerce el poder de dirección sobre la demandante es una persona
    dependiente de la Xunta de Galicia (Jefe de Servicio), acreditado por la testifical y
    documental aportados durante el juicio, sin que Tragsatec realice ningún seguimiento y
    control del trabajo diario y habitual de la demandante.

    De todo lo expuesto, dice la sentencia, se deduce con claridad que la auténtica
    organización empresarial y que actúa como tal es la Xunta de Galicia – Consellería de
    Medio Ambiente, por lo que existe una cesión ilegal de trabajadores.

    Por todo lo anterior, concluye, se debe declarar también el fin de la relación laboral como
    un despido improcedente. La única entidad que tiene facultad para cesar la relación
    laboral es la Xunta de Galicia, donde radica el poder de dirección, y no Tragsatec.

  • CUANDO LA SOCIEDAD TE DEVUELVE LO QUE LE DAS.

    No nos cansamos en CC.OO. de reclamar responsabilidad social a toda la clase directiva del país. Los sacrificios que plantean a las plantillas en todos los sectores (público y privado) son absolutamente desproporcionados con la realidad.

    No nos cansamos en CC.OO. de reclamar responsabilidad social a toda la clase directiva del país. Los sacrificios que plantean a las plantillas en todos los sectores (público y privado) son absolutamente desproporcionados con la realidad.

    En el caso de las cajas de ahorro, el objetivo principal ha sido desarrollar una actividad económica concreta, obtener beneficios y devolver una buena parte de estos a la sociedad que le rodea. Es básico entender los principios de la responsabilidad social para entender que en todo negocio recoges aquello que siembras. Y esto es aplicable a Caixa Penedès.

    Esta misma sociedad ha despertado, clientes y no clientes que están hartos de los abusos y de la falta de transparencia que han mostrado los directivos en la gestión de la Entidad, y todo por una gestión que ha olvidado los principios básicos de responsabilidad: La sociedad que los rodea, sus clientes y su plantilla.

    Grupos municipales del Ayuntamiento de Vilafranca del Penedès han pedido responsabilidades a 6 miembros del antiguo staff directivo de Caixa Penedès, presentando una propuesta al pleno del Ayuntamiento para declararlos personas «non gratas». No prosperó en el pleno que se celebró, puesto que parece que todavía se pagan los favores, pero si que denota una fuerte decepción hacia una de las empresas motores de la comarca. Como mínimo hasta la fecha. Y esta decepción se hace patente también en las redes sociales, que juegan un papel destacado al propagar las opiniones de la gente a pie de calle, como el blog el canto de la sirena (elcantdelasirena.blogspot.com), que pone en evidencia el poco compromiso de la Dirección hacia su gente.

    El próximo día 28 de julio tendrá lugar una nueva reunión de la Mesa de negociación en BMN. Una reunión que debería servir para enderezar la situación laboral actual. Somos conscientes de las dificultades coyunturales en las que nos encontramos. Pero lo que es seguro es que no tenemos que pagar sólo nosotros los platos rotos. La postura de CC.OO. continúa siendo firme y de compromiso absoluto. Mantenimiento de todos los puestos de trabajo con unas condiciones laborales dignas, justas y no discriminatorias (horarios, salarios, igualdad, salud laboral, conciliación…)

    CC.OO. como primer sindicato de Caixa Penedès y en el sector de ahorro y de banca, ofrecemos toda nuestra capacidad de trabajo y compromiso para lograr el mejor acuerdo para todo el colectivo del grupo BMN.

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  • Nuevo número de la Gaceta de información TRAGSATEC COMFIA.CCOO

    Ya puedes descargarte las gacetas informativas que desde la Sección Sindical COMFIA-CCOO Tragsatec ponemos a tu disposión.

     

  • Reivindicarnos y repensarnos: sindicalismo, trabajo y democracia.

    QUIEN haya seguido de cerca los temas abordados en los anteriores
    números de Gaceta Sindical: Reflexión y Debate, habrá observado nuestra
    preocupación por acercarnos a la realidad actual, que viene marcada por
    la crisis. Si evaluamos las políticas seguidas para enfrentarla habrá
    que convenir, asumiendo el riesgo de la simplificación, que se han dado
    tres elementos convergentes: el primero, el impulso de unas políticas
    económicas de corte neoliberal que han puesto el acento en la reducción
    del déficit público antes que en la recuperación de la actividad
    económica. 

    El segundo, y como consecuencia de lo anterior, que se ha procedido a
    una fuerte reducción de los recursos humanos y materiales destinados a
    los servicios públicos que debe proveer el Estado, debilitándolos como
    factores de cohesión e integración social que son y favoreciendo su
    privatización. Y el tercero, un inusitado ataque al movimiento
    sindical, desde círculos políticos, económicos y mediáticos
    —reaccionarios y no tanto—, que aun no siendo nuevo, sí ha revestido
    tintes de agresividad nunca vistos.

     

    La importancia de los
    temas en cuestión, en esta encrucijada histórica, es evidente. Estamos
    viviendo una crisis originada por una especulación «permitida» en los
    mercados financieros e inmobiliarios, pero también en los de materias
    primas — no solo del petróleo sino de productos básicos de alimentación—
    que están condenando al desempleo y a la pobreza a una parte
    importante de la población mundial. Y las primeras respuestas políticas
    mundiales de cooperación ante estos desmanes de las empresas
    transnacionales y de los mercados que parecían señalar —en los acuerdos
    del G20 o en la propuesta de la OIT por un Pacto Mundial por el
    Empleo— un nuevo escenario político de gobierno de la globalización, se
    han transformado en la hegemonía de los intereses de los que
    provocaron la crisis.

     

    La llamada «hegemonía» de los
    mercados frente a las acciones de las políticas públicas está poniendo
    en tela de juicio, no solo la legitimidad de los gobiernos
    democráticamente elegidos frente a las decisiones de mercados y
    empresas privadas, sino la viabilidad de los derechos económicos,
    laborales y sociales en los que se basa la convivencia de nuestras
    sociedades. Y en este escenario de recortes generalizados de derechos,
    el sindicalismo de clase tiene un obligado papel de reivindicación y
    defensa de los derechos laborales y sociales, al tiempo que se
    convierte en un obstáculo a las nuevas políticas neoliberales. Por ello,
    es necesario reivindicar el valor de los derechos de convivencia y
    ciudadanía. Es necesario, también, reivindicar el papel de los
    sindicatos, que buscan ser defensores de intereses generales, ante tanta
    agresión como estamos recibiendo.

     

    Pero ¿cómo hacerlo?
    ¿Nos limitamos a una soflama, más o menos argumentativa, contra quienes
    han urdido y materializado la campaña de acoso y derribo de la que
    estamos siendo objeto? ¿Nos ponemos a desvelar sus secretas intenciones
    en una suerte de acto defensivo como si, de verdad, tuviésemos que
    expiar nuestras «culpas»? ¿Nos contentamos con afirmar aquello, por
    otra parte cierto, de que nos atacan porque somos «el último muro de
    contención de las políticas neoliberales»?

     

    Podríamos
    hacer eso y no estaríamos haciendo algo ilegítimo. Estamos en nuestro
    perfecto derecho de reivindicarnos a nosotros mismos, máxime cuando nos
    enfrentamos a tanta mentira y calumnia y nos sentimos orgullosos de
    nuestra trayectoria y convencidos de nuestra acción.

     

    Pero
    adoptar una actitud defensiva y de autoafirmación sería demasiado
    simple, y supondría desperdiciar la ocasión para reflexionar
    críticamente sobre el movimiento sindical ante los desafíos presentes y
    futuros.

     

    DEBEMOS REIVINDICARNOS PERO TAMBIÉN REPENSARNOS

     

    Y eso, con toda modestia, es lo que pretendemos hacer en este número.

     

    ¿Qué supone repensarnos?

     

    Desde
    nuestro punto de vista repensar el sindicato quiere decir mirar hacia
    todos los puntos posibles que contextualizan y condicionan nuestra
    actividad, quiere decir valorar si nuestro discurso, nuestra práctica,
    nuestras estructuras organizativas son las adecuadas,…

     

    Es
    necesario, por tanto, prospectar los cambios que se están produciendo
    en la estructura productiva de este país y las consecuencias que éstos
    tienen en la composición y caracterización de la clase; determinar si
    la regulación normativa de la libertad sindical es la adecuada para
    canalizar a través de las organizaciones sindicales las demandas
    colectivas; evaluar si nuestra organización, prácticas y acción son las
    que corresponden para intervenir eficazmente en un contexto nuevo y
    cambiante; detectar, en definitiva, nuestras insuficiencias para,
    finalmente, establecer líneas de mejora con la vocación de que CCOO sea,
    todavía más, el principal referente de la clase trabajadora para
    defender sus intereses, desde los más particulares a los más generales.

     

    En
    este sentido vamos a dejar planteados algunos interrogantes a los que
    nos aproximamos en este número, pero a los que habrá que responder
    desde el debate colectivo en el seno del sindicato, no sin antes dejar
    establecido que toda aproximación crítica no puede, por acción u
    omisión, minusvalorar lo que somos.

     

    Debemos partir, por
    tanto, de que la Confederación Sindical de CCOO es una realidad
    incuestionable porque está asentada en las tres fuentes de legitimación
    esenciales: buen nivel de afiliación, mejores resultados electorales y
    gran poder contractual medido por la amplísima presencia en la
    negociación colectiva y en la interlocución con los poderes públicos.

     

    Primer
    interrogante. El sindicato, por definición, organiza a los
    trabajadores y trabajadoras donde se sustancia el conflicto
    capital-trabajo, esto es, en la empresa
    . ¿Cómo intervenimos y
    organizamos a los colectivos de trabajadores y trabajadoras que, por
    diversas situaciones no tienen, han roto o diluido su vínculo con el
    centro de trabajo? El caso más llamativo lo encontramos entre las
    personas que se encuentran en situación de desempleo. Por una parte
    están aquellos, particularmente los jóvenes, que no han podido acceder a
    un puesto de trabajo tras finalizar sus estudios; por otra, aquellos
    que habiendo trabajado han perdido su empleo, da igual que sea después
    de poco o mucho tiempo pues no pocas personas que estaban afiliadas
    mientras trabajaban han dejado de cotizar al quedar en paro. Sucede lo
    mismo con aquellos asalariados que han pasado a la situación de
    autónomos, sean dependientes o no, o con los pensionistas. Una realidad
    relativamente similar observamos en aquellos colectivos que aun
    manteniendo el vínculo con la empresa, éste es «débil» dadas las
    peculiaridades de su desempeño profesional, como sucede con el
    teletrabajo.

     

    Segundo interrogante. Nuestro
    tejido productivo se caracteriza por la atomización empresarial, esto
    es, la prevalencia, en porcentajes superiores al 90%, de pequeña y
    mediana empresa
    donde todavía se mantienen unas relaciones
    laborales de carácter paterno-filial, donde la regulación de las
    condiciones de trabajo contiene una alta dosis de individualización y,
    por tanto, donde la elección de representantes sindicales e incluso la
    presencia del sindicato es sumamente difícil. Es obvio que debemos
    aspirar a estar presentes en el propio centro de trabajo
    independientemente de su tamaño, pero no es menos cierto que venimos
    reflexionando sobre ello desde hace mucho tiempo y no hemos encontrado
    todavía la fórmula adecuada. Las claves creemos que se encuentran en la
    negociación colectiva y más particularmente en la función del convenio
    colectivo, sobre todo a partir del acercamiento del sindicato a la PYME
    y microempresa. Un instrumento podría ser la Comisión Paritaria del
    Convenio.

     

    Tercer interrogante. Los cambios que se
    han producido en la estructura productiva indican, cuando menos, una
    doble realidad: de un lado, el crecimiento del sector terciario y de
    otro, el avance acelerado de la sociedad del conocimiento
    .
    Sociedad de servicios y sociedad del conocimiento dibujan situaciones y
    perfiles profesionales en los que el sindicalismo confederal tiene
    objetivamente mayores dificultades para estar presente. ¿Cómo
    intervenimos y organizamos a las personas, mayoritariamente
    inmigrantes, que se dedican a la atención a las personas, ante la
    ausencia de prestación de servicios de la ley de dependencia? ¿Cómo
    afiliamos en alguno de los sectores de los servicios que se
    caracterizan por altos niveles de precariedad laboral y una alta tasa
    de rotación? ¿Cómo actuamos ante colectivos que por sus características
    profesionales son más proclives a la práctica corporativa? Sobre este
    último fenómeno ya tenemos experiencia en las administraciones
    públicas. Aquellos colectivos que se definen por ser altamente
    cualificados, de reducido número, que gozan de «prestigio social», que
    ocupan un lugar muy relevante en la sociedad y en la propia estructura
    de la administración y que por ello mismo y por sí solos pueden forzar
    una regulación específica de sus condiciones de trabajo (pensemos en
    médicos, abogados, economistas, inspectores, en diferente medida en el
    personal docente,…), son objetivamente más proclives al asociacionismo o
    sindicalismo corporativo que defiende intereses particulares sin tener
    en cuenta, necesariamente, los generales y, en consecuencia, son más
    refractarios al sindicalismo confederal que se define por su visión
    general y la solidaridad entre los trabajadores y trabajadoras.

     

    Cuarto interrogante. La externalización de las actividades productivas,
    lo que Ignacio Muro caracteriza como «socialización de los riesgos»,
    junto a las políticas contractuales de las empresas, que siguen optando
    por deprimir el factor trabajo como mejor opción para incrementar la
    productividad y los beneficios, favorecen la dilución de ciertos
    perfiles profesionales y el cambio de empresa y sector con una
    frecuencia nunca vista. En EEUU un trabajador puede cambiar, por
    término medio, hasta 11 veces de empresa a lo largo de su vida laboral y
    España va por el mismo camino. En estas condiciones ¿la estructura
    federativo-sectorial que mantenemos, propia de una época en que las
    actividades productivas estaban más claramente definidas, por tanto
    también los perfiles profesionales, y en la que un trabajador podía
    empezar en una empresa como aprendiz y permanecer en ella hasta
    jubilarse, es la adecuada ahora? ¿Se ajusta a la nueva realidad? Y lo
    que es más importante, ¿es la más eficaz para organizar más y mejor a
    los trabajadores y trabajadoras para defender sus intereses? ¿No
    deberíamos pensar en otra estructura de organización sectorial? En todo
    caso, ¿no sería necesario establecer puentes entre federaciones y
    marcos de colaboración estables entre ellas?

     

    Quinto
    interrogante. ¿La normativa sobre libertad sindical que prima la
    representación unitaria de los trabajadores frente a la presencia de
    las organizaciones sindicales, favorece o perjudica al movimiento
    sindical organizado?
    Habrá que convenir que el contenido de la
    LOLS responde a un momento histórico concreto, y que la experiencia
    acumulada demuestra que las amplias competencias de los comités y las
    escasas de las secciones sindicales operan en detrimento del hecho
    sindical. Un número significativo de trabajadores y trabajadoras no ven
    la necesidad de afiliarse, entre otras cosas porque saben que el
    Comité les va a representar por el mero hecho de participar en las
    elecciones, dándose la circunstancia probada de que las candidaturas
    del sindicato en las empresas cuentan con un alto número de personas no
    afiliadas y que muchos trabajadores nos votan (lo que expresa un
    determinado nivel de confianza) pero no se afilian (lo que supone dar
    un paso de mayor compromiso). Más allá de esto, ¿el modelo
    representativo actual se ajusta a las necesidades que plantea una
    economía globalizada? ¿No sería necesario que el sindicato asumiese en
    sentido amplio el gobierno de los elementos centrales de la relación
    capital-trabajo?

     

    Sexto interrogante. El sindicato ha asumido una función representativa y de gestión que trasciende del ámbito del trabajo. A diferencia del modelo clásico europeo, sobre todo del modelo sajón y
    centro y norte europeo, CCOO interviene de forma activa en los
    procesos externos al ámbito de la empresa, allí o en aquellas materias
    en las que se establece la distribución de la riqueza. Consecuencia de
    esa opción hemos apostado por la independencia del sindicato y
    construimos de forma autónoma nuestra propuesta. El cauce, el diálogo
    social y en ocasiones el conflicto. La crisis ha puesto de manifiesto
    los límites de una opción como ésta. La sociedad «ve» al sindicato como
    parte integrante del sistema. ¿Sería necesario reformular objetivos?
    ¿Reforzar la autonomía del sindicato? ¿Esta apuesta no puede estar
    siendo interpretada como una supeditación al poder político?

     

    Séptimo
    interrogante. La función última del sindicato es organizar a los
    trabajadores y trabajadoras para defender colectivamente sus intereses.
    Esto se hace esencialmente a través de la acción sindical, el
    asesoramiento laboral y la negociación colectiva. En las últimas
    décadas, la conquista de mayor poder institucional y la profundización
    de la vertiente sociopolítica del sindicato han favorecido que hayamos
    ampliado las líneas de intervención. Uno de los ejemplos más
    paradigmáticos es la participación en la gestión e impartición de la
    formación para el empleo. ¿Esto ha ido en detrimento de la principal
    función del sindicato? ¿Estas actividades han redundado en más y mejor
    organización de los trabajadores y trabajadoras? ¿Están en consonancia
    los esfuerzos que dedicamos a estos ámbitos y el resultado que de ellos
    obtenemos, medidos en afiliación? ¿Están contribuyendo estas
    actividades a mejorar o a perjudicar el crédito del sindicato? ¿Debemos
    reequilibrar nuestras actividades, sabiendo que la actividad
    fundamental del sindicato es la acción sindical?

     

    Estos y otros interrogantes caben en una reflexión crítica sobre nuestro sindicato.

     

    Pero no queremos finalizar estas líneas sin hacer una consideración que a nosotros nos parece capital.

     

    Analizar
    los cambios operados en el mercado de trabajo, cuáles son las
    transformaciones estructurales que se han producido y cómo estas
    modifican el cuadro de relaciones de trabajo, reflexionar sobre la
    acción sindical que se practica y de ahí poder establecer cuáles son las
    mejores estrategias sindicales y las más adecuadas fórmulas
    organizativas, es algo fundamental para aquellos que seguimos
    considerando que el sindicalismo, o es confederal y transformador o es
    un mero gestor.

     

    Pero un enfoque como el apuntado nos
    podría llevar a considerar que los problemas del sindicalismo
    confederal son externos (los cambios producidos y las dificultades para
    adaptarnos, la crisis laboral y la ausencia de vínculos sindicales en
    ella, la ofensiva de los poderes económicos y mediáticos). Nosotros
    somos de la opinión de que junto a todo lo señalado, y mucho más que se
    pondrá de manifiesto en estas páginas, hay otros problemas que son
    propios: la progresiva institucionalización que en ocasiones ha ido en
    detrimento del protagonismo de nuestros afiliados y afiliadas; un
    insuficiente ejercicio de la autonomía e independencia del sindicato
    que puede suponer que, en ocasiones y por parte de ciertos colectivos,
    se nos haya visto excesivamente próximos al poder y por tanto hayan
    recelado de nosotros; la dinámica interna en la que nos hemos
    instalado, con mucha presencia en las sedes sindicales y menos en los
    centros de trabajo, practicando no pocas veces un sindicalismo de
    demanda (atendemos a quienes recurren a nosotros) pero no de oferta
    (vamos menos de lo necesario a explicar nuestras propuestas y a
    escuchar a la gente); la debilitación, cuando no la pérdida, del
    espíritu y actividad militante; el escaso rigor en los criterios para
    reclutar nuevos sindicalistas; la escasa formación que les ofrecemos a
    las nuevas generaciones; la ausencia de controles en la actividad de
    nuestros permanentes sindicales, …

     

    En esencia, lo que
    planteamos es que debemos mirar hacia afuera, pero debemos también
    mirar más profundo, más hacia nuestro interior para ver cómo estamos
    haciendo las cosas y cómo debemos hacerlas. En la lógica de repensarnos
    debemos caminar hacia una nueva ética militante.

     

    Lo
    hasta aquí planteado no es una aproximación retórica a los problemas
    presentes y futuros del sindicalismo de CCOO, todo lo contrario, es una
    reflexión abierta, como corresponde al espíritu de Gaceta Sindical:
    Reflexión y Debate, para animar el debate que, tarde o temprano, debe
    concluir en la adopción de estrategias de intervención. De que lo
    hagamos o no depende, en gran medida, nuestro porvenir y, más que ello,
    depende que el sindicalismo confederal siga ampliando cuotas de poder
    contractual o quede como una anécdota histórica.

     

    La
    dinámica económica (paro, precariedad,…), las mutaciones en los
    sectores de actividad y su repercusión en los colectivos de
    trabajadores y trabajadoras, la ofensiva neoliberal que cuestiona el
    movimiento sindical confederal por ser «el último enemigo a batir»… y
    nuestras prácticas, no siempre las más adecuadas, pueden acabar
    suponiendo un debilitamiento del sindicalismo de clase a favor de la
    individualización de las relaciones laborales o de la representación
    corporativa de intereses. De nosotros y nosotras depende escribir el
    siguiente capítulo de esta historia.

     

    IGNACIO FERNÁNDEZ TOXO

    Secretario general de CCOO

     

    FERNANDO LEZCANO

    Secretario de Comunicación de CCOO

     

    Artículo pUblicado en Gaeta Sindical Reflexión y debate nº 16. Sindicalismo, trabajo y democracia