Categoría: Documentacion

  • Reivindicarnos y repensarnos: sindicalismo, trabajo y democracia.

    QUIEN haya seguido de cerca los temas abordados en los anteriores
    números de Gaceta Sindical: Reflexión y Debate, habrá observado nuestra
    preocupación por acercarnos a la realidad actual, que viene marcada por
    la crisis. Si evaluamos las políticas seguidas para enfrentarla habrá
    que convenir, asumiendo el riesgo de la simplificación, que se han dado
    tres elementos convergentes: el primero, el impulso de unas políticas
    económicas de corte neoliberal que han puesto el acento en la reducción
    del déficit público antes que en la recuperación de la actividad
    económica. 

    El segundo, y como consecuencia de lo anterior, que se ha procedido a
    una fuerte reducción de los recursos humanos y materiales destinados a
    los servicios públicos que debe proveer el Estado, debilitándolos como
    factores de cohesión e integración social que son y favoreciendo su
    privatización. Y el tercero, un inusitado ataque al movimiento
    sindical, desde círculos políticos, económicos y mediáticos
    —reaccionarios y no tanto—, que aun no siendo nuevo, sí ha revestido
    tintes de agresividad nunca vistos.

     

    La importancia de los
    temas en cuestión, en esta encrucijada histórica, es evidente. Estamos
    viviendo una crisis originada por una especulación «permitida» en los
    mercados financieros e inmobiliarios, pero también en los de materias
    primas — no solo del petróleo sino de productos básicos de alimentación—
    que están condenando al desempleo y a la pobreza a una parte
    importante de la población mundial. Y las primeras respuestas políticas
    mundiales de cooperación ante estos desmanes de las empresas
    transnacionales y de los mercados que parecían señalar —en los acuerdos
    del G20 o en la propuesta de la OIT por un Pacto Mundial por el
    Empleo— un nuevo escenario político de gobierno de la globalización, se
    han transformado en la hegemonía de los intereses de los que
    provocaron la crisis.

     

    La llamada «hegemonía» de los
    mercados frente a las acciones de las políticas públicas está poniendo
    en tela de juicio, no solo la legitimidad de los gobiernos
    democráticamente elegidos frente a las decisiones de mercados y
    empresas privadas, sino la viabilidad de los derechos económicos,
    laborales y sociales en los que se basa la convivencia de nuestras
    sociedades. Y en este escenario de recortes generalizados de derechos,
    el sindicalismo de clase tiene un obligado papel de reivindicación y
    defensa de los derechos laborales y sociales, al tiempo que se
    convierte en un obstáculo a las nuevas políticas neoliberales. Por ello,
    es necesario reivindicar el valor de los derechos de convivencia y
    ciudadanía. Es necesario, también, reivindicar el papel de los
    sindicatos, que buscan ser defensores de intereses generales, ante tanta
    agresión como estamos recibiendo.

     

    Pero ¿cómo hacerlo?
    ¿Nos limitamos a una soflama, más o menos argumentativa, contra quienes
    han urdido y materializado la campaña de acoso y derribo de la que
    estamos siendo objeto? ¿Nos ponemos a desvelar sus secretas intenciones
    en una suerte de acto defensivo como si, de verdad, tuviésemos que
    expiar nuestras «culpas»? ¿Nos contentamos con afirmar aquello, por
    otra parte cierto, de que nos atacan porque somos «el último muro de
    contención de las políticas neoliberales»?

     

    Podríamos
    hacer eso y no estaríamos haciendo algo ilegítimo. Estamos en nuestro
    perfecto derecho de reivindicarnos a nosotros mismos, máxime cuando nos
    enfrentamos a tanta mentira y calumnia y nos sentimos orgullosos de
    nuestra trayectoria y convencidos de nuestra acción.

     

    Pero
    adoptar una actitud defensiva y de autoafirmación sería demasiado
    simple, y supondría desperdiciar la ocasión para reflexionar
    críticamente sobre el movimiento sindical ante los desafíos presentes y
    futuros.

     

    DEBEMOS REIVINDICARNOS PERO TAMBIÉN REPENSARNOS

     

    Y eso, con toda modestia, es lo que pretendemos hacer en este número.

     

    ¿Qué supone repensarnos?

     

    Desde
    nuestro punto de vista repensar el sindicato quiere decir mirar hacia
    todos los puntos posibles que contextualizan y condicionan nuestra
    actividad, quiere decir valorar si nuestro discurso, nuestra práctica,
    nuestras estructuras organizativas son las adecuadas,…

     

    Es
    necesario, por tanto, prospectar los cambios que se están produciendo
    en la estructura productiva de este país y las consecuencias que éstos
    tienen en la composición y caracterización de la clase; determinar si
    la regulación normativa de la libertad sindical es la adecuada para
    canalizar a través de las organizaciones sindicales las demandas
    colectivas; evaluar si nuestra organización, prácticas y acción son las
    que corresponden para intervenir eficazmente en un contexto nuevo y
    cambiante; detectar, en definitiva, nuestras insuficiencias para,
    finalmente, establecer líneas de mejora con la vocación de que CCOO sea,
    todavía más, el principal referente de la clase trabajadora para
    defender sus intereses, desde los más particulares a los más generales.

     

    En
    este sentido vamos a dejar planteados algunos interrogantes a los que
    nos aproximamos en este número, pero a los que habrá que responder
    desde el debate colectivo en el seno del sindicato, no sin antes dejar
    establecido que toda aproximación crítica no puede, por acción u
    omisión, minusvalorar lo que somos.

     

    Debemos partir, por
    tanto, de que la Confederación Sindical de CCOO es una realidad
    incuestionable porque está asentada en las tres fuentes de legitimación
    esenciales: buen nivel de afiliación, mejores resultados electorales y
    gran poder contractual medido por la amplísima presencia en la
    negociación colectiva y en la interlocución con los poderes públicos.

     

    Primer
    interrogante. El sindicato, por definición, organiza a los
    trabajadores y trabajadoras donde se sustancia el conflicto
    capital-trabajo, esto es, en la empresa
    . ¿Cómo intervenimos y
    organizamos a los colectivos de trabajadores y trabajadoras que, por
    diversas situaciones no tienen, han roto o diluido su vínculo con el
    centro de trabajo? El caso más llamativo lo encontramos entre las
    personas que se encuentran en situación de desempleo. Por una parte
    están aquellos, particularmente los jóvenes, que no han podido acceder a
    un puesto de trabajo tras finalizar sus estudios; por otra, aquellos
    que habiendo trabajado han perdido su empleo, da igual que sea después
    de poco o mucho tiempo pues no pocas personas que estaban afiliadas
    mientras trabajaban han dejado de cotizar al quedar en paro. Sucede lo
    mismo con aquellos asalariados que han pasado a la situación de
    autónomos, sean dependientes o no, o con los pensionistas. Una realidad
    relativamente similar observamos en aquellos colectivos que aun
    manteniendo el vínculo con la empresa, éste es «débil» dadas las
    peculiaridades de su desempeño profesional, como sucede con el
    teletrabajo.

     

    Segundo interrogante. Nuestro
    tejido productivo se caracteriza por la atomización empresarial, esto
    es, la prevalencia, en porcentajes superiores al 90%, de pequeña y
    mediana empresa
    donde todavía se mantienen unas relaciones
    laborales de carácter paterno-filial, donde la regulación de las
    condiciones de trabajo contiene una alta dosis de individualización y,
    por tanto, donde la elección de representantes sindicales e incluso la
    presencia del sindicato es sumamente difícil. Es obvio que debemos
    aspirar a estar presentes en el propio centro de trabajo
    independientemente de su tamaño, pero no es menos cierto que venimos
    reflexionando sobre ello desde hace mucho tiempo y no hemos encontrado
    todavía la fórmula adecuada. Las claves creemos que se encuentran en la
    negociación colectiva y más particularmente en la función del convenio
    colectivo, sobre todo a partir del acercamiento del sindicato a la PYME
    y microempresa. Un instrumento podría ser la Comisión Paritaria del
    Convenio.

     

    Tercer interrogante. Los cambios que se
    han producido en la estructura productiva indican, cuando menos, una
    doble realidad: de un lado, el crecimiento del sector terciario y de
    otro, el avance acelerado de la sociedad del conocimiento
    .
    Sociedad de servicios y sociedad del conocimiento dibujan situaciones y
    perfiles profesionales en los que el sindicalismo confederal tiene
    objetivamente mayores dificultades para estar presente. ¿Cómo
    intervenimos y organizamos a las personas, mayoritariamente
    inmigrantes, que se dedican a la atención a las personas, ante la
    ausencia de prestación de servicios de la ley de dependencia? ¿Cómo
    afiliamos en alguno de los sectores de los servicios que se
    caracterizan por altos niveles de precariedad laboral y una alta tasa
    de rotación? ¿Cómo actuamos ante colectivos que por sus características
    profesionales son más proclives a la práctica corporativa? Sobre este
    último fenómeno ya tenemos experiencia en las administraciones
    públicas. Aquellos colectivos que se definen por ser altamente
    cualificados, de reducido número, que gozan de «prestigio social», que
    ocupan un lugar muy relevante en la sociedad y en la propia estructura
    de la administración y que por ello mismo y por sí solos pueden forzar
    una regulación específica de sus condiciones de trabajo (pensemos en
    médicos, abogados, economistas, inspectores, en diferente medida en el
    personal docente,…), son objetivamente más proclives al asociacionismo o
    sindicalismo corporativo que defiende intereses particulares sin tener
    en cuenta, necesariamente, los generales y, en consecuencia, son más
    refractarios al sindicalismo confederal que se define por su visión
    general y la solidaridad entre los trabajadores y trabajadoras.

     

    Cuarto interrogante. La externalización de las actividades productivas,
    lo que Ignacio Muro caracteriza como «socialización de los riesgos»,
    junto a las políticas contractuales de las empresas, que siguen optando
    por deprimir el factor trabajo como mejor opción para incrementar la
    productividad y los beneficios, favorecen la dilución de ciertos
    perfiles profesionales y el cambio de empresa y sector con una
    frecuencia nunca vista. En EEUU un trabajador puede cambiar, por
    término medio, hasta 11 veces de empresa a lo largo de su vida laboral y
    España va por el mismo camino. En estas condiciones ¿la estructura
    federativo-sectorial que mantenemos, propia de una época en que las
    actividades productivas estaban más claramente definidas, por tanto
    también los perfiles profesionales, y en la que un trabajador podía
    empezar en una empresa como aprendiz y permanecer en ella hasta
    jubilarse, es la adecuada ahora? ¿Se ajusta a la nueva realidad? Y lo
    que es más importante, ¿es la más eficaz para organizar más y mejor a
    los trabajadores y trabajadoras para defender sus intereses? ¿No
    deberíamos pensar en otra estructura de organización sectorial? En todo
    caso, ¿no sería necesario establecer puentes entre federaciones y
    marcos de colaboración estables entre ellas?

     

    Quinto
    interrogante. ¿La normativa sobre libertad sindical que prima la
    representación unitaria de los trabajadores frente a la presencia de
    las organizaciones sindicales, favorece o perjudica al movimiento
    sindical organizado?
    Habrá que convenir que el contenido de la
    LOLS responde a un momento histórico concreto, y que la experiencia
    acumulada demuestra que las amplias competencias de los comités y las
    escasas de las secciones sindicales operan en detrimento del hecho
    sindical. Un número significativo de trabajadores y trabajadoras no ven
    la necesidad de afiliarse, entre otras cosas porque saben que el
    Comité les va a representar por el mero hecho de participar en las
    elecciones, dándose la circunstancia probada de que las candidaturas
    del sindicato en las empresas cuentan con un alto número de personas no
    afiliadas y que muchos trabajadores nos votan (lo que expresa un
    determinado nivel de confianza) pero no se afilian (lo que supone dar
    un paso de mayor compromiso). Más allá de esto, ¿el modelo
    representativo actual se ajusta a las necesidades que plantea una
    economía globalizada? ¿No sería necesario que el sindicato asumiese en
    sentido amplio el gobierno de los elementos centrales de la relación
    capital-trabajo?

     

    Sexto interrogante. El sindicato ha asumido una función representativa y de gestión que trasciende del ámbito del trabajo. A diferencia del modelo clásico europeo, sobre todo del modelo sajón y
    centro y norte europeo, CCOO interviene de forma activa en los
    procesos externos al ámbito de la empresa, allí o en aquellas materias
    en las que se establece la distribución de la riqueza. Consecuencia de
    esa opción hemos apostado por la independencia del sindicato y
    construimos de forma autónoma nuestra propuesta. El cauce, el diálogo
    social y en ocasiones el conflicto. La crisis ha puesto de manifiesto
    los límites de una opción como ésta. La sociedad «ve» al sindicato como
    parte integrante del sistema. ¿Sería necesario reformular objetivos?
    ¿Reforzar la autonomía del sindicato? ¿Esta apuesta no puede estar
    siendo interpretada como una supeditación al poder político?

     

    Séptimo
    interrogante. La función última del sindicato es organizar a los
    trabajadores y trabajadoras para defender colectivamente sus intereses.
    Esto se hace esencialmente a través de la acción sindical, el
    asesoramiento laboral y la negociación colectiva. En las últimas
    décadas, la conquista de mayor poder institucional y la profundización
    de la vertiente sociopolítica del sindicato han favorecido que hayamos
    ampliado las líneas de intervención. Uno de los ejemplos más
    paradigmáticos es la participación en la gestión e impartición de la
    formación para el empleo. ¿Esto ha ido en detrimento de la principal
    función del sindicato? ¿Estas actividades han redundado en más y mejor
    organización de los trabajadores y trabajadoras? ¿Están en consonancia
    los esfuerzos que dedicamos a estos ámbitos y el resultado que de ellos
    obtenemos, medidos en afiliación? ¿Están contribuyendo estas
    actividades a mejorar o a perjudicar el crédito del sindicato? ¿Debemos
    reequilibrar nuestras actividades, sabiendo que la actividad
    fundamental del sindicato es la acción sindical?

     

    Estos y otros interrogantes caben en una reflexión crítica sobre nuestro sindicato.

     

    Pero no queremos finalizar estas líneas sin hacer una consideración que a nosotros nos parece capital.

     

    Analizar
    los cambios operados en el mercado de trabajo, cuáles son las
    transformaciones estructurales que se han producido y cómo estas
    modifican el cuadro de relaciones de trabajo, reflexionar sobre la
    acción sindical que se practica y de ahí poder establecer cuáles son las
    mejores estrategias sindicales y las más adecuadas fórmulas
    organizativas, es algo fundamental para aquellos que seguimos
    considerando que el sindicalismo, o es confederal y transformador o es
    un mero gestor.

     

    Pero un enfoque como el apuntado nos
    podría llevar a considerar que los problemas del sindicalismo
    confederal son externos (los cambios producidos y las dificultades para
    adaptarnos, la crisis laboral y la ausencia de vínculos sindicales en
    ella, la ofensiva de los poderes económicos y mediáticos). Nosotros
    somos de la opinión de que junto a todo lo señalado, y mucho más que se
    pondrá de manifiesto en estas páginas, hay otros problemas que son
    propios: la progresiva institucionalización que en ocasiones ha ido en
    detrimento del protagonismo de nuestros afiliados y afiliadas; un
    insuficiente ejercicio de la autonomía e independencia del sindicato
    que puede suponer que, en ocasiones y por parte de ciertos colectivos,
    se nos haya visto excesivamente próximos al poder y por tanto hayan
    recelado de nosotros; la dinámica interna en la que nos hemos
    instalado, con mucha presencia en las sedes sindicales y menos en los
    centros de trabajo, practicando no pocas veces un sindicalismo de
    demanda (atendemos a quienes recurren a nosotros) pero no de oferta
    (vamos menos de lo necesario a explicar nuestras propuestas y a
    escuchar a la gente); la debilitación, cuando no la pérdida, del
    espíritu y actividad militante; el escaso rigor en los criterios para
    reclutar nuevos sindicalistas; la escasa formación que les ofrecemos a
    las nuevas generaciones; la ausencia de controles en la actividad de
    nuestros permanentes sindicales, …

     

    En esencia, lo que
    planteamos es que debemos mirar hacia afuera, pero debemos también
    mirar más profundo, más hacia nuestro interior para ver cómo estamos
    haciendo las cosas y cómo debemos hacerlas. En la lógica de repensarnos
    debemos caminar hacia una nueva ética militante.

     

    Lo
    hasta aquí planteado no es una aproximación retórica a los problemas
    presentes y futuros del sindicalismo de CCOO, todo lo contrario, es una
    reflexión abierta, como corresponde al espíritu de Gaceta Sindical:
    Reflexión y Debate, para animar el debate que, tarde o temprano, debe
    concluir en la adopción de estrategias de intervención. De que lo
    hagamos o no depende, en gran medida, nuestro porvenir y, más que ello,
    depende que el sindicalismo confederal siga ampliando cuotas de poder
    contractual o quede como una anécdota histórica.

     

    La
    dinámica económica (paro, precariedad,…), las mutaciones en los
    sectores de actividad y su repercusión en los colectivos de
    trabajadores y trabajadoras, la ofensiva neoliberal que cuestiona el
    movimiento sindical confederal por ser «el último enemigo a batir»… y
    nuestras prácticas, no siempre las más adecuadas, pueden acabar
    suponiendo un debilitamiento del sindicalismo de clase a favor de la
    individualización de las relaciones laborales o de la representación
    corporativa de intereses. De nosotros y nosotras depende escribir el
    siguiente capítulo de esta historia.

     

    IGNACIO FERNÁNDEZ TOXO

    Secretario general de CCOO

     

    FERNANDO LEZCANO

    Secretario de Comunicación de CCOO

     

    Artículo pUblicado en Gaeta Sindical Reflexión y debate nº 16. Sindicalismo, trabajo y democracia

  • NUEVA GACETA

    Nueva actualización de nuestra sección:

      Gaceta Sindical CCOO rechaza decreto reforma de la negociación colectiva

     

    Recordaros que podeís acceder a todos los números desde nuestra sección La Gaceta

  • La brecha salarial global por razón de sexo

    La brecha salarial entre hombres y mujeres a nivel mundial es del 16 por ciento. No importa el esfuerzo que hayan hecho, lo duro que hayan estudiado o, incluso, que tengan un mayor nivel educativo, las mujeres nunca alcanzan el nivel retributivo de sus compañeros de trabajo hombres.

    Para unos resultados más detallados consultar el Informe sobre la Brecha Salarial de la ITUC -CSI (Confederación Sindical Internacional)

     

     



    En España

    La brecha salarial media en España, es del 21,8 por ciento. No importa si se trata del sector público o privado: el porcentaje es similar. Sin embargo el trabajo a tiempo parcial si que marca la diferencia. Mientras que las trabajadoras a tiempo completo sufren una brecha salarial del 21,1 por ciento, cercana a la media nacional, aquellas que realizan trabajos más reducidos “solamente” sufren una diferencia del 11,9 por ciento.

    La mayor desigualdad a que se enfrentan las mujeres se da en el sector de la asistencia sanitaria y el trabajo social, con una tasa del 33,9 por ciento, y en el pequeño comercio con el 27,9 por ciento, ambas en sectores tradicionalmente femeninos. Sin embargo en hoteles y restaurantes y en la construcción las mujeres están relativamente mejor, con “sólo” el 11,4 y el 12,5 por ciento menos del salario que sus compañeros hombres por el mismo trabajo, respectivamente

    La afiliación a un sindicato, en contraste con la mayoría del resto de países, no parece tener un efecto significativo sobre la brecha salarial en España. Tanto afiliadas como no afiliadas, sufren un nivel de discriminación salarial similar a la media nacional 

    Basado en el  Informe sobre la Brecha Salarial de la ITUC, que incluye el análisis de 400.000 datos extraidos del Wageindicator en 12 países. Wageindicator es el socio internacional de Tu Salario yMujer Tu Salario

    CSI-ITUC  es la confederación sindical internacional

    El informe sobre la Brecha Salarial de la ITUC incluye al menos 13.000 datos de España, reunidos en 2006 y la primera mitad de 2007. El informe ha sido realizado por Income Data Services, Londres, socio de WageIndicator en el Reino Unido.

    Comfia CCOO y Wageindicator Foundation


    La brecha salarial en España. Informe CCOO 2012
    Informe La Brecha Salarial Global por razón de sexo(Castellano). 

  • Acuerdo para la reforma del sistema de pensiones – 2011 (Motivación y resumen de contenidos)

    Motivos para un acuerdo. La reforma del sistema de pensiones es necesaria y seguirán siendo necesario reformas en el futuro, para garantizar el sistema público de reparto como único modelo de pensiones, garantizar su viabilidad y sostenibilidad y preservar sus niveles de protección en el futuro.

      • La reforma era necesaria por el reto demográfico y económico del sistema. Se van a tener que pagar más de 15 millones de pensiones, casi el doble del actual, durante una media de 18 años por la mejora de la expectativa de vida y por un importe medio más alto que ahora, al jubilarse trabajadores con carreras más largas y bases más altas.
        • Es un pacto intergeneracional para garantizar el sistema público de pensiones, tanto para las actuales generaciones como, especialmente, para las futuras.

     

    • El acuerdo consolida el Pacto de Toledo, como un método eficaz basado en el acuerdo político y social para realizar reformas y debería contar con el apoyo de los partidos políticos. 

    • El acuerdo consolida el papel del sindicato como elemento determinante e interlocutor imprescindible para cualquier reforma y para el gobierno del sistema público de pensiones, defendiendo con ello de forma eficaz los intereses de los trabajadores, en detrimento de otros intereses que durante meses han cuestionado la viabilidad del sistema.

    • El acuerdo modifica de manera sustancial las propuestas de recorte de gasto del Gobierno, que sólo entendía la reforma como un elemento más de ahorro para contentar a los mercados y es oportuno, porque conjura las intenciones de los que quieren ir a un sistema mixto, con una pensión pública baja, aportaciones obligatorias a un sistema de capitalización y planes individuales, lo que ha provocado reacciones contrarias de estos grupos interesados.

    • El acuerdo mejora el sistema de forma equilibrada, actuando sobre los ingresos, los gastos y los comportamientos y equidad del sistema, como los acuerdos anteriores:

      •   Ingresos.- Se mejorarán actuando sobre las bases de los regímenes especiales, como el de autónomos, integrando el Régimen Agrario y el de Empleadas de Hogar por sus salarios reales y limitando la planificación de algunos colectivos. Compromiso de separación definitiva de fuentes de financiación, sujeto a posibilidades presupuestarias y de otras alternativas de financiación, como modificar las bases máximas y otras.
        • Gastos.- Se actúa sobre diversos aspectos del sistema como la edad, el periodo de cálculo, escala para alcanzar el 100% y otros, pero con medidas basadas en el refuerzo de la contributividad y evitando el recorte lineal que pretendía el Gobierno.

        • Comportamientos y equidad del sistema.- Medidas para impedir la planificación en la pensión de algunos colectivos, obligación empresarial de cotización por el salario real y fórmulas para facilitar el afloramiento de la economía sumergida.

     

     

    • El acuerdo se ha alcanzado sobre la base de distintos equilibrios:

        • No hay una edad de jubilación de 67 años, hay dos edades de referencia para jubilarse con el 100% de la pensión, en función de los años cotizados, 65 y 67 años.

        • Se generan nuevos derechos subjetivos para acceder a la jubilación anticipada a los 63 años y de forma voluntaria, que antes sólo tenían los cotizantes antes del 01/01/1967.

        • Se refuerza la estructura de ingresos del sistema y se abordan reformas que reducirán el gasto global en pensiones, pero con algunas de ellas dirigidas especialmente a los colectivos que producen disfunciones en el sistema y otras, como el periodo de cálculo, que también favorecerá a las personas que pierdan su empleo al final de su carrera.

        • Se establecen amplios periodos transitorios que reparten el esfuerzo global entre generaciones y todo ello supone una lógica de equilibrio y adelanto de reformas.

    Contenidos fundamentales del acuerdo.

    • Derecho legal a jubilación.

        • Jubilación ordinaria:  

            • 65 años para trabajadores con 38 años y seis meses cotizados, con el 100%.

            • 67 años para el resto, el requisito mínimo para derecho a pensión sigue siendo 15 años de cotización.

            • El paso de 65 a 67 años ser hará entre 2013 y 2027. Un mes por año hasta 2018 y dos meses por año desde 2019 hasta 2027.

            • El paso de 35 a 38,50 años para el 100% a los 65 se hará entre 2013 y 2027, con una cadencia de tres meses cada año.

        • Jubilación anticipada:

            • Voluntaria.- A partir de los 63 años, con 33 años cotizados y un coeficiente reductor del 7,5% sobre la edad ordinaria de jubilación en cada caso.

            • Situaciones de crisis.- Despido colectivo o no individual. A partir de 61 años, con 33 años cotizados y coeficiente reductor del 7,5%, no inferior al 33%, ni superior al 42%.

        • Se mantendrán las condiciones existentes para los afectados antes de la reforma.

    • Jubilación parcial. 

        • Se mantiene la situación y condiciones actuales.

        • La cotización será al 100% también para el trabajador relevado y se hará de forma progresiva en un periodo de 15 años desde la aprobación de la reforma.

    • Desaparece la jubilación especial a los 64 años.

    • Periodo de cómputo de la base reguladora.

        • Pasará de 15 a 25 años, a razón de un año desde 2013 a 2022.

        • Si hay lagunas de cotización, serán completadas con el 100% de la base mínima los primeros 24 meses y con el 50% de la base lo que exceda de 24 meses.

    • Escala de cálculo para acceder al 100% de la base reguladora de la pensión.

        • Se pasará desde el 50% de la base a los 15 años hasta el 100% de la base a los 37 años, con una estructura totalmente regular y proporcional.

        • El paso de la escala actual a la nueva ser hará entre 2013 y 2027.

    • Incentivos a la prolongación de la vida laboral 

        • Para carreras inferiores a 25 años, 2% anual a partir de los 67 años.

        • Para carreras entre 25 y 37 años, 2,75% anual a partir de los 67 años.

        • Para carreras completas, 4% anual a partir de los 65 y 67 años, según el caso.

    • Factor de sostenibilidad. 

        • Cada cinco años se revisará la proporcionalidad entre las contribuciones al sistema y las prestaciones esperadas del mismo, para garantizar su sostenibilidad.

    • Medidas sobre distintos colectivos.

        • Se amplía el acceso a coeficientes reductores de la edad de jubilación para trabajadores especialmente penosos, insalubres, peligrosos o tóxicos.

        • Mejoran las carreras de cotización de las mujeres, con reconocimiento de periodos de cotización por nacimiento/adopción de hijos, 9 meses por cada hijo con un máximo de 2 años, y excedencias por cuidado de hijos hasta tres años.

        • Mejoran las carreras de cotización de los jóvenes. Los programas formativos gozarán de la misma protección que los contratos formativos y por el mismo tiempo. Se podrá cotizar por una única vez y un plazo máximo de dos años, por programas formativos en los cuatro años previos a la promulgación de la ley.

        • Se integrarán en el Régimen General los trabajadores por cuenta ajena del Régimen Especial Agrario y del Régimen Especial de Empleadas de Hogar.

        • Las bases de cotización medias del Régimen Especial de Autónomos tendrán un crecimiento similar a las medias del Régimen General, con máximo de un punto más.
        • Colectivo prioritario las pensiones de unidades económicas unipersonales, fundamentalmente personas viudas mayores, pero también otros posibles colectivos. 

    Puedes discutir sobre el artículo en KIPIN Red Social

  • GUIA SINDICAL PARA LA PREVENCIÓN Y EL SEGUIMIENTO DEL ATRACO EN NUESTRAS OFICINAS.

    Dada la actual situación socio/económica que estamos viviendo, nuestra Entidad no es ajena al incremento de atracos/hurtos que el sector está sufriendo y que genera un estado de preocupación en nuestra plantilla.

    Nuestra intención es conseguir que el atraco sea incluido y evaluado en la prevención de riegos laborales de nuestra entidad, tal como reconocen diversas sentencias.

    Esta GUIA esta destinada a todos los empleado que desarrollan su trabajo en los puestos susceptibles de ser atracados, en la espera que la Entidad/Mutua elaboren, con la colaboración de las fuerzas sindicales presentes, un protocolo de prevención y seguimiento especifico para este tema.

    Puedes acceder al documento completo, pulsando este enlace.