Categoría: Documentacion

  • Iniciativas sindicales para un escenario de crisis

    Intervención de Ignacio Fernández Toxo en el Club Siglo XXI Dentro del ciclo «La Encrucijada Europea»

    Agradezco,
    sinceramente al Club Siglo XXI que me haya invitado a participar en
    un foro de debate de tan larga trayectoria, prestigio y proyección.
    Deben saber que la invitación me fue cursada nada más salir elegido
    secretario general de la Confederación Sindical de CCOO durante el
    9º Congreso del sindicato, y que únicamente razones de agenda han
    hecho que mi presencia no haya sido posible antes. Con esta
    invitación se pone de manifiesto el interés de sus miembros por
    conocer las reflexiones y propuestas del sindicato al que represento
    en un momento particularmente grave de la historia reciente de
    nuestro país.

    Quiero
    agradecer también las amables palabras de Nicolás Sartorius en su
    presentación. CCOO es una organización sindical de corta historia
    si se compara con la larga tradición del sindicalismo en España,
    pero, desde las primeras comisiones obreras que se eligieron a
    mediados de los años cincuenta para canalizar las reivindicaciones
    de los trabajadores en las empresas, ha llegado a ser uno de los
    actores fundamentales de la historia contemporánea española y ello
    sólo ha sido posible gracias a la decidida y sacrificada entrega de
    personas como Nicolás. Lo que CCOO es hoy, como sujeto social y
    político, lo es gracias a él, a Marcelino Camacho, a Julián Ariza,
    a Antonio Gutiérrez a José Mª Fidalgo y a todas aquellas personas,
    unas más conocidas, la mayoría anónimas, que han dedicado lo mejor
    de ellas mismas a la causa de los trabajadores y las trabajadoras.

    Comisiones
    Obreras nació en el seno de la empresa para defender las
    reivindicaciones más genuinas de los trabajadores, inmediatamente
    después incorporó a ellas la conquista de las libertades
    democráticas y a través de varias décadas de lucha ha ido
    conformando lo que Marcelino denominó como “sindicalismo de nuevo
    tipo”, que no es otra cosa que un modelo de sindicato que,
    profundamente anclado en la empresa, la trasciende y supera cualquier
    tentación corporativa, para situarse como sindicato sociopolítico,
    autónomo y que se identifica con la mejor tradición de la
    izquierda.

    Para
    un sindicato como CCOO la defensa, hoy, de los intereses de los
    trabajadores y trabajadoras, desde esa vocación sociopolítica a la
    que me he referido, supone interpretar correctamente la naturaleza de
    la crisis por la que atravesamos, desentrañar sus claves
    internacionales y su dimensión nacional, proponer aquellas medidas
    más adecuadas para superarla más pronto que tarde, con el menor
    coste social posible y para salir de la misma más reforzados; todo
    ello, en consonancia con el movimiento sindical internacional y desde
    una profunda afirmación europeísta.

    Eso
    es lo que pretendo exponer hoy aquí, al hablar de las “Iniciativas
    sindicales para unescenario de crisis”

    Estamos
    ante la primera gran crisis financiera y económica de la
    globalización.

    La
    recesión y la incertidumbre sobre el futuro siguen siendo los
    factores dominantes en la economía mundial.

    La
    crisis financiera desencadenada por los bancos norteamericanos, a
    través de los activos tóxicos emitidos en base a las hipotecas de
    baja calidad, ha contaminado, en muy poco tiempo, no sólo el sistema
    financiero global, sino también el segmento productivo, condenando a
    una fase recesiva –desconocida desde la Gran Depresión de 1929– a
    la mayor parte de las economías mundiales y, en especial, a las de
    los países más desarrollados.

    Los
    costosos planes de reflotamiento del sistema financiero, junto a los
    de activación de la demanda, aplicados en buena parte del mundo, han
    evitado el colapso, pero todavía no han conseguido normalizar la
    labor de intermediación de las entidades financieras y, mucho menos,
    salvar de la recesión la actividad productiva de las principales
    economías.

    La
    crisis financiera y económica y la recesión de la economía mundial
    están teniendo una extensión, profundidad y duración mayor de la
    que reflejaban los primeros pronósticos. Las últimas predicciones
    –FMI, OCDE y OMC– apuntan a una disminución del PIB mundial, en
    2009, entre un 1,5% y un 2%. En Europa, la caída del PIB se situaría
    en torno al 4,2%. La caída del comercio mundial estaría entre el 9%
    y el 10%.

    El
    importantísimo aumento de los recursos del FMI, acordado en la
    Cumbre de Londres del G20, se debe a la previsión de que en los
    próximos meses se sentirán fuertemente los efectos de la crisis en
    algunos países emergentes y en vías de desarrollo, cuyas finanzas
    públicas no podrán hacer frente a sus obligaciones de pago.

    Aunque
    en abril han aparecido algunos indicadores positivos en la economía
    de los EEUU y en su sector financiero, no todos los datos avalan un
    cambio de tendencia. Ningún análisis riguroso se atreve a poner
    fecha al fin de una recesión cuya gran velocidad de propagación se
    corresponde con las características de una economía globalizada.

    La
    crisis está generando mayores penalidades y sufrimientos a los
    trabajadores y trabajadoras, especialmente en aquellas áreas
    geográficas donde no existen sistemas de protección social o son
    muy insuficientes. La OIT estima que pueden destruirse más de 50
    millones de empleos.

    Los
    gobiernos, coordinados los económicamente más fuertes en el G20,
    están aplicando políticas keynesianas para salir de la recesión
    mediante la reactivación de la demanda. Gobiernos e instituciones
    financieras internacionales parecen apostar por la regulación. La
    lucha contra el cambio climático y el desarrollo sostenible está
    pasando de la época de las declaraciones a la de los compromisos y
    la implementación de medidas. Sin embargo, no sucede lo mismo con
    los derechos fundamentales del trabajo. Los avances en la Declaración
    de la Cumbre de Londres del G20 respecto a la de Washington no se
    hubieran producido, probablemente, sin el cambio de gobierno en los
    EEUU.

    Los
    primeros pasos dados por la nueva Administración demócrata apuntan
    a un cambio tanto en política interior, como en el campo de las
    relaciones exteriores. En este terreno el cambio es, ante todo, en
    las formas, que ahora parecen presididas por la voluntad de diálogo
    y la vuelta al multilateralismo. Si bien no se puede perder de vista
    que una potencia como los EEUU no dejará de defender nunca sus
    intereses nacionales, el modo de relacionarse puede suponer, en sí
    mismo, un valor importante, máxime si se compara con el extremismo
    unilateralista y conservador del Gobierno de George W. Bush.

    En
    la Declaración final de Washington y los primeros borradores de la
    Declaración de Londres del G20 se han introducido el empleo y los
    temas sociales. La OIT tomará parte en el seguimiento y evaluación
    del impacto de las acciones relacionadas con el empleo. La Cumbre se
    comprometió a abrir un debate más amplio sobre los valores clave y
    principios para un desarrollo económico sostenible y la elaboración
    de una “Carta” sobre los mismos, según la propuesta realizada
    por la canciller Merkel.

    Se
    comprometen 1,1 billones de dólares, en su mayor parte a través del
    FMI, para facilitar créditos a las economías emergentes y en vías
    de desarrollo que no puedan hacer frente a sus pagos con el exterior.
    Sin embargo, por el contrario, no se establecen nuevos planes para un
    estímulo coordinado de la demanda global.

    Se
    ha alcanzado un acuerdo más amplio para reforzar la regulación de
    las finanzas mundiales, que incluye los “hedge funds” importantes
    y la persecución de los paraísos fiscales o “no cooperativos”,
    en base a las listas del grupo GAFI1de la OCDE. Sin embargo, el control de la regulación se deja en
    manos del Foro de Estabilidad Financiera en lugar de establecer una
    “autoridad reguladora supranacional”.

    La
    Cumbre volverá a reunirse en 2009, para evaluar los resultados de la
    aplicación de las medidas adoptadas y aprobar otras nuevas
    (probablemente en septiembre en Nueva York, coincidiendo con las
    sesiones de la Asamblea General).

    La
    previa acción coordinada de las centrales de la Confederación
    Sindical Internacional (CSI, en adelante) con los Gobiernos del G20,
    y las propuestas al borrador de Declaración, formuladas en la Cumbre
    de Londres por la delegación sindical internacional, han tenido su
    impacto en la misma y se ha logrado subrayar la importancia de “las
    necesidades y empleos de las familias trabajadoras” y la necesidad
    de “restaurar la confianza, el crecimiento y los empleos”.

    Es
    justo reconocer la receptividad expresada por el Gobierno español a
    las demandas que, en consonancia con las formuladas por la CSI, le
    hicimos llegar CCOO y UGT y su positiva actuación posterior.

    1GAFI son las siglas del Grupo de Acción Financiera Internacional,
    grupo de trabajo creado en el seno de la OCDE, que en la actualidad
    es la única instancia supranacional que tiene como objetivo combatir
    el lavado de dinero y las actividades ilícitas de los paraísos
    fiscales. El GAFI realiza estudios, emite recomendaciones y publica
    las listas -­negra y gris– de los países y jurisdicciones que
    no aceptan cooperar con el GAFI y sus fines por tener legislaciones y
    prácticas permisivas con el blanqueo de capitales y otros delitos
    financieros.

    La
    Cumbre, condicionada en este aspecto por el diferente enfoque con el
    que llegaron a la misma los distintos países, no adoptó nuevas
    medidas de estímulo fiscal, sólo se comprometió a hacerlo “si
    fuera necesario
    ”. Sin embargo,
    respecto al empleo sí se logró introducir por iniciativa sindical:
    (1) que la Declaración hiciera suyas las conclusiones de la Cumbre
    Social de Roma del G8, que incluyen una referencia a las discusiones
    de la próxima Conferencia de la OIT y a su propuesta de Pacto
    Mundial por el Empleo; (2) encomendar a la OIT la evaluación del
    impacto de las medidas adoptadas en el empleo y la formulación de
    nuevas propuestas en este campo; y

    (3)
    con ello, abrir el camino para alcanzar el objetivo sindical de
    establecer una cooperación estructurada y la creación de un grupo
    de trabajo sobre empleo en el seno del G20. Para lograrlo y
    conseguir un buen desarrollo de las otras dos referencias es
    necesario intensificar la presión sindical.

    La
    Declaración de Londres acoge una referencia a la llamada “Iniciativa
    Merkel-Tremonti” para adoptar “una Carta Global para una
    actividad económica sostenible”. Se compromete a abordar, en la
    próxima cumbre, la consecución de un consenso global sobre los
    valores clave y los principios para ello. La importancia de esta
    cuestión, si se llegara a un acuerdo, es que la base de la
    iniciativa es el compendio que la OCDE está realizando de las
    principales normas económicas y sociales internacionales, incluyendo
    las normas laborales fundamentales de la OIT. La coherencia de las
    normas de la OMC, el FMI, el BM y la OCDE con las de la OIT es un
    objetivo fundamental del movimiento sindical internacional, que
    debería colocar en pie de igualdad a las normas fundamentales de la
    OIT con los principales instrumentos internacionales ratificados en
    los campos del comercio, las finanzas, la inversión y el desarrollo.

    En
    este contexto, la actividad principal de las internacionales
    sindicales durante los próximos años estará orientada a enfrentar
    la crisis y sus consecuencias sobre el empleo y los derechos de los
    trabajadores y las trabajadoras; al tiempo que plantea un modo de
    salir de la crisis reactivando la economía mundial, que implique un
    cambio del modelo de crecimiento y el fin del modelo neoliberal de
    globalización. En este sentido, la CSI, a la que pertenece CCOO,
    está proponiendo:

    • Una
    regulación normativa del sistema financiero internacional y la
    creación de órganos multilaterales de supervisión y control.

    • La
    reforma de las instituciones financieras y económicas
    internacionales.

    • Un
    gobierno democrático del mundo, también de lo económico y lo
    social.

    • La
    liberalización comercial respetando los principios de un comercio
    justo.

    • La
    universalización de los Principios y Derechos Fundamentales del
    Trabajo y del Trabajo Decente.

    • La
    construcción de un nuevo modelo económico basado en los principios
    del desarrollo sostenible y en la eliminación de la pobreza. Nueva
    economía baja en emisiones de carbono y creadora de “empleos
    verdes”. Negociación de la transición hacia ella y de los
    impactos en el empleo.

    Con
    la crisis como telón de fondo y con carácter previo a la reunión
    de G20, se celebró la Cumbre de Primavera de la UE bajo presidencia
    checa.

    En
    el marco de la misma se celebró una cumbre social con la
    participación de la presidencia del Consejo y los presidentes de los
    tres países: Chequia, España y Suecia; es decir, quien preside y
    aquellos que le sucederán en la presidencia.

    Tanto
    en la cumbre social, donde CCOO intervino en representación de los
    sindicatos españoles, como en la cumbre europea se pusieron de
    manifiesto la dificultad de articular un marco común de actuaciones
    frente a la crisis y, como luego se pudo comprobar en Londres en la
    reunión del G20, la disparidad de criterios para consensuar un plan
    de actuaciones a escala internacional.

    La
    UE, a las puertas de las elecciones al Parlamento Europeo, aparece
    ante la ciudadanía carente de impulso, debilitada frente a otras
    áreas del mundo, con riesgos serios de renacionalización de la
    iniciativa política; hechos que, además de restar eficacia a la
    acción en cada uno de los países, están logrando un incremento del
    euroescepticismo, que sin duda se va a manifestar con un creciente
    desapego de la población, que hoy amenaza con expresarse en forma de
    una altísima abstención en dichas elecciones.

    La
    ampliación de la UE, mal digerida en lo político; el
    embarrancamiento del proyecto de Constitución Europea; el clima de
    inseguridad que la globalización sin reglas ha producido en sectores
    numerosos de la ciudadanía europea y que se proyecta contra las
    instituciones de la UE; la insensibilidad social que manifiestan y
    los intentos de recortar derechos laborales, a través de iniciativas
    legislativas o de sentencias del Tribunal de Justicia Europeo (TJCE);
    la falta de liderazgo –personal y colectivo– de unos partidos
    políticos europeos desprovistos de fuerza, coherencia y proyección;
    el continuo abordaje, por parte de responsables políticos y medios
    de comunicación, de los grandes temas europeos en clave de las
    miopes políticas nacionales…, son los aspectos, con algunas otras
    razones, que han sumido a la UE en un estado de aguda debilidad
    política y de gran distanciamiento entre sus instituciones y la
    población.

    El
    que esto ocurra en un momento de profunda crisis, pero también de
    esperanzas de cambio, es particularmente lamentable no sólo para la
    UE, sino para el resto del mundo, que debería tener a Europa como
    modelo de integración económica, social y política.

    El
    movimiento sindical europeo, agrupado en torno a la Confederación
    Europea de Sindicatos (CES) viene luchado por revertir esta
    tendencia. Se comprometió con el proyecto de Constitución Europea,
    presionó para frenar las directivas de tiempo de trabajo y de
    servicios y promueve un “Pacto social europeo” que permita
    afrontar la crisis también en el marco de la Unión Europea, sobre
    el restablecimiento del derecho del trabajo frente a la prevalencia
    de la regulación mercantil, sobre la protección y la cohesión
    social, frente aquellos que apuestan por el debilitamiento del Estado
    del Bienestar que ha sido seña de identidad del modelo social
    europeo.

    Contribuir
    a superar esta situación, desde la crítica y la propuesta, es la
    prioridad del sindicalismo europeo y de la CES, y por ello nos
    movilizamos, de manera extraordinariamente masiva los pasados 14,15 y
    16 de mayo, primero aquí en Madrid, después en Bruselas, Berlín y
    finalmente en Praga.

    En
    mi opinión, la UE debe dotarse de una mayor consistencia, coherencia
    política y protagonismo. Urge un nuevo impulso a la integración
    política, que genere nuevos mecanismos de intervención pública en
    el conjunto de la Unión, que garantice derechos sociales y laborales
    homogéneos; es decir, derechos de ciudadanía europea en los
    distintos países y que huya de las tentaciones nacionalistas, que no
    suponen ninguna solución económica y que únicamente contribuyen a
    alimentar reacciones xenófobas. Llamaremos a la participación
    electoral, somos los primeros interesados en el reforzamiento de las
    instituciones europeas. En las próximas elecciones no se dirime
    únicamente la composición política del Parlamento Europeo, se
    dirime también cómo Europa enfrenta la crisis y el papel que ésta
    va a jugar en un nuevo concierto económico y político
    internacional.

    En
    este contexto, España, que no está al margen del escenario
    económico internacional, vive su propia crisis fruto del agotamiento
    de un modelo de crecimiento que ha explotado por demasiado tiempo
    ventajas competitivas asociadas casi exclusivamente a los costes del
    trabajo.

    El
    dato conocido sobre la evolución del PIB con una caída del 3% en
    tasa interanual es muy negativo y supone el peor resultado de la
    economía española desde la transición.

    Los
    efectos que esta fuerte caída de la actividad económica está
    teniendo en el empleo en este mismo período han sido también
    dramáticos; el desempleo se ha situado en un 17% de la población
    activa, con más de cuatro millones de desempleados, y el diferencial
    entre el paro registrado y la EPA apuntan a un importante crecimiento
    de la economía sumergida, así como al crecimiento de una nueva
    bolsa de inmigrantes en situación de irregularidad, sobrevenida como
    consecuencia directa de la permanencia en el desempleo de una franja
    creciente de los mismos.

    El
    crecimiento del desempleo en España tiene como origen la incapacidad
    de la economía para absorber el crecimiento de la población activa
    y la destrucción de puestos de trabajo.

    El
    proceso de destrucción, que comenzó en la construcción residencial
    y los servicios vinculados a la misma, se ha extendido por el
    conjunto de los sectores de la economía, incluida la industria.

    La
    altísima proporción de trabajadores temporales sobre el total de
    asalariados, cuyos costes de despido son prácticamente nulos, ya que
    la mayor parte de los despidos se hace a la finalización de los
    contratos, está detrás de esta fuerte caída del empleo, un millón
    trescientos mil trabajadores menos que hace un año.

    Estamos,
    por tanto, sufriendo un ajuste pasivo de la crisis, lo que
    evidenciaría la escasa eficacia –dada la magnitud del problema– de
    las medidas puestas en marcha por el Gobierno para hacerle frente,
    pero también las enormes debilidades del modelo de crecimiento
    desarrollado en nuestro país en los últimos años, basado en la
    especulación inmobiliaria y en la especialización productiva en
    sectores con bajos niveles de innovación y productividad, bajos
    salarios y alta precariedad.

    En
    términos macroeconómicos, en la actualidad el principal riesgo de
    desequilibrio va a ser el déficit público, ya que la prácticamente
    estabilización del IPC en los últimos meses, con algunos ligeros
    decrecimientos en algún mes, está haciendo que, por ahora, la
    inflación haya dejado de ser un problema en términos de diferencial
    con la UE, apenas medio punto en febrero de 2009.

    La
    mayor contracción de las importaciones con una reducción en volumen
    del 30% en enero de este año (las exportaciones han disminuido en un
    23%) está suponiendo una reducción del déficit exterior, en el
    cuarto trimestre de 2008 era del 7,8% del PIB frente al 9% de la
    media anual, aunque aún se mantiene en volúmenes elevados.

    El
    crecimiento de los gastos derivados de las políticas anticíclicas,
    principalmente el gasto en protección por desempleo, así como el
    esfuerzo inversor desarrollado por el Gobierno en obras públicas
    para reducir la sangría de empleo en el sector de la construcción,
    con unos ingresos que se están reduciendo por efecto de la menor
    actividad económica, puede suponer un déficit del Estado al final
    del año de un 7%.

    Es
    verdad que hay margen de endeudamiento, ya que las previsiones
    oficiales son que la deuda pública llegue al 46% del PIB este año,
    aún muy por debajo de la media de la UE que está en un 68%. Pero un
    rápido crecimiento del endeudamiento público puede añadir
    dificultades a la recuperación del crédito para las familias y las
    empresas.

    Por
    eso, las mayores necesidades de gasto público que demanda la actual
    crisis económica deben ser cubiertas, en primer lugar, por nuevos
    ingresos fiscales, lo que requiere una vuelta atrás en el proceso de
    desfiscalización de las rentas altas experimentado por la hacienda
    pública en el último decenio. Es decir, una subida de los tipos
    máximos del IRPF y el restablecimiento del impuesto del patrimonio,
    o un nuevo impuesto sobre grandes fortunas, así como reactivar la
    lucha contra el fraude fiscal. En este sentido debería considerarse
    la supresión de los 400 euros del IRPF, así como potenciar la red
    pública de educación 0-3 años frente a los 2.500 euros de
    subvención por nacimiento de un hijo.

    Las
    causas de la situación que vivimos en España, hay que reiterarlo,
    no residen en el mercado laboral; las razones últimas de la
    profundidad de la crisis no hay que buscarlas ahí. Algunos sectores
    de opinión han dedicado ingentes esfuerzos a intentar convencer a la
    sociedad de que únicamente la situación internacional era la que
    estaba provocando la caída, en picado, del ciclo económico de
    bonanza en España, con las consecuencias derivadas de destrucción
    de empleo y deterioro social.

    España
    habría entrado en crisis aun sin crisis internacional. Ésta, cierto
    es, ha venido a empeorar lo que ya presentaba síntomas evidentes de
    gravedad.

    La
    crisis española tiene características propias, derivadas de un
    tejido productivo, el español, que arrastra déficit estructurales,
    que se muestra incapaz de competir en un mundo de economía abierta,
    como pone de manifiesto el desequilibrio en la balanza comercial aun
    en unas circunstancias como las actuales, que no se puede compensar
    con llamamientos voluntaristas al consumo de bienes y servicios
    españoles.

    La
    crisis española se produce por el agotamiento de un modelo de
    producción que ha servido, aprovechando unas determinadas ventajas
    competitivas propias de nuestro país, para el impulso del
    crecimiento económico y la modernización de España en las últimas
    décadas. Ese impulso ha llegado a su fin. Se ha alargado durante
    excesivo tiempo la explotación de esas ventajas competitivas muy
    vinculadas al factor coste de trabajo, incluida la protección
    social, descuidando la necesaria e imperiosa transformación del
    patrón de crecimiento.

    Las
    reformas parciales que se han venido sucediendo han puesto el acento
    donde no había necesidad, con el propósito de estirar el
    mantenimiento de esas ventajas a las que antes aludía. Esas reformas
    que pretendían seguir explotando la misma veta y privilegios son
    defendidas por sectores muy influyentes y sus altavoces mediáticos;
    según ellos, para aumentar la competitividad y la productividad de
    nuestras empresas hay que modificar el Estatuto de los Trabajadores y
    replantearse qué Seguridad Social queremos y nos podemos permitir.
    CCOO ha rechazado esta tesis, porque nos parece una fuente exhausta y
    ya exprimida hasta la última gota.

    Desde
    CCOO planteamos una alternativa de trabajo distinta que, poco a poco,
    se va abriendo paso en la sociedad. Las críticas fueron feroces
    cuando explicitamos que no estábamos en disposición de aceptar la
    congelación generalizada de los salarios en la negociación
    colectiva.

    Como
    por esta vía no hallaron luz, quisieron cobrarse otra pieza básica,
    la reducción en 3 puntos de las cotizaciones a la Seguridad Social.
    Así las cosas, se entenderá el desacuerdo en la renovación del ANC
    para 2009.

    Seguimos
    sin compartir la idea de que para salir de la crisis hay que abaratar
    los costes salariales directos e indirectos. Parece obvio que no se
    puede combatir con eficacia la caída del consumo detrayendo recursos
    que pudieran incentivar aquel. Además, la deflación que se apunta
    en el horizonte puede agravar los síntomas de la crisis y traer como
    consecuencia mayor destrucción de tejido industrial y de puestos de
    trabajo.

    En
    este contexto, también hemos rechazado la tesis de una supuesta
    reforma laboral que flexibilizara aún más nuestro mercado de
    trabajo. Las estadísticas recientes avalan nuestra posición de que
    la flexibilidad sin más no crea puestos de trabajo, ni estables ni
    temporales. En España el despido no es caro ni el mercado laboral
    rígido, son mitos que nos quiere imponer un discurso ya superado por
    la realidad.

    Hay
    una cultura de empresa muy extendida en nuestro país que dice que la
    temporalidad, con tasas que han venido oscilando entre el 27% y el
    35%, ha sido la causa de nuestro despegue económico y del
    crecimiento espectacular del Producto Interior Bruto (PIB), lo que
    nos ha llevado a crear el doble de empleo que la media europea (zona
    euro). Una afirmación que se puede responder con otra: la economía
    española duplica la tasa de destrucción de empleo de la media
    europea, y lo hace con mayor velocidad.

    Un
    ejemplo de lo que acabo de afirmar lo encontramos en los recientes
    indicadores sobre la evolución del PIB en el primer trimestre de
    2009 en los países de la UE y su repercusión en el empleo. Mientras
    España es uno de los países en que menos cae la economía, en
    comparación a Francia, Alemania o Italia, es sin embargo, el país
    en que más empleo se destruye.

    De
    hecho, de los empleos perdidos en España únicamente el 6% se
    producen a través de los Expedientes de Regulación (ERE), el 35%
    vienen del despido individual y casi el 60% se originan por la no
    renovación de los contratos.

    Es
    el uso y abuso de la temporalidad, el continuo fraude de ley en la
    contratación, la ausencia de controles administrativos fruto de una
    Inspección de Trabajo infradotada, lo que hace que en nuestro país
    se destruya tan masiva y rápidamente empleo.

    Por
    su parte, el coste del despido objetivo en España es de veinte días
    por año. Sólo el despido declarado improcedente por un juez recibe
    una indemnización de cuarenta y cinco días, y siempre que la
    contratación no se haya hecho con la última modalidad acordad con
    los sindicatos en 1997, en cuyo caso es de 33 días por año. La
    inmensa mayoría de los despidos que se producen en nuestro país, al
    venir, como he comentado, de la no renovación de los contratos o de
    contratos temporales, no suponen ningún coste para el empresario o
    se limita a ocho días por año trabajado.

    Ésta
    es la clave del rechazo sindical a la propuesta de contrato único.
    El contrato único supondría un paso más en la ruptura del
    principio de causalidad, en este caso acompañado de la causa de la
    extinción del contrato de trabajo, puesto que es solo la voluntad
    unilateral del empresario y su libre valoración de las
    circunstancias que aconsejan su acción las que hacen posible la
    extinción del vinculo contractual, cuyo efecto más grave no sería
    la reducción del coste del despido, sino la descausalización de la
    contratación y la eliminación de la tutela judicial.

    Por
    tanto, no estamos ante una nueva figura contractual para superar la
    dualidad existente en nuestro mercado laboral, algo que a CCOO
    también le preocupa, sino ante una fórmula que con la apariencia de
    nueva no persigue otra cosa que recuperar la tasa de ganancia perdida
    en estos momentos por “la vieja vía” de seguir presionando a la
    baja sobre los costes laborales.

    Tampoco
    creemos que la solución a los problemas actuales, en relación a la
    competitividad de las empresas, venga por la reducción de las
    cotizaciones sociales. Lo que sostienen las organizaciones
    patronales, de llevarse a efecto, supondría transferir a excedente
    empresarial directamente, y de una sola vez, 11.500 millones de
    euros, al tiempo que al finalizar el año en curso la Seguridad
    Social arrojaría un déficit de 9.000 millones de euros. En un
    máximo de 7 años, si se aplicara una medida de este calado, nos
    llevarían por delante el Fondo de Reserva de la Seguridad Social y
    al poco tiempo el Sistema Público de Pensiones. No compartimos las
    tesis expuestas. Estamos trabajando en la dirección opuesta,
    aportando ideas, realizando propuestas y elaborando alternativas que
    pongan a los trabajadores en el centro de la cuestión. Contra los
    derechos de los trabajadores no existe solución ni alternativa
    social viable.

    Si
    lo que realmente se quiere es enfrentar el problema de la
    productividad y de la competitividad de las empresas, uno de los
    mayores déficit de la economía española, vuelvo a reiterar, las
    soluciones no pueden buscarse, como sistemáticamente reclaman
    determinados sectores, en reformas regresivas del mercado laboral,
    que no dejan de suponer una suerte de flexibilidad externa, que acaba
    siempre acarreando más desregulación, temporalidad y, al final,
    desempleo.

    Por
    el contrario, hay que impulsar medidas que incrementen la eficacia en
    la utilización de los factores productivos superando la brecha que
    mantenemos todavía con respecto a la media de la UE, en asuntos como
    la dotación de infraestructuras, las inversiones en Investigación,
    Desarrollo e innovación -donde hay que destacar especialmente el
    escaso esfuerzo tecnológico de las empresas- la baja difusión de
    las tecnologías de la información y la comunicación o los niveles
    relativamente más bajos de la cualificación de la fuerza del
    trabajo, que se reflejan en indicadores como el menor desarrollo de
    la formación profesional o los elevados índices de abandono
    escolar.

    Incrementar,
    en definitiva, los niveles de productividad de nuestra economía
    exige, cambio tecnológico, formación y estabilidad en el empleo y
    una eficaz organización del trabajo. Para
    ello, el papel de la negociación colectiva es crucial.

    La
    reforma de 1994 vino a hacer disponibles para el convenio colectivo
    elementos importantes para la relación laboral, antes reservados a
    la Ley. Pero lo que podría haber sido utilizado para dar un salto
    cualitativo importante se vio limitado, a mi juicio, por dos
    factores: La reforma del artículo 84 del Estatuto de los
    Trabajadores y la falta de coraje para normar la participación
    sindical en la empresa, equiparando el modelo español al de buena
    parte de los países de la UE.

    El
    acuerdo de 1997, si bien permitió dar pasos importantes, apenas pudo
    corregir alguna de las disfunciones del convenio colectivo y la
    reforma del 2001 embarrancó en el arrecife de los convenios de
    empresa.

    CCOO
    está dispuesta a participar del debate sobre la reforma de la
    negociación colectiva en España. Soy consciente que proponer
    reformar la institución de la Negociación Colectiva tiene menos
    impacto mediático que hacerlo de la contratación laboral, pero de
    lo que no me caben dudas es de la necesidad de una y la
    inconveniencia de otra.

    Desde
    nuestro punto de vista, esta reforma que debería afectar
    fundamentalmente a la estructura de la negociación, articulación,
    concurrencia y sujetos legitimados tendría que suponer una mayor
    implicación del sindicato en la empresa, en la organización del
    trabajo, lo que, junto a una mayor inversión en innovación y
    desarrollo tecnológico, llevaría aparejado un incremento de la
    productividad muy necesario para garantizar una mayor capacidad
    competitiva de nuestros bienes y servicios.

    Apostamos
    por la flexibilidad interna en la empresa, gobernada entre sindicatos
    y empresarios desde el seno de la misma y desde los sectores
    productivos frente a la flexibilidad externa.

    En
    esta misma dirección es necesario, también, abrir un espacio de
    reflexión y negociación sobre la participación institucional de
    los agentes sociales. Ámbitos de participación plenamente
    consolidados en la práctica totalidad de los países de la UE-15,
    países que, como hemos visto, son menos vulnerables a la destrucción
    de empleo.

    Sirva
    como ejemplo que una de las bases del capitalismo renano ha venido
    siendo la participación de los trabajadores en las empresas. De esta
    forma, en las propias empresas se toman decisiones no basadas en elcortoplacismodel mayor beneficio en el menor tiempo, algo que venían haciendo los
    especuladores a través de los fondos de inversión, que extendían
    sus tentáculos por la economía productiva despreciando conceptos
    como reinversión de beneficios, sostenibilidad empresarial, mejora
    de la calidad y cualificación del empleo, esfuerzo de innovación,
    etc.

    Es
    indudable que una mayor presencia de los intereses de los
    trabajadores no sólo en el reparto de la riqueza generada en la
    empresa, sino también en las decisiones sobre la generación de esa
    riqueza, permiten que el marco de actividad empresarial esté
    presidido por otras motivaciones distintas a la del rápido
    enriquecimiento.

    La
    generación de confianza entre todos los que hacen posible que una
    empresa funcione, la búsqueda de intereses colectivos más amplios,
    es la mejor garantía para que el proyecto empresarial consiga sus
    objetivos y la economía en general funcione con criterios de mayor
    equidad y responsabilidad social.

    Como
    ya apuntamos desde CCOO antes del 9º Congreso Confederal: “de
    la crisis no se sale deteriorando los derechos laborales y reduciendo
    el papel de los sistemas de protección
    ”.

    A
    CCOO le preocupan las personas.

    Detrás
    de las abrumadoras estadísticas del paro hay personas con nombres y
    apellidos, con necesidades y proyectos vitales que una sociedad como
    la nuestra no puede frustrar. Nos preocupan todos aquellos que
    queriendo trabajar no pueden hacerlo, los que buscan empleo y no lo
    encuentran, los que lo han perdido, los que se incorporan por primera
    vez al mercado laboral… Nos preocupa el rostro generacional, de
    género y étnico que adopta el paro. En el caso de los y las
    trabajadores y trabajadoras inmigrantes en mayor medida, pues ellos
    no disponen de la red de seguridad que supone el núcleo familiar lo
    que les hace más vulnerables y fácil pasto de la economía
    sumergida o la exclusión social.

    Valoramos
    el compromiso del Gobierno de que, más allá de las circunstancias
    coyunturales, se dará cobertura a las personas que han perdido o
    pierdan el empleo en esta situación de crisis. Pero no hay que
    olvidar que los sistemas públicos de protección social contra el
    desempleo, tanto en su vertiente contributiva como asistencial, no
    van a ser suficientes para cubrir todas las necesidades si el ciclo
    bajista económico se extiende más allá de lo previsible. Ya se
    está conformando una zona de exclusión social muy preocupante; las
    cifras oficiales del desempleo indican que son más de un millón de
    ciudadanos los que no reciben prestación, que se solapan, quizás,
    con la economía sumergida y las personas perceptoras de rentas
    básicas o salarios de inserción.

    Los
    datos reales son desconocidos porque falta coordinación eficaz entre
    las distintas Administraciones Públicas, incluidas las comunidades
    autónomas, que tienen competencias en este terreno transferidas por
    el Estado.

    Esta
    realidad, que bien se puede calificar de emergencia es lo que lleva a
    CCOO y UGT a proponer un “Acuerdo
    por el empleo y la protección social”
    presentado ayer mismo a la sociedad a través de los medios de
    comunicación.

    Las
    alternativas sindicales que encierran la propuesta citada persiguen
    un doble objetivo:

    En
    primer lugar, intervenir para hacer frente a la actual coyuntura de
    crisis: protegiendo más y mejor a quienes más la sufren;
    reactivando la economía para evitar que se siga destruyendo empleo y
    reformando nuestro sistema financiero para garantizar el flujo de
    crédito a las familia y empresas.

    En
    paralelo, proponemos actuar con visión estratégica para cambiar el
    patrón de crecimiento que ha seguido la economía española hasta la
    fecha y que es responsable, en gran medida, de la situación por la
    que atravesamos: debemos apostar por una base industrial sólida que
    invierta en I+D+i, por mejorar el sistema educativo y vincularlo más
    y mejor al sistema productivo, y por consolidar y ampliar nuestro
    sistema de protección social.

    La
    primera preocupación deben ser las personas. Particularmente las que
    están perdiendo el empleo o no pueden acceder a él.

    La
    caída de la actividad económica está suponiendo una gran
    destrucción de empleo. Una parte significativa, ya lo he apuntado,
    son jóvenes, mujeres e inmigrantes que tenían contratos temporales,
    caracterizados por bajos salarios e insuficiente tiempo de cotización
    como para acumular derechos de protección por desempleo, lo que está
    provocando que muchas personas y familias tengan escasas expectativas
    de garantizar unas mínimas condiciones de vida.

    El
    riesgo de incremento de la exclusión social es evidente y para
    evitarlo tenemos que: ampliar y mejorar la protección por desempleo;
    adoptar mejoras en la Renta Activa de Inserción; conseguir una mayor
    integración de las políticas activas de empleo; reorientar la
    actuación de los Servicios Públicos de Empleo y mejorar su
    funcionamiento; reformar la legislación concursal;…

    Reactivar
    la economía

    Simultáneamente
    hay que actuar para evitar que el desempleo siga creciendo e,
    incluso, para que se generen nuevos puestos de trabajo, y ello sólo
    es posible si intervenimos para reanimar la actividad económica.
    Actuar en este sentido requiere una decidida iniciativa pública
    (inversión directa en infraestructuras y sectores económicos,
    garantías para que fluya el crédito…) a fin de que se generen las
    condiciones en las cuales el sector privado encuentre los estímulos
    y garantías suficientes para mantener las actuales iniciativas
    empresariales o iniciar nuevos proyectos.

    Para
    ello proponemos: acometer nuevos programas de inversión pública,
    tanto en lo que se refiere a la dotación de infraestructuras físicas
    como tecnológicas, que apuesten por la anticipación de obra pública
    prevista en el marco del Plan Estratégico de Infraestructuras y
    Transporte (PEIT), que vertebren el territorio y establezcan una red
    transversal de comunicaciones; adoptar medidas encaminadas al aumento
    del parque de viviendas en alquiler, mediante una acción concertada
    del conjunto de Administraciones Públicas y el sector privado;
    abordar un plan de rehabilitación urbana y de vivienda residencial,
    con especial atención al aumento de la eficiencia energética;
    acelerar la construcción de los centros educativos y sanitarios
    públicos; desarrollar la aplicación de Ley de Dependencia;…

    Revisar
    el funcionamiento del sistema financiero

    En
    las condiciones actuales en las que no está fluyendo adecuadamente
    el crédito a las familias ni a las empresas, a pesar de las medidas
    que ha puesto en marcha el Gobierno, es clave normalizar el
    funcionamiento del sistema financiero español como intermediario
    entre el ahorro y el crédito, que presenta sus propias deficiencias
    como suma de causas bastante complejas.

    La
    diferencia en los vencimientos entre la deuda de las instituciones
    financieras españolas con inversores extranjeros (más de 200.000
    millones de euros en el plazo de dos años) y la que mantienen con
    ellos los agentes económicos españoles (plazo medio superior a los
    veinte años), el sobreendeudamiento de familias y empresas
    españolas y los fallidos provocados por la crisis (en una
    proporción y cuantía elevada corresponde a promotoras
    inmobiliarias), complican bastante la generación de nuevo crédito.

    Por
    otra parte, la garantía de crédito de las pequeñas y medianas
    empresas es un elemento muy importante para mejorar el
    funcionamiento de la economía española, pero la amplitud y el
    volumen de recursos de las medidas aprobadas hasta la fecha ponen en
    evidencia la capacidad de un organismo tan pequeño como el ICO
    (menos de doscientos trabajadores) para poner en práctica un número
    tan elevado de expedientes con un criterio adecuado de eficiencia.

    En
    estas condiciones nos planteamos: que el Estado fije objetivos
    concretos de recapitalización de entidades para que puedan relanzar
    su actividad; condicionar las ayudas públicas al sector financiero
    a que las entidades hagan el máximo esfuerzo en reforzar sus
    reservas, renunciando temporalmente al reparto de dividendos y
    destinando sus beneficios a reforzar su estructura de capital;
    promover la creación de sistemas de cooperación o integración
    estables entre las cajas de ahorros y cooperativas de crédito;
    defender la naturaleza jurídica de las cajas; abordar procesos de
    cooperación, integración o fusiones de cajas de ahorros;
    incrementar las líneas de crédito del ICO, favoreciendo su
    efectividad real y reforzar adecuadamente sus recursos humanos.

    Ya
    he adelantado que la propuesta de “Acuerdo” se compone, también,
    de una serie de alternativas llamadas a favorecer el necesario
    cambio de modelo de crecimiento -es lo que se podría denominar
    “medidas estratégicas”- cuyos resultados seguramente no serán
    visibles más que en el medio y largo plazo, pero que hay que
    acometer sin tardanza si de la crisis queremos salir con una
    economía más reforzada y más cohesionados socialmente.

    Una
    base industrial sólida que invierta en I+D+i

    El
    excesivo protagonismo del sector de la construcción y de los
    servicios en el desarrollo económico de estos últimos lustros ha
    generado un gran crecimiento de la economía y del empleo, pero,
    como se ha demostrado, las bases en las que se ha sustentado eran
    frágiles, hasta tal punto que la situación desde la que España
    aborda los retos de la competitividad no es la óptima. Nuestro país
    se sitúa en una posición rezagada con respecto a los principales
    líderes tecnológicos y del conocimiento europeo y mundial, ya que
    se encuentra dentro de un amplio grupo de países que han basado su
    ventaja competitiva en sus menores costes laborales, más que en
    factores de calidad y cualificación.

    La
    presente crisis nos obliga a cambiar el patrón de crecimiento para
    que éste se fundamente sobre bases sólidas, y para que, junto a
    una mayor prosperidad general, se consiga mayor cohesión social y
    haga que nuestra economía sea menos vulnerable a los cambios de
    ciclo.

    Para
    ello es indispensable: desarrollar la sociedad de la información;
    ordenar y priorizar las inversiones públicas en I+D+i en toda la
    actividad productiva e incrementar el gasto privado en esta materia;
    dotarse de una Ley de Ciencia avanzada; realizar un plan industrial
    que afronte el diseño industrial y la calidad de los bienes y
    servicios; reactivar el fomento de una política sectorial activa
    que apoye el desarrollo de la industria, los servicios de valor
    añadido, el turismo y la construcción productiva y no
    especulativa; crear un marco regulador de la política energética
    que asegure el abastecimiento, la reducción de emisiones de gases
    de efecto invernadero (GEI), la eficiencia y el ahorro energético,
    todo ello en un marco tarifario estable, transparente y asequible.

    Mejorar
    el sistema educativo y vincularlo más y mejor al sistema
    productivo. Mejorar la Formación Profesional (FP)

    La
    cualificación de los trabajadores y trabajadoras es una de las
    claves fundamentales para el cambio de patrón de crecimiento. La
    formación de la fuerza laboral, junto a los necesarios cambios
    tecnológicos y de la organización del trabajo son las bases para
    incrementar la productividad y la competitividad que necesita
    nuestro aparato productivo.

    Desde
    las reformas educativas implementadas en los años noventa, nuestro
    país ha superado una brecha histórica con los países de nuestro
    entorno en lo que a extensión de la escolarización obligatoria y a
    la universalización de la oferta se refiere; pero este avance, sin
    duda decisivo, no ha venido acompañado de los niveles de excelencia
    necesarios medidos tanto por el nivel de abandono escolar como por
    el número de estudiantes que superan con éxito la enseñanza
    secundaria superior. Por otra parte, la Formación Profesional de
    grado medio, pese a las sucesivas reformas, sigue apareciendo ante
    la sociedad como refugio del fracaso escolar, lo que incide en la
    carencia de profesionales suficientemente cualificados para
    satisfacer las demandas del mercado de trabajo en el marco de otro
    modelo productivo.

    Esta
    situación es consecuencia, también, de que en los últimos años
    el sistema productivo en nuestro país ha generado una oferta de
    empleo polarizada en cuanto a niveles formativos, creando empleo en
    sectores intensivos en mano de obra y con escasa promoción y
    reconocimiento de la cualificación profesional, por un lado, y, en
    otro extremo, requiriendo cuantas más titulaciones y acreditaciones
    mejor.

    Así,
    se ha alimentado, indirectamente, el abandono de los estudios de
    muchos jóvenes y la demanda de estudios universitarios, lo que
    provoca una «anomalía» en el nivel de estudios de la población
    española con respecto a la de otros países europeos: alto volumen
    de población con estudios primarios, baja tasa de población con
    enseñanzas medias y Formación Profesional, y una población
    universitaria proporcionalmente elevada. Es decir, abandono escolar,
    por un lado, y sobrecualificación, por otro.

    Por
    su parte, la formación continua de los trabajadores y trabajadoras
    también ha experimentado un alto nivel de desarrollo desde que
    opera en España, pero, en términos comparativos, tampoco ha
    llegado a las cotas que nos permitan homologarnos a los países de
    nuestro entorno.

    Al
    mismo tiempo, hay que reconocer que nuestra Universidad esta
    viviendo un tránsito hacia el Espacio Europeo de Educación
    Superior cuando menos controvertido, que demanda de un debate
    abierto a la sociedad.

    Todo
    ello nos lleva a proponer: Incrementar las plazas públicas de
    educación infantil para niños y niñas menores de tres años;
    poner en marcha medidas para atajar el alto nivel de abandono
    escolar; garantizar la orientación en las etapas clave para que
    nuestros jóvenes puedan decidir con criterio los estudios a seguir;
    mejorar los resultados del alumnado en las materias de ciencias a lo
    largo de todo su desarrollo curricular; extender programas de
    aprendizaje de idiomas y nuevas tecnologías; potenciar los
    Programas de Cualificación Profesional Inicial, asegurando una
    oferta suficiente y articulándola con los ciclos de FP de grado
    medio; diversificar la oferta de ciclos de grado medio de Formación
    Profesional; desarrollar la regulación de los certificados de
    profesionalidad, adaptándolos, junto a los títulos de la FP
    reglada, al Sistema Nacional de Cualificaciones; impulsar una red
    pública de centros integrados de FP y desarrollar la red de centros
    de referencia nacional; promover el reconocimiento de la
    cualificación y la formación en la negociación colectiva;
    favorecer la formación de los trabajadores y trabajadoras con más
    dificultades para encontrar empleo; vincular la universidad española
    al Espacio Europeo de Enseñanza Superior con solvencia, potenciando
    su faceta investigadora y mejorando la financiación pública.

    Consolidar
    y ampliar la protección social

    Cambiar
    el patrón de crecimiento es la apuesta estratégica para tener una
    economía más sana y, por tanto, menos vulnerable; pero para CCOO
    es, al mismo tiempo, el medio para que la riqueza generada se
    distribuya más equitativamente favoreciendo la cohesión social y,
    en esa medida, el medio más adecuado de evitar el riesgo de
    exclusión social y de acabar con las bolsas de pobreza. Ampliar los
    sistemas públicos que conforman el denominado Estado del Bienestar,
    además de jugar un poderoso papel anticíclico, es una garantía de
    que el crecimiento viene acompañado de mayor justicia social.

    Los
    poderes públicos también deben manifestar su compromiso con el
    mantenimiento y crecimiento del empleo y con la recuperación
    económica, ampliando y mejorando la cobertura, equidad y calidad de
    los sistemas públicos de bienestar. En este sentido, deben promover
    la suficiencia y calidad del empleo en estos sectores y revisar la
    lógica mercantilista que se está instalando en la provisión de
    los servicios públicos.

    Es
    por ello que, junto a la importancia que le damos a la mejora del
    Sistema Educativo y al Sistema Nacional de Salud, destaquemos
    nuestra decidida apuesta por el desarrollo y aplicación con los
    mayores estándares de calidad de la Ley de Atención a la
    Dependencia y a promover la permanente mejora de nuestro sistema
    público de pensiones.

    La
    Ley de Atención a las Personas con Dependencia se construyó desde
    el diálogo social, en la pasada legislatura. Hasta entonces no
    disponíamos ni del reconocimiento del derecho de estas personas a
    ser atendidas dignamente ni de la red de servicios necesaria para
    ello. Su puesta en marcha se ha demostrado compleja y en no pocas
    ocasiones caótica, dada la diferente implicación de las CCAA en su
    desarrollo y aplicación. Consideramos que ha llegado el momento de
    subsanar estas disfunciones, y para ello proponemos: asegurar el
    cumplimiento de los criterios de calidad en el empleo para la
    acreditación de las empresas; mejorar la financiación a las CCAA
    de la prestación de servicios, mediante la creación de un fondo de
    excelencia; urgir la puesta a disposición de los servicios de
    proximidad, como la ayuda a domicilio o los centros de día con el
    imprescindible protagonismo de las Administraciones locales;
    garantizar el despliegue del catálogo de servicios dentro de la red
    pública de servicios sociales de cada comunidad autónoma; e
    implementar las medidas formativas necesarias para garantizar la
    cualificación profesional de aquellas personas que se dediquen a
    estas tareas.

    En
    España, a lo largo de estos últimos años y tras sucesivas
    reformas, contamos con un sólido sistema público de pensiones que
    se expresa, entre otras cuestiones, en el superávit con el que
    cuenta en la actualidad y en la cifra que ha alcanzado el Fondo de
    Reserva (58.000 millones). Este sistema tiene algunos retos de
    futuro: pagar más pensiones durante más tiempo y de mayor cuantía
    en un contexto de baja natalidad y, en la actual coyuntura, de
    destrucción de empleo.

    Pero
    estos retos se pueden abordar desde dentro del sistema, acometiendo
    aquellas medidas que garanticen su sostenibilidad presente y futura.
    Para ello es fundamental no dar pábulo a aquellos que, vaticinando,
    en cualquier coyuntura, su inminente quiebra, ven en el deterioro
    del sistema público de pensiones una nueva oportunidad de negocio.

    No
    hay una sola manera de garantizar el futuro de nuestro sistema
    público de pensiones, conscientes además de la necesaria mejora,
    sobre todo de las más bajas. Es necesario actuar, no sólo sobre el
    gasto, sino también sobre los ingresos. Así, la propuesta sindical
    de mejora progresiva del SMI se configura como una pieza clave para
    la mejora de las cotizaciones que entran al sistema, lo mismo que la
    calidad del empleo es determinante para el citado objetivo.

    Así,
    para mejorar el sistema de pensiones públicas, y a expensas de lo
    que en su momento se pueda plantear tras conocer las deliberaciones
    de las fuerzas políticas reunidas en torno al denominado Pacto de
    Toledo, que aborda la sostenibilidad del conjunto del sistema,
    proponemos: la integración de los Regímenes Especiales en el
    General de la Seguridad Social (Régimen Especial Agrario y Régimen
    Especial de Empleados de Hogar); la jubilación anticipada por
    realización de trabajos penosos, tóxicos o peligrosos; la
    jubilación flexible y el estudio de la jubilación anticipada y
    parcial de los empleados públicos; alcanzar una estructura de
    población más equilibrada; la modificación de la estructura del
    sistema de pensiones complementarias;…

    Las
    líneas de intervención hasta aquí apuntadas son las que dan forma
    a la propuesta de CCOO y UGT de “Acuerdo por el empleo y la
    protección social”, corresponde ahora explicar cómo concebimos
    su construcción.

    El
    movimiento sindical español ha acreditado una dilatada tradición
    en lo que a diálogo social y concertación se refiere; tanto es así
    que en diversos foros internacionales nos sitúan como ejemplo a
    imitar y no pocos “conferenciantes” se han especializado en
    difundir la experiencia española, reproduciendo algo similar,
    salvando las distancias, a lo que sucedió con “la transición
    política”.

    Por
    tanto, ni CCOO ni UGT concebimos otro ámbito para dar vida a este
    “Acuerdo” que no sea el del diálogo social. Éste ha demostrado
    su eficacia en tiempos de bonanza. Ahora tenemos la responsabilidad
    compartida de demostrar que también es un instrumento útil en
    tiempos de crisis.

    En
    julio de 2008 se suscribió la «Declaración por el impulso de la
    economía, el empleo, la competitividad y el progreso social», con
    la que se inauguraba una nueva etapa del diálogo social en España.
    De aquel documento destacaban: un diagnóstico de la situación
    económica más en términos de desaceleración que de crisis, a
    pesar de que la insistencia sindical consiguió situar este término;
    una apelación a la concertación entre sindicatos y empresarios en
    la perspectiva de renovar los Acuerdos para la Negociación
    Colectiva (ANC), que se habían venido suscribiendo desde el año
    2002, y la distinción entre las materias susceptibles de ser
    negociadas y acordadas (Seguridad Social y desarrollo del Pacto de
    Toledo, inmigración, Estrategia Española de Seguridad y Salud
    Laboral, juventud, dependencia, modernización de los servicios
    públicos de empleo, mejora de la formación profesional reglada y
    para el empleo…) y aquellas que se situaban en el terreno de la
    información y la consulta (las políticas de infraestructuras y
    medioambientales; las industriales y energéticas; las de
    investigación, desarrollo e innovación; las educativas; las
    sanitarias; las de vivienda; las económicas, fiscales y
    financieras…). Estábamos ante lo que se ha denominado «Diálogo
    Social Reforzado».

    En
    menos de un año la situación económica se ha deteriorado hasta
    tal punto que hemos rebasado la cifra de los cuatro millones de
    personas desempleadas (según la EPA del primer trimestre). Hemos
    entrado en recesión y de la abultada inflación de la que
    hablábamos entonces hemos pasado a presenciar una fuerte moderación
    de la inflación con riesgo, incluso, de entrar en escenarios
    deflacionistas. De otra parte, el diálogo social mantenido hasta la
    fecha sólo ha cosechado resultados parciales, y algún que otro
    sonoro fracaso: no se ha podido renovar el ANC dadas las
    pretensiones empresariales de vincular la negociación colectiva a
    sus reivindicaciones más estratégicas (reducción de cuotas a la
    Seguridad Social, nuevo contrato con 20 días de indemnización,
    descuelgues generalizados…), y las medidas promovidas por el
    Gobierno para aumentar la protección al desempleo y estimular la
    contratación se aprobaron en el Consejo de Ministros sin acuerdo
    entre las partes. El diálogo social hoy está languideciendo.

    En
    estas condiciones, la CS de CCOO junto con UGT, considera que la
    estrategia de diálogo social que se concibió en julio de 2008 debe
    reorientarse, a la luz de la evolución de los acontecimientos y es
    por tanto, es imprescindible dar un nuevo impulso a la concertación
    social.

    Volcar
    todos los esfuerzos de la sociedad para enfrentar la crisis, sus
    efectos más negativos en términos de destrucción de empleo y de
    tejido productivo, y establecer las bases de un nuevo patrón de
    crecimiento que garantice mayor riqueza y un mejor reparto de la
    misma asegurando la cohesión social, requieren de una negociación
    y compromiso sincero en el que se impliquen con capacidad de
    liderazgo el Gobierno, la patronal y los sindicatos.

    En
    consecuencia, éstos deben ser sus principales protagonistas y el
    marco para llevar a cabo esta negociación no puede ser otro que el
    del diálogo social.

    Construir
    el “Acuerdo” requiere también reestablecer el nivel de
    interlocución directo entre sindicatos y empresarios, para lo cual
    sería necesario recuperar la lógica del acuerdo y abordar la
    reforma de la estructura de la negociación colectiva.

    En
    un Estado fuertemente descentralizado como el español, las CCAA,
    que en estos años han asumido importantes competencias en todos los
    órdenes, deberán asumir un papel activo. El Gobierno central
    deberá coordinar las medidas que éstas ya están adoptando con las
    que se puedan acordar en el ámbito nacional.

    El
    “Acuerdo” que proponemos deberá contemplar los compromisos
    concretos sobre las medidas urgentes que deben implementarse de
    forma inmediata (protección a los desempleados y desempleadas,
    reactivación económica, revisión del sistema financiero) y
    aquellas cuestiones más estratégicas (política industrial, I+D+i,
    mejora educativa y de la formación profesional, consolidación del
    sistema de protección social) que se abordarán posteriormente con
    objetivos, método y calendario previamente determinados. Todo ello
    supone superar la distinción, que se establecía en la declaración
    de julio de 2008, entre temas objeto de negociación y aquellos
    acotados a la información y la consulta, para pasar todos ellos al
    ámbito de la concertación.

    CCOO
    es plenamente consciente de que tras alcanzar un “Acuerdo” como
    el que proponemos hay que garantizar su aplicación, y para ello es
    indispensable contar con suficientes recursos económicos, aun
    sabiendo que éstos no son ilimitados. Por tanto, así se debe
    plantear, cuando menos: flexibilizar, aunque sea temporalmente, los
    márgenes de endeudamiento y revisar la política fiscal aplicada
    hasta la fecha.

    Hay
    quien ha querido ver en esta propuesta una suerte de reedición de
    los “Pactos de la Moncloa”.

    Apostamos
    por un Pacto por la economía, el empleo y la cohesión social que
    debiera sustanciarse antes del verano entre los sindicatos, las
    organizaciones empresariales y el Gobierno, e incorporar a las
    Comunidades Autónomas a través de una Conferencia de Presidentes
    de CCAA.

    Los
    Pactos de la Moncloa responden a un momento político y económico
    de la historia reciente de España que poco o nada tiene que ver con
    la actual. Entonces, ni los sindicatos participamos en la
    negociación, a pesar de que debíamos corresponsabilizarnos con las
    políticas salariales allí adoptadas, ni existía un marco
    consolidado de diálogo social.

    Por
    otra parte, el paisaje político desde las elecciones gallegas y
    vascas ha modificado tan drásticamente los equilibrios
    parlamentarios que hace difícil imaginar que las formaciones
    políticas presentes en la Cámara se puedan poner de acuerdo en un
    tema tan propicio para la confrontación política como las salidas
    que se apuntan en nuestra propuesta para salir de la crisis.

    CCOO
    considera que en momentos como los actuales la manera más eficaz de
    defender los intereses que representa y la forma más responsable de
    actuar, es dando una nueva oportunidad al diálogo y la concertación
    social. Es por esta razón que no nos dejamos arrastrar por aquellos
    “generadores de opinión” que de manera “sospechosa” nos
    están preguntando sistemáticamente qué estamos haciendo y para
    cuando una Huelga General. Si en algún momento debemos plantearnos
    recurrir a una medida tan drástica como ésta será porque haya
    fracasado la negociación y se arbitren medidas que atenten contra
    los intereses de los trabajadoras y trabajadores. En todo caso la
    adoptaremos libre y autónomamente, como siempre hemos hecho y no
    seducidos por los cantos de sirena de quienes quieren convertirnos
    en la infantería de su proyecto de sociedad.

    CCOO
    no quiere quedarse en la superficie de los acontecimientos sino que
    estamos decididos a influir en ellos para modificarlos. Queremos
    crecer en densidad, en extensión, pero queremos crecer sobre todo
    en profundidad. Queremos estar cada vez más presentes en el mundo
    del trabajo pero también en la sociedad. Queremos profundizar
    nuestros lazos de amistad y colaboración con el mundo académico,
    de la cultura y la ciencia,… con todos aquellos que pueden
    contribuir a que cambie el estado actual de las cosas.

    No
    queremos caer ni en la autocomplacencia ni en el resistencialismo
    porque ambos, autocomplacencia y resistencialis

  • Propuestas sindicales para un acuerdo por el empleo y la protección social

    En julio de 2008 se suscribió la “Declaración por el impulso de la economía, el empleo, la competitividad y el progreso social” con la que se inauguraba una nueva etapa del diálogo social en España.

    Pero en menos de un año la situación económica se ha deteriorado hasta tal punto que hemos rebasado la cifra de los cuatro millones de desempleados y desempleadas, hemos entrado en recesión y de la abultada inflación de entonces hemos pasado a presenciar una fuerte moderación del crecimiento de los precios.

    De otra parte, el diálogo social mantenido hasta la fecha no solo no ha arrojado resultados positivos sino que se han producido importantes desacuerdos y las medidas promovidas por el Gobierno para aumentar la protección al desempleo y estimular la contratación se aprobaron en el Consejo de Ministros sin acuerdo entre las partes. Por otro lado, no se ha podido renovar el ANC dadas las pretensiones empresariales de vincular la negociación colectiva a sus reivindicaciones más estratégicas (reducción de cuotas a la seguridad social, nuevo contrato temporal descausalizado, abaratamiento del despido).

    El diálogo social hoy está languideciendo y por ello las Confederaciones Sindicales de CCOO y UGT proponemos un Acuerdo de carácter estatal a favor del Empleo y la Protección Social, el impulso de la economía y el cambio de modelo productivo, que sirva para salir más pronto que tarde de la crisis, con los menores costes sociales posibles y más reforzados. (…)

    Ver Documento Propuestas Sindicales por el empleo y la protección social

  • Nueva guía sindical para el GRI

    Una lista de comprobación para las organizaciones sindicales Qué necesitan saber los sindicalistas sobre el marco de elaboración de memorias G3

    ¿Qué
    necesitan saber los sindicalistas sobre la elaboración de memorias de
    sostenibilidad? (o RSE)

    Lista
    de comprobación para las organizaciones sindicales sobre las memorias de RSE
    elaboradas según el estándar G3 del Global Reporting Iniciative (GRI)

    La
    TUAC, órgano de participación sindical ante la OCDE, ha editado una guía
    práctica (adjunta) para que los sindicalistas puedan contribuir a proceso de
    rendición de cuentas y mejora continua que debe significar la apuesta de las
    empresas por elaborar memorias de sostenibilidad (o de RSE), bajo el modelo más
    difundido en el mundo, el GRI. En España, casi todas las empresas cotizadas, y
    la mayoría de las del sistema financiero elaboran estas memorias.

    Resumen de once cuestiones clave:

    PROCESO DE CONTROL DE LA PRESENTACIÓN DEINFORMES

    1. ¿Tiene la gestión de la interpretación de la G3 abarcar una basada en los
    derechos enfoque de trabajo y los problemas de empleo, tal como se definen en
    virtud de nacionales y las leyes internacionales y los reglamentos? El G3
    permite considerables de latitud en la interpretación en la aplicación por la
    dirección de la empresa.

    2. Hizo la gestión de consultar con los sindicatos en la preparación de los
    informes y ha reconocido que las relaciones laborales como uno de los más
    importantes formas de «participación de las partes interesadas»? Los
    posibles problemas y errores se comprenden bien y es importante evitarlos
    durante el proceso de elaboración de memorias por parte de la administración.

    3. ¿El alcance del informe cubre todas las operaciones, las entidades y mano de
    obra que se encuentren bajo una influencia significativa de la empresa,
    independientemente de la propiedad legal o las condiciones contractuales?

    REQUISITOS MÍNIMOS DE INFORMACIÓN

    4. ¿Incluye la memoria una declaración introductoria del presidente de la
    empresa en la que se refiera a las normas internacionales (tales como las
    principales normas laborales de la OIT)? en la presentación general, debería
    incluirse información sobre cambios en el cuerpo de personal, operaciones de
    reestructuración y estructura de la propiedad de las acciones, incluso
    información relativa a la remuneración de los accionistas.

    5. ¿Provee la memoria datos sobre consejos de trabajadores, representación de
    los trabajadores en el consejo de administración
    y otras formas reglamentadas o independientes de representación de los trabajadores,
    y sobre las cuestiones de sostenibilidad abordadas por estos órganos?

    6. ¿Contiene la memoria información sobre, por lo menos, 10 indicadores de desempeño
    y está relacionada la tercera parte de ellos al trabajo y el empleo? es importante
    prestar especial atención a los indicadores LA1 (colectivo de trabajadores por tipo de empleo y contrato), LA4 (trabajadores cubiertos por un
    convenio colectivo), LA5 (período
    mínimo de preaviso) y LA7 (tasas de
    absentismo, enfermedades profesionales, días perdidos y número de víctimas
    mortales relacionadas con el trabajo por región).

    NORMAS PALA LA ELABORACIÓN DE MEMORIAS
    DE SOSTENIBLIDAD

    7. ¿Menciona la memoria la adhesión de la empresa a normas
    internacionales, como los instrumentos de la OCDE y la OIT relativos a la responsabilidad social
    empresarial? la información sobre la participación de los grupos de interés,
    ¿menciona convenios colectivos y otras formas de acuerdo o diálogo con las
    organizaciones sindicales, como los acuerdos marco internacionales de
    Global Unions?

    8. ¿Contiene la memoria información específica sobre las políticas y los
    procedimientos que lleva a cabo la administración para asegurar el respeto de los derechos
    humanos y laborales en la empresa, entre ellos, la libertad de asociación y la
    negociación colectiva?

    9. ¿Incluye la memoria por lo menos 20 indicadores de desempeño? además de los
    indicadores LA1, LA4, LA7, es
    necesario tener en cuenta los indicadores LA2(rotación de empleados), LA14(relación entre salario base de los hombres con respecto al de las mujeres) y HR5 (libertad de asociación)

    LAS MEMORIAS DE SOSTENIBILIDAD Y LA
    INVERSIÓN RESPONSABLE

    10. ¿Hace referencia la memoria a cómo se comunica la empresa con los
    accionistas sobre cuestiones de sostenibilidad?

    11. Los representantes sindicales en la administración de fondos de pensión y
    otros ámbitos gerenciales, cuando sus entidades financieras los hacen
    accionistas de la empresa que elabora la memoria, ¿promueven activamente la
    elaboración de memorias de desempeño no financiero?

     

    Esta guía complementa
    a otra más completa elaborada por la Confederación Sindical Internacional, que
    también difundimos hace varios meses y es parte del programa de trabajo de
    COMFIA-CCOO presentado en nuestro reciente 3º Congreso.

    Otros documentos
    relacionados
    :

    Declaración de Amsterdam

    Declaración del
    Consejo del GRI sobre la mala aplicación del proceso de elaboración de memorias
    ante la crisis actual.

    Las Memorias de
    Responsabilidad Social de las empresas como instrumento de acción sindical

     Guía práctica para sindicalistas sobre el GRI elaborada FITEQA-CCOO

    COMFIA-CCOO

    Secretaría de RSE

    Guía Sindical para GRI

  • RSE en COMFIA-CCOO: un proyecto real e ilusionante (1)

    Lo que estamos haciendo en Comfia-CCOO es liderar un proceso coherente, posible e ilusionante, más que necesario y conveniente para el movimiento sindical internacional

    COMFIA,
    la Federación de Servicios Financieros y Administrativos de CCOO
    (Banca, Ahorro, Seguros, Telemárketing, consultorías, TIC, …110.000
    afiliados y afiliadas, más de 10.000 delegados y delegadas…)
    celebró hace poco su tercer Congreso. Giró entorno al concepto de
    la Responsabilidad Social, que se convierte en el centro del plan de
    trabajo del sindicato para los próximos años (ver
    texto de la ponencia, presentación,
    vídeo).

    Además,
    el día anterior organizamos una jornada sobre Sindicatos e Inversión
    Socialmente Responsable (
    acceso),
    parte también del proyecto, y como repetimos, parte de nuestra
    propuesta de solución para un mundo en crisis.

    El Congreso incluyó además una
    importante (y unitaria) resolución sobre la crisis actual (ver texto ,deo),
    que concluye con las siguientes frases:

    ‘Será necesario
    establecer un gobierno corporativo basado en criterios de
    inversión socialmente responsables
    , en los que participen la
    administración, los accionistas, los trabajadores y los clientes y
    que ejerzan su función de control de manera parecida a las
    comisiones de control que ya existen en el sector de las Cajas de
    Ahorros.

    La gestión
    profesional de las entidades es exigible con independencia del debate
    sobre si la titularidad de las entidades debe ser pública o privada,
    en función del mayor o menor apoyo recibido de la administración.
    Hay un debate importante que está en el terreno de la
    responsabilidad social de las empresas
    y habrá que librarlo con
    la vista puesta en conseguir una banca ética, al servicio de
    la sociedad, del desarrollo sostenible, de los intereses colectivos
    de todos los grupos de interés’…

    ‘…En resumen. Gestión
    profesional, gobierno corporativo, intervención pública y control
    social para atender los cambios necesarios en las empresas con
    dificultades’

    Es un
    buen momento para aclarar y dar a conocer algunos aspectos de nuestro
    proyecto, demasiado extenso, con demasiados frentes abiertos, y
    demasiado desconocido ya que sin el conocimiento de algunos detalles,
    puede parecer utópico.

    El
    objetivo a fin de cuentas es conseguir una Sociedad sin explotación.
    Pero esto necesita un proceso,
    que desde las posibilidades de nuestro
    ámbito y funciones
    ,
    y además, en el marco actual de crisis (crisis que confirma muchas
    cosas que veníamos diciendo desde nuestra idea de RSE), hemos visto
    plasmado en este proyecto, que incluye una serie de indicadores y
    acciones concretas.

    Insisto
    en la expresión de hacer esto desde nuestro ámbito y funciones.
    Cómo incidir en la sociedad desde nuestra actividad sindical siempre
    ha sido difícil y nos ha traído múltiples diferencias y
    discusiones. La idea de la RSE pone fin a esta discusión. De ahí el
    significativo subtítulo de nuestra ponencia “RSE: Una Visión
    Global de la Empresa: la dimensión Sociopolítica de nuestra Acción
    Sindical”.

    Se
    trata de incluir valores y criterios en las decisiones económicas,
    poniendo así énfasis en las cuestiones sociales y medioambientales.
    Y luego medirlos y tomar medidas correctoras, mediante un proceso de
    mejora continua. Es llevar a la práctica lo expresado hoy mismo por
    Rosana Costa, nuestra secretaria confederal de Política Social
    (¿Tiene
    la política social su espacio?
    )

    Un proyecto basado en los controles y en la
    rendición de cuentas

    Insistimos
    que no es en absoluto incompatible la opción por la RSE y la ISR
    (Inversión Socialmente Responsable) con la de los mecanismos de
    control participados. Es más, desde nuestro modelo de RSE-ISR se
    insiste en el cumplimiento de las normas y de algo más, sobre el
    cumplimiento del espíritu de las normas y los mecanismos de control,
    que han de potenciarse (‘¡Oh
    tiempos, oh costumbres!’
    ).
    Por supuesto con nuestra participación (la participación sindical
    en el Foro de Estabilidad Financiera es un objetivo prioritario)

    Un
    proyecto basado en la coordinación: hacia una globalización
    sindical y social

    Puede
    parecer que intentar incluir criterios medioambientales, sociales, y
    de buen gobierno en el sistema económico (en el sistema financiero y
    en el productivo; en la economía pública y en la privada) es una
    tarea utópica. Pero es importante que se sepa que nuestro proyecto
    está enmarcado en un proyecto sindical global e internacional

    Este
    es un buen momento para destacar que la Confederación Sindical
    Internacional (CSI) en su documento fundacional (Nov.2006) dice lo
    siguiente (ver
    RSE CSI):

    ‘19.
    El Congreso instruye por tanto a la CSI a trabajar a favor de la
    efectiva regulación nacional e internacional de las empresas,
    incluyendo el pleno cumplimiento de las disposiciones que figuran en
    las Directrices de la OCDE para las Empresas Multinacionales y la
    Declaración Tripartita de la OIT sobre las Empresas Multinacionales
    y la Política Social. No puede permitirse que la Responsabilidad
    Social Corporativa se utilice para sustituir el papel legítimo de
    los gobiernos o de los sindicatos. La
    CSI deberá asumir un papel protagonista
    en
    el debate político público a fin de asegurarse de que las
    iniciativas de Responsabilidad
    Social Corporativa complementen la regulación y la negociación y
    los convenios colectivos. Los sistemas nacionales de inspección del
    trabajo forman parte integral de esa regulación y deberían
    reforzarse.’

    También
    la Confederación Europea de Sindicatos (CES), que celebró
    precisamente su último congreso aquí en Sevilla en Mayo del 2007
    aprobó en su Plan de Acción, que contiene importantes llamamientos
    a actuar sobre la RSE (Ver
    RSE
    CES
    ).

    El
    sentido de responsabilidad social de las empresas y la necesidad de
    tener en cuenta en sus estrategias la apuesta por el desarrollo
    sostenible debe dar lugar a una
    nueva
    gobernanza
    de las empresas a nivel europeo.’

    Termina
    con lo siguiente:

    Capítulo
    3 – Puntos de acción

    El
    11º Congreso
    insta a la CES a:

    -Seguir
    promoviendo una
    responsabilidad
    social de las empresas
    eficaz
    y pedir a la Comisión que defina un marco europeo de referencia para
    los CEE (Comités de empresa europeos), que incluya y garantice
    criterios concretos sobre la transparencia, la obligación de rendir
    cuentas y la participación de los trabajadores’

    En
    estos documentos aparecen otras importantes menciones a la RSE. Desde
    aquí ofrezco enlaces a sus resúmenes, que creo interesante conocer.

    La
    Declaración de Londres de la Confederación Sindical Internacional
    está llena de llamadas al Desarrollo Sostenible. El
    Desarrollo
    Sostenible
    y el necesario Cambio
    de Modelo Productivo
    están permanentemente presentes en todo el discurso sindical (y más
    que sindical). Pero creo que nadie sabe demasiado bien cómo hacerlo
    en la práctica. Aún no se ha clarificado la relación de estos dos
    conceptos con la RSE y con su sistema de rendición de cuentas.
    Nosotros tenemos cierta idea.

    Por
    tanto precisamente lo que estamos haciendo en Comfia es liderar un
    proceso coherente, posible e ilusionante, más que necesario y
    conveniente para el movimiento sindical internacional, que puede que
    sea el que tenga la clave para poner un poco de orden en este
    maltratado planeta (
    Hacia
    una nueva Gobernanza
    ).
    Algunas otras Federaciones y sindicatos (Confederales,
    internacionales) comienzan a ver que hay algo esperanzador en este
    camino. Aún no somos conscientes de la existencia de una nueva
    Confederación Sindical Internacional, con 168 millones de
    trabajadoras y trabajadores (¿organizados?). La RSE puede tener un
    papel importante en esta Nueva Gobernanza y también en la necesaria
    cohesión sindical.

    Tenemos
    también tenemos la oportunidad de llevar todo esto al nuevo Consejo Estatal de la Responsabilidad Social de las Empresas (CERSE), recién constituido. El panorama desastroso que
    tenemos por delante ya es un consenso. Globalmente ya era un desastre
    antes de la crisis (que es una confirmación de todo. Solo había que
    ver la situación de los Objetivos del Milenio, por poner un ejemplo.
    Y eso que eran poco ambiciosos, dada la tecnología y en nivel de
    beneficios disponibles)

    Nuestro
    plan de trabajo es demasiado desconocido en sus detalles y múltiples
    frentes. Espero que este artículo clarifique algunas cosas. Hay que
    continuar dando valor al espíritu unitario de nuestra resolución,
    reflejo de alguna manera de una mas que necesaria unidad sindical y
    social (en el fondo, el mundo también está en medio de una tremenda
    crisis de confianza), aclarando que alguna de las posibles
    diferencias sobre nuestro proyecto puede que en el fondo, simplemente
    no existan.

     

    José
    Carlos González Lorente

    Secretario
    de RSE de Comfia-CCOO*

    Miembro
    de la Ejecutiva Federal de COMFIA*

    Miembro
    del Consejo Estatal de RSE*

     

    (*
    Todos estos cargos desde hace pocas semanas. Quiero aprovechar para
    dar las gracias a todos los amigos y amigas de Comfia, de CCOO y de
    lo que llamamos ‘Sociedad Civil Organizada’ que me han animado y
    ayudado a llegar aquí. Ha sido un largo camino que comencé en
    solitario con aquel portal Para
    un Sistema Económico Socialmente Responsable
     
    ,
    y que he terminado muy bien acompañado. Comienzo ahora una nueva
    etapa de algo nuevo que, Lento
    pero Viene.
    )

  • Plan de trabajo para el II plenario TIC

    Plan de trabajo a debatir en el II plenario estatal de las TIC que se celebrará en Junio de 2009.

    Este es el plan de trabajo presentado por la ejecutiva estatal de las TIC y que da el pistoletazo de salida a todo el proceso asambleario en los territorios que culminará en el plenario estatal el 25 de junio de 2009.

    Los afiliados y afiliadas del sector podrán debatir y enmendar este documento siguiendo los procesos marcados por cada Comunidad Autonoma.

    Descarga: Plan de trabajo