Categoría: Documentacion

  • Propuesta de Mejora de condiciones de trabajo en los CPD’s de ATOS ORIGIN

    Propuesta de mejora de las condiciones de trabajo entregada por los miembros del área de salud laboral de la sección sindical de COMFIA en Atos Origin a la dirección de la empresa

    Puedes leer el documento en PDF aquí

  • VALORACIÓN de CC OO del Informe Anual de Progreso 2007 del Plan Nacional de Reformas para España

    Desde la CCOO realizamos aportaciones al borrador del Informe Anual de Progreso 2007. Sin embargo, estas aportaciones han tenido escaso éxito en el informe final.

    El pasado día 13 de septiembre se celebró una reunión entre la Oficina Económica del Presidente del Gobierno y los interlocutores sociales, en la que se presentó oficialmente el borrador del Informe Anual de Progreso 2007 del Programa Nacional de Reformas de España y se invitó a las partes a realizar las aportaciones que considerasen oportunas al mismo.

    En respuesta a dicho requerimiento, como en años anteriores, desde la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO) realizamos aportaciones al borrador del Informe Anual de Progreso 2007. Sin embargo, estas aportaciones han tenido escaso éxito en cuanto a su consideración en el informe final, salvo excepciones puntuales y no sustantivas, por lo que a continuación señalamos nuestras principales observaciones, que se organizan según los epígrafes y apartados del propio Informe Anual de Progreso 2007.

    Ver Valoración de CCOO sobre Informe Anual de Progreso

    Ver Informe Anual de progreso del Plan Nacional de Reformas

  • La industria: ¿Motor del crecimiento económico español?

    La producción industrial está repuntando con fuerza desde el año 2006. Los últimos datos disponibles (a julio 2007) no muestran que dicho repunte se esté frenando, sino que mantiene su impulso. Ese repunte de la producción todavía no está teniendo efectos positivos sobre la creación neta de empleo en la industria.


    CONCLUSIONES

    La producción industrial está repuntando con fuerza desde el año 2006. Los últimos datos disponibles (a julio 2007) no muestran que dicho repunte se esté frenando, sino que mantiene su impulso. Ese repunte de la producción todavía no está teniendo efectos positivos sobre la creación neta de empleo en la industria.

    Hay dos subsectores industriales con una producción en declive y que están perdiendo empleo: textil/confección/calzado y electrónica/informática.

    El grueso de las ramas industriales están aumentando su producción, especialmente en el último año y medio (enero 2006- junio 2007). Estas ramas son las que están creando empleo en la industria, aunque también hay ramas donde está repuntando la producción y siguen destruyendo empleo asalariado.

    Varias de las ramas que están sosteniendo el repunte de actividad en la industria son sectores muy ligados a la actividad de la construcción/vivienda, a la que abastecen de todo tipo de bienes y materiales que necesita: fabricación de productos de madera, muebles, de productos metálicos y de otros productos minerales no metálicos. En la medida que el crecimiento industrial se apoye en estas ramas, dado el aparente agotamiento de la construcción, menos sostenible en el futuro será el actual repunte industrial.

    Otra de las ramas relevantes (vehículos de motor) depende en gran medida de la evolución del endeudamiento familiar y de los tipos de interés. La situación actual ya muestra un leve descenso en la demanda nacional de automóviles y el endurecimiento de las condiciones crediticias frenará igualmente la demanda externa de vehículos.

    Las ramas industriales que están destruyendo empleo concentran “solamente” un tercio del empleo industrial, pero están perdiendo más asalariados que los ganados por el resto de ramas industriales, que suponen 2/3 del empleo industrial. En los últimos trimestres, la destrucción de empleo en la industria está siendo más intensa e intensiva que la creación.

    La utilización de la capacidad productiva se encuentra ya en porcentajes elevados (82%), cercanos a la cifra a partir de la cual es necesario aumentar las inversiones y contratar más trabajadores para elevar adicionalmente la producción. Los sectores de bienes de inversión y bienes intermedios son los que se encuentran más próximos al límite de utilización de su capacidad productiva (por lo que de mantenerse la tendencia serán los primeros en crear empleo), mientras que los sectores de bienes de consumo cuentan con un menor nivel de utilización de su capacidad productiva y pueden seguir aumentando de momento su producción sin recurrir a nuevas inversiones ni contratar más trabajadores.

    VEr documento La industria: ¿Motor del crecimiento económico español? PDF 156 Kb

  • Aprovechar el cambio de modelo de crecimiento y construir nuevas redes de protección

    El buen momento que atraviesa la economía española no debe llevar, sin embargo, al triunfalismo o a relajar la coherencia de la acción colectiva en favor de medidas efectistas de parte.

    Nuestro modelo de crecimiento, nuestra sociedad y nuestro aparato productivo tienen importantes oportunidades de futuro, pero también carencias que no deben esconderse, sino analizarse y abrirse al debate público para resolverlas con el esfuerzo colectivo.

    Aprovechar
    el cambio de modelo de crecimiento y construir nuevas redes de
    protección

    Octubre, 2007

    Sumario

    1.
    Un compromiso con la competitividad, el empleo y la cohesión
    social

    La sociedad española
    vive una larga etapa de intenso crecimiento económico que dura
    más de una década. El aumento sostenido de la actividad
    ha impulsado el desarrollo del país, incrementando la renta
    por habitante, que ha recortado su diferencia con la Unión
    Europea. El crecimiento del empleo ha sido también muy
    importante, permitiendo una elevada incorporación de mujeres a
    la actividad laboral y convirtiendo a España en un país
    de acogida de un gran número de trabajadores y trabajadoras
    extranjeros en un corto espacio de tiempo. El desempleo se ha ido
    reduciendo año tras año, y aunque todavía hoy
    tiene un volumen apreciable, su tasa se sitúa en un nivel
    históricamente bajo. Asimismo, los salarios negociados en los
    convenios colectivos han ganado poder adquisitivo todos los años
    de esta larga etapa de crecimiento.

    La madurez, constancia y
    profundidad que tiene el diálogo social en nuestro país
    ha servido para impulsar la bonanza económica, configurándose
    como un valor de desarrollo y un hecho diferencial con respecto a
    otros países de nuestro entorno. El compromiso de este diálogo
    alrededor del aumento de la competitividad del aparato productivo, la
    creación de empleo y la mejora de la cohesión social,
    ha dirigido el esfuerzo de los agentes sociales del país en
    una misma dirección, disipando incertidumbres en los momentos
    de debilitamiento del ciclo e impulsándolo en las etapas de
    auge.

    El buen momento que
    atraviesa la economía española no debe llevar, sin
    embargo, al triunfalismo o a relajar la coherencia de la acción
    colectiva en favor de medidas efectistas de parte. Nuestro modelo de
    crecimiento, nuestra sociedad y nuestro aparato productivo tienen
    importantes oportunidades de futuro, pero también carencias
    que no deben esconderse, sino analizarse y abrirse al debate público
    para resolverlas con el esfuerzo colectivo.

    El aparato productivo
    tiene un claro déficit de competitividad que se refleja en
    los crecientes y voluminosos saldos comerciales negativos. El tejido
    productivo tiene dificultades para competir en aquellas actividades
    de contenido tecnológico medio y alto. Estas debilidades
    repercuten negativamente en la calidad del empleo, en los niveles
    salariales y en la sostenibilidad futura de la actividad económica.
    La desigualdad en la distribución salarial ha aumentado al
    crecer más las ocupaciones con salarios más bajos, de
    ahí la importancia de seguir incrementando el salario mínimo
    interprofesional.

    Desde el año 2000
    el modelo de crecimiento español se basa en exceso en la
    construcción de vivienda residencial y en los servicios de
    consumo, desarrollados no en base a su calidad, sino a su bajo valor
    añadido (comercio, hostelería, servicios personales y
    servicio doméstico). Estos sectores han creado muchos puestos
    de trabajo pero poco productivos, mal remunerados y muy vulnerables
    ante una inflexión en la actividad, lo que ha debilitado la
    cohesión social. Además, han contribuido al alza de los
    precios por tratarse de sectores no abiertos a la competencia
    internacional.

    Una expresión muy
    grave de las consecuencias negativas de esta forma de crecer es la
    siniestralidad laboral. El alto número de accidentes laborales
    y enfermedades profesionales –que sufren más quienes tienen
    empleos más precarios- sigue siendo inaceptable, a pesar de
    que las nuevas normas y acuerdos en esta materia han logrado reducir
    los índices casi a la mitad en la última década.

    Por otro lado, la deuda
    de las familias supera ya su renta anual. Algunas familias se han
    endeudado durante la etapa de bonanza bajo la convicción,
    alentada por los sucesivos gobiernos, de que los tipos de interés
    no aumentarían, ni bajaría el valor de las viviendas.
    La crisis de liquidez generada en el mercado hipotecario rompe este
    espejismo y pone en riesgo el crecimiento del consumo y la inversión.

    Desde CCOO venimos
    propugnando desde hace tiempo un cambio de modelo de crecimiento,
    encarando las carencias de nuestro aparato productivo y las
    desigualdades que genera. Ahora que el ciclo de la construcción
    empieza a debilitarse y que la actividad industrial crece, aunque
    todavía sin crear empleo y con incertidumbres sobre su
    recuperación, es más urgente apoyar el tránsito
    hacia una economía más productiva, donde la industria,
    los servicios de valor añadido y el sector exterior –a
    través de las exportaciones- ganen protagonismo en la base del
    crecimiento y con ellos, el empleo de calidad y una mejor
    distribución de la renta.

    El tránsito hacia
    una economía más productiva requiere de propuestas
    coherentes para producir resultados en la competitividad, el empleo y
    la cohesión social. Para CC.OO. estas propuestas se articulan
    alrededor de dos grandes ejes:

    1. Aumentar la inversión
      productiva para apoyar el cambio en la manera de crecer.

    1. Ampliar y mejorar la red
      de protección social para facilitar el tránsito hacia
      una economía más productiva a las personas más
      vulnerables.

    1. Aumentar la
      inversión productiva para apoyar el cambio en la manera de
      crecer
      .
      La
      inversión privada tiene que liderar el cambio hacia un modelo
      basado en la calidad, el diseño, la exportación y la
      innovación tecnológica. En este sentido, debe terminar
      la inversión especulativa en la construcción, que ha
      caracterizado una parte importante del ciclo actual y que ha
      provocado inflación y vedado el acceso a la vivienda a
      importantes colectivos. La inversión pública tiene que
      reforzar y apoyar a la inversión privada, ampliando y
      manteniendo la calidad de las infraestructuras, optimizando la
      educación y la formación en línea con las
      demandas del cambio productivo, y mejorando sustancialmente las
      políticas e instrumentos de acompañamiento para la
      reinserción laboral de las personas que coyunturalmente se
      queden sin empleo en el tránsito hacia el nuevo modelo de
      crecimiento.

    1. Ampliar y mejorar
      la red de protección social para facilitar el tránsito
      hacia una economía más productiva

      a
      las personas más vulnerables
      .
      El crecimiento actual se ha visto acompañado de desigualdad y
      de una insuficiente cohesión social. Quienes han cubierto el
      importante volumen de puestos de trabajo poco productivos generados
      por la construcción y los servicios de bajo valor añadido
      (mujeres, jóvenes e inmigrantes), se encuentran en una
      posición muy vulnerable ante el cambio de ciclo. Por tanto,
      para evitar un tránsito traumático de estas personas
      hacia una economía más productiva, es necesario que el
      sector público desarrolle, a través de sus
      presupuestos, una labor de compensación de los desequilibrios
      producidos por el mercado y, en esta línea, amplíe la
      protección de las personas y las familias, mediante la
      extensión de una red social que amortigüe los costes del
      cambio y evite su repercusión sobre los más débiles.

    2.-
    Invertir para apuntalar el cambio productivo


    Invertir en productividad

    La industria crece ya por
    encima de la construcción en el segundo trimestre de 2007 y su
    actividad aumenta a un ritmo intenso desde mediados del año
    pasado. Los indicadores adelantados de producción industrial
    señalan que el vigor se mantiene durante el segundo semestre
    del año, aunque el sector todavía no crea empleo y la
    reciente crisis financiera internacional ha abierto incertidumbres
    sobre el crecimiento en EE.UU. y Europa que afectan a la
    consolidación de la recuperación industrial. Asimismo,
    desde principios de 2006, la demanda externa ha rebajado ligeramente
    su aportación negativa al crecimiento interior, gracias a la
    mejora de las exportaciones y a la moderación de las
    importaciones. Y la inversión en bienes de equipo crece a
    tasas por encima de los dos dígitos desde mediados de 2006.
    Paralelamente, la construcción viene recortando su crecimiento
    desde finales de 2006, y aunque éste se mantiene en tasas
    vigorosas, los indicadores adelantados de empleo (paro registrado y
    altas en Seguridad Social) registran ajustes crecientes durante el
    segundo semestre del año.

    Las señales
    apuntan, por tanto, a una moderación del crecimiento y a un
    posible cambio en sus componentes, aunque no parece muy probable que
    se vaya a producir un parón brusco en la actividad económica,
    sobre todo si se apuntalan las bases para consolidar la inversión
    productiva en la industria, la construcción de
    infraestructuras y los servicios de valor añadido. No somos
    los que mejor lo estamos haciendo en el panorama internacional, ni
    tenemos más margen que los demás, pero tendremos más
    posibilidades de éxito si se identifican los problemas y se
    ponen las bases para su solución.

    España es la
    novena economía del mundo y en las últimas tres décadas
    ha dado un salto espectacular en su modernización política,
    social y económica. Hemos acumulado el potencial necesario
    para convertirnos en uno de los países más
    desarrollados. El bienestar alcanzado no debe, sin embargo,
    deslumbrarnos. Ni el camino es necesariamente ascendente si no
    hacemos lo que tenemos que hacer, ni puede recorrerse si se fragmenta
    la masa crítica que hemos acumulado entre todos.

    Para esta nueva etapa,
    al igual que hasta ahora, es necesario el liderazgo del gobierno de
    España en la coordinación de esfuerzos entre
    Administraciones, la iniciativa privada y el resto de agentes
    sociales. Se cuenta con una importante ventaja de partida, unas
    cuentas públicas saneadas, cuyo margen puede emplearse para
    apuntalar el cambio de modelo en la siguiente dirección:

    • Tiene
      que reactivarse la idea de una política sectorial activa que
      apoye el desarrollo de la industria, los servicios de valor añadido,
      el turismo y la construcción productiva y no especulativa (en
      infraestructuras, rehabilitación de viviendas y vivienda
      social). En este sentido, los organismos estatales deben
      desarrollar, con recursos humanos propios y permanentes, una
      actividad de prospectiva sectorial para orientar inversiones e
      indicar oportunidades de negocio, en particular, a las pequeñas
      y medianas empresas. Debe fomentarse el diseño industrial, la
      calidad de los bienes y servicios, la cooperación entre
      pequeñas y medianas empresas para acometer proyectos de
      envergadura, la exportación y la apertura de nuevos mercados,
      y la financiación de proyectos empresariales en función
      de su oportunidad e independientemente de sus avales físicos.

    • El
      desarrollo tecnológico cobra especial relevancia en un modelo
      basado en el crecimiento de la productividad. La iniciativa privada
      tiene un papel básico que cumplir en este terreno y tiene que
      comprometerse en el incremento del gasto en la I+D+i, a pesar de la
      dependencia de nuestro aparato productivo de multinacionales que
      localizan esas actividades en sus países de origen.
      Paralelamente, deben aumentar sustancialmente los recursos públicos,
      la cooperación con la empresa privada y la coordinación
      entre Ministerios y el resto de administraciones e instituciones
      públicas en materia tecnológica, creando a este fin
      una vicepresidencia. Tienen que existir instituciones capaces de
      difundir al aparato productivo los avances tecnológicos y de
      conectar la investigación fundamental con la actividad
      económica y con el interés social. Hay que definir
      carreras profesionales estables y bien remuneradas en la
      investigación para hacerlas atractivas a los estudiantes más
      brillantes y evitar la fuga de cerebros. Las grandes empresas y el
      sector público deben incrementar las posibilidades y
      oportunidades de financiación de proyectos de capital-riesgo
      relacionados con la innovación.

    • Es
      un requerimiento básico para multiplicar la inversión
      productiva y para sostener el crecimiento económico, mantener
      y desarrollar las infraestructuras básicas del país
      (puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, abastecimiento de
      agua, etc.) por parte de los poderes públicos, pero también
      por la iniciativa privada. Hay que corregir los desequilibrios
      existentes entre los distintos modos de transporte a favor del
      ferrocarril y desarrollar nuevas políticas de movilidad
      sostenible. Así mismo, las infraestructuras energéticas
      son fundamentales por la importancia de los cambios que se avecinan
      en el panorama mundial y por las nuevas exigencias medioambientales
      de adaptación de los medios de producción y
      transporte. Se trata de aumentar la eficiencia energética y
      de reducir nuestra dependencia exterior, diversificando las fuentes
      de abastecimiento y definiendo un mix
      energético

      que combine garantía de suministro, independencia, seguridad
      energética, precios competitivos y sostenibilidad ambiental.
      La modernización de las redes de distribución es
      básica, así como aprovechar el importante potencial de
      crecimiento que tienen algunas energías en nuestro país,
      como las renovables.

    • Asimismo,
      merece especial atención el desarrollo de las
      infraestructuras relacionadas con las tecnologías de la
      información y comunicación, por su retraso, y porque
      constituyen uno de los principales dinamizadores del comercio en los
      próximos años, pues permiten a las pequeñas y
      medianas empresas ampliar su mercado potencial y aproximarse a las
      necesidades de sus clientes.


    Invertir en la gente

    El
    crecimiento del empleo en los últimos años se ha
    concentrado en ocupaciones con bajos requerimientos formativos. La
    importante demanda de este tipo de empleo ha coincidido con la
    ausencia de políticas eficaces para resolver las carencias de
    nuestro sistema educativo, en el que conviven una baja tasa de
    población que acaba el bachillerato y la Formación
    Profesional (15 puntos menos que la media UE), con tasas de población
    universitaria equivalentes. Estos desequilibrios educativos y
    productivos provocan, de una parte, la falta de profesionales con
    titulaciones medias que demanda el sistema productivo y, de otra, el
    desencuentro entre la fuerza de trabajo con titulación
    superior y los puestos de trabajo generados, mayoritariamente
    precarios, aumentando así el número de titulados que se
    han visto abocados a ocupar empleos por debajo de su nivel de
    formación o a desarrollar en otros países su carrera
    profesional.

    Un cambio hacia un
    modelo de crecimiento más productivo pone en primer plano los
    problemas del sistema educativo, incluida la Formación
    Profesional para el empleo, y requiere:

    • Aumentar
      la inversión en educación y formación, pero de
      manera eficiente, orientándola a través de la
      previsión a medio plazo de las necesidades futuras. En este
      recorrido es imprescindible establecer conexiones sólidas y
      duraderas entre el sistema educativo y la empresa, entre la
      universidad y la actividad investigadora y el mundo del trabajo.

    • Analizar
      y poner en marcha las medidas necesarias para resolver el elevado
      abandono escolar que caracteriza al sistema educativo español.
      Prevenir es clave, trabajando los itinerarios formativos desde la
      primera etapa educativa. En la coyuntura más reciente, los
      jóvenes que fracasan en sus estudios han podido trabajar de
      cualquier cosa
      ,
      pero no será así en un contexto de menor crecimiento
      del empleo y ante una demanda de mayor cualificación.

    • Liderar
      por parte del gobierno central la promoción de la Formación
      Profesional en sus dos niveles, reglada y para el empleo, que siendo
      todavía el gran agujero
      del sistema educativo y de formación permanente en España,
      sigue sin acertar con el modelo que permita su mayor extensión,
      el reconocimiento social de su valor, su validación y
      certificación en el conjunto del Estado.

    • Mejorar
      los malos resultados formativos de los alumnos en las materias de
      ciencias, a lo largo de todo su desarrollo curricular, e incrementar
      de manera eficaz el conocimiento de idiomas extranjeros.

    • Actuar
      para frenar el deterioro de la escuela pública y la
      desigualdad en el acceso de los niños y niñas
      inmigrantes a los centros concertados. Hay que invertir más
      recursos para apoyar la integración de la creciente población
      infantil inmigrante, evitando así que se reduzca la calidad
      de la escuela pública, y que ésta deje de ser la
      opción de la mayoría de la población.

    3.-
    Tejer una red de protección para reforzar la igualdad y la
    cohesión social

    La bonanza económica
    ha tenido el efecto positivo de crear empleo, pero también ha
    generado un volumen importante de puestos de trabajo muy precarios.
    Como resultado, la desigualdad salarial ha aumentado en el mercado de
    trabajo y la vulnerabilidad de estos empleos ante cambios en el
    ciclo, ha debilitado la cohesión social.

    Quienes tendrán
    más dificultades para transitar hacia una economía más
    productiva, porque, desgraciadamente, el cambio no será
    automático e imperceptible, serán muchos de los que
    cubrieron esos puestos de trabajo. Los jóvenes que abandonaron
    sus estudios porque podían trabajar de
    cualquier cosa
    .
    Las mujeres que encontraron empleo en los servicios de menor valor
    añadido al concentrarse en ellos una fuerte segregación
    ocupacional por sexos. Los trabajadores y trabajadoras inmigrantes
    que pudieron trabajar incluso
    sin tener papeles
    .

    El tránsito no
    será suave. A las incertidumbres sobre la consolidación
    de la recuperación de la industria se une su menor capacidad
    para generar empleo (pues se trata de una actividad intensiva en
    capital y no en trabajo, como la construcción) y sus mayores
    requerimientos formativos. En consecuencia, los trabajadores que ya
    está dejando de emplear la construcción no son, en
    términos cuantitativos ni cualitativos, automáticamente
    recolocables en los puestos de trabajo que esperamos pueda empezar a
    generar pronto la industria y los servicios de mayor valor añadido.

    Es necesaria, por tanto,
    la intervención de los poderes públicos para resolver
    las desigualdades producidas por el mercado y para que las personas
    en situación más débil cuenten también en
    el tránsito hacia el nuevo modelo de crecimiento. Hay que
    empezar a tejer una nueva red de protección, con medidas
    coherentes entre sí y factibles económicamente, que
    facilite un tránsito no traumático a las personas más
    vulnerables y permita mejorar la igualdad y la cohesión a
    medio y largo plazo. Una red que debe contar con más elementos
    que las tradicionales e imprescindibles prestaciones de la Seguridad
    Social, ya que no todos los grupos que se han incorporado en la
    última etapa al mercado de trabajo han generado derechos.

    El sistema de protección
    por desempleo, las pensiones y prejubilaciones, y la familia fueron
    el colchón amortiguador de la pérdida de empleo en
    otros momentos de cambio en el ciclo económico. Esos fueron
    los ejes de solidaridad que utilizó la sociedad española
    para no abrir una gran brecha de desigualdad social. Ahora, sin
    embargo, la temporalidad del empleo ha dificultado generar
    prestaciones por desempleo dilatadas. Está afectada una
    población laboral más joven que, lógicamente, no
    engancha a corto plazo con la jubilación. La renta familiar,
    base alternativa para sostener el desempleo y la vivienda, no existe
    entre la nueva población inmigrante –que además
    carece en muchos casos de la protección formal que ofrecen las
    leyes laborales-.

    En consecuencia, no se
    trata de presentar un listado de medidas sociales que suenen
    bien
    a
    distintos grupos de la población –los partidos políticos
    tienden a esto, especialmente en campaña electoral-, sino de
    dirigir los recursos allí donde hacen falta.


    Prevenir frente al paro y acompañar en la reinserción
    laboral

    Este debe ser un primer
    compromiso de los poderes públicos para dar adecuada respuesta
    a las necesidades de la coyuntura, caracterizada por la moderación
    del crecimiento y el cambio hacia una economía que debiera
    demandar empleo más cualificado. Y para ello se deben afinar
    dos instrumentos básicos, los Servicios Públicos de
    Empleo y las políticas activas de empleo, un compromiso ya
    adquirido en el Acuerdo para la Mejora del Crecimiento y del Empleo,
    y no abordado hasta ahora.

    Porque
    desafortunadamente, los Servicios Públicos de Empleo siguen
    sin cumplir su función principal que es la de acompañar
    en la búsqueda de empleo y en la inserción laboral. No
    realizan una atención personalizada, continúan
    mostrando una gran debilidad en la gestión de las ofertas de
    empleo, y no desarrollan una estrategia preventiva frente al
    desempleo. A su vez, las políticas activas de empleo (incluida
    la formación para el empleo) son demasiado generalistas y no
    responden adecuadamente ni a las necesidades de quienes demandan
    empleo, ni a las necesidades de las empresas. Esta situación
    se agrava por la insuficiente coordinación entre políticas
    y gestores, y por la falta de evaluación de su eficacia.

    • Los Servicios Públicos
      de Empleo deben contar con más recursos y más
      cualificados, para establecer un itinerario personalizado de
      inserción laboral con cada demandante de empleo y
      responsabilizarse de su seguimiento, así como para prevenir
      el paro de larga duración, cumpliendo la directriz europea de
      desarrollar acciones con todo demandante de empleo antes de que
      permanezca 6 meses en paro.

    • Se deben revisar el
      conjunto de programas y políticas activas de empleo
      actualmente existentes para actualizarlos, especializarlos y
      dotarles de mayor integración y coherencia. Prospección
      de necesidades y evaluación de resultados deben ser los ejes
      de actuación.

    • Es imprescindible la
      coordinación y cooperación entre las distintas
      administraciones responsables de la gestión de las políticas
      de empleo, Servicio Público de Empleo Estatal y Servicios
      Públicos de Empleo de las Comunidades Autónomas, así
      como entre los diferentes agentes privados que también
      intervienen.


    Apoyar a las familias

    Si la red familiar fue el
    colchón amortiguador en anteriores cambios de ciclo,
    contribuyendo así a sostener la cohesión social, ahora
    se deberían aprovechar los buenos resultados de esta larga
    etapa de crecimiento sostenido para desarrollar diferentes políticas
    de apoyo a las familias, que es otro de los ámbitos donde
    España acumula carencias respecto a los países de su
    entorno -la inversión en estas políticas públicas
    no llega a la quinta parte la media europea-. Y son medidas más
    necesarias ante los cambios acelerados producidos en la estructura
    familiar, con un número creciente de familias monoparentales,
    especialmente de mujeres solas con hijos.

    La reciente aprobación
    de la Ley de Dependencia sienta las bases para empezar a construir un
    nuevo sistema de protección, que es sin duda un pilar básico
    de apoyo a las familias, y especialmente a las mujeres. Pero contar
    con la Ley no significa que el sistema ya esté construido. Su
    puesta en marcha demanda un liderazgo del gobierno y una cooperación
    institucional, para cubrir así este vacío de protección
    que dura ya demasiado tiempo.

    La otra gran laguna de
    protección en nuestro país es la atención
    pública a la primera infancia. La provisión de plazas
    de escuelas infantiles no ha formado parte de las decisiones
    políticas, a pesar de ser un eje estratégico de las
    actuaciones de apoyo a la familia. La Comisión Europea ha
    señalado año tras año las carencias de España
    en la cobertura de plazas para los menores de 6 años al
    evaluar los sucesivos Planes Nacionales de Empleo –actualmente
    Programa Nacional de Reformas-, vinculando su mejora a la del otro
    gran déficit laboral de nuestro país, las todavía
    bajas tasas de actividad y de empleo de las mujeres.

    Es cierto que en los
    últimos diez años ha habido grandes avances respecto a
    la oferta de educación infantil reglada para los niños
    de 3 a 6 años, con el 95% de escolarización y una
    reducción significativa de las diferencias entre las distintas
    Comunidades Autónomas. La causa de estos logros ha sido el
    incrementar el número de plazas y la generalización de
    la gratuidad.

    Por el contrario, para
    los niños menores de 3 años, el objetivo fijado por la
    Comisión Europea de alcanzar una escolarización del 33%
    en 2010 está lejos de alcanzarse en España. En el curso
    2006-2007 sólo el 16% de estos niños están
    escolarizados en centros autorizados. Además existe una fuerte
    desigualdad territorial, así como entre las familias según
    su nivel de ingresos.

    El imprescindible
    incremento de las plazas gratuitas de guarderías en el primer
    ciclo de educación infantil debe ir acompañado a su
    vez, de una mejora en la cuantía de las prestaciones
    familiares por hijo y de una reordenación en los horarios
    escolares y en las actividades extraescolares para evitar la
    dependencia
    obligada
    de
    la red familiar o la autonomía
    obligada

    de los hijos cuando los padres trabajan.

    Son todas ellas medidas
    necesarias para apoyar la natalidad y a las familias con hijos,
    contribuyendo a hacer compatible la vida personal y laboral de los
    padres; para facilitar la incorporación laboral de las
    mujeres; para generar nuevos empleos en los servicios cualificados;
    y, en el caso de la escolarización de primer ciclo de
    educación infantil, para favorecer la igualdad de
    oportunidades y la equidad en la adquisición de destrezas
    básicas en la infancia.

    Por el contrario, todos
    estos beneficios no entran en juego cuando se opta por establecer
    ayudas monetarias puntuales y al margen de un plan global de apoyo a
    las familias, como es el caso de la nueva ayuda por el nacimiento de
    un hijo, que puede ser una medida incluso más cara en su coste
    agregado que invertir en la red de guarderías, además
    de insuficiente para incentivar la natalidad y apoyar de manera
    sostenida a las familias, y de ser menos eficiente en términos
    de equidad social y territorial.

    • Desarrollar el nuevo
      sistema de atención a las personas dependientes haciendo
      efectiva la corresponsabilidad de todas las administraciones
      públicas implicadas.

    • Incrementar
      sustancialmente las plazas de educación infantil para los
      niños menores de 3 años, bajo el liderazgo de la
      iniciativa pública, y extender su gratuidad, asegurándola
      para las personas con menos recursos. Hay que cumplir el
      compromiso ya incluido en la LOE.

    • Hacer compatibles los
      horarios escolares con la actividad laboral de los padres,
      asegurando actividades extraescolares útiles y gratuitas
      en la escuela.

    • Establecer unas
      prestaciones familiares por hijo (menores de 18 años)
      suficientes y actualizadas, ampliando el número de
      beneficiarios que hoy pueden acceder e incrementando su cuantía.

    • Establecer un plan de
      atención a las familias en situación o riesgo de
      exclusión social.


    La vivienda como bien social, no especulativo

    La vivienda es, junto al
    empleo, el aspecto clave del proyecto socioeconómico personal
    y familiar. La situación actual de la vivienda en España
    implica que estén excluidas de su acceso o sobreendeudadas
    amplias capas de la población, no solamente las más
    desfavorecidas. La vivienda se ha convertido en un bien de inversión
    y especulación, a costa de lo que es un derecho y una
    necesidad social básica. Para revertir esa situación
    son necesarias medidas legales, presupuestarias, y modificar la
    cultura y expectativas de la sociedad en torno a la vivienda.
    Garantizar el derecho de acceso a una vivienda digna a un coste
    asequible (por compra o alquiler) pasa por la combinación de
    un conjunto de medidas:

    • Priorizar el alquiler,
      actuando sobre la oferta e introduciendo en el mercado el importante
      volumen de viviendas vacías. Para ello hay que promocionar
      parques públicos o privados de alquiler asequibles,
      equilibrar las garantías jurídicas del propietario con
      las del inquilino, y facilitar la explotación de viviendas en
      alquiler con la creación de agencias de intermediación.
      A su vez hay que apoyar la demanda con ayudas al pago de un alquiler
      máximo que venga determinado por el nivel de renta del
      inquilino y sus circunstancias familiares.

    • Reorientar el gasto
      público en vivienda desde los beneficios fiscales a la compra
      de vivienda hacia la política activa en vivienda,
      incrementando la oferta de protección oficial y garantizando
      su uso adecuado, así como las subvenciones directas para
      alquiler.

    • Recuperar la gestión
      pública del suelo y del desarrollo urbano, frente a su cesión
      y subordinación actual a los intereses privados. Resolver las
      ambigüedades de la Ley del Suelo y aplicarla para acabar con la
      especulación, la retención del suelo y las
      sobrevaloraciones que impiden la construcción de viviendas
      asequibles.

    • Rehabilitar viviendas y
      áreas urbanas como alternativa a la construcción de
      nuevas viviendas y ensanches urbanísticos, y como mecanismo
      para mantener el empleo en el sector de construcción y apoyar
      la sostenibilidad medioambiental.


    Inmigración ordenada y con derechos

    El crecimiento que se ha
    producido en nuestro país, intensivo en mano de obra y poco
    productivo, ha utilizado ampliamente a la población inmigrante
    que se ha incorporado al mercado laboral desde finales de los noventa
    y que ha contribuido decisivamente al aumento de la actividad
    económica. Así, el modelo de crecimiento ha configurado
    el modelo inmigratorio y, en consecuencia, lo importante no ha sido
    ordenar los flujos para ofrecer un empleo a la población
    inmigrante con garantías y derechos laborales. Por el
    contrario, el volumen y características de los flujos han sido
    determinados por el mercado, las empresas han demandado una gran
    cantidad de empleo sin cualificación y remunerada con salarios
    bajos, y los sucesivos gobiernos han puesto las trabas mínimas
    para no afectar a su crecimiento y demandas, a pesar de que era obvio
    que una expansión construida sobre esas bases se agotaría.

    Nuevamente aquí el
    modelo de crecimiento ha desplazado a un segundo plano la igualdad,
    con el consiguiente debilitamiento de la cohesión. Así,
    tan novedoso ha sido para la economía y la sociedad española
    el fenómeno inmigratorio, como el gran volumen de trabajadores
    sin derechos laborales o con ellos muy mermados, que hoy forman parte
    de la población activa.

    Un cambio de modelo
    productivo va a poner de manifiesto estas desigualdades. La población
    laboral inmigrante se encuentra en una situación especialmente
    vulnerable ante la nueva coyuntura; ni tienen una protección
    por desempleo importante, ni cuentan con familias que suplan dicha
    protección, porque están en sus países de
    origen, o porque todos sus miembros se ocupan en puestos de trabajo
    igualmente vulnerables. Además, muchos de ellos carecen de las
    cualificaciones que demandará el nuevo ciclo, más
    intensivo en conocimiento. Repensar por tanto la política
    migratoria es un elemento clave en la nueva coyuntura:

    • Invertir los recursos
      necesarios para garantizar unos flujos migratorios ordenados, con
      derechos y planificados en función de la capacidad del
      aparato productivo de ofrecer empleo a largo plazo.

    • Establecer una
      infraestructura laboral del gobierno español en los países
      emisores, para la selección y contratación en origen,
      y que gestione las demandas de las pequeñas y medianas
      empresas.

    • Contra el empleo
      irregular y la explotación laboral de la población
      laboral inmigrante, aplicar las normas vigentes con todo el rigor y
      poner a disposición los recursos de inspección y
      control necesarios para ello.

    • Actuar sobre el control
      de las entradas, considerar la política de visados y sus
      posibilidades de extensión, y coordinar la acción
      entre los departamentos ministeriales implicados en la lucha contra
      la inmigración sin derechos.

    • La red de protección
      social debe reforzarse en base a las nuevas necesidades de mayor
      población y más vulnerable. Asimismo, las políticas
      de integración deben diseñarse o reenfocarse en
      función de los nuevos retos que plantea la coyuntura.

    4.- Los instrumentos del Estado al servicio de la cohesión

    España es
    posiblemente el país de la UE que más ha cambiado en
    las últimas tres décadas. Ha habido grandes avances en
    la igualdad –social y laboral- entre mujeres y hombres. Hemos
    construido redes de solidaridad intergeneracional, desde el acceso
    masivo de los jóvenes a la educación, hasta la
    consolidación del sistema público de protección
    social. Todas las Comunidades Autónomas han visto aumentar sus
    niveles de empleo y de crecimiento de la riqueza. A través de
    la negociación colectiva hemos ido vertebrando las condiciones
    de trabajo de la población asalariada, y las organizaciones
    sindicales y empresariales estamos consolidando un diálogo
    social autónomo, puesto al servicio de la concertación
    tripartita en los grandes temas sociolaborales que afectan al
    conjunto del Estado.

    Pero al mismo tiempo
    podemos decir que España es aún un país joven,
    con apenas 30 años de democracia, que necesita todavía
    afinar los instrumentos que aseguran la cohesión. Estos son
    básicamente el sistema fiscal, el sistema de protección
    social, el sistema de relaciones y normas laborales, el sistema
    educativo y de formación profesional, así como las
    instituciones que aseguran el control de la legalidad y el
    cumplimiento de las normas (el Estado se legitima no sólo
    porque produce leyes, sino porque éstas se aplican y se hacen
    cumplir). De igual forma, el Estado de las Autonomías del que
    nos hemos dotado también debe consolidar, en su
    funcionamiento, los criterios de equidad y cohesión
    territorial.

    Durante todos estos años,
    y especialmente en los últimos, se ha hablado mucho de la
    descentralización de esas políticas e instrumentos,
    pero paradójicamente se ha debatido mucho menos respecto de su
    funcionalidad en relación con la equidad y la cohesión
    general. Pues bien, en CCOO creemos que ahora debería ser esto
    lo que apareciera en el primer plano de la acción política,
    reforzando los instrumentos relacionados con la igualdad y conjurando
    los límites que a veces se autoimpone
    la política para seguir generando redes de cohesión
    para todo el país.

    Estos son los elementos
    clave:

    • Asegurar la
      suficiencia en los ingresos del Estado, renunciando a la carrera
      desfiscalizadora actual. La Administración General del
      Estado ya dispone de un escaso margen presupuestario, tan sólo
      el 15% del gasto público total (5,8% del PIB), para cubrir
      sus múltiples funciones. A su vez, las continuas
      disminuciones en los impuestos sobre la renta aprobadas desde
      1996 por los gobiernos, central y autonómicos, limita la
      capacidad de actuación para impulsar el cambio productivo.

    • Avanzar en la
      corresponsabilidad de las Administraciones públicas en las
      decisiones de gasto. La administración autonómica
      dispone del 37% del gasto público total y es competente en
      ámbitos tan determinantes para la cohesión como la
      educación (la Administración central sólo
      maneja el 4,4% del gasto público total en esta materia),
      la sanidad o los servicios sociales. Las decisiones de todos los
      niveles de gobierno, por tanto, afectan al conjunto de la
      ciudadanía y del Estado.

    • Liderar políticas
      para el conjunto de la ciudadanía y coordinar la acción
      de las distintas Administraciones en el desarrollo de las
      políticas públicas señaladas, asegurando el
      funcionamiento de los órganos creados a tal fin. Porque la
      descentralización política y administrativa debe
      ser compatible con la eficiencia en la búsqueda del
      interés general, especialmente en aspectos clave para
      afrontar con éxito el cambio en la estructura del
      crecimiento, como son la educación, la formación
      profesional o la potenciación de I+D+i. Es imprescindible
      superar las ineficiencias actuales.

    • Reforzar el papel de
      las Altas Inspecciones del Estado para asegurar, en el conjunto
      del país, la igualdad en el acceso a los servicios y el
      cumplimiento de las normas.

  • Guía para el diagnóstico, negociación y aplicación de medidas y planes de igualdad

    Esta publicación tiene por objeto facilitar la incorporación de los contenidos de la ley de igualdad a la acción sindical, especialmente para abordar la realización de un diagnóstico de situación y la posterior negociación, aplicación, evaluación de las medidas y planes de igualdad.

    En el impulso para la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres ha sido básico el papel desempeñado por instituciones internacionales como la Organización Internacional del Trabajo o Naciones Unidas. Estos organismos han aprobado documentos tan relevantes como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1979 o la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo de 1998, relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo. Igualmente significativos han sido los avances conseguidos por conferencias mundiales monográficas, como la de Nairobi de 1985 y Beijing de 1995.

    Ver Guía para el diagnóstico, negociación y aplicación de medidas y planes de igualdad (1,6 Mb PDF)