Categoría: Fusiones

  • Firmado el acuerdo de homologación de condiciones de Banco Urquijo

    19 12 07 Hoy se ha firmado el Acuerdo de Homologación de las Condiciones de los antiguos empleados de Banco Urquijo con las de los empleados de Banco Sabadell. Acuerdo

    Tras meses de negociaciones, hoy se ha firmado el Acuerdo de Homologación de las Condiciones de los antiguos empleados de Banco Urquijo con las de los empleados de Banco Sabadell.

    En las mismas, hemos participado delegados de CCOO Ex-Urquijo y hemos contado con la colaboración de los compañeros del Sabadell, que nos han apoyado con su conocimiento y experiencia.

    Consideramos que es un Acuerdo positivo y para su firma hemos valorado los siguientes aspectos:

    – Posibilidad real de aumentar hasta una paga completa de beneficios, que además es pensionable y el cobro este mes de un cuarto de paga

    – Consolidación y garantía de no absorción de la paga del CES, aunque se ha tenido que destinar una parte como aportación al plan de pensiones.

    – No quedar excluidos de ninguno de los acuerdos presentes o futuros de los empleados de BS

    – Cobro anual de la cesta de Navidad, actualmente 71,14€

    – Mejora en las condiciones de las hipotecas, pudiendo renegociar las actuales con las condiciones BS, ya sean de B.U. o de cualquier otra Entidad

    – Ampliación sustancial del importe y plazo de amortización de los anticipos de convenio, aunque dejamos de tener el anticipo voluntario de 2.400€ –

    Mejora en la retribución de la cuenta, aunque se pagará comisión en algunos servicios: reintegros cajeros no BS y operaciones de valores.

    – Flexibilidad en el Acuerdo: el empleado puede decidir aceptarlo o integrarse directamente con todas las condiciones sociales de los empleados BS Acompañamos el texto definitivo del acuerdo y quedamos a vuestra disposición para las dudas que os puedan surgir.

    Contactar : Carlos Regal, Juan José Serón

    Diciembre 2007

  • Las cajas de ahorros buscan ‘matrimonios’ de conveniencia

    La duración y la intensidad de la crisis marcará el calendario de las fusiones. En el sector se da por hecho que las 46 entidades actuales se reducirán a 30 en cinco años.

    Lo único que tienen en común Pollença y Cocoa Beach es que ambas tienen playa. Ni siquiera el mar es el mismo. Los 16.000 habitantes de la localidad mallorquina viven frente al Mediterráneo; la ostentosa costa de Florida se asoma al Atlántico. En esta última se originó, engordó y estalló la burbuja inmobiliaria que ha salpicado al sistema financiero mundial. Allí está el epicentro de la crisis que podría obligar a la diminuta y eficiente Caja de Ahorros de Pollença a compartir su futuro con otra entidad.

    La globalización, con sus infinitas paradojas, propicia relaciones causa-efecto tan intrincadas como la expuesta. En España coexisten 46 cajas. La de Pollença, con 79 empleados, es la más pequeña del país y una de las más antiguas. Fue fundada en 1880, cuando el privilegiado litoral mallorquín aún estaba limpio de cemento, y ha sobrevivido gracias a la fidelidad de los naturales de la comarca. Un siglo y casi tres décadas después, se enfrenta, al igual que el resto de cajas de menor tamaño, a los coletazos de una crisis originada a miles de kilómetros.

    La configuración actual del sector variará en función de la duración y la intensidad de las turbulencias. Pocos analistas dudan de ello. Si el impacto se diluye rápido, podrían materializarse procesos de concentración en algunas comunidades autónomas, pero siempre por motivos más políticos que contables. Desde el punto de vista financiero, las cajas pequeñas y medianas tienen músculo financiero para mantenerse a flote una larga temporada. La mayoría se mueve con holgura gracias a la clientela local. De ella captan los depósitos, el canal de financiación más seguro; y a ella le venden sus productos. Además, entre sus clientes abundan las personas de mediana edad, o que miran de cerca la jubilación.Según las estimaciones, España contará en 2050 con 16 millones de ancianos, frente a los seis millones actuales. Buena parte de ellos serían clientes potenciales de las cajas locales.

    El problema es que las turbulencias en los mercados internacionales pueden sacudir la estructura del sector y dejar sin aliento a los más débiles. La crisis provocada por las hipotecas basura (subprime) ha reducido drásticamente la liquidez del sistema financiero. El director general del Servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina, hablaba esta semana de «extraordinaria sequía» y alertaba de que la restricción del dinero en circulación podría dañar a medio plazo los planes de expansión de las empresas. La desaceleración de la actividad crediticia, motivada por la subida de los tipos de interés y el retroceso del negocio inmobiliario, provocará una guerra por la captación del pasivo. Bancos y cajas se pelearán por los ahorros de la clientela. Y los más pequeños siempre llevan las de perder.

    Las posibilidades de crecer en solitario descenderán a medida que se endurezcan las condiciones de financiación externa, en el mercado interbancario. Entonces llegarán, por goteo, las fusiones.Lo lógico es que las primeras alianzas se produzcan en aquellas comunidades autónomas donde hay voluntad política. Ese es el caso de Castilla y León, Andalucía y, en menor medida, País Vasco.En Cataluña no se habla de matrimonio, pero la excesiva atomización (hay 10 en la región) puede provocar uniones de conveniencia para afrontar la crisis.

    En el sector se da por hecho que las 46 entidades actuales, agrupadas en la Confederación Española de Cajas de Ahorros que preside Juan Ramón Quintás, se reducirán, como mínimo, a 30 en un plazo de cinco años. También está asumido que no habrá fusiones entre cajas de distintas comunidades autónomas, ni entre las grandes del sector. Los gobiernos regionales siguen influyendo demasiado en las entidades y cualquier alianza externa se interpretaría como una cesión de poder. Por su parte, las grandes cajas buscarán financiación por otros canales para crecer dentro y fuera de las fronteras españolas. Hay dos mecanismos preferentes. El primero es la salida a Bolsa de las participaciones accionariales. Ya lo ha utilizado La Caixa, que aunó bajo el paraguas de Criteria su potente holding industrial. Le seguirá la valenciana Bancaja, que hará lo propio con su cartera de acciones.

    El segundo canal es la emisión de cuotas participativas, una especie de acciones sin derecho de voto que cotizarán en los mercados y reportarán una rentabilidad a sus propietarios. Caja Mediterráneo (CAM) no tardará en aprobarlas. La entidad alicantina está encuadrada entre las cajas de tamaño mediano, por lo que se convertirá en referente inmediato para sus rivales. Si tiene éxito, más de uno seguirá el ejemplo y se lanzará al ruedo. Las gallegas Caixa Galicia y Caixa Nova podrían ser las primeras en imitar a la CAM.

    No obstante, la decisión de abrir a terceros el capital y, sobre todo, de buscar pareja dependerá enormemente de la temperatura política. Por ejemplo, la creación de una caja vasca podría ser un hecho desde hace tiempo, pero la diferencia de criterios entre las fuerzas parlamentarias sigue retrasando el proyecto. La persistencia de los presidentes de las tres entidades, BBK, Kutxa y Vital (Xabier de Irala, Carlos Etxepare, y Gregorio Rojo, respectivamente) no ha podido con las presiones de la política en un lugar como el País Vasco. Ningún partido quiere ceder su cuota de poder en una futura caja única, que se convertiría de un solo golpe en la tercera de España. Como ha recalcado Irala en repetidas ocasiones «la fusión será un hecho en el momento en el que quieran los políticos y lleguen a un acuerdo», informa Belén Ferreras

    El panorama es distinto en Extremadura. El ejecutivo autonómico defiende abiertamente la fusión entre Caja Extremadura y Caja de Bajadoz. La unión es cuestión de tiempo. Y a juzgar por los últimos movimientos, no parece que vaya a retrasarse demasiado.Queda poco mercado en la región para seguir engordando. El destino natural para expandirse es Portugal, pero necesitan tamaño para dar el salto. También para ganarle la partida a la vecina Caja Duero, su rival más directo y el que más cuota puede arañarles a medio plazo. Sobre todo, si la entidad con sede en Salamanca hace suyas las directrices del Ejecutivo de Juan Vicente Herrera y se une a alguno de sus rivales en la región antes de que el temporal arrecie.

    Castilla y León y Andalucía quieren ser pioneras

    Ambas pueden liderar la ronda de fusiones y adelantarse al País Vasco, el eterno candidato

    El proceso está en marcha y sólo falta confirmar qué comunidad autónoma será la primera en dar el paso. De momento, Castilla y León y Andalucía encabezan la lista de candidatos. Les sigue el País Vasco, donde las discrepancias entre PNV y PSOE continúan anclando una fusión que, a juicio de muchos, debería estar sellada hace tiempo.

    En esta ocasión, es el referéndum del lehendakari Ibarretxe lo que está obstaculizando la unión de las cajas vascas. «La fusión queda aparcada hasta que se den las condiciones de estabilidad política. Es imposible de abordar con un lehendakari que no se sabe a qué escenario quiere llevar al país», señalaron los socialistas, tras conocer la propuesta de Ibarretxe. En octubre decidieron dejar el proyecto en el congelador. Y sin los socialistas no hay fusión: el PNV no tiene mayoría suficiente para llevarla a cabo.

    Los presidentes de las cajas, que habían hechos su deberes y se preparaban ya para una caja única no han acogido de muy buena gana este nuevo parón y no dejan de advertir de que se «está perdiendo una oportunidad única». Sus llamamientos a la «responsabilidad» de los políticos para que no se paralice el proyecto han caído en saco roto. Ibarretxe ha puesto fecha para su referéndum: el 25 de octubre de 2008. Hasta entonces la crispación política pesará sobre todo lo demás.

    Nada que ver con el panorama que afrontan las cajas en Castilla y León, inmersa en un intenso debate para fortalecer su sistema financiero. El presidente de la Comunidad, Juan Vicente Herrera, lidera en persona desde hace un mes un «diálogo sin límites» con todos los sectores económicos para «ganar músculo financiero».El líder regional del PP pretende que las seis cajas de ahorros y las seis rurales adquieran el tamaño suficiente para financiar proyectos de más envergadura en una región que no logra superar la media nacional en riqueza.

    Apuesta por la dimensión

    Aunque todavía no lo ha dicho expresamente, Herrera quiere la fusión de las cajas, pero sostiene que deben ser ellas quienes tomen la iniciativa. El miércoles pasado pidió a los responsables financieros que tomen decisiones rápidas, y les advirtió de que «la dimensión es una clave determinante en el mundo financiero».Sin embargo, la doctrina del PP es que las fusiones, si llegan, no serán impuestas manu militari, en palabras del presidente regional.

    En Castilla y León, conviven con gran rivalidad y escasa cooperación seis cajas de ahorros y siete rurales (en 2008, una cooperativa menos por la fusión de la Rural del Duero y Cajamar). La mayor entidad es Caja España, seguida de Caja Duero. En medio, se sitúa una emergente y eficiente Caja Burgos, presidida por José María Arribas; y con un tamaño mucho menor y ámbito provincial se encuentran Caja Avila, Caja Segovia y Cajacírculo. Precisamente, el PP regional, que controla la mayoría de los consejos de administración, encuentra serios obstáculos en las tres pequeñas, sobre todo por su fuerte vinculación provincial y su escaso sentimiento autonómico.

    Junto a Castilla y León, Andalucía es el territorio donde más se viene especulando con la concentración. El pasado 18 de mayo, 36 años después del primer intento, las dos cajas de ahorro sevillanas (El Monte y San Fernando) formalizaron su matrimonio con la creación de Cajasol. Se trataba de una vieja aspiración acariciada desde los estertores del franquismo que había estado envuelta en no pocos capítulos polémicos, fundamentalmente por interferencias políticas.

    El primer intento, fechado en 1971, se desmoronó en venganza del entonces ministro de Gobernación, Tomás Garicano Goñi, porque un yerno del almirante Carrero Blanco, Mariano Borrero Hortal, no había sido el elegido para presidir la Caja de Sevilla. La última intentona frustrada, pilotada en 2001 por Isidoro Beneroso (El Monte) y Juan Manuel López Benjumea (San Fernando), naufragó al desacatar éstos las directrices del aparato socialista, que abogaba por la creación de una caja única en lugar de la fusión de las dos entidades sevillanas. Aquel desencuentro dio lugar a una formidable tormenta política con abundante aparato eléctrico.

    Pero la Junta de Andalucía no ha renunciado a su propósito. El nacimiento de Cajasol se interpreta como el primer paso dentro de la estrategia del Gobierno de Chaves por propiciar una caja única en la comunidad. Un sueño que se remonta a finales de los años 90 y que no se materializará con seguridad antes de los tres próximos años. Se trata de concentrar en una única entidad las cinco cajas andaluzas -Unicaja, Cajasol, Cajasur, Cajagranada y Caja Jaén- para tratar de configurar un referente a nivel nacional, a la vista del escaso peso del sistema financiero andaluz fuera de la frontera autonómica.

    Reconducidas las tormentosas relaciones con la caja de la Iglesia (Cajasur) y expulsados los presidentes díscolos que osaron en su día cuestionar las directrices del PSOE regional, no se vislumbra ya en el horizonte ningún obstáculo para que Chaves pueda ver cumplido el objetivo de una sola caja andaluza, salvo su improbable salida del Ejecutivo autonómico en la cita con las urnas del próximo 9 de marzo.

    Juan T. Delgado / J.L. Fernández, A. Salvador y B. Ferreras
    El Mundo

  • El cambio de ciclo podría provocar una ola de fusiones entre cajas, según la Fundación Alternativas

    Estas operaciones de concentración favorecerían mejoras de la eficiencia de las entidades sin vulnerar la competencia y, por lo tanto, sin afectar negativamente a los intereses de los consumidores, explican dos expertos.

    El cambio de ciclo económico impulsado por las recientes turbulencias de los mercados financieros podría propiciar una ola de fusiones entre las cajas de ahorros, que se materializaría en 2009 y 2010, según la Fundación Alternativas, próxima al PSOE.

    «Si los resultados empresariales aflojan como consecuencia del cambio de ciclo, se generará una presión para las cajas en materia de fusiones que se podría concretar fácilmente en 2009 y 2010», aseguró el profesor y socio fundador de Analistas Financieros Internacionales, Ángel Berges Lobera, encargado junto a Alfonso García Mora del estudio de la fundación «Las cajas de ahorros: retos de futuro».

    Estas fusiones, por las que abogaron tanto Berges como García Mora, se concretarían por «racionalidad empresarial» y superarían condicionantes políticos, aunque tendrían como base el mantenimiento del ‘status quo’ jurídico actual.

    En este sentido, el estudio, que propone un decálogo de medidas para mejorar el funcionamiento de las cajas de ahorros, pide que se favorezcan estas fusiones para que puedan llevarse a cabo entre entidades de distintas comunidades autónomas con la misma facilidad que dentro de una comunidad.

    Estas operaciones de concentración favorecerían mejoras de la eficiencia de las entidades sin vulnerar la competencia y, por lo tanto, sin afectar negativamente a los intereses de los consumidores, explican ambos expertos.

    «Se trataría de promover mecanismos de alianzas reforzadas o fusiones que mantengan la imagen y cercanía de las cajas fusionadas. Con ello podrían conseguirse los beneficios de una mayor escala sin incurrir en los costes de la desnaturalización y desapego territorial de las cajas», reza una de las conclusiones del informe.

    LAS CAJAS BAJO ESCRUTINIO: CUOTAS Y HOLDINGS.

    El Banco de España ha condicionado la expansión internacional de las cajas a la condición de que diseñen mecanismos de escrutinio que permitan dar un valor definido a las entidades. La fundación aboga por las cuotas participativas como forma de fiscalizar el trabajo y niega en ningún caso, como han indicado los sindicatos, que se trate de abrir una puerta trasera para propiciar la privatización de las cajas. «Las cuotas son un mecanismo de transparencia, ya que a veces no es importante sólo hacer las cosas bien, sino que lo parezca», explicó García Mora.

    García Mora aseguró que las cuotas tienen condiciones muy claras que evitan su utilización en este sentido, como la prohibición de colocar más del 50% del capital o que un individuo no pueda ostentar más del 5%. Además, garantizó que los mecanismos de cuotas «blindan» contra cambios en el marco jurídico, puesto que de producirse sería obligatoria su amortización y la pérdida de derechos de los poseedores.

    Respecto al efecto de las cuotas sobre las entidades, los expertos aprecian resultados positivos, como el incremento de capital para las cajas y una repercusión positiva en los ciudadanos. «Las cajas deben gestionarse con ánimo de lucro», afirmó Berges.

    «LAS CAJAS LO HAN HECHO BIEN, ¿A PESAR DE O POR LOS POLÍTICOS?».

    Berges aseguró que las cajas lo han hecho bien en los últimos años, y se preguntó si esto se ha conseguido a pesar de los políticos o gracias a ellos. «Si las cajas lo han hecho bien, y sus cifras no tienen nada que envidiar a los bancos, puede incluso que los políticos sean buenos gestores».

    En este sentido, ambos expertos indicaron que la presencia política en los órganos de gestión y decisión de las cajas, junto a sindicatos y otros organismos sociales, garantiza la transparencia en la toma de decisiones, a la par que son los más apropiados para gestionar el retorno mediante obra social a las diferentes comunidades, pues se trata de cargos elegidos de forma democrática.

    Entre el resto de recomendaciones del estudio, destacan la realización de forma recurrente y al menos una vez al año de valoraciones independientes, la definición de un marco autorregulatorio de buenas prácticas de gobierno corporativo, o la garantía de autonomía para las cajas en la toma de decisiones con la rentabilidad sobre riesgo por encima de cualquier otro condicionante político.

    LA OBRA SOCIAL COMO GANCHO COMERCIAL.

    Además, Berges destacó la falta de utilización de la obra social como gancho comercial por las cajas de ahorros para captar nichos de población a los que la actividad social de las cajas les resulte más interesante que el reparto de dividendos que hacen los bancos.

    Ante el reciente auge de fondos de inversión sostenible, que invierten en energías renovables o del cambio climático, Berges enfatiza que «hay un segmento de la población al que le podría interesar más trabajar con las cajas».

    Europa Press

  • El Gobierno extremeño impulsa la constitución de una sola caja

    La fusión de Caja Extremadura y Caja Badajoz ha arrancado con la formación de una comisión del Parlamento regional que tiene que proponer el cómo y el cuándo del proyecto. La entidad resultante ocuparía el puesto 27 del ranking nacional de cajas.

    El pistoletazo de salida para la unión de las dos cajas de ahorro extremeñas -Caja Extremadura, fruto de la fusión de Caja de Plasencia y Caja Cáceres, y Caja Badajoz- lo dio el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en su discurso de investidura de junio pasado. Entonces propuso al PP abrir un proceso de reflexión ‘sobre el fortalecimiento del sector financiero regional desde el absoluto respeto a los órganos de decisión de las cajas’.

    Carlos Floriano, presidente del PP de Extremadura, recogió el guante y semanas después, en un encuentro entre Vara y Floriano, se decidía la fórmula: una comisión de la Asamblea de Extremadura, formada por tres diputados del PSOE y otros tantos del PP.

    Ahora esta comisión acaba de constituirse y su principal cometido será establecer una ronda de consultas con expertos, sindicatos y presidentes de las dos cajas para elaborar un informe que marque cómo y cuándo será la fusión.

    Por petición del presidente extremeño, estos trabajos se desarrollarán en el más absoluto de los secretos, ya que Vara ha señalado que ‘el dinero es cobarde y hay que tener mucho cuidado a la hora de hablar’. A su juicio, no debe darse la sensación de que la fusión viene forzada por la falta de eficacia de estas cajas ‘que tienen un gran coeficiente de solvencia y están bien gestionadas’.

    Durante ‘algunos meses’ se elaborará la propuesta conjunta de PSOE y PP, aunque el presidente extremeño ha señalado que la última decisión corresponderá a las direcciones de las entidades financieras.

    La caja resultante se colocaría en el puesto 27 del ranking nacional, según datos de la CECA, con un activo de 9.480 millones de euros, justo entre Caja de Burgos y la Inmaculada. Un inconveniente a resolver sería el posible solapamiento de oficinas y el exceso de trabajadores (ambas suman 2.039 empleados) si bien es cierto que Caja Badajoz centra su actividad en Badajoz y Caja Extremadura en la provincia de Cáceres, lo que atenúa este problema.

    El proceso de fusión, que podría concluir en 2009, ha recibido la bendición de partidos políticos y sindicatos. Mientras, desde las cajas se guarda silencio.
    La Junta toma la iniciativa después de una década de dudas

    Aunque la idea de fusionar las dos cajas extremeñas no es nueva (hace una década se empezó a hablar de esta posibilidad) sí lo es que la Junta haya tomado la iniciativa. En círculos políticos se apunta que ‘es el momento’ puesto que ‘Extremadura no es la región de hace diez años’. Pesa el hecho de que entidades como La Caixa, Caja Madrid o Caja Duero tengan cada vez más presencia en la Comunidad, y sea necesario una gran caja extremeña para acometer la financiación de grandes proyectos empresariales.

    Juan C. Zambrano
    Cinco Dias

  • El tamaño sí importa

    DESPUÉS de estar aparcada durante casi una década, la fusión de las dos grandes cajas extremeñas se vuelve a plantear.

    Ha sido uno de los primeros asuntos que Fernández Vara ha puesto sobre la mesa al inicio de su mandato, hasta el punto de que ya hay una comisión en la Asamblea de Extremadura que, bajo el eufemístico título de ‘estudio del sector financiero regional’, tratará de esa cuestión.

    ¿Qué ha cambiado para que hace diez años la fusión se descartara y ahora se haya tomado como un asunto prioritario? Principalmente, que el mundo financiero no se detiene. Las fusiones de bancos y cajas siguen a la orden del día y las cajas extremeñas, que siempre han sido pequeñas, son hoy todavía un poco más pequeñitas en comparación con las grandes entidades surgidas de la fusión de las cajas andaluzas, castellanas, aragoneses o del Levante. Si a ello le añadimos que todas las cajas nuevas establecen unas políticas muy agresivas de expansión y captación de clientes, en algunos puede acrecentarse la sensación de sentirse un poco ‘rodeados’ por las grandes.

    En contra de la fusión

    Quienes hayan seguido este asunto recordarán tal vez que hace varios años, cuando más en auge estaba la campaña a favor de la fusión, Caja Badajoz encargó un estudio en el que se evaluaban las ventajas e inconvenientes de la integración con Caja Extremadura. El resultado era claramente contrario a la fusión. Se concluía que las dos entidades funcionaban muy bien por separado -ambas son muy rentables-, y que la unión suponía riesgos y no les iba a aportar beneficios importantes. Entre otras razones porque la resultante seguiría siendo una caja muy pequeña entre las grandes.

    Ese estudio contribuyó a que el rechazo de las cajas a iniciar un complicado proceso de fusión fuera asumido por las autoridades políticas, que nunca más insistieron en que había que crear una única entidad.

    ¿Lo dicho hace diez años no vale para hoy? Los responsables de las cajas no se han pronunciado todavía, pero los gobernantes parecen querer explorar el camino de la unión. Si no fuera así, ¿qué sentido tiene crear la comisión de la Asamblea?

    Sin embargo, el presidente de la Junta ya ha debido tener conocimiento del malestar que provoca en las cajas que se plantee la fusión como una pura operación política, que depende únicamente de la voluntad de quienes gobiernan, y se ha apresurado a declarar que la fusión de las cajas es una decisión que compete a las propias entidades.

    Nadie ignora que los consejos de administración de las cajas de ahorro se eligen en función de la correlación de poder político en los ayuntamientos de una región, y que los principales nombramientos cuentan con el beneplácito, cuando no la intervención directa, de quien gobierna la comunidad. Aquí, en Madrid, y en Santiago de Compostela.

    Pero también es cierto que los gestores de las cajas conservan un prurito de ‘independencia’ (con todas las comillas que ustedes quieran), que les lleva a reclamar que los políticos no intervengan en la pura gestión económica. Es decir, que las decisiones que afectan a la viabilidad económica de las entidades las tomen los profesionales (y con criterios profesionales) y no los políticos con criterios políticos.

    Con su puntualización de que son las cajas quienes deciden, Vara ha querido evitar tormentas como la que provocó Ibarra cuando, en uno de sus ataques de sinceridad, tan frecuentes, soltó aquello de ‘en las cajas mando yo’.

    Pero, al margen de quién tenga la última palabra, que será el poder político, ¿es conveniente para la región que se fusionen Caja Extremadura y Caja Badajoz? Sería interesante conocer opiniones de expertos que valoren de manera rigurosa qué aporta la integración de estas dos cajas y qué dificultades presenta a día de hoy: en 2007 y con el entorno económico actual, que es diferente al de hace diez o quince años. Deberían ser esos criterios los que determinasen el futuro de ambas entidades, en función, por supuesto, de qué es más útil para la región. Es cierto que la suma de las dos cajas no las va a convertir en una potencia financiera. En la actualidad, si nos fijamos en el tamaño, Caja Extremadura ocupa el número 35 del ranking de las cajas españolas y Caja Badajoz el 40. Sumados sus recursos serían la número 25. No muy grande. Pero, al margen del tamaño, ¿ganaría en eficacia, en rentabilidad, en capacidad para ser motor del desarrollo regional? Eso sí que importa.

    Lo que de ningún modo debería determinar que se llegue o no a la fusión son las discusiones que siempre aparecen cuando se plantea: cómo se llamará la entidad resultante, dónde estará la sede; y quién será el presidente. Todas cuestiones menores, anecdóticas, pero que pueden resultar las más peliagudas por las rivalidades que suscitan.

    manuelamartin@hoy.es