Categoría: Mobbing

  • La maldición del Tarotista y el Violador del Código de Conducta

    En esta Territorial hay empleados/as que están recibiendo cartas de apercibimiento remitidas por el Jefe de Personal. Si fuera real eso de la ética del Código de Conducta del Grupo BBVA, se estaría violando el contenido de varios de sus apartados. Cuando alguien reciba esta carta, debe contestar «recibido no conforme» y hacérnosla seguir a CC.OO. para actuar en consecuencia.

    (Consulta del tarotista sin escrúpulos)
    -Aquí sale una carta que te dice que tienes problemas pendientes de solucionar.
    -¿Qué clase de problemas?. -Tú los conoces, y si no pones interés por arreglarlos pronto, atente a las severas consecuencias que se puedan derivar de ello. -¡Pues si que me ha ayudado!. -No te puedo decir más, allá tú si no pones remedio. – ¡Vaya tarotista de las narices! ¡Menuda maldición me ha caído encima!

    …………

    (Recepción, por parte de un empleado, de la carta de apercibimiento y advertencia, hecha por el Jefe de Personal del BBVA: el echador que te echa la maldición y echa al personal. También sin escrúpulos)
    -Hemos tenido conocimiento etc. etc. de que Vd. es un empleado problemático: no va por las tardes, aunque Vd. no tenga ninguna obligación de hacerlo; no ha querido prejubilarse, a pesar de las advertencias y presiones que le hemos hecho; alguien
    -da lo mismo quién sea, cualquiera vale para la ocasión- se ha quejado de Vd. porque no le ha atendido bien alguna vez; alguno de sus superiores tiene una mala opinión de Vd., y con eso ya es bastante; otros dicen que es Vd. muy lento trabajando, y lo llevan comprobando con un cronómetro todos los días de los últimos años, ya que parece que no tienen otra cosa que hacer en el Banco; sus evaluaciones -previamente manipuladas para la ocasión- no alcanzan los 120 puntos, lo que demuestra que Vd. no tiene interés por trabajar bien, etc.), por lo que le instamos a que rectifique su actitud, ya que en caso contrario nos veremos obligados a adoptar medidas más severas, es decir, que le vamos a echar -si podemos- a la calle, sin ofrecerle, tan siquiera, la posibilidad de que Vd. pueda «mejorar» en su trabajo, mediante algún programa de reciclaje o formación. -¡Pues vaya maldición que me ha caído! Y ¿este señor que me escribe es mi Jefe de Personal?; ¡Quién lo diría!.

    Cuando recibes la carta del echador, es que va a por ti directamente. No creas que es un experimento para acongojar. Va a por ti. Y te va a echar, si puede. Lo tiene muy claro, está en sus objetivos y tu sabes lo que importan los objetivos en esta santa casa.

    Si fuera real eso de la ética del Código de Conducta del Grupo BBVA (que no lo parece), estos Jefes de Personal estarían violándola de la manera más flagrante, al transgredir alegremente el contenido de varios de sus apartados. Veamos:

    Capítulo 6 «Integridad Personal», bajo el título «Respeto a la dignidad de las personas», y en el apartado 6.15 dice:

    «En modo alguno las relaciones laborales, profesionales o contractuales establecidas por los empleados de BBVA con otras personas, pueden ser utilizadas para propiciar situaciones de acoso o intimidación o cualquier otra que atente contra su dignidad personal o suponga su discriminación»,

    acoso, intimidación y atentado a su dignidad es lo que sienten los receptores de las cartas, y no porque quieran, sino porque las cartas son plenamente acosadoras, intimidatorias y atentan contra la dignidad del que las recibe, como se puede ver en sus contenidos,

    Capítulo 6, en los Apdos. que figuran bajo el título «Actitud responsable» del 6.27 al 6.33, ambos inclusive, se dice más o menos:

    «se insta a los empleados a comprometerse con el Código de Conducta y a comunicar aquellas situaciones éticamente cuestionables de acuerdo con él», estableciendo dicho Código la manera de hacerlo «mediante comunicación dirigida a distintas instancias» allí detalladas, entre las que figuran «los directivos de los departamentos de Recursos Humanos»

    fácilmente se colige que estos señores de Personal, yendo a sus anchas por la vida, sin respeto alguno al Código ni a las personas, no podrán ser nunca los receptores idóneos de las comunicaciones que se les hagan de las situaciones éticamente cuestionables, ya que ellos mismos se encargan de generarlas.

    ¡Qué vergüenza!

    ¡Ah!, una cosa más: que sepáis que las cartas enviadas hasta ahora, no han sido debidas a una «fiebre primaveral pasajera»: son, tan solo, una primera remesa. Tienen muchas más, escritas al dictado de los de arriba y siguiendo los modelos de carta idénticos para todo el Territorio nacional, y están cogiendo fuerzas para lanzarlas todas. Así que vayámonos preparando para el ataque masivo.

    Si sois «agraciados» con estas cartas malditas, os recordamos que debéis contestar, sin más explicaciones:

    RECIBIDO Y NO CONFORME,

    y hacédnoslas seguir para actuar en consecuencia. ¡Esto no ha hecho más que empezar y hay que pararlo antes de que sea demasiado tarde!

    Seguimos trabajando, seguiremos informando.
    Octubre 2004.

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  • Compañero aparcado en lo más profundo de la oficina

    Entre nosotros pulula un tipo de compañero perteneciente a una especie desprotegida y en peligro de extinción: EL CAJERO del BBVA. Es un empleado depreciado y aparcado en lo más profundo de la Oficina – para que nadie lo vea -, y que después de haber dado su vida al Banco, no ha podido o no ha “sabido” situarse entre el grupo de los “elegidos”: los vendedores.

    Posiblemente su mayor "error" para merecer esto, es haber resultado demasiado útil a la hora de realizar las tareas más duras y esforzadas, lo que ha sido aprovechado por el Jefe de turno para sacarse sus propias castañas y, eso mismo, le ha frenado o impedido progresar en su carrera.

    Quién no le conozca puede pensar que está ahí porque no es capaz de desarrollar otra función mas "elevada", pero más cierto es que se trata de una "Cenicienta" con una malvada madrastra: su propia empresa (el BBVA), que se ha encargado de minusvalorar a todo su colectivo ante los demás (Territorial, Zonas, Directores, J.G.A.C. y toda la gama de los Gestores Comerciales).

    Dicho colectivo de cajeros es obligado a vivir al margen de los "grandes temas" que tanto afectan al resto de compañeros dedicados por entero a la venta que, aunque tampoco podamos decir que sean muy felices, sin embargo pueden sentir cierta "vidilla" al verse motivados, recompensados y unidos en la labor de adorar al gran Becerro de Oro de la Gestión Comercial, que este Banco ha erigido como auténtico dios para sus empleados, ya que en esta Empresa la única filosofía válida es:

    vender = generar valor,

    por lo que el susodicho Cajero (que no "vende") no es considerado más que una reliquia de un pasado que el Banco quiere liquidar a corto o medio plazo, sustituyéndolo por los robots instalados al efecto: Autoservicios y Actualizadores.

    Así las cosas, ¿cómo no sentirse mal, cómo no deprimirse, cómo no perder la autoestima? cuando, además, se sabe que el Banco utiliza el destierro a un puesto de Cajero, como forma de castigo para sus empleados rebeldes. ¿Cómo no relacionar

    Cajero = castigado = marginado = desajustado?

    Esa labor de los Cajeros, "insignificante e improductiva", requiere de una gran concentración , ya que manejan dinero en grandes cantidades, corriendo el riesgo permanente de cometer errores que casi nunca tienen solución posterior. Además los Cajeros son la cabeza visible de la Oficina por antonomasia: son ellos quienes dan la cara todos los días ante el público, quienes conocen y reciben a un mayor número de clientes y quienes les inspiran más confianza, ya que no tienen (y se les nota) la filosofía del vendedor de enciclopedias agresivo que el Banco ha obligado a adoptar a sus Gestores Comerciales.

    Material desechable y desaprovechado porque así lo han decidido los de arriba, los que han concebido el desprecio sistemático contra los laboriosos Cajeros. ¿Quién pedirá responsabilidades a estos "cerebros planificadores de estrategias" formados en Harvard o Cambridge, cuando el sistema diseñado por ellos se venga abajo? ¿No se dan cuenta de que – hoy por hoy – cuando un Cajero falta, inmediatamente ha de cubrirse su lugar, porque si no la Oficina no puede seguir funcionando?. Y, sin embargo, ¿qué sucede si falta el Zona, el Director, el J.G.A.C. o el Gestor Comercial del tipo que sea?, e incluso, ¿qué sucede si faltan todos a la vez? ¿Es que confunden sus deseos (vivir en un mundo sin Cajeros) con la realidad? Esto tiene mucho de personalidad esquizoide y precisa de un tratamiento adecuado.

    Desde CC.OO., como Sindicato de clase, no nos queda más remedio que apoyar de forma más rotunda a los más débiles y a sus reivindicaciones; y en BBVA los más débiles (y sin embargo los más multifuncionales en el trabajo bancario), son los esforzados Cajeros de los fondos de las Oficinas.

    Os animamos a denunciar ante este Sindicato vuestra situación personal.

    Seguimos trabajando, seguiremos informando.

    17 de Agosto de 2004

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  • Banesto condenado a pagar 48.080,98 €

    El Magistrado-Juez del Juzgado de lo Social nº 2 de Zaragoza ha dictado sentencia en la que declara que los hechos reflejados en el Acta de Infracción del Inspector de Trabajo, de fecha 4 de Diciembre de 2003, «constituyen actos del empresario contrarios a la consideración debida a la dignidad de los trabajadores«. La mencionada Infracción está tipificada como muy grave y la sanción resultante se aprecia en su grado máximo.

    En dicha Acta se dice que «…el Inspector actuante considera probado que la actitud de los responsables de la empresa, valorada en su conjunto, vulneró el derecho a la consideración debida a la dignidad del trabajador. Esta vulneración se produjo por las actitudes y conducta reiterada del director de la oficina, Sr. Gutiérrez, del responsable de zona, Sr. Nicolás Gese, y por la falta de adopción de medidas encaminadas a su subsanación por el responsable de recursos humanos, Sr. Jiménez Sierra, que tuvo conocimiento de la situación generada y de la existencia de quejas anteriores por hechos similares hacia otros trabajadores provenientes de uno de los directivos«.

    A esta situación se ha llegado después de una denuncia del Comité de Empresa de Zaragoza y ante la negativa de la empresa a adoptar las medidas propuestas por los representantes de los trabajadores. Aunque la sentencia es recurrible, esperamos que el Banco actúe como lo hace en otros casos en los que hay indicios de irregularidades, y que no mida a los trabajadores por distinto rasero según sea el status que ostenten.

    Creemos que ésta es una buena ocasión para que la empresa demuestre, como decíamos en nuestra reciente circular sobre el Código de Comportamiento Directivo, su voluntad de erradicar conductas contrarias al mismo y desterrar los viejos métodos; una ocasión de oro para que la plantilla pueda creer que el respeto y la dignidad van a ser los valores que presidan nuestras relaciones laborales.

    Esperamos que éste sea el primer paso de un nuevo camino. Confiamos asimismo que ciertos Directores, Zonas o UTRs, de los que hemos reiterado quejas por su comportamiento, escarmienten en cabeza ajena y corrijan sus actitudes, no sea que tengan que ver sus nombres publicados en alguna otra sentencia. Sería bueno, fundamental, que recordaran que también ellos son trabajadores por cuenta ajena de una empresa que, según sus máximos dirigentes, no tolera estos comportamientos.

    Para que estos hechos no vuelvan a repetirse, creemos que hay que dotarse de medios eficaces de prevención y denuncia que cuenten con el consenso de las partes; de lo contrario todo se quedará en documentos y manifestaciones de cara a la galería pero sin contenido real. Desde CC.OO. reiteramos nuestro compromiso y disponibilidad para andar este camino.

    Julio 2004

  • assetjament moral

    La resposta jurídic legal davant l’assetjament moral en el treball «mobbing».

    http://www.comfia.net/archivos/mobbing.pdf

  • Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas

    Del mobbing al neomanagent: Iñaki Piñuel, psicólogo del trabajo y pionero en la investigación del mobbing (acoso psicológico en el trabajo) publica un libro provocador sobre los nuevos jefes «psicópatas» que triunfan en las empresas, convirtiéndolas en campos de concentración. Madrid. Aguilar 2004.

    Sala de control de mercancía de una empresa de transporte ubicada en el sur de la Comunidad de Madrid. 18.00 h. Un jefe de unos 45 años de edad habla por teléfono con otro a gritos.
    -Oye, Manuel, llama a la ETT y que nos manden otros cuatro «buanaminos».
    Le contestan del otro lado:
    -Sí, esos que cuando les mandas hacer algo repiten una y otra vez: «¡Buana a mí no, Buana a mí no!».
    No se trata de empresas del siglo XIX, ¡estamos en el año 2004!

    Desde hace varias décadas, los expertos en recursos humanos y relaciones laborales son aquellos que nos cuentan la «historia oficial» del campo de concentración en que se ha transformado el trabajo en el siglo XXI. Nos alertan del advenimiento de una nueva era en las relaciones laborales, de la llegada de un «nuevo paradigma» en el ámbito de los recursos humanos.

    […] Forma parte del discurso oficial y políticamente correcto, señalar que las personas que trabajan en las organizaciones son recursos, eso sí, cualificados por el adjetivo humanizador que se utiliza como para atenuar la brutalidad aparente del primer término. Son recursos humanos. […] Si un trabajador es un humano recurso, este recurso puede ser asignado, distribuido, trasladado, removido y, ¿por qué no?, también eliminado de la circulación en un marco utilitarista de lo que es la libre disposición de los recursos que tenemos al alcance.

    A ningún recurso se le ocurre reivindicar derecho alguno más allá del que le asiste de servir de pieza eficiente del engranaje al que sirve utilitaristamente. Un recurso es por definición un «medio para».

    Es más, el humano recurso no es sino una instancia más entre otros tipos de recursos que la organización tiene a su disposición: recursos financieros, logísticos, materiales, etcétera.

    […] Este tipo de marco laboral va a favorecer a aquellos individuos más expertos en instrumentalizar y manipular a los demás para sus fines propios. Tales individuos, que la Psicología califica como sociópatas o psicópatas, pueden resultar los más aventajados directivos para llevar adelante y dirigir a las personas en semejante entorno.

    Los trabajadores más fríos, los más carentes de la empatía que hace sufrir por el que sufre, los que no reparan en mentir si es necesario o hacer cualquier cosa que se requiera para alcanzar el resultado apetecido serán los mejores de entre los neomanagers.

    Seleccionados, recompensados, promocionados y nombrados como directivos estrella dentro de las organizaciones que dirigen, también van a ser elementos configuradores de todo un entorno laboral tóxico para los demás trabajadores que no tendrán más remedio que aclimatarse, devenir clones de sus maestros, o abandonar la organización no sin antes haber sufrido considerablemente.

    Como verdaderos expertos en el arte de urdir redes de instrumentalización de los demás a su servicio propio, los «psicópatas organizacionales» están siendo auténticos modelos y verdaderos configuradores del neomanagement en el siglo XXI.

    Se insiste en que el modelo de relación laboral según el que los empleados obtienen un puesto de trabajo seguro y estable con un salario creciente, a cambio de su fidelidad, lealtad y obediencia ha hecho crisis y no es mantenible en el entorno económico cambiante y precario en el que vivimos.

    En semejante entorno impredecible y turbulento -se advierte- ninguna organización puede comprometerse a garantizar a sus empleados un empleo estable de por vida.

    Es así como la estabilidad, la seguridad, el puesto de trabajo, la fidelidad a la empresa, etcétera, han quedado trasnochados y son sustituidos dentro del nuevo orden y del nuevo paradigma por otros tales como: cambio continuo, inseguridad estructural, empleabilidad, iniciativa, compromiso, involucración, implicación, autonomía

    […] En este marco laboral que dibuja el nuevo contrato moral, la capacidad de adaptación del trabajador va a ser un buen índice predictor de su grado de empleabilidad y por lo tanto de su valor añadido individual para la empresa. […] Adaptabilidad se ha transformado en las mentes de muchos neomanagers en manejabilidad, sumisión, disponibilidad de 24 horas, renuncia al ejercicio de los propios derechos civiles y/o laborales.

    El buen neomanager busca, recompensa y promociona a aquellos trabajadores que presentan o pueden alcanzar rápidamente tales características.

    Aquellos que no presentan esta capacidad de adaptabilidad simplemente son eliminados del lugar de trabajo.

    Este tipo de versatilidad requerida por el neomanagement termina paulatinamente con la capacidad de resistencia de quienes están continuamente sometidos a la ductilidad, el humor, los cambios de tercio arbitrarios de los neomanagers.

    LENGUAJE PERVERTIDO
    El lenguaje del neomanager acude en ayuda de una función necesariamente distorsionadora y recreadora de una realidad alternativa […].Al cabo del tiempo las palabras pierden su original significado en aras de nuevos referentes. Ejemplos de semejante distorsión del lenguaje son los que se presentan a continuación:

    El compromiso pasa a ser renuncia a la capacidad de pensar críticamente.

    El trabajo en equipo pasa a suponer la renuncia a la propia individualidad.

    La disponibilidad significa echarle todas las horas del mundo sin obtener a cambio dinero y renunciar a la propia familia o al ocio.

    La capacidad de anticipación significa aprender a leer la mente de lo que quiere o desea el neomanager sin que se lo diga.

    El compañerismo significa la obligación de tomarse unas cañas con el jefe o la obligación de ir a tomar café todos juntos.

    La identificación con la empresa pasa a ser sinónimo de abdicación de toda posible crítica constructiva a quien en ese momento dirige la organización.

    La unidad de criterio pasa a significar que el subordinado tiene que estar de acuerdo con todo lo que piensa su jefe […].

    TODOS CONTRA TODOS
    El precio que se paga en el mundo del trabajo por extrapolar indebidamente teorías y descripciones procedentes del mundo de la etología, como teorías prescriptivas, es validar un esquema siempre destructivo del capital social de los grupos humanos: la rivalidad o guerra de todos contra todos.

    Este tipo de guerra es justificada y animada en muchas organizaciones como una especie de fuente de selección natural y por tanto de acomodación de la propia organización del trabajo a la naturaleza misma del ser humano, como ser eminentemente competitivo. En muchos entornos laborales los trabajadores entienden que una promoción es un juego de suma cero en el que sólo uno triunfa, eso sí, a expensas de que otro fracase. Algunos reciben mensajes tácitos o explícitos del neomanager correspondiente señalando a tal o cual trabajador de su unidad o departamento como el enemigo a batir si se quiere lograr determinada promoción.

    […] El neomanager aprovecha en su beneficio la situación generalizada (y fomentada y animada) de guerra de «todos contra todos» en una organización para organizar y dirigir, en una palabra, para mantener su posición de dominio. Es un tipo de pescador que tiende a pescar óptimamente en aguas revueltas, pero que es capaz, si no viene el río como él necesita, de revolver sus aguas una y otra vez hasta conseguirlo.[…] El conflicto no es una lacra a erradicar en la empresa como fuente de sufrimiento y de sangría económica, sino que es la herramienta básica de gestión del neomanagement.En algunos casos se trata de aprovechar y beneficiarse del conflicto.En otros, hay que generarlo activamente y obtener réditos y conquistas oportunistas de él. En este último caso se tratará de utilizar estrategias basadas en clásicos como Maquiavelo o Sun Tsé.

    Todo vale en la medida en que se hace con el objetivo de alcanzar un buen resultado personal o empresarial.

    […] Es así como las organizaciones de nuestra época viven gracias a una cronificación del conflicto, con la sensación de no alcanzar nunca un cierto equilibrio, una cierta estabilidad, o la paz en las relaciones.

    Por ello nuestros trabajadores, sometidos a semejante entorno tóxico están cada vez más exhaustos, estresados, hostigados y quemados.