CCOO demanda un gran acuerdo para el empleo y
la reactivación de la economía, basada en la igualdad y la cohesión
social, y que promueva el necesario cambio de modelo
productivo y el reforzamiento de los servicios y prestaciones del Estado
de bienestar.
Este Primero de Mayo, miles de asturianos se manifestaron en las calles de Mieres en contra de las políticas de
austeridad que ha impuesto de forma autoritaria la Troika (Comisión
Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), contra el paro, desigualdad, pobreza y recorte de derechos sociales y
laborales, junto con el deterioro del sistema de protección social.
Para CCOO la prioridad absoluta tiene que ser la lucha contra el desempleo y sus efectos sociales, de ahí que sus reivindicaciones para una salida real de la crisis pasen por una retirada de las políticas de austeridad que permita la reactivación económica, la creación de empleo, los derechos laborales, el reforzamiento de la negociación colectiva, la protección y cohesión social, y la lucha contra la pobreza y la desigualdad social. Por tanto, es imprescindible un cambio de patrón de crecimiento para generar empleo cualificado, estable y con derechos.
Un crecimiento sin empleo no es recuperación , ni mejora las condiciones de vida de la mayoría de la población, ni genera ingresos públicos suficientes.
¿Sabemos porqué se celebra el Primero de Mayo?
Erroneamente o promovida la idea de manera interesada, se vende este día como el dia del que tiene trabajo. Reproducimos el siguiente artículo que aclara a que se debe que la clase obrera salga a la calle el Primero de Mayo. Unos hechos que sucedieron en 1886 pero con similares analogías en nuestros días.
Muchos de nosotros tenemos marcado en nuestra agenda el 1 de mayo,
como una fecha propicia para hacer una escapada o como día de descanso y
más si este día es cercano al fin de semana, pero ¿porqué este día es
festivo y qué celebramos exactamente?
El Primero de Mayo se conmemora el movimiento obrero mundial.
La fecha fue decidida durante el Congreso Obrero Socialista de la
Segunda Internacional celebrado en París en 1889. Es una jornada de
reconocimiento a los logros alcanzados por el movimiento obrero y se
celebra en la mayoría de los países del mundo, entre ellos España. Se
conmemora los hechos ocurridos en la ciudad norteamericana de Chicago a
consecuencia de las manifestaciones obreras convocadas para el 1 de mayo
de 1886.
Antecedentes.
El año 1886 no fue un año aislado en el
siglo XIX , las luchas obreras y defensa de una vida laboral más justa,
venía de mucho más atrás.
En 1840, el Presidente Martín van Buren
reconoció legalmente la jornada de 10 horas para los empleados del
Gobierno y también para los obreros que trabajaban en construcciones
navales y en los arsenales (la jornada oficial media era de 12 horas
diarias… ¡¡y no las pasaban delante de un ordenador!!).
En 1842, dos Estados, Massachusetts y Connecticut, adoptaron leyes
que prohibían hacer trabajar a los niños más de 10 horas por día. (todo
un detalle)
La patronal de la época llegó a soltar lindezas del estilo “Los niños trabajadores crecen más robustos”.
En 1844, el Gobierno inglés promulgó una ley que redujo a 7 horas
diarias el trabajo de los niños menores de 13 años, y limitó a 12 horas
el de las mujeres. (¡¡Qué bueno que era este gobierno!!)
Pero fue
sólo a comienzos de 1866, una vez terminada la guerra de secesión
americana, que renació la lucha obrera por reducir la jornada de laboral
a 8 horas.
Con el lema de ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de
recreación!, las fabricas americanas se pararon y los obreros salieron a
la calle.
En el otro bando, la prensa afín a la patronal
escribían grandes frases como “el trabajador debía dejar al lado su
“orgullo” y aceptar ser tratado como “máquina humana”. El “Diario de New
York” osó decir: “Hay que envenear la comida para los que quieran comer
a costa del Estado” ó “ ahora no es momento de huelgas, los
sindicalistas no son patriotas”. ¿Os suena de algo?
La revuelta de Haymarket (Chicago, EEUU).
En Chicago,
los sucesos tomaron un giro particularmente conflictivo. Los
trabajadores de esa ciudad vivían en peores condiciones que los de otros
Estados. Muchos debían trabajar todavía 13 y 14 horas diarias; partían
al trabajo a las 4 de la mañana y regresaban a las 7 u 8 de la noche, o
incluso más tarde, de manera que “jamás veían a sus mujeres y sus hijos a
la luz del día”. Unos se acostaban en corredores y desvanes; otros, en
inmundas construcciones semiderruidas, donde se hacinaban numerosas
familias. Muchos no tenían ni siquiera alojamiento.
No era extraño que en ese cuadro Chicago fuese el centro más activo
de la agitación revolucionaria en los Estados Unidos y cuartel general
del movimiento anarquista en América.
Después de varios dias de
huelga, de luchas callejeras contra policias, contra sindicatos
amarillos, contra rompehuelgas, Chicago fue puesto en estado de sitio,
se estableció el toque de queda y la tropa ocupó militarmente los
barrios obreros.
Al día siguiente, la nación estaba conmocionada por los sucesos y la
gran prensa no reparó en nada para calumniar a radicales, anarquistas,
socialistas y trabajadores extranjeros, sobre todo a los alemanes. El 5
de mayo, “The New York Times” daba por hecho que los anarquistas eran
los culpables del lanzamiento de una bomba. La policía, al mando del
capitán Michael Schaack, realizó una batida contra 50 supuestos “nidos”
de anarquistas y socialistas y detuvo e interrogó de manera brutal a
unas 300 personas.
El jefe de Policía Ebersold, hablando tres años más tarde sobre
aquellos hechos, decía: “Schaack quería mantener la tensión. Deseaba
encontrar bombas por todos lados… Y hay algo que no sabe el público.
Una vez desarticuladas las células anarquistas, Schaack quiso que se
organizasen de inmediato nuevos grupos… No quería que la
«conspiración» pasase; deseaba seguir siendo importante a los ojos del
público”.
La policía estaba más interesada en conseguir pruebas en contra de
los detenidos que en localizar al que había arrojado la bomba. Se
ofreció dinero y trabajo a cuantos se ofrecieron a testificar a favor
del Estado.
Ninguno de los cargos pudo ser probado, pero todo el poder del gran
capital, su prensa y su justicia, se volcaron para aplicar una sanción
ejemplar a quienes dirigían la agitación por la jornada de 8 horas.
Spies, Parsons, Fielden, Fischer, Engel, Schwab, Lingg y Neebe pagaron
con sus vidas, o la cárcel, el crimen de tratar de poner un límite
horario a la explotación del trabajo humano.
Desenlance Fatal.
El 11 de noviembre de 1887, un año y
medio después de la gran huelga por las 8 horas, fueron ahorcados en la
cárcel de Chicago los dirigentes anarquistas y socialistas August
Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer y George Engel. Otro de ellos,
Louis Lingg, se había suicidado el día anterior. La pena de Samuel
Fielden y Michael Schwab fue conmutada por la de cadena perpetua, es
decir, debían morir en la cárcel, y Oscar W. Neebe estaba condenado a
quince años de trabajos forzados. El proceso había estremecido a
Norteamérica y la injusta condena (sin probárseles ningún cargo)
conmovió al mundo. Cuando Spies, Parsons, Fischer y Engel fueron
colgados, la indignación no pudo contenerse, y hubo manifestaciones en
contra del capitalismo y de sus jueces en las principales ciudades del
mundo. De allí empezó a celebrarse cada 1° de mayo el “Día Internacional
de los Trabajadores”, conmemorando exactamente el inicio de la huelga
por las 8 horas.
El próximo 1 de mayo cuando nos levantemos y veamos todo el día
festivo que tenemos por delante, hariamos bien en dedicar un minuto a
todos los compañeros que lucharon y que entregaron su vida por una vida
laboral más justa para ellos y para las generaciones siguientes como ha
sido la nuestra.