Para que todo vaya bien, es preciso generar confianza. Confianza en el sentido, en quien lo encabeza y en la voluntad de tratar con buena fe a las persona que deben hacerlo realidad.
Los hechos ocurridos en el centro tecnológico del Prat el lunes pasado han fracturado esta confianza. Comunicar unos traslados de departamentos sin aclarar cómo afectarán a las personas implicadas, hacer cambios de personal de oficinas justo en estos momentos, no hace otra cosa que añadir angustia de manera gratuita a una situación ya de por sí llena de incertidumbre. El hecho que se haya ocultado a los sindicatos, durante la negociación, que habría este traslado de actividad, ha roto la confianza en la buena fe negociadora de las direcciones.
Lo que se firmó no es un acuerdo, son unas bases que hay que desarrollar antes de llegar a un pacto laboral propiamente dicho. En la situación actual parece difícil sentarse a trabajar sobre una base que ha quedado devaluada por la actuación de una de las partes. La plantilla se verá abocada a asumir un proceso de integración sin las garantías de un acuerdo laboral, la nueva entidad nacerá arrastrando un lastre que sin duda afectará a su funcionamiento. Sólo las direcciones son responsables.