El derribo de las cajas de ahorros

Si no hay cambio de planes a última hora, el Consejo de Ministros
dará luz verde la próxima semana al eufemísticamente llamado real
decreto de recapitalización del sistema financiero, que sin duda
constituye un nuevo golpe de piqueta en la implacable demolición del
tradicional statu quo de las cajas de ahorros, emprendida por el Banco de España con la complicidad política del Gobierno.

Si no hay cambio de planes a última hora, el Consejo de Ministros
dará luz verde la próxima semana al eufemísticamente llamado real
decreto de recapitalización del sistema financiero, que sin duda
constituye un nuevo golpe de piqueta en la implacable demolición del
tradicional statu quo de las cajas de ahorros, emprendida por el Banco de España con la complicidad política del Gobierno.

So pretexto de clarificar su naturaleza jurídica ante unos mercados
que hasta hace poco no tenían reparos en facilitarles financiación sin
preguntarse por ella, el real decreto pone puente de plata a todas las
cajas de ahorros que acepten convertirse de inmediato en bancos,
mientras siembra de obstáculos el camino para aquellas otras que tengan
la tentación de continuar dentro del denigrado modelo actual.

La condición más dura que el Gobierno va a imponer a estas últimas es que, a lo sumo en septiembre, su cobertura de riesgos (core capital)
sea del 10%, dos puntos por encima del porcentaje exigido al resto de
las entidades y el doble de lo previsto para 2013 en los acuerdos
internacionales de Basilea III, que además establecen un periodo de
adaptación de seis años, hasta 2019.

Por cierto que esa condición se compadece mal con la imperiosa
necesidad de que fluya el crédito para que se acelere la deseada
recuperación de la economía, pues la subida del core capital no
es precisamente un incentivo para prestar dinero y, en consecuencia,
resulta más comprensible en una situación expansiva que en plena sequía.

El tiempo dirá si, como aseguran sus promotores, la acometida contra
las cajas de ahorros robustece nuestro sistema financiero; pero quienes
sí van a tener motivos para sentirse satisfechos son el Banco de España,
que siempre ha recelado de un sector que no controlaba del todo, y los
pescadores que están esperando la oportunidad de pescar en un río tan
revuelto.

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, el gobernador, podrá
retirarse el año que viene, transcurridos seis de su llegada al cargo,
con el dudoso honor de haber dejado un solar donde ahora todavía se
levantan mal que bien las cajas de ahorros, de cuyo progresivo
deterioro, teniendo como tiene funciones de supervisión, no parece
lógico que escape sin pechar con ninguna culpa.

Vicente Clavero

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