El Gobierno exige a las cajas un ‘plan B’

Las cajas siguen ganando tiempo. Y a la vez, el Gobierno sigue
estrechando el cerco: la letra pequeña de los últimos cambios normativos
da -aún más- las riendas al Banco de España y al Ministerio de Economía
en un momento crítico para el sector, y la música indica con claridad
que el modelo general será bancario; son malos tiempos para las cajas,
muy castigadas por el reventón inmobiliario. El real decreto de
reforzamiento del sistema financiero se publicó ayer en el Boletín
Oficial del Estado y de su lectura se extraen varias claves sobre el
futuro de las cajas con problemas. Se confirma que los plazos para la
reforma serán más holgados de lo previsto -si todo va bien: si no hay
nuevas réplicas de la crisis europea, a las puertas de Portugal-, pero
el decreto contiene varias novedades de calado para dejarlo todo atado y
bien atado en el caso de que las entidades no consigan captar por su
cuenta suficiente dinero para cumplir los nuevos, y duros, requisitos de
capital.

Las cajas siguen ganando tiempo. Y a la vez, el Gobierno sigue
estrechando el cerco: la letra pequeña de los últimos cambios normativos
da -aún más- las riendas al Banco de España y al Ministerio de Economía
en un momento crítico para el sector, y la música indica con claridad
que el modelo general será bancario; son malos tiempos para las cajas,
muy castigadas por el reventón inmobiliario. El real decreto de
reforzamiento del sistema financiero se publicó ayer en el Boletín
Oficial del Estado y de su lectura se extraen varias claves sobre el
futuro de las cajas con problemas. Se confirma que los plazos para la
reforma serán más holgados de lo previsto -si todo va bien: si no hay
nuevas réplicas de la crisis europea, a las puertas de Portugal-, pero
el decreto contiene varias novedades de calado para dejarlo todo atado y
bien atado en el caso de que las entidades no consigan captar por su
cuenta suficiente dinero para cumplir los nuevos, y duros, requisitos de
capital.

Se trata de un plan B en toda regla. El plan A es
conocido: el Banco de España determinará la situación de cada entidad el
10 de marzo; quienes incumplan las exigencias de capital (8% con
carácter general, 10% en algunos casos) deberán presentar un plan y a
finales de septiembre llegará el examen final, aunque quienes estén
rozando el límite dispondrán de tres meses más, y quienes salgan a Bolsa
hasta la primavera de 2012. En definitiva, plazos sensiblemente más
dilatados de lo previsto, como querían las cajas. Pero nada es gratis:
si finalmente no consiguen levantar suficiente capital o no completan
con éxito la salida a Bolsa, el Banco de España obligará a las entidades
con problemas a poner en marcha «medidas alternativas». El plan B pasa por vender activos -la cartera de participadas, por ejemplo-,
redes de oficinas o acudir sin más dilación al dinero público del fondo
de rescate (FROB), lo que conlleva inmediatamente su conversión en
bancos. Eso, la conversión de cajas en bancos, es el nuevo mantra del
sistema financiero español, aunque el Gobierno ha evitado la
obligatoriedad para evitar acusaciones desde las procelosas aguas de las
cajas.

El Ejecutivo y el Banco de España han señalado con
claridad hacia dónde deben encaminarse las entidades que deban acometer
planes de recapitalización con ayudas públicas. Las cajas más tocadas
deberán, por un lado, reducir los costes de estructura: el sector se
sobredimensionó en los años de la burbuja inmobiliaria y ahora debe
acometer una profunda reconversión industrial. Eso pasa por vender o
cerrar sucursales, y en muchos casos por reducir plantilla. Además,
quienes acudan al dinero público deberán adoptar «medidas tendentes a la
mejora de su gobierno corporativo». El real decreto viene a decir con
sutileza lo que, en plata, supone reducir los estrechos vínculos de las
cajas con la política, uno de los flancos más débiles del sector.

Pero
hay más. En general, el decreto deja en manos del Banco de España la
llave del futuro de las cajas. El gobernador, Miguel Fernández Ordóñez,
será quien decida si las entidades pueden ampliar o no los plazos para
capitalizarse, sin que los criterios estén claramente definidos. Además,
el Banco de España podrá limitar la obra social de las cajas, los
dividendos de los bancos e incluso los bonus de los ejecutivos «cuando
las entidades no alcancen los niveles de solvencia exigidos», en lo que
parece un mensaje claro y directo para Caja Madrid, en plena polémica
por esos bonus. Esa medida se activará en caso de que los colchones de
capital estén hasta un 20% por debajo de los exigidos; si la diferencia
es mayor se trata de una falta muy grave, que puede dar lugar a la
intervención del Banco de España.

La norma publicada ayer
establece también un sistema de rescate para las cajas rurales y demás
cooperativas de crédito que, curiosamente, será el que estaba en vigor
hasta ahora para las cajas. Es decir, recibirán inyecciones del FROB sin
necesidad de transformarse en bancos.

El diablo está en los
detalles, y los detalles dejan en agua de borrajas algunos de los
objetivos originales del Gobierno. Aunque los documentos iniciales que
barajaba Economía decían que las entidades que recibiesen ayudas
deberían fijar «objetivos de evolución del crédito a familias y
empresas», finalmente la norma será menos ambiciosa: solo se obliga a
dar más crédito a las pymes; no a familias ni a grandes empresas.

La
vicepresidenta Elena Salgado hablaba sin ambages el viernes pasado de
la mayor reforma del sistema financiero español. Para los afectados así
lo parece: el vicepresidente de la patronal CECA, Amado Franco, aseguró
ayer que el decreto es «muy duro» y «discriminatorio» con las cajas, si
bien despeja algunas incógnitas sobre el futuro de estas entidades, que
en las últimas semanas se han visto envueltas en una nube de
especulaciones. «No creo que las cajas desaparezcan, pero estamos en un
momento de refundación», subrayó.

Para los expertos consultados,
sin embargo, persisten varias incógnitas. «Se trata de un decreto basado
en el optimismo, que deja aún mucho tiempo a las cajas para
reestructurarse con la confianza de que todo va a salir bien, de que la
economía va a seguir recuperándose y la crisis europea no va a volver a
golpear: veremos», sostiene Santiago Carbó, asesor de la Fed. «Y sigue
sin quedar claro cómo van a asumirse las pérdidas derivadas del pinchazo
inmobiliario para dejar limpios los balances, y cómo se va a
obligar a profesionalizar los órganos de gobierno de las cajas, dos
aspectos que pesan a la hora de ir a buscar capital a los mercados»,
remacha.

En el fondo, lo que de verdad queda por dilucidar es el
futuro de las entidades que despiertan mayores dudas en los mercados: la
fusión de las cajas gallegas, las de Cataluña (Unnim y CatalunyaCaixa),
Castilla y León y la liderada por Caja Madrid, junto con algún banco
mediano. «Está por ver cómo se resuelven las entidades peor colocadas, y
no queda mucho margen», cierra Antonio García Pascual, de Barclays
Capital.

Más límites

– El Banco de España tendrá en su mano imponer restricciones a la obra social, los
dividendos, las remuneraciones variables de los directivos, la
retribución de las participaciones preferentes y la recompra de acciones
cuando el nivel de insuficiencia de capital de las entidades sea de
hasta el 20% de los niveles exigidos.

– El real decreto fija la definición de capital como ‘common equity tier 1’,
que no coincide exactamente con la de las reglas de Basilea III. Y
anticipa a finales de este año o primavera de 2012 las exigencias que la
banca del resto del mundo deberá cumplir desde 2013.

CLAUDI PÉREZ / MIGUEL JIMÉNEZ

El País