Da la impresión, por el goteo de informaciones que se han venido produciendo en la prensa económica, que lo de la fusión virtual más bien puede quedar en agua de borrajas. Pero no porque no haya interés por parte de una serie de cajas rurales en llegar a concretar acuerdos de este tipo.
Para mantener los ritmos de crecimiento
Durante años, las cajas rurales han venido utilizando todos los sistemas
posibles para financiar la fuerte expansión crediticia que ha tenido
lugar en los últimos tiempos. La utilización de la titulización
ha sido generalizada, pero éste es un recurso limitado.
Las cajas rurales más grandes, hace tiempo que han visto la necesidad
de buscar nueva financiación en los mercados internacionales con objeto
de mantener los ritmos de crecimiento. Pero la escasa dimensión de estas
entidades, en la escala internacional, provoca que dicha financiación
sea cara, especialmente en comparación con los tipos de interés
que consiguen los grandes bancos y cajas de ahorro.
La consecuencia es que las otras entidades pueden seguir creciendo en activo
a unos tipos más competitivos que los de las cajas rurales, lo que va
abriendo una brecha cada vez mayor entre la rentabilidad de unos y la de otros.
Estos procesos no son nuevos
Hace ya casi 10 años, una consultora hizo un estudio de las cajas rurales,
el famoso Informe McKinsey, en el que ya se manifestaba la necesidad imperiosa
que tenían las cajas rurales de buscar fórmulas de asociación
si querían afrontar con garantías el futuro. McKinsey era muy
claro al respecto de que, si este sector no avanzaba en procesos de integración
(reducción de costes, economía de escala, etc), las posibilidades
de futuro se reducirían sustancialmente.
De hecho, en aquella época, los años 1996-1997, se creó
el denominado G-7, o grupo formado por las cajas rurales más grandes
y potentes, que serían las encargadas de pilotar dicho proceso de asociación/integración.
Pero todo fue en vano. La negativa de las cajas rurales a ceder el más
mínimo ápice de autonomía, bajo la falsa bandera de mantener
cada uno su personalidad jurídica, dio al traste con uno de los intentos
más serios de llegar a acuerdos beneficiosos para todas las cajas en
cuestión.
Se repite la jugada
A nosotros nos parece que ahora está pasando lo mismo. Las cajas rurales
quieren consolidar balances, quieren ir a los mercados internacionales para
financiarse barato y poder seguir compitiendo con el Santander, con el BBVA
y con las cajas de ahorro, pero no quieren perder la tan traída y llevada
“personalidad jurídica”.
¿A quien le interesa mantener esa personalidad jurídica aun a
costa de sacrificar el futuro de las entidades? Únicamente a unos Consejos
Rectores que piensan más en mantener su estatus de privilegio que en
fortalecer y buscar viabilidad para estas entidades tan necesitadas de tamaño.
Y a unos equipos de dirección que pueden ver peligrar sus sillones en
caso de que la búsqueda de tamaño sea real.
¿Quiénes son los grandes perjudicados de esta política
tan miope? Los trabajadores, los socios y los clientes de las cajas rurales,
porque lejos de encontrarse con empresas dinámicas que tengan capacidad
de crecimiento y, sobre todo, capacidad para afrontar los retos futuros, se
encuentran con empresas cuya propia incapacidad para llegar a acuerdos, está
hipotecando ese futuro.
La división del sector cada vez es más manifiesta
Todo lo anteriormente dicho está llevando al sector de cooperativas
de crédito a una división cada vez mayor. En las Asambleas de
RGA, del Banco Cooperativo, etc., ya es habitual ver a dos o tres bandos en
las votaciones. No se trata de cuestiones puntuales, sino de estrategias y alianzas
que cada vez son más estables, lo que, no nos cabe duda, hará
muy complicada la recomposición de anteriores consensos.
Desde Comfia-CC.OO. consideramos que los Consejos Rectores y los equipos de
dirección de las cajas rurales tienen la obligación de buscar
elementos de confluencia, consensos para alcanzar acuerdos que permitan defender
el futuro de las entidades. No nos vale poner delante la pantalla de la “personalidad
jurídica”, pues ello no es más que una falacia para seguir
manteniendo los privilegios y las posiciones.
Son necesarios consejos rectores valientes que, en caso necesario, estén
dispuestos a hablar de tu a tu con el de enfrente, y que antepongan los intereses
generales de las empresas (trabajadores, socios, clientes) a los suyos propios.
Madrid, julio 2006.
Desmentido de la Asociación Española de Cajas Rurales acerca de la Fusión Virtual