En momentos así siempre es difícil conciliar la congoja que nos atrapa con el tributo que merece un amigo y compañero, de muchos, que es Miguel Ángel Pesquera. Suele decirse que faltan las palabras, o mas bien que las que encontramos no expresan los términos justos para honrar a un amigo, para reconocer la memoria de este «little Big Man».
Miguel era uno de los nuestros. Y eso también significa que lo era de mucha gente. Personas a las que dedicó lo mejor de si mismo, a su manera, con su aparente hosco carácter, con la socarronería de quien sabe que los éxitos nunca son definitivos y la fortaleza que da perder muchas veces para terminar ganando algunas. Ganó muchas demandas, perdió también algunas, la mayoría de estas últimas eran de las que le decíamos «Miguel, este conflicto lo tenemos que meter, es una cuestión sindical». Porque siempre veíamos razones sindicales donde la doctrina no alcanzaba, y él siempre decía lo mismo «yo a las que toquemos pero no lo veo y de la Audiencia no conviene abusar que son muy suyos (ya la presidiera Iglesias Cavero o Ricardo Bodas)».