Hace más de un año y medio los directivos de las cajas en general y
el presidente de La Caixa y CECA, Isidro Fainé, en particular, hablaban
del sector como un sector que, salvo excepciones, era sólido, solvente
Ángeles Gonzalo – 18/01/2012 – 07:00
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Necesitaba reestructurarse para adaptarse a las circunstancias de una
fuerte crisis económica y para sanear algunas entidades que se habían
indigestado al tragar tantos inmuebles. El modelo: trajes a medida.
En seis meses o en un año como mucho puede que queden unas cinco
cajas, o mejor dicho bancos con una caja como accionista principal de
las 45 existentes hace menos de 24 meses. Eso sí, BBVA y Santander
reforzarán su influencia en España, mientras que un número de cajas
serán satélites que gravitarán alrededor de tres grandes astros al
incluir La Caixa. Cuatro si Bankia logra superar las barreras que se le
han cruzado. Y todo supervisado por un gobernador del Banco de España,
Miguel Ángel Fernández Ordóñez, al que solo le quedan siete meses para
dejar el cargo y que no cuenta con el apoyo del Gobierno.
Los trajes a medida se han convertido en un uniforme para todos,
excepto para un club selecto que puede elegir alta costura. Solo dos
pequeñas cajas Pollença y Ontinyent seguirán independientes y con su
estatus jurídico sin modificar. Y puede que Bankinter pueda mantenerse
al margen de las integraciones y siga como un pequeño banco
independiente. Pero solo puede. Su tamaño, unos 50.000 millones de euros
en activos, no le permite realizar una gran operación para triplicar su
tamaño y alcanzar los 150.000 millones que reclama el mercado e incluso
el Gobierno, y el margen para conseguir ingresos para engrosar la
cuenta de resultados se estrecha cada vez más.
¿El error de Bancaja?
Bankinter, no obstante, cuenta con una ventaja. «Su estrategia y
futuro hay que entenderla en clave familiar». Su principal accionista es
la familia Botín, con Jaime Botín como figura decisoria. «Es su
principal accionista y quien hace y deshace», explican fuentes
conocedoras de los entresijos del banco. Mientras la gran banca ha
logrado o logrará ganar cuota de mercado en España a costa de las cajas,
algo que también parecía muy complicado hace también menos de dos años.
También parecía ficción que La Caixa y Bankia se fusionasen, y ahora no
se habla de otra cosa. Las nuevas exigencias de provisiones que exigirá
el Gobierno para que la banca actualice a precios reales el valor de
sus inmuebles, y que Economía establece en 50.000 millones, ponen en un
importante brete a Bankia.
La salud de la entidad que preside Rodrigo Rato es fundamental para
el sistema bancario. ¿Y quién puede digerir esta pieza sin caer? BBVA,
Santander y La Caixa. No se puede repetir el error de potenciar fusiones
como las de hace apenas un año en las que las uniones se hicieron con
calzador, y parece que Bancaja, con problemas de ladrillo, nunca tuvo
que unirse a Caja Madrid, también con exceso de inmuebles en su balance.
Entre otras operaciones.
Las consecuencias: el Gobierno y el propio sector, con Bankia a la
cabeza, tienen que buscar otra solución para la tercera entidad
financiera del país sin que el contribuyente o el pequeño accionista
paguen los errores de una hoja de ruta mal diseñada.
El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha afirmado en varios foros
que veía con buenos ojos la unión de La Caixa y Bankia. «Ojalá sea esa
la solución», señalaba un directivo de la competencia. Fuentes cercanas a
Fainé aseguran que la operación también es de su agrado. Aunque el
grupo catalán tiene en el cajón otros proyectos como Novagalicia o el
portugués BPI, en el que tiene ya una importante participación. La Caixa
ha mantenido conversaciones con el Gobierno luso.
Fuentes de Bankia declaran que si debe realizar una provisión extra
de unos 6.000 millones en un año, «las posibilidades de mantenerse
independiente son ínfimas». Solo la creación del banco malo del suelo o
una fusión con otra caja mediana que le aporte ayudas similares a las
recibidas por Banco Sabadell con CAM pueden amortiguar el impacto de las
nuevas dotaciones. Y ambas son complicadas. La primera porque parece
que ahora no toca crear un banco del suelo, y la segunda porque Bankia
ha recibido ya ayudas del FROB, aunque en forma de preferentes. Ello le
permite participar en una subasta, aunque podría interpretarse mal por
el mercado. Pero puede haber un precedente, BMN.
El grupo que preside Carlos Egea, que también recibió ayudas a través
de una emisión de participaciones preferentes del FROB, y por las que
abona un 8% de intereses anual, está decidido a participar en la puja
por Banco de Valencia. Banco Popular también siempre que no se quede con
Unnim antes. BMN asegura que es la única operación que tiene en
cartera, y así se lo está transmitiendo a los sindicatos estos días tras
pedir un esfuerzo para aligerar su estructura y dar salida entre 400 a
600 empleados, si no baja su estructura de gastos con recortes de
sueldos, costes, salidas voluntarias, etc.
Pese a su objetivo BMN es una de las entidades que el mercado
considera que terminará en la órbita de otra entidad o se fusionará con
otro grupo similar como Liberbank, Banca Cívica o Unicaja, e incluso
Ibercaja o Kutxabank. El mercado también especula con una operación con
Banco Sabadell, pero esta posibilidad parece más remota. El banco
catalán se ha quedado con CAM, pero quiere llegar a los 200.000 millones
en activos y pretende incorporar otra entidad al grupo. Caja 3 puede
ser una posibilidad, pero si se presenta alguna entidad mayor como la
mencionada BMN, Liberbank, Banca Cívica o Ibercaja, mejor.
La clave política
Ibercaja, mientras, apuesta por Unnim y Banca Cívica. Esta última
entidad anda en la aventura de encontrar un socio no solo por tamaño
sino también por tomar aire. Además, las elecciones andaluzas del 25 de
marzo con el previsible triunfo del PP pueden influir, según algunas
fuentes, decisivamente en la presidencia de Cajasol, con Antonio Pulido a
la cabeza, y por lo tanto en la copresidencia de Banca Cívica.
Estas elecciones también tendrán su repercusión en Unicaja, presidida
por Braulio Medel. Esta entidad está embarcada en una fusión con Caja
Duero y España que no avanza. También ha mantenido conversaciones con
Liberbank, pero el hecho de que no se haya producido aún la integración
con la caja castellanoleonesa y la influencia de las elecciones
andaluzas han dejado la operación en la retaguardía. Pese a ello no se
descarta que puje por alguna de las entidades que se subasten en los
próximos meses. «Y es que no se puede perder de vista nunca a Medel»,
señala una fuente del sector. Tampoco se puede perder de vista a
Kutxabank, que también jugará un papel destacado en el nuevo mapa
bancario. Su objetivo es colocarse detrás de Bankia y La Caixa.