Según recoge la carta de despido, al trabajador se le acusa de crear terror con sus compañeras en su centro de trabajo, de comer sándwiches, de coger comida de perros, «aunque el día que se le acuse no hubiese trabajado», de cometer alguna ausencia en el trabajo, a pesar de trabajar casi a diario en el periodo estival y de obligar a no fichar a las compañeras y no permitir el descanso reglamentario entre jornadas. Precisamente esto último y muchas cosas más, han sido la hoja de ruta de este sindicalista de éxito y que ahora intenta ser represaliado por LIDL.
Lejos de las argumentaciones de la empresa, el trabajador despedido tiene una trayectoria ejemplar y de éxito profesional, sin ningún tachón en su expediente a lo largo de los 22 años de servicio en LIDL, pero que ahora resulta muy incómodo para la empresa.
El sindicato rechaza públicamente este despido como un atropello contra el afectado y contra las personas que lo eligieron como su representante, y anuncia que está trabajando en distintas líneas para procurar la solución.