Sobre los acuerdos del grupo de Basilea III se ha dicho
prácticamente todo. Pero del documento, todavía pendiente de la
aprobación del Grupo de los 20, se desprenden algunas recomendaciones
que pueden cambiar la banca tal como la hemos conocido.
14-10-2010 –
El documento deja atrás un modelo de negocio bancario que fue el
propio de una era de abundancia y abre nuevas vías de desarrollo hacia
una banca en la que el capital será posiblemente cada vez más escaso, y
por consiguiente más caro. Un banquero español dijo, en épocas
difíciles, que en las entidades de depósito el dinero se gana a
cuartillos.
Aparentemente, es de grandes márgenes, pero si se toman los
resultados del conjunto de bancos y cajas españoles al cierre de 2009
fue necesario manejar más de 3,7 billones de euros para lograr unas
ganancias después de impuestos de algo más del 0,6 por ciento.
Es evidente que las valoraciones globales pierden perspectiva, porque
mientras unos ganaron más del uno por ciento otros quedaron muy
rezagados y rozaron las pérdidas. La dispersión es muy elevada. Pero el
negocio puede fácilmente hacerse añicos cuando el margen de
intermediación –es decir, los intereses cobrados menos los pagados– fue
apenas del 2,04% sobre los activos totales medios. Y tampoco es para
lanzar cohetes constatar que las pérdidas de valor de los activos de
todo tipo casi duplicaron lo que el conjunto de la banca ganó por
comisiones netas.
Las provisiones para los años flacos que la sabiduría del Banco de
España impuso en el mejor momento, porqjavascript:void(0);ue las cuentas
de resultados eran entonces holgadas, hicieron posible llegar a buen
puerto sin las ayudas del Estado. Otros países de la rica Europa
tuvieron que recurrir a rescates bancarios que para los contribuyentes
fueron, y son todavía, muy onerosos. Pero ninguna hucha es suficiente en
tiempos malos, y también fue necesario en nuestro caso sanear algunas
entidades y propiciar las fusiones de otras con los fondos del FROB.
Reducir la deuda
El mensaje del documento de Basilea III es claro. Arriesgar el
capital propio va a exigir colchones de protección (lo que en el texto
califican de buffers). Endeudarse por encima de las posibilidades fue la
obsesión de gobiernos, bancos, empresas y familias. Ahora lo que toca a
todos, y especialmente a los bancos, es la decisión de rebajar la
deuda. Cambiar a marchas cortas y usar menos los frenos.
En el nuevo modelo de negocio bancario, van a ser más importantes los
servicios que puedan prestarse, para cubrir necesidades reales de los
clientes, que las operaciones que sean puramente de capital puesto a
riesgo.
Los servicios no están exentos de riesgo y no es necesario
detallarlos, desde los que son de firma hasta los que pueden dañar la
imagen de una entidad de depósito, pero son el campo para los que sean
capaces de imaginar qué necesita el mercado y ofrecerlos antes que
preparar gamas desmesuradas de productos y servicios que nadie quiere,
solamente porque la entidad bancaria ya los ofrecía en otros tiempos.
A la industria le ocurre lo mismo. Existen empresas todavía que
ofrecen lo que tienen en vez de preguntarse lo que el cliente necesita.
Si Basilea III se lee entre líneas, el mensaje es claro. ¿Cuánto
capital se necesita para multiplicar las comisiones y cuánto para hacer
crecer los beneficios? Pocas cuentas de resultados de las entidades de
depósito podrán mejorar si no ganan cuotas crecientes de comisiones que
superen el dos por ciento sobre activos totales medios.
Cuando la morosidad puede alcanzar cotas del seis por ciento, tener
un balance sometido al riesgo de crédito, y riesgo de pérdida de valor
de los activos, las vías de avance se alejan de las operaciones propias y
se dirigen, sin duda, hacia los servicios que sean por naturaleza
auténticos.
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