Antes debe solventar las exigencias de su ambicioso plan estratégico. Lo hará volviendo al negocio tradicional.
Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria, Caja de Ahorros y Monte
de Piedad (a la espera de que se afronte el espinoso asunto del nombre
definitivo y la marca de la nueva entidad) tiene como objetivo no sólo
consolidarse como la supercaja de Castilla y León, ampliando su área de
influencia a Madrid y Extremadura; sino convertirse con el tiempo en un
referente del mercado financiero ibérico (también del portugués). Antes
tiene que afrontar las exigencias de un plan estratégico ambicioso, que
asiente su solvencia, su morosidad y el resto de sus ratios; y que
cumpla las expectativas fijadas ante el Banco de España para hacer
frente a la devolución de los 525 millones de euros recibidos del Fondo
de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).
El más fuerte de
los músculos financieros en los que se ha dividido aquella idea inicial
de PP y PSOE regionales de juntar las seis cajas autonómicas es hoy la
octava caja del país, después de que el forzado proceso de
adelgazamiento del sector llevara el mapa nacional de 45 a 17 cajas.
Fuerza, solvencia y eficiencia son los puntos de mira de la nueva
entidad, que para empezar, además de la inyección del FROB, ha tenido
que reducir su plantilla en 850 personas (829 prejubilaciones) y su red
comercial en 253 sucursales.
Con una previsión de beneficios
para el 2010 de 47 millones de euros (dos más que la suma de los
resultados de las dos cajas en el ejercicio del 2009); el plan de
negocio establecido prevé multiplicar por ocho la cuenta de resultados
en el 2015, hasta llegar a los 365 millones de beneficio neto. El
recorte de plantilla y oficinas supondrá un ahorro de 517 millones, y
los gestores de la nueva caja tienen entre sus objetivos incrementar en
un 45% el gasto en comisiones; y sobre todo reducir la morosidad.
Para llevar a cabo el plan de negocio, la caja que gestiona 50.000 de
los 70.000 millones de recursos del sistema financiero de Castilla y
León se ha marcado cuatro ejes: una apuesta más marcada por el negocio
tradicional, reduciendo el riesgo y volcándose en las pymes; una menor
exposición al mercado inmobiliario, y una cuidada selección en el
negocio de la banca privada (las rentas altas) e institucional. Vuelta
al ahorro minorista y menor exposición en el ladrillo.
Más allá
del negocio financiero, la supercaja tendrá que afrontar también en algo
más de un año la reducción de su estructura directiva: consejos y
asambleas se han duplicado, y tendrán que volver a su cifra original en
unos meses (sólo el consejo tiene hoy 34 miembros, 17 por cada una de
las dos cajas iniciales).
De momento tanto el presidente,
Evaristo del Canto, como el director general, Lucas Hernández, aseguran
que miran al futuro con optimismo. Y de nuevas fusiones no quieren ni
oir hablar. De momento.
María Jesús Muñiz