El primer requisito imprescindible para avanzar correctamente en las soluciones que requiere el sector financiero español es conocer, y que sea conocida, la situación real de las empresas que conforman ese tejido financiero. Para activar el crédito, hay analistas que no descartan una segunda inyección de dinero público en las entidades financieras y ese movimiento exige que la ciudadanía entienda la necesidad de esta medida. Además tenemos derecho a ello.
En
cualquier caso, es necesario que la autoridad competente, o incluso
el propio gobernador del Banco de España, explique porqué después
de tres años de reestructuración y casi 30.000 millones de euros
aportados al sistema en forma de capital y otros cientos de miles de
millones en forma de avales, no circula el Crédito y la deuda de las
entidades financieras españolas sólo ha disminuido de 800.000 a
761.000 millones de euros, mientras en el sector de Cajas se han
amortizado más de 13.000 puestos de trabajo y cerrado 3.600
oficinas.
Está
claro que el origen del problema financiero tiene que ver con una
mala gestión de numerosas entidades, no de todas, que lejos de ser
castigada en el orden moral y económico, alcanza, en las
indemnizaciones millonarias de los gestores de esta ruina nacional,
el máximo exponente de la “berlusconización” del sector
financiero español. Al margen del escándalo público, el daño
reputacional sobre todos los profesionales que gobiernan las empresas
del sector está hecho, y sólo falta cuantificarlo.
Digno
de los mejores guiones de Rafael Azcona el cruce de acusaciones sobre
la responsabilidad de lo ocurrido es risible incluso, y a pesar, de
las consecuencias que tiene: “Señorita, la culpa la tiene este”
dice el Señor Presidente de la Comunidad Autónoma de turno, subido
sobre su pupitre mientras el Delegado/Gobernador de la Clase, que usa
gafas por miope, protesta “De eso nada, señorita. La culpa es de
él. Que lo trajo a la clase”. En esta espera el expulsado se
autoindemniza, llevándose los lápices, las tizas y los cuadernos,
porque quién lo introdujo ocultó la naturaleza del proscrito y
porque el señor Delegado no ha vigilado lo suficiente. La Señorita
se ahueca la permanente, orgullosa de que la mayoría de la clase
haya aprobado los exámenes, aunque sea copiando. Y sueña con un
nuevo novio que la aleje de este mundo provinciano.
Volveremos
a escuchar consejos del Gobernador que fijen la atención social
sobre la eficiencia de las entidades y en este punto, conviene
explicar que esta medida no soluciona la crisis, aunque a medio plazo
ayude a las cuentas de resultados, porque no resuelve los problemas
derivados de una mala gestión, que suelen perdurar en el tiempo,
incluso más allá de la propia perdurabilidad de los gestores
culpables y que sólo dan la cara ante una labor eficaz de la función
inspectora de la autoridad bancaria. No basta con tener los datos o
cumplir las pruebas de estrés, es necesario comprobar que dichos
datos son ciertos.
Pero
extrañarse empieza a ser de hipócritas. Para quién quiera
ejemplos, que repase el papel supervisor en el proceso de
concentración sectorial y la información que se han encontrado las
entidades “salvadoras” al respecto de las entidades en
dificultades. No digamos ya la que ha llegado hasta el público. Un
proceso salpicado de inexactitudes, uniones frustradas, idas y
venidas no ajenas a las ambiciones personales; y condicionado por una
agenda política que ha dificultado la comprobación de los datos.
Alguien
tiene que asumir las pérdidas. Si va a ser el conjunto de la
sociedad a través del Estado, es necesario explicar muy bien porqué,
para qué y qué es lo que tenemos que asumir, sin olvidar en esta
explicación a las personas físicas que han provocado este quebranto
y que medidas de inhabilitación se piensan poner en marcha. De
momento, parece ser que va a ser el sector financiero en su conjunto
el llamado a responder de la deuda y en este sentido se acaba de
legislar la unificación de los Fondos de Garantía, que se explique
también que esto significa que el sector va a gobernar su propio
proceso de limpieza y si es así, que papel va a jugar el supervisor
bancario en este modelo.
Y
es que no saldremos de este mundo provinciano y por tanto de la
crisis, hasta que la independencia no gobierne el Banco de España y
la transparencia sea siempre inoportuna. Mientras tanto, como en los
años 50, el descrédito acumulado por el Gobernador nos va salvando
en lo cotidiano, mientras los gestores de las entidades en tertulias
privadas de casino, ríen sus ocurrencias a la espera de que muera en
su silla, como el otro murió en su cama.