Nacionalizando las pérdidas

La tarea del no menos solvente supervisor bancario es para enmarcar.
No es únicamente que las fusiones frías que autorizó sólo se hayan
mostrado útiles para que ningún consejero quedara en el paro, sino que
ninguna de las grandes operaciones de concentración auspiciadas por el
Banco de España cumpliría con los nuevos requisitos de capital que se
exigirán en septiembre, especialmente y por su tamaño la de Cajamadrid y
Bancaja.

Visto en perspectiva y después de echar las cuentas, si hace tres
años nos hubieran dado a elegir entre cargar con un sistema financiero
ruinoso o con el que tenemos, de cuya acrisolada solvencia hemos
presumido ante el mundo, no está claro que la bancarrota fuera una
opción tan terrible como se pensaba. Recapitulando, si a los 20.000
millones de euros del Fondo para la Adquisición de Activos Financieros
que pusimos de entrada para comprar sus papelitos triple A y dar
liquidez a las entidades sumamos los 4.000 millones que debió llevarse
el agujero de la Caja de Castilla-La Mancha, y si a eso añadimos los
11.000 millones del Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB) y los
20.000 que se prevén para recapitalizar cajas y bancos, el resultado es
que habremos destinado a la causa 55.000 millones (más de nueve billones
de pesetas) sin despeinarnos. Si no llegan a ser solventes tenemos que
empeñar los calzoncillos.

La tarea del no menos solvente supervisor bancario es para enmarcar.
No es únicamente que las fusiones frías que autorizó sólo se hayan
mostrado útiles para que ningún consejero quedara en el paro, sino que
ninguna de las grandes operaciones de concentración auspiciadas por el
Banco de España cumpliría con los nuevos requisitos de capital que se
exigirán en septiembre, especialmente y por su tamaño la de Cajamadrid y
Bancaja.

El plan para nacionalizar por la puerta de servicio a las entidades
que no logren recapitalizarse antes de la fecha indicada es para echarse
a temblar. Reconvertidas en bancos y con el Estado al frente de su
gestión, lo probable es que precisen de más saneamientos, dada la
inveterada costumbre que tiene el sector de mentir en sus balances. En
resumen, que los contribuyentes tendremos que volver a apoquinar a
escote para que, limpios y esplendorosos, los nuevos bancos regresen al
sector privado a precios de amigo.

Hubo quienes, al principio de la crisis, propusieron transformar las
cajas de ahorro en una verdadera banca pública para mantener el flujo de
crédito a empresas y familias en vez de especular con el dinero gratis
del BCE. Aquella idea debió resultar muy bolchevique al socialismo de
diseño y nadie la tomó en consideración. Hoy se retoma desde esa óptica
tan liberal de nacionalizar las pérdidas y privatizar los beneficios.

Juan Carlos Escudier

Público