Prolongación de jornada: aquí falta gente

Pocas personas ajenas al BBVA entenderían nuestra contradictoria realidad: muchos trabajadores/as hacen más horas de trabajo de las que corresponden, mientras decenas de miles de universitarios bien preparados no encuentran empleo y seguimos con cerca de 6 millones de paradas y parados, con una tasa del 25,7%. La guinda son los desafortunados comentarios de algunos Responsables sobre la conveniencia de dedicar la vida al trabajo, si se quiere conservar el puesto de trabajo.

Los números no engañan: si 100 personas hacen el trabajo
de 120, hay 20 personas que no se contratan. Encima, este año el banco recorta
la partida dedicada a contrataciones temporales para cubrir ausencias; ya se
cubrirán con las prolongaciones.

Hay que desmontar el “tópico típico”
habitual, con dos variantes.

Una: prolongo
la jornada, es una cosa mía que no afecta a nadie más.
Sí, sí afecta. Afecta a los compañeros y compañeras que no prolongan,
porque pueden ser objeto de más presiones, directas o ambientales. Afecta a los
que jamás podrán ser compañeros/as, porque la prolongación evita que puedan ser
contratados. Afecta a las cuentas de la Seguridad Social y al futuro de las
pensiones.

La otra:prolongo la jornada porque así me quito trabajo y, total, tampoco tiene tanta
importancia.
Sí, sí tiene importancia. Partimos de que la plantilla del BBVA somos buenos
profesionales que, en muchos casos, por un mal entendido sentido de la
responsabilidad, prolongamos sistemáticamente nuestra jornada. Si tengo que
prolongar mi jornada habitualmente es porque tengo más trabajo del que puedo
hacer, porque el trabajo está mal organizado o por las dos cosas a la vez.

Las prolongaciones evitan que el Banco busque soluciones
a los problemas que él mismo crea.

Cumpliendo la jornada pactada, se visualizaría que para
tratar el volumen de clientela y de negocio que quiere BBVA, se precisan más
personas de las que somos para dar apoyo administrativo a la tarea comercial, y
no menos, como sucederá con el proyecto Vanguard y O2BEC. Hacen falta más
gestoras y gestores, asesores financieros, etcétera, para poder contratar
operaciones, sin que suponga tener que acabarlas fuera de nuestra jornada.

Aquí falta gente, y se cubre con las prolongaciones. Un negocio ruinoso
para quien prolonga, que renuncia a parte de su tiempo libre con su familia o
amigos para dárselo al Banco a cambio de nada. Un negocio ruinoso para quien
aspira a trabajar en banca, normalmente tras muchos años de estudios, porque
las prolongaciones son una lacra contra la generación de empleo.

Al igual que prolongar es una decisión que afecta a quien
la toma y a todo su entorno, la decisión de cumplir su jornada también.

Ponerse límites es: 

– Trabajar por tu sueldo.
– Conciliar la vida laboral con la personal.     

Exijamos entre todos y todas:

– Que el banco contrate al personal necesario para solucionar los problemas endémicos generados por las  prolongaciones.

¡Sigue avanzando en tu trayecto hasta el trabajo saludable!                                

10 de marzo de 2014

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