¡Qué Bello es Vivir !

Nuestro sindicato está recibiendo por parte de diferentes compañeros quejas referidas a la progresiva y desaforada presión que desde algunos Zonas se está soportando en los centros de trabajo

Somos conscientes de que sobre todo en aquellos casos
en que los presionados son contratados en prácticas, tal experiencia
se vive aún más acusadamente. Las prolongaciones de jornada
continuas como algo supuesto de antemano, se convierten en requisito imprescindible
para entrar en el grupo de los elegibles. Pero tampoco esto es suficiente
en la actualidad, ahora si no estás entre los pertenecientes al
cuartil superior puede peligrar tu renovación de contrato.

Estos criterios, dejados caer en inocentes conversaciones,
aparentemente amigables, en las visitas que algún que otro zona
realiza por las tardes, parece que no provocan en ningún caso los
efectos deseados en los sufridos aspirantes. Más bien la desmotivación
y el empezar a pensar en entregar nuestros currículums a otras
entidades bancarias son los efectos más lógicos e inmediatos
que provoca esta actitud, impropia de cualquier mando que se suponga capacitado
para dirigir un grupo de trabajo, o un equipo humano.

Pero… ¿es incapacidad, o lo que realmente se
oculta detrás de este comportamiento son otras carencias añadidas
u otros intereses no confesos?. Nos tememos que son otras las razones
inductoras de este acoso sistemático a todo aquel que piense que
es suficiente demostrar nuestra profesionalidad dentro de nuestro horario
acordado por Convenio Colectivo, y que el vivir no es tan solo trabajar
de sol a sol. Hay que conciliar la vida laboral con las múltiples
y ricas facetas que existen en una sociedad que afortunadamente ha abolido
la esclavitud en casi todos los lugares del planeta.

No deben valernos las jaulas doradas que algunos nos
ofrecen como espejismo que nos ciegue ante la triste realidad que supone
iniciar nuestra jornada semanal con la sensación de que ésta
no acabará hasta el viernes por la tarde, sin tiempo suficiente
durante la semana para apenas mal comer y

mal dormir, llegando a su fin como un náufrago,
exhausto, y con el tiempo escaso para recobrar unas fuerzas que necesitará
otra vez el lunes que ya se acerca.

Este panorama, no sirve al BBVA, no debiera servir a
sus directivos, y desde luego debería ser inadmisible para su plantilla:
Fugas de empleados eventuales, huidas hacia prejubilaciones, bajas producidas
por factores laborales… todo ello son síntomas de lo que verdaderamente
está ocurriendo en muchas oficinas; la presión salvaje

Pero si lo dicho anteriormente lo manifestamos a nuestro
banco, algunos de sus responsables nos dirán que así es
el mercado, que el banco no puede esperar a los más débiles,
que estamos muy bien pagados, que lo que importan son los números
(unos números que no serán capaces nunca de reflejar toda
la verdad, pero que serán utilizados, como arma manipulada, contra
nuestra profesionalidad, sin valorar otros factores relevantes surgidos
en nuestro día a día).

No debemos consentir, porque sabemos que no todos los
responsables de Zona obran igual, que aquellos que quieren destacar a
costa de vulnerar las mínimas reglas de respeto a la persona y
a la normativa laboral, campen impunemente con su decálogo de impertinencias
y tópicos desgas-tados. No toleremos que su enmascarado egoís-mo,
con el que tan bien conviven algunos, oculte la verdadera razón
de su actitud: «No me importa cómo, pero conseguid los objetivos
que me he propuesto para destacar por encima de todos. Los que sobreviváis
tendréis vuestras migajas, y yo la mayor parte del pastel».

Entérense, no vamos a seguir su lógica
infernal. Porque algunos de ustedes hayan decidido dejar en segundo término
todas las cosas que nos ofrece la vida, los demás no vamos a caer
en el mismo error.

Reproducimos la siguiente «perla», (no sabemos si es la experiencia
personal de su autor, pero no se puede tolerar que lo intente hacer extensivo
al resto de la plantilla): «En la vida, al final la pareja se rompe,
los hijos te abandonan, y ¿qué te queda? sólo el
trabajo». Triste epitafio, digno de ponerlo en una lápida:

  • Murió sólo en el trabajo, rodeado de listados
  • Ni los hijos ni la pareja lo recuerdan (no obstante, gracias por la
    herencia)
  • Tus listados no te olvidan.

Seguimos trabajando, seguiremos informando.
Julio 2004

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