Cabe preguntarse si no queda otra opción, si de verdad la única solución pasa por privatizar la mayoría de las cajas para transformarlas en bancos,
que ya no tendrán como objetivo prioritario la obra social. Es
discutible que la única salida sea la que ayer el Gobierno anunció: que
el Estado asuma las pérdidas de las cajas de ahorro más tocadas, las
nacionalice y después –una vez saneadas, ya como bancos– las privatice,
vendiéndolas al mejor postor (China ya quiere pujar).
Cabe preguntarse si no queda otra opción, si de verdad la única solución pasa por privatizar la mayoría de las cajas para transformarlas en bancos,
que ya no tendrán como objetivo prioritario la obra social. Es
discutible que la única salida sea la que ayer el Gobierno anunció: que
el Estado asuma las pérdidas de las cajas de ahorro más tocadas, las
nacionalice y después –una vez saneadas, ya como bancos– las privatice,
vendiéndolas al mejor postor (China ya quiere pujar). Tal vez sea así,
tal vez no nos quede otra. Tal vez el error sea precisamente haber
tardado tanto en tomar esta decisión. No sabemos, sólo intuimos, cómo de
maquillados están los balances reales de las cajas: las entidades
financieras, al igual que los Papas, siempre mueren en perfectas
condiciones de salud. ¿De qué vale que nuestras cajas pasasen los test
de estrés si hasta la banca irlandesa aprobó?
Pero lo que sí es evidente es que no hemos llegado hasta aquí sólo
por mala suerte o casualidad. No todas las penurias de las cajas son
achacables a la mala situación financiera internacional; para variar,
alguien debería asumir alguna responsabilidad, porque la muerte de las
cajas es un enorme robo a toda la sociedad. ¿Dónde estaba el Banco de
España cuando las cajas se empezaron a entrampar en la evidente burbuja
inmobiliaria? ¿Por qué ha tenido que ser Bruselas quien señale, hace
unos meses, la mala gestión del supervisor? ¿A qué ha dedicado el último lustro el locuaz gobernador Fernández Ordóñez,
al que sólo le ha faltado opinar sobre la titularidad de Benzema?
¿Piensan asumir alguna culpa los consejeros que han hundido las cajas
por su mala gestión? ¿Y los partidos políticos que los nombraron? ¿Y los
sindicatos y empresarios que también se sentaron en sus consejos de
administración?
Ignacio Escolar