Ahora que estamos en la mitad de la campaña electoral queremos destacar una realidad que por desgracia ocurre en nuestra entidad y todos conocemos.
De
todos es sabido los casos de presión electoral (primero en aparición en listas,
luego en la intención de voto) en forma de llamada telefónica, reunión en el
despacho, o la famosa expresión de: “no puedes decir que no”. La persona
que niegue que esto ocurra es que tiene tanto miedo como el que lo ha vivido en
carne propia o es uno de los inductores.
Existe una idea generalizada por la cual si no estás con
ellos, y/o manifiestas unas ideas diferentes (ni mejores ni peores, solo
distintas), tu carrera profesional peligra; y ya no hablamos de los hipotéticos
traslados. Nuestro peor enemigo siempre es nuestra propia cabeza. Nosotros somos
capaces de imaginar cosas mucho peores que la realidad. Afortunadamente las
represalias son más fáciles de hacer creer que de llevarlas a cabo y para
impedir eso estamos los sindicatos de clase (CC.OO.).
El voto del miedo es aquel que insiste en reducir a una sola las opciones que la persona tiene para
votar, tratando de incitar temor en caso de hacerlo en otro sentido. El discurso
que promueve el voto del miedo predica en que la representación es una sola
opción, o aún más grave una sola persona, descalificando las otras opciones.
Promover el voto del miedo antes de una elección es un síntoma de derrota. Si
alguien siente en verdad que tiene todas las de ganar, no lo anda gritando a los
cuatro vientos para tratar de inducir a los demás. Por el contrario, espera
pacientemente el momento de la elección para ratificar su intuición de triunfo.
Emitir un voto fundado en temores a aquellos que
supuestamente tienen posibilidades de ganar y descalifican a los demás, esos que
insisten en coaccionar con un futuro gris si no les concedemos nuestro voto, es
desperdiciar la oportunidad de razonar y ejercer tuopción.
En resumen; votar con miedo es suprimir nuestra
libertad y capacidad para decidir razonadamente y voluntariamente quienes nos
deben representar en la empresa. El voto libre de temores, razonado y de
convicción es el mejor antídoto para suprimir el indeseable “voto del miedo”.
Como decía
Nelson Mandela:
«No es
valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe dominarlo»